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Cuando la mentira atacó
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Cuando la mentira atacó

En Newtral.es hemos desmentido más de 200 bulos sobre el coronavirus en unos meses en los que las mentiras han generado miedo en la población

El 27 de febrero, dos semanas antes de que se decretara el estado de alarma, un bulo afectó directamente a Yaki, el propietario de una tienda en Totana. El audio que se difundió entre los habitantes de la localidad murciana aseguraba que su mujer, Estrella, acababa de regresar de Wuhan, el epicentro del coronavirus. Por eso estaba en cuarentena, según el mensaje. Era falso. Estrella había regresado de China sí, pero de un lugar a más de 1.000 kilómetros de Wuhan. Aunque sabía que no tenía el virus, decidió aislarse por precaución. «Esto nos ha hecho mucho daño», dijo Yaki. El autor de la grabación tuvo que pedir disculpas frente a las cámaras de televisión. 

La pandemia del coronavirus ha disparado la difusión de bulos. La Organización Mundial de la Salud señaló que el brote de la COVID-19 y la respuesta correspondiente generaron una cantidad excesiva de información que dificultó a las personas encontrar fuentes confiables justo cuando las necesitaban. La llamada infodemia contribuyó a una oleada de desinformación en un momento en el que la población estaba más conectada que nunca. 

En Newtral.es, el número de solicitudes de verificación a través de nuestro servicio de WhatsApp llegó a multiplicarse por dieciséis. Mediante este sistema de mensajería instantánea y otras redes sociales como Twitter y Facebook llegamos a detectar más de 200 bulos. 

Al analizarlos, pudimos comprobar que la información falsa que se difundía apuntaba principalmente a las autoridades, recomendaba falsos remedios, pero también visibilizaba teorías conspiranoicas y señalaba contagios que todavía no estaban teniendo lugar o protestas y altercados descontextualizados.

Estos tipos de bulos fluctuaron conforme los casos positivos iban avanzando en países como Irán, Corea del Sur o Italia, hasta llegar a España. Fue entonces cuando el problema de la desinformación tomó otra dimensión, generando pánico y ansiedad a las personas que lo consumían. Un 44% de los españoles dice haber percibido desinformación en contenidos sobre la pandemia, según el Reuters Institute.

«Cuando tenemos miedo, nuestras facultades críticas nos fallan», explica Claire Wardle, directora e investigadora de First Draft News, un proyecto de la Universidad de Harvard que busca estrategias para combatir la desinformación. Esta falta de certezas aunado a la excepcionalidad de las medidas para contrarrestar la COVID-19 fueron el cóctel perfecto para la explosión de bulos. «En un momento de grandes temores, incertidumbres e incógnitas, existe un terreno fértil para que las fabricaciones florezcan y crezcan», denunció Guy Berger, experto en desinformación de la Unesco, la agencia de Naciones Unidas para la cultura, la ciencia y la educación. 

Así, cientos de organizaciones de verificación se juntaron en una red dedicada exclusivamente a desmentir y contextualizar imágenes, audios, vídeos y artículos virales en más de 40 idiomas. La base de datos pública, del IFCN,  recoge más de 6.000 verificaciones. 

Los bulos tienen consecuencias. En la India, un hombre de 54 años se suicidó el pasado 10 de febrero en un pueblo del estado de Andhra Pradesh en el sur del país tras salir de una consulta médica. Según relataron sus familiares a The News Minute, Balakrishnayya veía un montón de vídeos relacionados con supuestos síntomas del virus y estaba convencido de haber sido infectado. No quiso contagiar a sus vecinos. 

Pero no hay que ir tan lejos. En España, el Faro de Ceuta se hizo eco del caso de un joven acusado falsamente en redes sociales de acudir a una fiesta e infectar a los invitados. El bulo se basaba en una foto, pero de 2019. El caso está en manos de la Policía Nacional. 

También los médicos han visto cómo empezaron a circular audios y vídeos de personas no colegiadas dando consejos y explicando la situación en los hospitales. «Los bulos han tenido repercusiones en medidas preventivas como el lavado de manos o la distancia mínima por falsas sensaciones de seguridad», explica Jaime Barrio, médico de familia y miembro del Consejo Científico del Ilustre Colegio de Médicos de Madrid, a Newtral.es. 

De Weibo a Twitter

Los primeros contenidos falsos que circularon por las redes sociales venían directamente de sus matrices chinas, como Weibo o Douyin. Personas desmayándose de forma repentina, peleas en centros sanitarios o incluso la supuesta construcción de un hospital en 48 horas para atender a los enfermos. Estas primeras informaciones inquietantes, descontextualizadas o incluso falsas fueron el augurio del aluvión de bulos que inundaron las redes pocos días después. 

Como el virus, los contenidos falsos empezaron a compartirse de un país a otro, a veces con pautas similares y otras veces adaptándose a los contextos locales. En España, los primeros bulos, a finales de enero, eran supuestas alertas por coronavirus en grandes ciudades cuando el Ministerio de Sanidad aún no había hecho público ningún caso. 

En el siguiente gráfico, hemos categorizado en el tiempo los bulos que hemos verificado desde el 28 de enero, el primer día en que publicamos una verificación relacionada con el COVID-19, hasta el pasado viernes. 

Del #NoSoyUnVirus a los bulos racistas

El  4 de febrero, el encargado de Negocios de la Embajada China en España, Yao Fei, señaló en una rueda de prensa que algunos niños estaban siendo llamados “coronavirus” en las escuelas. El racismo se propagó más rápido que el propio virus, con mensajes virales que identificaban a la población asiática como transmisores de la COVID-19 en países como Francia, Reino Unido o Estados Unidos. En España el secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, difundió un tuit en el que aseguraba que sus «anticuerpos españoles» luchaban contra los «malditos virus chinos» tras dar positivo. La embajada tachó el comentario de racista. 

Para denunciar esta estigmatización, los ciudadanos de origen asiático lanzaron una campaña en redes sociales con el hashtag #NoSoyUnVirus. Uno de los primeros bulos que desmentimos en Newtral.es era justamente un vídeo que supuestamente mostraba el mercado de Wuhan donde se habría originado el virus. En la grabación, localizada en Indonesia, se puede ver cómo los comerciantes venden serpientes, perros y ratas. «Todo esto sin las más mínimas condiciones de sanidad», decía el mensaje junto al vídeo. 

La comunidad china no es la única en haber sido víctima de bulos relacionados con el virus. En pleno ramadán, los musulmanes fueron objeto de noticias falsas como por ejemplo el uso de imágenes de una manifestación en Valencia en noviembre de 2018 para decir que se saltaban masivamente el confinamiento. El senador del PP Rafael Hernando se hizo eco de las fotos en Twitter, pero borró el tuit poco después. 

La comunidad gitana también ha sufrido discriminación a través de noticias falsas y virales. En Haro (La Rioja), la Guardia Civil tuvo que desmentir a inicios de marzo que un grupo de «gitanos» estaban rechazando «seguir los protocolos de Sanidad». Otro bulo, desmentido por el autor mismo en TikTok, aseguraba que el Gobierno había ingresado por error 3.000 euros a familias gitanas que se lo habían gastado todo en Mercadona. 

Autoridades en el punto de mira

A partir del 8 de marzo, coincidiendo con el decreto de estado de alarma y las restricciones de los diferentes gobiernos, los bulos relacionados con las autoridades, desde documentos falsos hasta bulos sobre miembros del Gobierno, diferentes partidos políticos y abusos de las fuerzas policiales, comenzaron a difundirse más que ningún otro. De hecho, según recoge un estudio sobre desinformación en tiempos de pandemia, durante las primeras semanas del estado de alarma, los partidos políticos se acusaron mutuamente de difundir bulos y noticias falsas. 

Tanto Fernando Simón, director del Centro de Alertas Sanitarias, como la Guardia Civil han desmentido bulos durante ruedas de prensa y el propio ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, advirtió de una «campaña destinada a mentir a los ciudadanos y manipular la opinión pública» tras detectar 200 bulos vinculados con falsas curas, vacunas, medicamentos o documentos oficiales manipulados.

Los mismos políticos han tenido que salir a desmentir algunos contenidos falsos que circularon sobre su persona. «Es absolutamente falso», reaccionó la exalcaldesa de Madrid Manuela Carmena tras la difusión de un bulo que aseguraba que había recibido en su casa un respirador personal de la empresa ‘Vital Aire’ por no acudir a un Hospital Público. Desde Podemos, desmintieron también que Pablo Iglesias e Irene Montero tuvieran dos UVIs móviles en la puerta de sus casas. 

Por su parte, el hospital Puerta de Hierro tuvo que desmentir también que Pedro Sánchez y su familia tuvieran reservada la tercera planta del hospital y el propio partido de ultraderecha Vox que el dinero público que recibían por representación en las instituciones iba a ser donado a la sanidad pública. 

«La crisis del coronavirus también ha servido para alimentar agendas políticas. Unas sociedades desinformadas, asustadas, que se sienten vulnerables, pueden aumentar la presión y el descontento sobre sus gobiernos», asegura Carme Colomina en una columna de opinión publicada en el CIDOB.

Una infodemia sanitaria 

La divulgación de informaciones deliberadamente falsas se convirtió en un problema sanitario en sí. De hecho, más de cien médicos internacionales pidieron a gigantes tecnológicos como Facebook limitar los bulos. «Nos enfrentamos no solo a la pandemia de Covid-19, sino a una infodemia global, con desinformación viral en redes sociales que pone en peligro vidas por todo el mundo», apuntaron en una carta publicada en línea

Entre ellos, Christian Drosten, el virólogo que aconseja al Gobierno alemán e investigadores del Instituto de Salud Global de Barcelona. Los sanitarios subrayaban las consecuencias de la desinformación, con curas engañosas alejando a la gente de las vacunas y de tratamientos efectivos. Comer ajo, tomar agua con limón o aspirar vapor de agua hirviendo son algunos ejemplos. 

Uno de los bulos que más visibilidad tuvo era que el dióxido de cloro, a través del Suplemento Mineral Milagroso,  podía curar el virus. Sin embargo, el medicamento, promocionado por un supuesto licenciado en biología molecular es ilegal e incluso peligroso para la salud. La agencia del Gobierno de los Estados Unidos responsable de la regulación de los alimentos y medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés), advirtió que quienes ingerían  MMS “estaban bebiendo lejía”. Contrariamente a lo que decían mensajes virales en WhatsApp, el dióxido de cloro está prohibido en Alemania, Austria y Suiza.

Otro contenido que se viralizó sobre todo en Francia y en menor medida en España era que la nicotina podía proteger de la Covid-19. Sin embargo, la investigación sobre esta posible relación entre nicotina y Covid-19 era una hipótesis preliminar pendiente de revisión científica y desde la Sociedad Española de Neumología vieron importantes deficiencias en el estudio. 

El documento tuvo un gran impacto mediático y para evitar compras masivas de sustitutos de nicotina, el Gobierno francés decidió limitar la venta de estos en las farmacias. Además, los artículos que recogían el estudio no mencionaron que uno de sus principales autores, Jean-Pierre Changeux, había sido señalado en 2012 por la prensa por su «problemática» relación con la industria tabacalera.

Tecnología, phishing y supuestas aplicaciones secretas

Reuniones de trabajo por Zoom y aperitivo con vermú por videollamada. Una de las consecuencias del confinamiento ha sido la aceleración de la digitalización. Mientras el mundo se paralizaba, el cibercrimen comenzó a reorganizarse. Los últimos dos meses, los ciberdelitos, a través de campañas de phishing a gran escala, han aumentado un 600%, según datos de la ONU. 

Una campaña falsa de «contribución alimentaria» con el logo de Naciones Unidas o falsos descuentos en Iberdrola por el coronavirus son algunos ejemplos que hemos desmentido en Newtral.es. Los estafadores se hacían pasar por empresas o organismos y pedían a los usuarios rellenar un cuestionario para poder ganar dinero. El Gobierno también ha tenido que hacer frente a mensajes de este tipo, con ciberdelincuentes haciéndose pasar por la Agencia Tributaria y enviando correos para «evitar la suspensión del negocio» o, incluso, asegurando que la Seguridad Social iba a reembolsar 345 euros.

Al mismo tiempo, grandes tecnológicas y autoridades han abierto la puerta a la posibilidad de rastrear los ciudadanos con ayuda de la tecnología para limitar la propagación del virus. A raíz de estas informaciones empezó a compartirse un mensaje de que Google estaba instalando secretamente «una aplicación de Covid» en los móviles de los españoles. No era una App y tampoco era secreto, como explicamos en este artículo. Volver

2 Comentarios

  • Un poder muy importante en el mundo se está encargando ya de destruir las organizaciones en la sombra de la élite mundial económica que venía controlando y manipulando los designios de este planeta. Organizaciones como Newtral o Maldita, al servicio de esa élite, también serán desmanteladas y juzgadas.

  • El mayor bulo que hay en malditobulo y newtral. Todas pagadas por Soros. Estáis sirviendo a mezquinos intereses y lo sabéis. No queréis investigar. Sois una red que os apoyáis mundialmente para destruir la verdad.

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