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La importancia de geolocalizar con un bolardo: Padu y la mofa del Geoguessr

Tiempo de lectura: 8 min

Si Padu (Sebastián Paduano, Caracas, 1995) despertara un día en mitad de un páramo donde solo se ve un techado de uralita, tres coches destartalados y una colina, sabría en menos de tres segundos que está en Lesoto. O si la yakuza lo secuestrara y abandonara en un arcén a diez mil kilómetros de su piso del barrio madrileño de Tetuán —ojalá nunca se vea en esas—, se daría cuenta de que está en la prefectura japonesa de Shizuoka porque allí los bolardos son blancos y tienen cinco puntos amarillos ordenados en vertical. ¿Quién no sabe eso, a ver? Da igual que sea un barrio de las afueras de Ulán Bator o un cantón suizo, él siempre se ubica.

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Y es que en los últimos años Padu ha desarrollado una habilidad de la que carece hasta la inteligencia artificial más avanzada. Es un genio geolocalizando cualquier imagen. ¿Hay una parada de autobús azul y blanca con forma de cilindro?, pues es Krasnoyarsk, en Rusia. ¿Los postes de alta tensión tienen forma de zigzag? Seguramente sea Brasil, en concreto alguna zona de las regiones de Ceará o Roraima.

Este superpoder —porque algo así solo se puede calificar de esa manera— le viene de una memoria fotográfica extraordinaria y de echar horas a un juego en línea de geolocalización que se llama Geoguessr, que ha vuelto a estar de moda gracias a influencers como Ibai o Geowizard y sus partidas retransmitidas en directo. El juego te suelta en un lugar aleatorio del Street View —la tecnología de Google Maps que permite ver en 3D lo que hay a pie de calle— y tú debes seleccionar sobre un mapamundi dónde crees que estás, sin más pista que lo que ven tus ojos. El juego es tan azaroso que te puede soltar en la Gran Vía o en Siberia, y el reto consiste en quedarse más cerca que tu rival.

Todos estos datos que Padu ha ido almacenando a lo largo de sus años jugando al Geoguessr han sido recopilados en un libro que se llama Geomofa, editado por UOU Impresiones. Los pocos ejemplares del libro han sido fabricados en su piso de Tetuán a base de juntar páginas con un taladro. Pese a lo rudimentario del proceso, dentro de esas páginas lo que hay es un manual que bien podría estar en las redacciones de fact-checking o en los mismos despachos del Pentágono, ya que con esa guía uno se siente capaz de geolocalizar hasta el último vídeo de Osama Bin Laden. 

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Para el fact-checking la geolocalización es fundamental, ya que muchas veces averiguar dónde ha sido grabado un vídeo o se ha tomado una fotografía es la única manera de desacreditar un bulo. No son pocas las veces que una grabación filmada en Kenya o en Senegal se ha hecho pasar como una supuesta “invasión migratoria” a España, por poner un ejemplo. 

Es cierto que hay herramientas tan básicas como Google Lens que nos permiten identificar la geolocalización de una imagen, pero tiene que haber elementos muy evidentes para conseguir resultados de ubicación y, viendo jugar a Padu, él parece mucho más efectivo. Chúpate esa, inteligencia artificial.

Como en Newtral somos bastante amigos de la geolocalización y siempre conviene rodearse de aquellos que saben más que uno, hemos invitado a Padu a jugar una partida de Geoguessr. Spoiler: gana él.

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En la primera ronda, el Geoguessr nos suelta a Padu y a mí en lo que parece una carretera no ya secundaria, sino terciaria y rodeada de palmeras. Solo se ve una construcción pequeña y precaria junto a un tendido eléctrico. Por el entorno parece un paraíso tropical. A los pocos segundos Padu dice que cree saber dónde estamos y acierta. Aunque, como estábamos dándole al palique, ninguno de los dos marca la ubicación en el mapa. Resulta que estábamos en Sulawesi —una pequeña isla de Indonesia— y el primer enfrentamiento queda en empate.

La segunda ronda parece más interesante. Al menos se ven unas colinas y lo que parece una gasolinera con coches un poco viejos. Todo bastante precario también. A los pocos segundos Padu ya sabe que estamos en Lesoto y, de hecho, marca sobre el mapa una ubicación. Se queda a solo 89 kilómetros de la localización real. Eso barre todos mis puntos y me quedo sin posibilidad de seguir jugando. Padu uno, fact-checker cero. 

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Después de perder me documento sobre Padu —cosa que tendría que haber hecho antes— y resulta que Lesoto es uno de los países que mejor se le da en el Geoguessr. “En Lesoto hay este tipo de montañas y casas de chapa”, dice. En un vídeo de TikTok explica que este país se caracteriza por tener un territorio “súper montañoso”, algo parecido a “una estepa sobre la montaña”. A diferencia de Sudáfrica —el país que lo rodea—, que es “muy desértico en buena parte”, Padu explica que Lesoto tiene un terreno irregular, “montañoso” y carece de vegetación abundante. Además, parece ser que hay “casitas muy de Lesoto” que Padu sabe identificar muy bien, pero que a mí me recuerdan a los castros gallegos. Viéndolas yo habría marcado O Cebreiro, una aldea por la que pasa el Camino de Santiago. 

Echamos la revancha. Antes de empezar Padu cuenta que le gustaría ir a un campeonato mundial de Geoguessr. El año pasado se celebró en Copenhague, Dinamarca, pero ahí solo van los mejores del mundo. Es increíble imaginar a tanta gente compitiendo por geolocalizar cosas. Por el momento él es campeón en Madrid. Y no me extraña. Hay un vídeo en su canal de YouTube donde ve la imagen de una gasolinera durante un segundo y al momento sabe que está en la avenida del Cardenal Herrera Oria. 

Seguimos la partida y el algoritmo del Geoguessr nos deja en una intersección de carreteras que parece que no van a ninguna parte. El típico sitio donde te pararía un autoestopista asesino en una película sueca. 

Pues Padu ya sabe que es Islandia. ¿Cómo? Porque hay un bolardo amarillo. Ha geolocalizado una imagen en la que no se ve nada y en menos de 10 segundos por un bolardo. Es impresionante. “Cuando me tocan sitios raros luego me tiro horas investigando sobre la geografía y los elementos de ese territorio para luego poder identificarlos”, explica. 

Este viernes 24 de abril Padu estará en La Casa Encendida de Madrid a las 19:00 para jugar un campeonato abierto de Geoguessr que ha organizado él mismo junto a Libros Mutantes. La idea es acercar este juego y, de paso, promocionar el particular libro que ha fabricado en su casa.

Reconoce que, con el tiempo, esta habilidad de geolocalizarlo todo le ha pasado factura. Por ejemplo, cuenta que mientras ve una película ha desarrollado la incómoda manía de averiguar dónde se han grabado las escenas. De esta manera se ha dado cuenta de que muchos largometrajes no están grabados en los lugares donde, según la ficción, transcurre la historia.

Pero también tiene su parte buena. Dice que conocer con tanta profundidad los distintos territorios del planeta le ha permitido acercarse a la gente, como cuenta en su libro: “Estoy más unido a las personas si conozco de dónde vienen (…) es como si, al comprender la geografía de su vida, entendiera mejor sus historias”.

Fuentes
  • Sebastián Paduano, alias "Padu"
  • Geoguessr

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