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Los bulos sobre la COVID-19 que defiende la plataforma ‘Médicos por la verdad’ y que ya hemos desmentido
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Los bulos sobre la COVID-19 que defiende la plataforma ‘Médicos por la verdad’ y que ya hemos desmentido

El vídeo en el que se presenta esta asociación contiene varios bulos acerca de la enfermedad producida por el coronavirus.

La plataforma ‘Médicos por la verdad’ se presentó el pasado 25 de julio en un acto celebrado en el Palacio de la Prensa de Madrid. Mientras que dicho acto se ha vendido en Youtube y en redes sociales como una rueda de prensa, los organizadores no dieron paso a las preguntas de los allí presentes.

El acto sirvió para que los miembros de este grupo de médicos relataran, una vez más, sus teorías conspirativas acerca de la pandemia. Repasamos estas declaraciones, algunas de ellas desmentidas anteriormente por el equipo de verificación de Newtral.es

Es falso que la epidemia haya finalizado en España

La doctora Natalia Prego Cancelo, protagonista de varios vídeos y audios virales desde que comenzó la pandemia, ha vuelto a insistir —como ya hizo en el pasado— en que la epidemia en España ha terminado. Para argumentarlo utiliza un gráfico del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), pero el propio Instituto ya desmintió dicha afirmación a Newtral.es.

«Es la Organización Mundial de la Salud (OMS) la encargada de declarar las pandemias, una situación que se refiere a una enfermedad epidémica que se extiende en varios países del mundo de manera simultánea. Por lo tanto, es la OMS la que decide cuando acaba la pandemia, pero puede darse el caso de que la enfermedad se ‘quede’ más tiempo en un país concreto, luego sería epidemia», aclaran desde el ISCIII.

Cancelo utiliza un gráfico del 29 de mayo, a pesar de que existen informes posteriores. En el último documento publicado por el Instituto, el 23 de julio, se observa perfectamente un crecimiento continuado en el número de casos desde finales de junio. 

La OMS no ha pedido que la población general no utilice mascarilla o que estas provoquen enfermedad respiratorias

Cancelo prosigue su discurso arremetiendo contra el uso generalizado de mascarillas. Para ello, cita un documento que la OMS publicó el pasado 6 de abril en el que explicaba que «las mascarillas médicas se deben reservar para los profesionales de la salud» —quienes más la necesitan en caso de escasez— y para aquellos que presentasen síntomas.

En el mismo documento, la OMS aseguraba que «no hay pruebas que fundamenten la utilización generalizada de mascarillas por las personas sanas». Sin embargo, dos meses después la organización actualizó su postura con otro documento, algo que Cancelo no explica. La OMS pidió a los gobiernos que alentasen «al público general a que use mascarilla en situaciones y entornos específicos como parte de un enfoque integral para interrumpir la transmisión del SARS-CoV-2».

El cambio de paradigma se produjo tras la observación de la transmisión presintomática y asintomática, y la imposibilidad de mantener el distanciamiento físico en algunas situaciones, pasando a recomendar su uso en entornos cerrados, reuniones multitudinarias o en el transporte público, entre otros. Especialmente, en lugares con alta densidad de población o con una transmisión extensa confirmada.

Prego solo cita este documento para hablar de los posibles riesgos o inconvenientes derivados del uso continuado de la mascarilla, redactados por la OMS. La doctora asegura que la OMS explica en el documento que el uso de este elemento de protección puede generar «enfermedades respiratorias», lo cual es falso. Lo que dice la OMS es que se pueden dar «dificultades para respirar, según el tipo de mascarilla usada», no que alguien vaya a desarrollar una enfermedad respiratoria derivada de su utilización.

Las mascarillas dejan pasar el oxígeno y dióxido de carbono y no producen hipoxia, como ya desmentimos en Newtral.es. La proximidad con una persona infectada que habla, canta o grita sin mascarilla es, hasta la fecha, el mayor riesgo de contagio del coronavirus.

Una PCR positiva implica que la persona ha estado en contacto con el virus

Para detectar el nuevo coronavirus, existen al menos tres tipos de pruebas: las PCR, los test rápidos de antígeno y los test de anticuerpo. Las primeras detectan el genoma del virus; las segundas, antígenos de virus; y las terceras miden los anticuerpos que ha generado nuestro cuerpo.

La OMS publicó el 9 de julio que las PCR —siglas en inglés de Reacción en Cadena de la Polimerasa— no determinan si ha habido infección. Tanto Prego como la también doctora Mª José Martínez Albarracín, perteneciente a esta asociación, utilizan este documento como prueba para sostener su hipótesis además de asegurar que las PCR dan «muchos falsos positivos», aunque realizan la afirmación sin aportar datos concretos.

Las PCR son pruebas de diagnóstico que permiten detectar un fragmento del material genético de un patógeno. En el caso del coronavirus, es una molécula de ARN. Es decir: si, tras el análisis en un laboratorio de microbiología de una muestra respiratoria de una persona sospechosa de estar infectada, la prueba detecta ARN del virus, el resultado es positivo y se confirma que esa persona está infectada por el virus. 

Una PCR positiva no garantiza la viabilidad ni inefectividad del virus, tal y como dice correctamente la doctora. Lo que detecta es la presencia de su material genético. «El hecho de detectar el material genético puede ser debido a que el microorganismo (o el virus) esté presente o a que haya restos en la muestra clínica sin que esté vivo», explica Óscar Zaragoza, investigador del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III a Newtral.es.

«Pero el hecho de detectarlo ya implica que ha habido contacto con el virus vivo. Por lo tanto, ante un resultado de una PCR positiva, hay que asumir que esa persona es portadora y actúa como un transmisor de la enfermedad. La definición de enfermedad, sintomático o asintomático depende de otros factores clínicos que tiene que valorar el personal sanitario», añade. 

De hecho, «la aparición de estos portadores del virus en una población demuestra que el virus está circulando». Localizar geográficamente a los portadores positivos «permite saber dónde pueden darse brotes de enfermedad, y permite actuar antes de que estos se produzcan», recalca Kika Colom, profesora de Microbiología en la Facultad de Medicina de la Universidad Miguel Hernández.

El dióxido de cloro no cura el coronavirus; al contrario, es peligroso para la salud

La doctora asegura que el dióxido de cloro, conocido popularmente como Suplemento Mineral Milagroso (MMS por sus siglas en inglés), sirve para tratar el virus, pero se trata de un peligroso medicamento que es ilegal en varios países, incluido España.

La presentación del MMS como solución milagrosa ante diferentes patologías y enfermedades se remonta, al menos, hasta el año 2010. En ese momento, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) emitió una nota informativa para alertar contra su comercialización.

El clorito de sodio, en solución acuosa y cuando se administra en las condiciones indicadas, se transforma en ácido cloroso que se degrada a dióxido de cloro. Su consumo puede producir efectos adversos graves como dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea, intoxicaciones, fallo renal y metahemoglobinemia. 

A nivel internacional, la agencia del Gobierno de los Estados Unidos responsable de la regulación de los alimentos y medicamentos, es decir, la FDA (Food and Drugs Administration), también ha advertido contra el consumo de esta solución milagrosa y aseguran que quienes ingieren MMS «están bebiendo lejía». 

No hay evidencias que vinculen la vacuna de la gripe con el coronavirus

En referencia a la campaña de vacunación 2019-2020, la doctora Mª José Martínez Albarracín dice que hay «estudios estadísticos que correlacionan con bastante probabilidad la vacuna de la gripe con el COVID-19», aunque no menciona cuáles.

Martínez menciona componentes de la vacuna, como el Polisorbato 80, un adyuvante empleado en algunas vacunas de la gripe y que fue el objeto de estudio de una investigación realizada por trabajadores del Hospital de Barbastro (Huesca) que vinculaba la vacuna de la gripe con mortalidad por COVID-19. El documento fue ampliamente rechazado por la comunidad científica, como ya explicamos en Newtral.es.

Los grupos antivacunas llevan meses difundiendo bulos sobre el coronavirus, tanto sobre las posibles vacunas futuras como sobre el origen del virus. Un bulo viral atribuye la expansión del coronavirus a la vacunación de la gripe cuando, en realidad, otras vacunaciones tienden a estimular nuestras defensas y, en algunos casos, ofrecer algo de inmunidad cruzada.

Otros ponentes de Médicos por la verdad mencionan —una vez más, sin aportar evidencias— un supuesto plan de las grandes corporaciones farmacéuticas que, según este grupo, buscan hundir las economías nacionales para imponer por la fuerza un régimen comunista. En medio de esta teoría conspirativa sin fundamento, también mencionan a Bill Gates, filántropo sobre el que han circulado varios bulos durante la pandemia, como que planea introducir microchips en las futuras vacunas o que estas cambiarán permanentemente nuestro ADN. Ambos fueron desmentidos.

La OMS no se ha posicionado en contra del confinamiento

El presentador del evento cita el Reglamento Sanitario Internacional. En el artículo 18 del mismo, se especifica que la OMS podrá aconsejar a los Estados, entre otras cosas, someter a cuarentena o aplicar otras medidas sanitarias para las personas sospechosas; someter a aislamiento y a tratamiento, cuando proceda, a las personas afectadas y localizar a quienes hayan estado en contacto con personas sospechosas o afectadas.

El documento no habla del confinamiento masivo, pero esto no significa que la postura de la OMS sea que «no se tiene que confinar a las personas sanas», como asegura el orador. La Organización Mundial de la Salud publicó un documento el 19 de marzo de este año con consideraciones acerca de la cuarentena. En esta guía, la OMS no se posiciona a favor o en contra del confinamiento, pero da recomendaciones a las autoridades que lo decreten.

La portavoz de la organización, Margaret Harris reconoció en una entrevista al medio australiano The Sydney Morning Herald el 27 de abril que la OMS nunca pidió el confinamiento de la población. «Pedimos rastrear, rastrear, aislar, tratar (…) Pero los Gobiernos decretaron cuarentena para todo el país en aquellas poblaciones en las que afloraron grandes brotes rápidamente, ya que eran incapaces de averiguar dónde tenían lugar la mayoría de las transmisiones».

«Creo que aquellos países que realizaron las mayores restricciones lo hicieron cuando miraron a Wuhan y vieron que funcionaban —continúo Harris— pero no analizaron lo que también sucedió en Wuhan, que fue un seguimiento muy agresivo de los contactos y un aislamiento muy agresivo de los mismos, asegurándose de que esas personas no fueran a ninguna parte, además de pruebas muy, muy generalizadas. Así que hicieron mucho más que simplemente cerrar el lugar».

Es decir, la OMS no pidió a los Estados que confinasen a la población, pero justifica que los Gobiernos lo hicieran al no tener capacidad para rastrear los casos. Por otro lado, el director de la OMS, Tedros Adhanom lo consideró una medida exitosa señalando que «es incuestionable que las órdenes de confinamiento y otras medidas de distanciamiento físico han frenado con éxito la transmisión en muchos países».

No hay relación entre el 5G y la propagación del COVID-19

El presentador cierra el evento asegurando que «hay pruebas o una alta sospecha de la contaminación electromagnética y la tecnología 5G», sin embargo no existen evidencias científicas de estas hipótesis, como ya explicamos el pasado mayo.

La propia OMS desmintió este bulo, puesto que los virus no se desplazan ni por las ondas electromagnéticas ni por las redes de telefonía móvil. La organización también recordó que la COVID-19 se está propagando en países que no habían puesto en marcha la tecnología 5G como por ejemplo Bélgica que, aunque el pasado 1 de abril implementó el 5G, según informa Reuters, tuvo el primer contagio por coronavirus el 4 de febrero, casi dos meses antes que la llegada de la tecnología al país. 

Fuentes

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