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La Cumbre del Clima pincha y fía el futuro terrestre a Glasgow 2020
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La Cumbre del Clima pincha y fía el futuro terrestre a Glasgow 2020

La Cumbre del Clima COP25 se salda con el eterno «acuerdo de mínimos» y con la vista puesta en que la ambición se materialice el año que viene en Glasgow. Los ecologistas y algunos países hablan abiertamente de fracaso, tras batirse el récord de duración de las negociaciones.

Un periodista manda su última crónica de la COP25 | M. Viciosa

Si esta crónica final de la COP25 comenzase con el sintagma «acuerdo de mínimos», sería prácticamente intercambiable con la de las últimas cumbres del clima. La historia se repite, pero con muchos matices.

Empezando porque se ha alargado como ninguna otra. Siguiendo porque no ha habido acuerdo para desarrollar el mercado del carbono, uno de los ejes de la Cumbre. «Estuvimos a punto (…) Una pena», ha dicho al cierre de la COP25 su presidenta Carolina Schmidt, quien ha reconocido que «no es suficiente (…) las nuevas generaciones esperan más de nosotros».

Más allá de la maratón negociadora del fin de semana, el rasgo más importante y diferenciador de esta COP25 está en la calle. Y por eso, el clima en Ifema es el de no haber estado a la altura de la demanda social, tras casi dos días de prórroga, agotamiento generalizado, caos técnico y baile de enlaces para poder entrar en los documentos en un plenario agónico («¡en el Dropbox está con otro número!», «Refresque la página, por favor», se ha escuchado en la sala).

En el acuerdo titulado “Chile-Madrid, tiempo de actuar” no hay ahora un compromiso «ambicioso» en cuanto a recortar mundialmente las emisiones de CO2 ahora, aunque incluye un genérico acuerdo de esfuerzo de cara a 2020. Algo que, sin embargo, ha sido interpretado como un gesto en la buena dirección por la Ministra de Transición Ecológica de España Teresa Ribera, facilitadora dentro de esta Cumbre:

Transición Justa y e Acción de Género salen adelante

El texto recoge «el imperativo» de que la transición hacia un mundo sin emisiones sea justa e impulse la creación de empleo decente. El texto «urge» a los países desarrollados a sumar la ayuda financiera necesaria para que el llamado Sur Global pueda reducir sus emisiones como recuperarse y adaptarse a los daños derivados de catástrofes imputables al cambio climático.

Conforme al documento, las 196 partes observan con «preocupación» el estado del sistema climático mundial y señalan que combatir el calentamiento global es más efectivo atendiendo a la «mejor ciencia disponible».

También se ha incorporado uno de los puntos en los que había acuerdo desde el jueves: El Plan de Acción de Género. Este contempla respetar y promover (…) las obligaciones referidas a los derechos humanos (…) así como a la igualdad de género».

La respuesta ciudadana a la emergencia climática es un hecho y el futuro del planeta está más que nunca en la agenda política, como coinciden prácticamente todas las voces expertas consultadas por Newtral.es en estas semanas de COP25. Pero esa agenda fiará sus compromisos «ambiciosos» a la Cumbre de Glasgow de 2020.

Estiércol vocado en las puertas de la COP25 | Claire Melody
Estiércol vocado la tarde del sábado en las puertas de la COP25 | Claire Melody

Ya en la mañana del sábado, con el borrador presentado para someterse a las partes se mascaba el fracaso entre las organizaciones ecologistas e indigenistas. «Este documento nos hace retroceder a la situación previa al Acuerdo de París, sin compromisos serios frente a la crisis climática y los retos que se habían alcanzado», han incidido varias organizaciones como Christian Aid, Greenpeace, Action Aid o WWF.

Fridays For Future dio el viernes la Cumbre del Clima por fracasada y anuncia que seguirán las movilizaciones. XR ha volcado estiércol en la entrada de Ifema.

Mar Asunción, responsable de Energía y Clima de WWF en España, ha señalado que «es muy flojo, ya que no responde a la emergencia climática».

El científico Alden Meyer, director de estrategia de la organización Union of Concerned Scientists, calificó el borrador presentado esta mañana de «injusto e inmoral».

«No he visto nunca una desconexión mayor como lo que estamos viendo en esta COP entre lo que la ciencia requiere y el mundo demanda y lo que los negociadores del clima están negociando en términos de impulsar acción climática», ha dicho.

Ayer, un activista de Extinction Rebellion ha vertido un volquete de estiércol a las puertas de Ifema para denunciar que «estamos en la mierda» por la falta de acuerdo contra la crisis climática.

Estos son los detalles que han complicado las negociaciones en los últimos días y horas:

¿En dónde han patinado las negociaciones?

Por un lado, en los plazos. Tomando la ‘letra pequeña’ de París por bandera, no sería necesario plantear nuevos esfuerzos hasta 2023.

La cuestión es que esta cumbre, en esencia, estaba pensada para que el Tratado firmado en 2015 echase a andar el año que viene con «más ambición», al calor de los informes presentados por el Panel de Expertos del Cambio Climático (IPCC) y que nos están abocando a incrementos de temperatura global críticos.

Concentración en el interior de la COP25 | Mario Viciosa
Concentración en el interior de la COP25 | Mario Viciosa

También a la hora de cerrar el Artículo 6, el del mercado de compraventa de emisiones de carbono, que explicamos más abajo. Y en el mecanismo para compensar a los afectados por desastres climáticos.

Algunos países han sido también muy críticos con la prioridad que concede el texto al informe científico sobre los océanos frente al del uso de la tierra, informa Efe; precisamente Chile, que preside esta cumbre, ha tenido desde el inicio un interés muy marcado por que ésta fuera la «COP Azul».

¿Quién se ha negado a avanzar?

China e India, sobre todo. De Estados Unidos ni hablamos porque, mientras Donald Trump siga en el gobierno, en diciembre de 2020 lo firmado en París ya no le compromete, al haber abandonado el acuerdo.

Eso, quizás, también ha hecho que el gobierno chino haya decidido esperar a ver acontecimientos: los avances del Pacto Verde de la UE y su cara a cara con Europa en la cumbre que tendrán en Lepzig en septiembre, así como las elecciones estadounidenses de noviembre de 2020.

Estos son los tres primeros emisores absolutos. La paradoja es que China e India han hecho bastante de sus deberes, con enormes desarrollos en renovables. Por eso prefieren ir paso a paso. China, de hecho, podría cumplir con sus objetivos plenamente en 2023, aunque siguen quemando carbón.

China ha querido no correr demasiado y guardarse esa palanca de negociación a la espera de más fondos para esa transición que le permitar reducir drásticamente la parte más fósil de su economía.

Algo que también le pasa a Japón, aunque su peso relativo es menor a nivel global. Y Australia, que paradójicamente vive azotada por una oleada de incendios.

Brasil también se ha enfrentado a esta ambición, algo previsible, aunque aquí su baza negociadora era la de jugar con su Amazonía como activo en un mercado de intercambio de carbono. Aunque al final ha accedido, ha presentado resistencias en solitario a incluir los párrafos referidos al protección de océanos y el suelo.

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¿Quiénes sí se han comprometido?

La Alianza por la Ambición Climática, un grupo que suma desde esta semana a 121 países. Una decena de ellos ya han hecho cambios en su legislación para avanzar hacia mayores reducciones que las que salieron de París. Otros, como España, han iniciado los trámites.

El problema es que apenas representan en su conjunto algo más del 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Hay países que padecen ya estos efectos de la emergencia climática y apenas emiten CO2.

A nivel mundial, cinco países se reparten el más del 60 % del total de las emisiones, con una cantidad final superior a los 1.000 millones de toneladas.

Es el caso de Kiribati, estado insular del Pacífico Central, considerado el primer país en desaparecer si sube el nivel del mar o se intensifican los tifones según lo proyectado. Fue su presidente el encargado de abrir las intervenciones en el plenario de la ONU el lunes. Los párrafos relativos a los océanos han recibido un apoyo generalizado, no sin las resistencias de Brasis.

La arquitecta de los acuerdos de París Laurence Tubiana era, sin embargo, optimista este viernes. «Antes de la COP24, cuando planteé que los países aspirasen a las emisiones cero o neutrales, nadie pensó que eso pudiera ser posible. Hoy ya tenemos más de 70 países comprometidos con ello».

Para esta experta de la Europe Climate Fundation, «el anuncio de Corea de Sur ha sido gratamente sorprendente, por ejemplo». Destaca también el compromiso del reelegido primer ministro británico, Boris Jhonson, para alcanzar la neutralidad en CO2 en 2050.

Eso sí, ante el Brexit, «el resto de países deberá asumir el esfuerzo que hasta ahora están realizando ellos, con una baja del 36 %, para cumplir el compromiso», según la directora de la Fundación Empresa y Clima Elvira Carles, que hoy ha presentado el informe de Emisiones de CO2 en el Mundo.

Además de estos países, regiones o estados federados, casi 400 ciudades y empresas, así como 16 grandes inversores se han comprometido a alcanzar la neutralidad en carbono en el 2050. Aunque algunos gobiernos, como el de Australia, no hayan mostrado avances, Tubiana destaca que «seis de sus regiones sí se han comprometido».

¿Y la europea?

Los países de la UE no han podido llevar a la COP25 un compromiso formal de reducción de emisiones conjunto del 55%. Aunque la intención es que sí ocurra en la COP26 de noviembre de 2020. El camino, eso sí, va a ser complicado.

El Pacto Verde Green Deal también ha encallado en el Consejo Europeo. Algo que estaba en el guion, sobre todo por parte de los grandes emisores (y con presidentes que juguetean con el negacionismo climático): Polonia, Hungría y Chequia.

La presidenta de la Comisión ante el Green Deal | Stephanie LeCocq. Efe
La presidenta de la Comisión ante el Green Deal | Stephanie LeCocq, Efe

No ha habido unanimidad entre los jefes de estado o de gobierno comunitarios para el plan para una Europa neutral en carbono en 2050. ¿Es el fin del Green Deal? En absoluto. El presidente del Consejo Charles Michel, de hecho, presentó el viernes con optimismo el documento, pues «recoge la discrepancia» de, básicamente, Polonia, que aún alimenta su energía con carbón.

El texto de la Comisión, tal y como está redactado, no implica un compromiso claro y explícito de los gobiernos en el recorte, aunque para 25 de ellos se presupone antes del verano.

Sí se ha ‘colado’ una mención a la energía nuclear. Aunque Alemania la abandonó, es una energía que no emite CO2 en la producción de electricidad, por lo que algunos (Francia, sobre todo) la consideran aliada en la emergencia climática, mientras que otros creen que su prolongación retrasará el despliegue renovable.

En el mercado de Europa funcionan sin demasiados problemas, eso sí, los mercados de intercambio de emisiones. La Unión Europea ha sido dura en las negociaciones para evitar arrastrar viejos créditos en el mercado de emisiones.

Organizaciones como Greenpeace advertían antes de la COP25 del riesgo de inundar el mercado de emisiones de créditos de carbono, hundiendo los precios y haciendo más apetecible comprar el derecho a contaminar que recortar emisiones.  El precio por tonelada cerró anteanoche a 25,07 euros, en contraste con los 5 euros en 2017.

¿El mercado de emisiones?

El artículo 6 del Tratado de París era el verdadero meollo legal de esta Cumbre del Clima COP25. Quedaba pendiente cerrar el mecanismo de regulación de los mercados de carbono, superando los intercambios establecidos en Kioto. O sea, una especie de bolsa de valores del carbono cotizando con un precio por tonelada.

La idea de este punto era garantizar la integridad ambiental y evitar las dobles contabilidades en países como China, India o, sobre todo Brasil. Estos países se han enrocado arrastrar los créditos de carbono antiguos y que se los reconozcan ahora. Europa, con un mercado maduro, con ponerlos a cero.

No pudo ser , pero según la presidenta de la COP25, «dejamos (listas) las bases» para un mercado «sin doble contabilidad».

Un ejemplo teórico: un país como Brasil, capaz de neutralizar buena parte de su CO2, acumula la posibilidad de emitir más carbono (su Amazonía prácticamente se traga todas las emisiones producidas en un año). Tiene nada menos que 52 millones de toneladas de carbono capturadas en sus bosques. Así que le vende su derecho a ‘contaminar’ a un segundo estado o a empresas.

Quien se lo compra, gana el derecho a ‘contaminar’ el 80% de lo que le venden. Imaginemos entonces que Brasil entiende ese crédito como un ‘premio’ por haberlo hecho bien, no tanto como algo que le entrega a otro a cambio de poder seguir emitiendo o de dinero. Eso implica una doble contabilidad. Además, se acumularían sus créditos viejos, los del mecanismo de Kioto, con los de la nueva ‘bolsa’ del carbono.

«Es preferible que no haya acuerdo a un mal acuerdo», dijo el martes Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión Europea, que no tiene prisa. En Glasgow el tema será ineludible. Una visión que comparte Tubiana. Eso es exactamente lo que ha pasado.

De esta parte se ha encargado desde anoche la presidenta de la COP25, la ministra de Chile Carolina Schmidt, mientras que ha dejado en manos de la española Teresa Ribera la negociación de la ambición de los recortes y los mecanismos para compensar daños y pérdidas.

La ministra española, más optimista, ha dicho que con este resultado, «los países tenemos que presentar contribuciones nacionales más ambiciosas que las actuales en 2020».

¿Qué ha pasado con Chile?

La presidencia chilena de la COP25 ha sido blanco de críticas en las últimas horas de negociación. Supuestamente, era una oportunidad para poner el foco en el llamado Sur Global, pero el sábado, varios representantes de países y organizaciones ecologistas creían que la manera en que la presidentaCarolina Schmidt había puesto demasiado el foco en las empresas.

«Así como la presidencia de Chile está traicionando a su gente en su país, ahora está traicionando nuestro futuro», diho Mohamed Adow de Power Shift Africa.

«La presidencia chilena tenía un solo trabajo, proteger la integridad del Acuerdo de Parós, y no permitir que sea desgarrado por el cinismo y la codicia. El enfoque muestra cómo ha escuchado a los contaminadores y no a la gente», agregaba la presidenta de Greenpeace Jennifer Morgan.

Lo cierto es que las negociaciones se han desbordado como nunca, en tiempo, como en número de negociadores. Aquí, una muestra de ello:

¿Nos vamos irremediablemente a un planeta 3°C más caliente?

Con este acuerdo, el contador vuelve a ponerse (casi) a cero el año que viene. “En 2020 se inicia el nuevo ciclo en el Acuerdo de París donde debemos revisar al alza nuestros compromisos y tenemos que ordenar cómo se va a hacer esto con arreglo a la ciencia» decía el jueves la ministra Teresa Ribera, negociadora en uno de los grupos de la ONU.

Y es la ciencia la que viene indicando que los retratos en la toma de decisiones sobre las reducciones de carbono nos conducen a incrementos de temperatura por encima de los 2 grados. Algo ante lo que clama particularmente la ciencia más joven.

Para el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), cuando la Tierra supere de media esa temperatura, respecto a antes de la Revolución Industrial, el clima se volverá impredecible.

Riesgo climático acumulado | Germanwatch
Riesgo climático acumulado | Germanwatch

Su comportamiento comprometerá la vida en la Tierra tal y como la conocemos, seguramente antes de que acabe el siglo. De no hacer nada, nos encaminaríamos a un incremento de 3,2 grados.

Pero hay países que ya se están viendo azotados por efectos atribuibles al calentamiento global: desde comunidades costeras arrasadas en islas del Pacífico, a sequías seguidas de inundaciones en Uganda, pasando por las prolongadas olas de calor en Europa, incluida España donde en 2018 murieron 38 personas.

Ahí entra otros de los puntos de desacuerdo: el mecanismo de compensación a los países que hayan sufrido desastres imputables al calentamiento global.

En el fino tablero de las relaciones internacionales, la línea que separa la ayuda por emergencia de apoyo geoestratégico es delgada, aunque el planeta no entienda ni de fronteras ni de supervivencia de sus moradores.

Una vez finalizada la cita de Madrid, la próxima edición de la Conferencia de Partes, la COP26, tiene ya fecha y lugar: la presidencia «regresará» oficialmente a Europa en la ciudad escocesa de Glasgow, entre el 9 y el 20 de noviembre de 2020.

Si este ha sido el fin de semana de la prórroga, la COP26 será la tanda de penaltis del planeta.

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Lo que te hemos contado en Newtral.es

Estas dos semanas hemos querido poner el foco no tanto en cada paso de la negociación, sino en la evidencia científica y social relacionada con la emergencia climática. Estos son algunos de los temas que hemos tratado estos días:

1 Comentario

  • Los ciudadanos deberíamos ser quienes penalizáramos a los paises que no quieran comprometerse con algo tan fundamental como la vida.

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