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Bill Gates no ha dicho que “la vacuna de la COVID cambiará permanentemente tu ADN”
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Bill Gates no ha dicho que “la vacuna de la COVID cambiará permanentemente tu ADN”

Las nuevas candidatas a vacunas de ARN y ADN sí son de carácter experimental pero en ningún caso tienen la capacidad de modificar el material genético humano.

Laboratorio Vacunas | Dmitry (Shutterstock)

Circula en la red un mensaje que indica que Bill Gates ha explicado que “la vacuna Covid usará tecnología experimental y alterará permanente su ADN”. Esto es FALSO. Si bien es cierto que entre las alternativas a vacuna ante la COVID-19 existen dos enfoques de carácter experimental, en referencia a las candidatas a vacunas de ARN y ADN, el magnate creador de Microsoft nunca ha dicho que estas puedan cambiar “permanentemente” el ADN humano.

El bulo surge a raíz de un artículo que el propio Bill Gates colgó en su blog Gates Notes el 30 de abril de 2020. En él este mencionaba las opciones que se están barajando en la carrera de la vacuna ante la COVID-19 y mostraba su “entusiasmo” ante “dos nuevos enfoques”, las “vacunas de ARN y ADN”. 

De hecho, explica que su fundación en colaboración con la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI) han aportado fondos “durante casi una década” para el “desarrollo de una plataforma de vacunas de ARN” con el objetivo de encontrar una solución a la malaria, aunque “ahora parece una de las opciones más prometedoras para la COVID-19”. 

En cualquier caso, el hecho es que Gates no indica en este artículo ni en ninguna intervención o entrevista que estas candidatas a vacunas puedan modificar “permanentemente” el ADN humano, simplemente se dedica a explicar las diferencias de actuación entre las vacunas de “enfoque tradicional”, es decir, las vacunas que inyectan el virus o una parte de él, de forma inactiva o activa pero atenuada, para que el cuerpo genere una respuesta inmunitaria que produzca anticuerpos específicos antes esa sustancia que se ancla del virus, y las vacunas de ARN, principalmente, en las que lo que se inyectaría sería el “código genético necesario para producir un antígeno” de la COVID-19. 

Funcionamiento de las nuevas candidatas a vacuna 

Existen dos principales opciones para inyectar ARN del SARS-CoV-2 como vacuna y en ninguno de los casos hay riesgo de que modifique el ADN humano. 

La primera, consiste en inyectar directamente el ARN mensajero (ARNm) del virus que codifica la proteína viral en el citoplasma de nuestras células. Una vez dentro este ARNm del virus da instrucciones para fabricar proteínas virales similares a las del patógeno que se quiere combatir, lo que inducen a la creación de anticuerpos específicos ante esas proteínas que notan como ajenas. De esta manera, ante un posible contagio por el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario ya sabría cómo actuar porque conoce el tipo de proteínas que este virus genera. 

Cabría subrayar, como recuerda el genetista Lluis Montoliu (CNB-CSIC) que trabaja en técnicas de CRISPR para combatir el coronavirus, que este proceso de replicación “ocurre fuera del núcleo, en el citoplasma de la célula” humana

Para que llevar a cabo la edición del propio genoma humano (del ADN) sólo podría hacerse mediante técnicas de transgenia o corta-pega de letras de los genes, es decir, el CRISPR: “Cuando usamos tijeras moleculares CRISPR (proteínas CAS9) para editar genéticamente ratones o plantas, que son seres vivos con células con núcleo, hemos tenido que incluirle un señalizador nuclear para que, ahí sí, entre al núcleo a hacer su labor”. En el caso de la lucha contra el virus “no hace falta”.

Este sistema es el que está utilizando el laboratorio biotecnológico Moderna, uno de los que más avanza en el desarrollo de una vacuna de este tipo ante la COVID-19,  y que han llamado mRNA-1273. En su caso particular la vacuna se basa en la introducción ARNm que produce la proteína S (de ‘spike’ en inglés) del SARS-CoV-2, es decir, la proteína con la que el coronavirus se ancla y accede directamente a  las células humanas.

El pasado 11 de julio Moderna ya explicó en nota de prensa que había finalizado el protocolo de estudio de fase 3 y espera un ensayo aleatorio con 30.000 participantes. Con este sistema se ahorra tiempo porque no hay que “purificar” en el laboratorio la proteína que se generaría en células que haríamos en un cultivo. 

Otra alternativa son las vacunas de plásmidos de ADN, uno de los métodos que se está investigando en España por el equipo de Vicente Lagarra del CBMSO-CSIC. 

Se trata de colocar el gen que permitirá luego producir anticuerpos específicos al virus en lo que denominan “un ‘vehículo’ sintético de ADN (un plásmido). Esto después se introduce en el organismo humano y se induce a la protección frente a la infección. Es decir, lo que se hace es introducir moléculas de ADN sintetizadas en un laboratorio con un parte del gen del virus de la COVID-19 en su interior. Este procedimiento apuntan los expertos a que puede llevar más tiempo que las vacunas de ARN, como mínimo dos meses para empezar a probarse en modelos de ratones. 

Por el momento este procedimiento, según explican el CSIC en nota de prensa del 21 de mayo, ha sido probado en una vacuna para la ‘leishmaniasis canina’, enfermedad infecciosa de origen parasitario en animales. Entre las ventajas que plantean, de tener conseguir resultados positivos, que “el proceso de escalado industrial del candidato a vacuna ya se ha realizado previamente, lo que adelantaría notablemente la fase industrial de fabricación, las pruebas en humanos y su producción posterior 

Fuentes

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