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La ciencia contradice a Bolsonaro: los incendios de la Amazonía de 2019 no son normales
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La ciencia contradice a Bolsonaro: los incendios de la Amazonía de 2019 no son normales

Un estudio contradice la versión del gobierno de Brasil y sostienen que los incendios que se produjeron en la Amazonía este verano no fueron «normales». La deforestación está en buena medida tras ello.


Noviembre. Y la Amazonía brasileña sigue ardiendo: 1.207 focos en las últimas 48 horas. La catástrofe de 2019 no es nueva pero es anómala con los datos en la mano, como ya anticipó Newtral con datos de las agencias Lupa y Fatos. Aunque lejos del número de fuegos del pasado agosto, el segundo pulmón de la Tierra (el primero está en los océanos) sigue rasgándose en puertas de una cumbre del clima que el presidente de Brasil rechazó acoger.

Clara y contundente, los investigadores Jos Barlow, Erika Berenguer, Rachel Carmenta y Filipe França han puesto el foco ahora en las causas. Responden, así, a las autoridades brasileñas encabezadas por Jair Bolsonaro. En una carta razonada a la revista científica Global Change Biology, muestran negro sobre blanco los datos que existen sobre los incendios en la Amazonía de Brasil del pasado verano.

«Evaluamos las afirmaciones del gobierno brasileño de que la situación en el Amazonas en agosto de 2019 fue normal e inferior al promedio histórico de incendios», aseguran en el resumen de su trabajo. Y la conclusión es sencilla: no es cierto.

Hay que remontarse a 2007 para encontrar un año mucho peor, con 393.915 focos (controlados y descontrolados) en total en Brasil. Pero los autores distinguen entro incendios y alcance.

La clave está en que hasta julio, hubo 15.924 episodios en la región, un 12,6% por encima de los 14.133 promedio del período 2004-2018, según datos de la agencia espacial brasileña INPE. El número de incendios aumentó un 145% en comparación con el mismo período en 2018. 

El director de INPE fue despedido a principios de agosto justo cuando la agencia estaba enseñando datos de satélite que mostraban un aumento en la deforestación del Amazonas. El presidente Jair Bolsonaro dijo que aquello eran «mentiras». Y su ministro de medio ambiente inició movimientos para privatizar la monitorización de incendios por satélite.

El número de incendios activos en agosto fue en realidad tres veces mayor que en 2018 y el número más alto desde 2010. Aunque los incendios en el Amazonas pueden ocurrir de varias maneras, los científicos muestran que existe evidencia sólida para vincular los aumentos de este año con la deforestación.

Pero ¿qué ha ardido en realidad?

Para llegar a esta conclusión han dejado claro que «conviene distinguir qué ha estado ardiendo» de cara a una medición sólida. Recopilaron información del sistema de detección de deforestación DETER-b del gobierno brasileño. Esto permite calcular la deforestación mediante la interpretación de imágenes tomadas por satélites de la NASA.

La deforestación en julio de 2019 fue casi cuatro veces la misma de los tres años anteriores. Esto es importante, ya que la tala casi siempre va seguida de fuego: la vegetación cortada se deja secar antes de ser quemada.

El profesor Jos Barlow, autor principal del artículo, recuerda que las llamas se extendieron en un agosto sin una fuerte sequía. Los científicos también muestran que las enormes columnas de humo que llegaron a la atmósfera, capturadas por los satélites, sólo pudieron haber sido causadas por la combustión de grandes cantidades de biomasa.

Las imágenes del sistema DETER-b muestran que la deforestación continuó a un ritmo muy superior al promedio en septiembre. Los investigadores reconocen que la cantidad de incendios activos disminuyó en ese mes en un 35% respecto a agosto. Aunque dicen que no está claro si esa caída se debe a las lluvias o la moratoria de dos meses para hacer quemas a la que accedió el presidente Bolsonaro.

Erika Berenguer (@Erika_Berenguer), investigadora brasileña afiliada conjuntamente a la Universidad de Lancaster y la Universidad de Oxford, dijo que se «muestra claramente que sin abordar la deforestación, continuaremos viendo que la selva tropical más grande del mundo se convertirá en cenizas. Debemos frenar la deforestación».

Revertir la deforestación

Conviene recordar que el Fondo Amazonía (creado en 2008 para captar fondo para la prevención, seguimiento y lucha contra la deforestación y el uso sostenible de los bosques) había sufrido un recorte de 30 millones de euros. Es la parte que negó Noruega como respuesta al descontento que generó la decisión del gobierno de Brasil de descabezar al equipo que gestiona el fondo.

«Durante la última década, Brasil ha sido un líder ambiental, demostrando al mundo que puede reducir con éxito la deforestación. Es imprudente desde el punto de vista económico y ambiental revertir esta tendencia».

La Amazonía absorbe CO2. Su quema desprende este gas y el tóxico CO. Aquí, en rojizo.

Cuando la selva virgen se incendia, los árboles grandes mueren y se caen. Abren grandes brechas que llenan de combustible gracias a su propia leña, expuesta al sol. El proceso se retroalimenta.

Este año se han disparado las quemas agrícolas. Zonas de bosques que habían sido talados previamente, cuya superficie supera los 13.000 km2.

El presidente Bolsonaro reaccionó en agosto contra el doble incendio: el literal y el metafórico, después de que el jefe de estado francés Emmanuel Macron quisiese que la crisis amazónica se tratase en la cumbre del G7.

El líder de extrema derecha mandó militares a la mayor selva tropical del mundo para ayudar a los bomberos y policías, medida extendida hasta el 24 de octubre.

De acuerdo con especialistas consultados por Efe, la reducción del número de incendios en la Amazonía obedeció principalmente al envío de militares para apagar los focos de fuego en esta región.

Igualmente pese a la caída del número de incendios en la Amazonía, las alertas por deforestación en esta selva tropical crecieron en los primeros días de septiembre, de acuerdo con las imágenes de satélite del INPE.

Aproximadamente la mitad de las selvas de la Amazonía están limitadas como reservas biológicas, reservas extractivas, bosques nacionales o territorios indígenas. Para el resto, los expertos recomiendan la replantación de árboles. Experiencias como la de Etiopía, con 350 millones de árboles plantados, pueden servir de inspiración.

La Amazonía custodia 76.000 millones de toneladas de CO2

Los bosques tropicales del mundo almacenan enormes cantidades de carbono en su biomasa. Las plantas, en su fotosíntesis, capturan CO2 del aire y nos devuelven oxígeno. Ese dióxido de carbono retenido se libera al arder, por eso un incendio forestal es una bomba de CO2.

Un estudio publicado esta semana calcula que la Amazonía retiene unas 76.000 millones de toneladas de carbono, al menos a partir de los datos de satélites recogidos desde 2005.

El trabajo, publicado en Nature, fue desarrollado por un equipo del Centro Helmholtz de Investigación Ambiental (Alemania). Los autores pudieron identificar qué áreas de la región amazónica son sumideros de carbono. Según su autor principal, Andreas Huth, «en general, la selva tropical todavía constituye un sumidero de carbono al absorber alrededor de 600 millones de toneladas por año. Sin embargo, también hay fuentes locales de carbono, como cuando los árboles mueren debido a la sequía o son destruidos por el fuego».

Según distintos estudios, un 1,4% de todas las especies de árboles en la Amazonía corresponden a las especies más corrientes del planeta. Pero también hay unas 6.000 variedades raras con apenas un millar de ejemplares. Entre otras, el recientemente descubierto árbol más alto de la Amazonía. Un angelim rojo (Dinizia excelsa) que mide 88 metros, un tercio del Pirulí de Madrid. Por ahora, a salvo de los incendios y la tala.

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