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Ni causan alergias ni llevan ADN humano: las peligrosas falsas creencias sobre las vacunas
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Ni causan alergias ni llevan ADN humano: las peligrosas falsas creencias sobre las vacunas

Las vacunas son un escudo que nos protege desde el nacimiento para hacernos inmunes contra una enfermedad, estimulando la producción de anticuerpos.

Campaña de Vacunación | UNSPLASH

La red está llena de bulos relacionados con la eficacia de las vacunas a la hora de detener una enfermedad, sobre los efectos secundarios que supuestamente producen e, incluso, sobre conspiraciones que involucran a gobiernos y farmacéuticas. Según un barómetro realizado por la Comisión Europea en 2019, en España, un 4% de la población duda de la eficacia de estos preparados. La media europea es de un 9%.

Según la Organización Mundial de la Salud, gracias a la inmunización se previenen entre dos y tres millones de muertes al año causadas por difteria, tétanos, tos ferina, gripe o sarampión, enfermedades que aún no han sido erradicadas.

Tal y como explicó ante las cámaras de RTVE Antoni Trilla, jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, las vacunas se equiparan al agua potable o al alcantarillado: “Son medidas sencillas que han mejorado la vida de la gente, la supervivencia y la esperanza de vida de todos nosotros».

Trilla recuerda que la única enfermedad que hemos conseguido erradicar -gracias a las vacunas- es la viruela. De hecho, el sarampión se había erradicado prácticamente en Europa. La OMS achaca su repunte en los últimos años a los bulos difundidos por los antivacunas. Por lo tanto, la creencia que dice que se vacuna contra enfermedades que ya no existen es solo eso, una leyenda.

¿En qué se equivocan los antivacunas?

Las vacunaciones masivas comenzaron a producirse a principios del S. XIX. Los antivacunas se escudan en que si la mortandad ha descendido es por una mejora en las condiciones higiénicas. Es un factor a tener en cuenta, pero el riesgo de no vacunarse puede conllevar la aparición de enfermedades graves e, incluso, la muerte.

Según explica la investigadora científica del CSIC, Margarita del Val, los antivacunas meten miedo para vender otras cosas que son inocuas. “Las personas que están vacunadas hacen de escudo a las personas en el grupo que no lo están (…) Sin embargo, si hay muy pocas personas vacunadas es mucho más fácil que se empiecen a contagiar de unos a otros de manera que la colectividad acaba infectada”.

Existen bulos antivacunas que, incluso, llegan a asegurar que los efectos adversos producidos por las vacunas «se silencian». El más habitual es el de que las vacunas pueden producir autismo, algo que ya desmentimos en Newtral.es.

Estos medicamentos son sometidos a años de pruebas y ensayos clínicos antes de ser comercializadas (y siguen siendo evaluados posteriormente). La OMS recuerda que las vacunas son seguras y que la mayoría de las reacciones son leves y temporales.

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¿Qué elementos presuntamente nocivos están presentes en una vacuna?

Uno de los argumentos más esgrimidos en contra de las vacunas es que estas contienen sustancias como aluminio y mercurio. Sin embargo, según ha explicado a newtral.es Amós García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología, la cantidad de estos elementos presente en cada dosis es “irrisoria”. El doctor lo argumenta indicando que la cantidad de aluminio que un bebé puede recibir simplemente por respirar o beber leche materna, por ejemplo, es muy superior.

En cuanto al mercurio, el compuesto que se utiliza como adyuvante en las vacunas es el timerosal. Un compuesto que contiene etilmercurio en dosis muy pequeñas, y que se añadía a algunas vacunas como conservante, sin que esto suponga ningún peligro para la salud. García Rojas afirma que este elemento ya no se utiliza en las vacunas en España y que, aunque fuera así, nunca ha ocasionado ningún problema. Desde el Instituto Salud sin Bulos avisan de que solo en casos muy excepcionales se le puede agregar este elemento a algunas vacunas multidosis. 

En los bulos sobre vacunas también se difunde que estos preparados llevan levadura modificada o células de animales y humanos. García Rojas, sin embargo, asegura que esas afirmaciones no se sustentan en nada y reitera que las vacunas son seguras. El experto dice que la clave está en la “dosificación”: si alguna vacuna se compone de un elemento considerado como peligroso por los antivacunas, como podría ser el formaldehido, debería ingerirse en cantidades infinitamente superiores para resultar tóxico.Los elementos presentes en las vacunas distribuidas en nuestro país pueden comprobarse en la web de la Agencia Española del Medicamento.

Ni provocan alergias ni efectos adversos graves

Para la OMS, no existe relación entre la administración de vacunas y la muerte súbita en niños; tampoco la administración simultánea de varias vacunas tiene efectos secundarios. En cuanto a la aparición de asma o alergias, desde el Colegio de Médicos de Barcelona aclaran que no hay ni una sola evidencia científica que demuestre que las vacunas causen o empeoren enfermedades crónicas o alérgicas, como el asma o el eczema. La vacuna de la gripe, por ejemplo, puede causar dolor de cabeza o algún otro efecto secundario leve, pero solo una persona entre un millón podría contraer una enfermedad grave como es el síndrome de Guillain-Barré.

También se suele referir al coste de la vacunación y al negocio que las farmacéuticas hacen con ello. Sin embargo, tratar una enfermedad es mucho más costoso que poner una vacuna, tanto para el paciente como para el sistema público de Salud. En este sentido, el Colegio de Médicos de Barcelona es claro: «No se puede relacionar beneficio económico con mala praxis». La industria farmacéutica hace grandes inversiones en investigación, por lo que, «además del beneficio en salud, espera un retorno económico».

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