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Villafañe, experta en hantavirus de los Andes: ”Con los recortes de Milei, no hay ni gasolina para llegar adonde investigábamos el virus”

Isabel Gómez Villafañe | FCEN -UBA
Isabel Gómez Villafañe | FCEN -UBA
Tiempo de lectura: 6 min

Las motosierras han devastado ecosistemas en medio mundo, acercándonos a reservorios de patógenos animales que amenazan con saltar a los humanos. La motosierra de Milei, en Argentina, nos aleja de conocer el origen del hantavirus andino. Los recortes del presidente argentino han frenado seis campañas anuales de muestreo de roedores hospedadores del virus. Isabel Gómez VIllafañe, investigadora principal del Laboratorio de Ecología de Poblaciones del IEGEBA-CONICET, es una de las mayores expertas mundiales en esta variante viral y sus hospedadores, los ratones colilargos. Advierte de que sin investigación previa, “no se puede actuar rápido” cuando aparece un brote como el del crucero Hondius.

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  • PREGUNTA. Con todas las cautelas, ¿cuál es a su juicio el origen más probable del brote del crucero?

  • RESPUESTA. Veo improbable que se haya iniciado en el crucero. Yo creo que la probabilidad es que alguien lo adquiriera cuando estuvo en una excursión o viviendo en una cabaña, hasta un mes antes de subirse al barco. En estos casos, lo que hay que tener en cuenta es si toda la gente que tiene síntomas estuvo en el mismo lugar previo al embarque. Si todos habían hecho la misma excursión o si todos habían dormido en la misma cabaña; entonces la transmisión no fue persona a persona, sino que todos fueron a la misma fuente ambiental. Eso es lo que se está estudiando: por eso se hacen encuestas a cada uno de los que viajaban en el crucero.

  • P. Para quienes lo vemos desde lejos, ¿hasta qué punto son habituales las excursiones por estos ecosistemas donde el virus es endémico, y qué precauciones son las estándar?

  • R. En el sur de Argentina el turismo agreste es muy común. Si uno entra a una cabaña que estuvo cerrada, lo primero es ventilarla media hora o una hora; después, una limpieza con balde y agua con lejía o detergente, nunca barriendo porque se levanta el polvillo que puede contener restos de excremento de ratones infectados. Y luego, el mayor riesgo es salirse del camino y meterse en la vegetación, donde hay menos circulación de aire y si hay virus, está más concentrado.

  • P. Funcionarios iniciaron una investigación en el vertedero de Ushuaia, en una zona donde supuestamente no había ratones colilargos. ¿Cómo de plausible le parece?

  • R. A los ratones colilargos les gusta más la vegetación que la basura. En general, en los vertederos hay ratas, no este tipo de ratón. Cuando uno mira la distribución del Oligoryzomys longicaudatus, el hospedador se ve que llega hasta Tierra del Fuego, pero no abarca toda la provincia. Quizás no es lo más común, pero se lo ha detectado al menos una vez. Con el cambio climático y los cambios de uso de la tierra, la distribución de los ratones se va corriendo: ratones que estaban más al norte, a medida que hace menos frío, bajan más al sur. Por eso nunca hay que terminar las investigaciones ecológicas en un lugar.

  • P. ¿Estamos cada vez más expuestos a saltos zoonóticos con el cambio climático?

  • R. Sí, es así. Además, los virus van mutando y nosotros cada vez nos insertamos más en los ambientes donde estaban las especies silvestres. Estamos invadiendo todas esas zonas. El contacto es mayor, los animales se tienen que adaptar, cambian las comunidades. La salud ambiental cambia. Si uno altera todas esas interacciones, los depredadores ya no consumen las presas que regulaba las abundancias; hacen picos extraordinarios de superpoblación que no tendrían que existir. Al invadir cada vez más, alteramos todo y se generan estos desarreglos.

  • P: La motosierra de la deforestación y ¿la motosierra presupuestaria?

  • R: Yo iba mucho al campo a hacer trampeo de ratones con mi equipo. Ya no hay subsidios, no hay recursos, no hay plata para ir al campo. Tenemos que cancelar campañas, frenar investigaciones. Habíamos encontrado en los últimos años nuevas especies de ratones hospedadoras y nuevas zonas del país donde se pensaba que el virus no circulaba. Todos esos proyectos los tuvimos que frenar. Gracias a las investigaciones previas se conoce qué especie transmite el hantavirus, qué porcentaje está infectado, cómo se transmite. Ante un brote uno sabe enseguida cómo actuar y dónde buscar. Y eso ahora se está cayendo.

  • P: ¿Creen que este brote puede hacer a Milei que se replantee su inversión en ciencia?

  • R: Hay dos doctorandas en el campo ahora mismo haciendo muestreo; y fueron porque investigadores decidimos poner plata personal para no cancelar el proyecto, porque no hay plata, no hay recursos, ni siquiera para la nafta (gasolina) para llegar al lugar, porque uno siempre está entusiasmado en que quiere continuar. Lo adelantamos con la esperanza de que aparezca alguna financiación y poder recuperarlo. Cada tanto se da un shock y la gente se despierta. Ojalá los de arriba también se despierten y vean la importancia, e inviertan. Porque uno no puede empezar a investigar cuando empieza a haber un brote. Si se ponen los recursos cuando aparece el problema, ya es tarde.

  • P. Más allá del crucero, ¿en qué hay que poner el foco a partir de ahora?

  • R. En la información, sobre todo. Yo creo que muchos casos de hantavirus no se reconocieron porque los centros de salud de esa zona no lo tenían presente como enfermedad posible. La información que generamos como investigadores tiene que trasladarse a salud. Cuando llega alguien con fiebre alta, dolor de cuerpo, dificultades respiratorias, hay que tener presente que puede ser hantavirus. Con un análisis de sangre se detecta. En el sur, dado los antecedentes, están bastante advertidos. En otras regiones de Argentina hay que reforzar, porque si no, no la detectan, no la analizan. Creo que están subdiagnosticados muchos casos.

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