Newtral


El activismo climático se enciende mientras la COP25 negocia en la prórroga
Siguiente

El activismo climático se enciende mientras la COP25 negocia en la prórroga

La Cumbre del Clima COP25 entra en la prórroga en busca –o esquivando– el clásico «acuerdo de mínimos». Las  discusiones sobre el futuro mercado de emisiones han alargado la negociación.

Concentración en el interior de la COP25 | Mario Viciosa

Viernes sin futuro. Mientras la Cumbre del Clima COP25 se da su última oportunidad este sábado, la juventud activista se declaró ayer en huelga global y se ha plantado frente a las puertas de Ifema en torno a Fridays For Future y Extintion Rebelion.

«No vamos a salir de Ifema sin un buen resultado» dijo poco después de las 19:00 el coordinador de la Presidencia de la COP25 Andrés Landerretche, tras anunciarse que los delegados necesitarán más tiempo.

Este sábado, el último borrador presentado para someterse a las partes destinadas a llegar a un acuerdo ha contado con el rechazo de las organizaciones ecologistas. «Este documento nos hace retroceder a la situación previa al Acuerdo de París, sin compromisos serios frente a la crisis climática y los retos que se habían alcanzado», han incidido varias organizaciones como Christian Aid, Greenpeace, Action Aid o WWF.

Fridays For Future ya da la Cumbre del Clima por fracasada y anuncia que seguirán las movilizaciones

Friday For Future, que según su portavoz María Serra cuenta ya con siete millones de personas en todo el planeta, se ha mostrado muy pesimista y varios de sus portavoces han asegurado hoy que la COP25 «no ha servido de nada y no sólo eso: estamos viendo retrocesos y no avances», por lo que han advertido de que seguirán presionando.

Mar Asunción, responsable de Energía y Clima de la ONG en España, ha señalado que «la única palabra que hasta ahora refleja la situación en la que nos encontramos es decepcionante», pues el último borrador facilitado por las partes «es muy flojo, ya que no responde a la emergencia climática».

«Si dicho borrador no cambia -ha añadido- no responderíamos al objetivo prioritario, que es asegurar una mayor ambición en los planes que tienen que presentarse en 2020 para que estén en la línea de lo que dice la ciencia y clama la sociedad».

El científico Alden Meyer, director de estrategia de la organización Union of Concerned Scientists, ha calificado este borrador de «injusto e inmoral».

«No he visto nunca una desconexión mayor como lo que estamos viendo en esta COP entre lo que la ciencia requiere y el mundo demanda y lo que los negociadores del clima están negociando en términos de impulsar acción climática», ha dicho.

Una semana después de la Marcha por el Clima y con las negociaciones extendidas hasta el último momento, los países que más gases de efecto invernadero emiten han querido hacer una interpretación laxa del Acuerdo de París para demorar sus compromisos a 2023. ¿Se puede hablar ya de un fracaso de los estados y un éxito de la cara social y ciudadana de la Cumbre?

«Estas negociaciones siempre son difíciles. Al final del día, siempre hay quien pide más financiación. La tensión de cualquier discusión suele ser esa, cuánto y de dónde» ha dicho al final de la tarde Andrés Landerretche. «Hay muchas maneras de medir el éxito de una cumbre, no podemos subestimar las acciones paralelas».

¿En dónde han patinado las negociaciones?

Por un lado, en los plazos. Tomando la ‘letra pequeña’ de París por bandera, no sería necesario plantear nuevos esfuerzos hasta 2023.

La cuestión es que esta cumbre, en esencia, estaba pensada para que el Tratado firmado en 2015 echase a andar el año que viene con «más ambición», al calor de los informes presentados por el Panel de Expertos del Cambio Climático (IPCC) y que nos están abocando a incrementos de temperatura global críticos.

También en redactar meticulosamente el Artículo 6 de París, el del mercado de compraventa de emisiones de carbono, que explicamos más abajo. Y en el mecanismo para compensar a los afectados por desastres climáticos.

Activistas de Extintion Rebellion encadenados en la rotonda de acceso a Ifema | M. Viciosa

¿Quién se ha negado a avanzar?

China e India, sobre todo. De Estados Unidos ni hablamos porque, mientras Donald Trump siga en el gobierno, en diciembre de 2020 lo firmado en París ya no le compromete, al haber abandonado el acuerdo.

Estos son los tres primeros emisores absolutos. La paradoja es que China e India han hecho bastante de sus deberes, con enormes desarrollos en renovables. Por eso prefieren ir paso a paso. China, de hecho, podría cumplir con sus objetivos plenamente en 2023, aunque siguen quemando carbón. Algo que también le pasa a Japón, aunque su peso relativo es menor a nivel global. Y Australia, que paradójicamente vive azotada por una oleada de incendios.

Quieren jugar la baza de aumentar su ambición para entonces y, de paso, ser beneficiarios de fondos destinados a la transición verde que, por cierto, tampoco cuentan con unas arcas llenas, precisamente.

Loading…

¿Quiénes sí se han comprometido?

La Alianza por la Ambición Climática, un grupo que suma desde esta semana a 73 países. Una decena de ellos ya han hecho cambios en su legislación para avanzar hacia mayores reducciones que las que salieron de París. Otros, como España, han iniciado los trámites.

El problema es que apenas representan en su conjunto el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Hay países que padecen ya estos efectos de la emergencia climática y apenas emiten CO2.

A nivel mundial, cinco países se reparten el más del 60 % del total de las emisiones, con una cantidad final superior a los 1.000 millones de toneladas.

Es el caso de Kiribati, estado insular del Pacífico Central, considerado el primer país en desaparecer si sube el nivel del mar o se intensifican los tifones según lo proyectado. Fue su presidente el encargado de abrir las intervenciones en el plenario de la ONU el lunes.

La arquitecta de los acuerdos de París Laurence Tubiana es, sin embargo optimista. «Antes de la COP24, cuando planteé que los países aspirasen a las emisiones cero o neutrales, nadie pensó que eso pudiera ser posible. Hoy ya tenemos más de 70 países comprometidos con ello».

Para esta experta de la Europe Climate Fundation, «el anuncio de Corea de Sur ha sido gratamente sorprendente, por ejemplo». Destaca también el compromiso del reelegido primer ministro británico, Boris Jhonson, para alcanzar la neutralidad en CO2 en 2050.

Eso sí, ante el Brexit, «el resto de países deberá asumir el esfuerzo que hasta ahora están realizando ellos, con una baja del 36 %, para cumplir el compromiso», según la directora de la Fundación Empresa y Clima Elvira Carles, que hoy ha presentado el informe de Emisiones de CO2 en el Mundo.

Además de estos países, regiones o estados federados, casi 400 ciudades y empresas, así como 16 grandes inversores se han comprometido a alcanzar la neutralidad en carbono en el 2050. Aunque algunos gobiernos, como el de Australia, no hayan mostrado avances, Tubiana destaca que «seis de sus regiones sí se han comprometido».

¿Y la europea?

Los países de la UE no han podido llevar a la COP25 un compromiso formal de reducción de emisiones conjunto del 55%. Aunque la intención es que sí ocurra en la COP26 de noviembre de 2020. El camino, eso sí, va a ser complicado.

El Pacto Verde Gren Deal también ha encallado en el Consejo Europeo. Algo que estaba en el guion, sobre todo por parte de los grandes emisores (y con presidentes que juguetean con el negacionismo climático): Polonia, Hungría y Chequia.

La presidenta de la Comisión ante el Green Deal | Stephanie LeCocq. Efe
La presidenta de la Comisión ante el Green Deal | Stephanie LeCocq, Efe

No ha habido unanimidad entre los jefes de estado o de gobierno comunitarios para el plan para una Europa neutral en carbono en 2050. ¿Es el fin del Green Deal? En absoluto. El presidente del Consejo Charles Michel, de hecho, ha presentado con optimismo el documento, pues «recoge la discrepancia» de, básicamente, Polonia, que aún alimenta su energía con carbón.

El texto de la Comisión, tal y como está redactado, no implica un compromiso claro y explícito de los gobiernos en el recorte, aunque para 25 de ellos se presupone antes del verano.

Sí se ha ‘colado’ una mención a la energía nuclear. Aunque Alemania la abandonó, es una energía que no emite CO2 en la producción de electricidad, por lo que algunos (Francia, sobre todo) la consideran aliada en la emergencia climática, mientras que otros creen que su prolongación retrasará el despliegue renovable.

En el mercado de Europa funcionan sin demasiados problemas, eso sí, los mercados de intercambio de emisiones.  El precio por tonelada en 2018 era de 15 euros, cuando estaba en 5 euros en 2017.

¿El mercado de emisiones?

El artículo 6 del Tratado de París era el verdadero meollo de esta Cumbre del Clima COP25. Tendrían que haberse cerrado los mecanismos de regulación de los mercados de carbono, superando los intercambios establecidos en Kioto. O sea, una especie de bolsa de valores del carbono que cotice con un precio por tonelada.

La idea de este punto es garantizar la integridad ambiental y evitar las dobles contabilidades en países como China, India o, sobre todo Brasil. Estos países se han enrocado arrastrar los créditos de carbono antiguos y que se los reconozcan ahora. Europa, con un mercado maduro, con ponerlos a cero. Y no le vale cualquier acuerdo.

“Hay un principio sagrado para los países europeos y es que necesitamos un sistema robusto, que una tonelada emitida o no emitida de CO2 tenga el mismo valor y el mismo peso en cualquier sitio del mundo en que sea emitida”, dijo anoche la ministra y facilitadora en la COP25 Teresa Ribera.

Un ejemplo teórico: un país como Brasil, capaz de neutralizar buena parte de su CO2, acumula la posibilidad de emitir más carbono (su Amazonía prácticamente se traga todas las emisiones producidas en un año). Tiene nada menos que 52 millones de toneladas de carbono capturadas en sus bosques. Así que le vende su derecho a ‘contaminar’ a un segundo estado o a empresas.

Quien se lo compra, gana el derecho a ‘contaminar’ el 80% de lo que le venden. Imaginemos entonces que Brasil entiende ese crédito como un ‘premio’ por haberlo hecho bien, no tanto como un bien que le entrega a otro a cambio de poder seguir emitiendo o de dinero. Eso implica una doble contabilidad. Se acumularían sus créditos viejos, los del mecanismo de Kioto, con los de la nueva ‘bolsa’ del carbono.

«Es preferible que no haya acuerdo a un mal acuerdo», dijo el martes Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión Europea, que no tiene prisa. En Glasgow el tema será ineludible. Una visión que comparte Tubiana.

¿Nos vamos irremediablemente a un planeta 3°C más caliente?

Si no hay acuerdo, el contador vuelve a ponerse (casi) a cero el año que viene. “En 2020 se inicia el nuevo ciclo en el Acuerdo de París donde debemos revisar al alza nuestros compromisos y tenemos que ordenar cómo se va a hacer esto con arreglo a la ciencia» decía el jueves la ministra Teresa Ribera, negociadora en uno de los grupos de la ONU.

Y es la ciencia la que viene indicando que los retratos en la toma de decisiones sobre las reducciones de carbono nos conducen a incrementos de temperatura por encima de los 2 grados. Algo ante lo que clama particularmente la ciencia más joven.

Para el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), cuando la Tierra supere de media esa temperatura, respecto a antes de la Revolución Industrial, el clima se volverá impredecible.

Riesgo climático acumulado | Germanwatch
Riesgo climático acumulado | Germanwatch

Su comportamiento comprometerá la vida en la Tierra tal y como la conocemos, seguramente antes de que acabe el siglo. De no hacer nada, nos encaminaríamos a un incremento de 3,2 grados.

Pero hay países que ya se están viendo azotados por efectos atribuibles al calentamiento global: desde comunidades costeras arrasadas en islas del Pacífico, a sequías seguidas de inundaciones en Uganda, pasando por las prolongadas olas de calor en Europa, incluida España donde en 2018 murieron 38 personas.

Ahí entra otros de los puntos de desacuerdo: el mecanismo de compensación a los países que hayan sufrido desastres imputables al calentamiento global.

En el fino tablero de las relaciones internacionales, la línea que separa la ayuda por emergencia de apoyo geoestratégico es delgada, aunque el planeta no entienda ni de fronteras ni de supervivencia de sus moradores.

Loading…

¿Quieres comentar?

Relacionados

Más vistos

Siguiente