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Carlos Duarte: ciencia climática en los países fósiles
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Carlos Duarte: ciencia climática en los países fósiles

El ecólogo marino Carlos Duarte es pionero en el ‘carbono azul’, el CO2 que capturan los océanos y marismas. Un arma natural para combatir las emisiones de combustibles fósiles, de los que vive el país que lo acoge: Arabia Saudí.



Investigador de la Universidad Rey Abdalá de Arabia, Carlos Duarte (Lisboa, 1960) es uno de los oceanógrafos más reconocidos del mundo. Fue director de la expedición Malaspina. Premio Ramón Margalef 2019, este histórico científico de le emergencia climática cree que no se puede ser simple testigo de la crisis ambiental. «Un ecólogo no puede de dejar de ser ecologista». 

Ahora, como cada año, visita Madrid como jurado del Premio Fronteras del Conocimiento de Cambio Climático, que ha recaído en el huracanólogo Kerry Emanuel, otro oráculo de los océanos violentos.

En medio de otro huracán metafórico, Duarte dio portazo al CSIC en 2014, condenando el «exceso de burocratización» y falta de tiempo para investigar. Cambió el océano de papeles por las aguas del Mar Rojo, cerca de Yidda, donde trabaja. «Un oasis» en medio de un país hermético. ¿Abierto a la ciencia?

Arabia Saudí y, por extensión, su universidad, vive de la economía del petróleo como otros estados a su alrededor. El Climate Change Performance Index de Germanwatch suspende a estas naciones en lo que a lucha contra la emergencia climática se refiere, pero en 2019 Arabia dejó de ser el peor alumno en la reválida ambiental, pese a seguir en la cola de las bajas notas.

Estados Unidos se coloca a la cabeza de la inacción por el clima en el último ranking. Básicamente, por negarse a reconocer la evidencia científica y abordar cambios que, por otro lado, pocos países están dispuestos a hacer a tan corto plazo.

  • PREGUNTA.- Ante los cambios sociales y económicos que exige la emergencia climática en poco tiempo, ¿se está planteando sencillamente una revolución?

  • RESPUESTA.- Yo de hecho creo que ya está ocurriendo. Igual que en el siglo XIX tuvimos nuestra Revolución Industrial, supondrá cambiar todo el modelo energético y modelo, incluso, de producción y consumo de bienes pero a escala global. Entonces, la revolución se hizo en una zona geográficamente limitada y se fue extendiendo. Ahora es total. Es un desafío importante. Eso no tiene por qué llevar a convulsiones si se hace de forma equitativa y justa. Protegiendo a las personas más débiles tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo.
  • P.- Pero el país en que trabaja ahora vive de esa economía fósil. ¿Van a estar dispuestos al cambio los productores de petróleo?

  • R.- Primero, hay que tener en cuenta que en Arabia no tienen muchos más recursos que el petróleo, de forma que hay que cambiar su modelo de energía y modelo económico; supone un desafío importante comparado con otros países productores, como Noruega. Sin embargo en Arabia Saudita, el gobierno no tiene duda alguna de que esta transición es imperativa y que además tienen que hacerla de forma decisiva, porque si no corren el riesgo de quedarse anclados en una economía que no será productiva en el futuro y el modelo que han adoptado y presentaron en la COP25 es de una economía circular del carbono, una transición más suave de combustibles fósiles a renovables.
  • P.- ¿Quiere decir que, actualmente, una administración como la de Trump [siguiendo el informe de Germanwatch] es más problemática para el clima que un país petrolífero?

  • R.- Lo cierto es que sí. Porque además ellos [Arabia] son conscientes de estar en una zona donde las temperaturas ya son elevadas. Un aumento en estas puede traer problemas de salud pública importantes. Además, tienen extensas zonas costeras muy bajas, con mucha población, que son vulnerables al aumento del nivel del mar.

El Mar Rojo constituye un interesante laboratorio climático. Es uno de los más calientes del mundo y, por tanto, vulnerable. Pero sorprendentemente se está enfriando. Un cambio tan inesperado como los que se pregonan desde el país cuyas aguas baña y que genera el mismo escepticismo.

«Los medios han convertido a Greta Thunberg en un personaje de ‘reality’ (…) la Belén Esteban del clima»

Duarte le contaba a Manuel Ansede en El País, hace tres años, que en Arabia Saudí había encontrado «la libertad intelectual de poder pensar», algo sensiblemente distinto para las mujeres fuera del recinto de esa universidad, que ha captado a algunas de las mentes más brillantes de la ciencia y la tecnología. También, mujeres.

Son ellas las que han puesto cara a la lucha contra la emergencia climática en el último año. Desde las indígenas de América Latina, a las jóvenes líderes de movimientos como los Fridays For Future de Europa o África.

Greta Thunberg y otras líderes de FFF en Madrid | B. Solís, Efe

«El papel de Greta Thunberg en particular es positivo en cuanto a llamar a la acción y movilizar a todos. Lo que no veo muy positivo es cómo los medios de comunicación han convertido a esta persona en personaje parte de un reality show» , piensa Duarte, crítico con la manera en que se ha planteado su presencia en la COP25.

  • P.- Usted estuvo en la Cumbre de Madrid, ¿cómo la evalúa, desde la distancia de vivir fuera de España?

  • R.- En el guion de esta COP25 no había claves decisivas. Se trataba de evaluar el desarrollo e implementación de los Acuerdos de París. Invocando a la emergencia, es decir, que nos quedan sólo 10 años para alcanzar los objetivos, se intentaron acelerar los tiempos. Pero cuando los países adoptaron hace poco esos acuerdos con una serie de tiempos de implementación, es difícil que sobre la marcha cambien los planes. Ha llevado 20 años generar esos acuerdos.

    No creo que la cumbre fracasase. Se habían creado expectativas que no eran consistentes con los compromisos que las naciones habían adoptado.
  • P.- Ha sido a veces duro con el catastrofismo de Greta Thunberg. ¿Ha cambiado su visión tras esta cumbre, en que ha apelado a la comunidad científica?

  • R.- Su presencia en la COP25 ha sido más disruptiva que constructiva. Por ejemplo, a una compañera mía de Chile, que llevaba dos años trabajando en un foro de juventud y clima, la vi muy estresada porque, según comenzó el evento, se corrió la voz de que Greta había llegado a Ifema. Todo el mundo salió corriendo para hacerse un selfi con ella. El contenido del foro quedó diluido en medio de algo trivial, como si fuera la Belén Esteban del clima.
  • P.- Sin embargo, la propia Thunberg quiso desviar la atención hacia quienes ya sufren catástrofes climáticas y a las advertencias científicas. ¿Nos estamos perdiendo algo más?

  • R.- Nos estamos perdiendo identificar aquellas formas del sistema Tierra que son más reactivas al cambio climático. Los cambios allí pueden tener consecuencias globales. Este año hemos hablado de la Amazonía por los fuegos y por su capacidad para controlar los sistemas tropicales. Pero una zona muy importante es el Ártico. Los cambios allí tienen consecuencias globales y no se está poniendo suficiente esfuerzo en la investigación. Es, quizás, la zona clave.

Este año, Groenlandia ha vivido una ola de calor histórica. Considerado el refrigerador del planeta, el Ártico está en mínimos históricos de hielo. 2019 ha batido récords de temperatura en el hemisferio norte, pero la región ártica ha pisado el acelerador térmico en la última década.

«No creo que la COP25 fracasase. Se habían creado expectativas que no eran consistentes»

La Cumbre del Clima sirvió para impulsar la llamada COP Azul: los océanos como prioridad ante la emergencia climática. Carlos Duarte es uno de los mayores expertos en el carbono azul. Un concepto que, en realidad, desmonta un mito ampliamente extendido: no es el Amazonas el pulmón del planeta. El pulmón del planeta es el océano.

Los mares tragan CO2 gracias a los millones de seres vivos que la habitan. Sus plantas y fitoplancton se convierten en sumideros de carbono a lo largo de sus más de 360 millones de kilómetros cuadrados de superficie. Ese carbono atrapado durante millones de años está liberándose a la atmósfera por la subida de las temperaturas.

Pero Duarte se resiste al pesimismo. «El océano tienen una capacidad de recuperación mayor de la que pensábamos». No todo fueron malas noticias en su época de expedicionario con Malaspina (2010-2011).

  • P.- Usted suele ser un optimista y prefiere no hablar de apocalipsis. Pero vemos Australia estos días junto a otras catástrofes apocalíticas… si no es eso lo que nos mueve, ¿qué será?

  • R.- Los fuegos [de Australia] ocurren en un contexto en que gobierno está impulsando la producción y la exportación de carbón (es el primer exportador del mundo, un tercio de la producción planetaria). Esa industria de los combustibles fósiles subvencionan en buena medida al partido del gobierno. Es el gobierno más recalcitrante en no reconocer el problema del cambio climático. Deja al presidente Trump como una persona climáticamente concienciada.

    Greta Thumberg nos dice que «nuestra casa está ardiendo». En el caso del continente austral arde en tierra y en mar (hace años que se dio la mortalidad masiva de la barrera de coral) y es inaudito que el gobierno no reaccione.
  • P.- Australia, Estados Unidos… pero también Arabia, que en las COP han tenido posiciones claramente reactivas, aunque luego no haya habido bloqueo.

  • R.- En 2019 el IPCC publicó un informe especial sobre [cambio climático en] tierra a propuesta de Arabia. Era un informe que trajo mucha discusión sobre el papel de la dieta climáticamente responsable. Tanto en ese informe como en el de océanos, se ha reconocido por mis colegas un cambio de posición importante que creo que se va a consolidar este año, porque Arabia Saudita preside el G-20. Es esperanzador ver que este país en que trabajo ahora está movilizándose en aspectos de clima y de género.
Un bombero lucha contra los incendios que asolan Australia | Foto: EFE

A Duarte, la senda emprendida por Australia le preocupa más que Estados Unidos o Arabia «porque porque durante cinco años monté un centro de investigación allí, tengo buenos recuerdos y un cierto compromiso con su sociedad», dice rememorando su etapa austral.

Fue su trabajo con ese centro lo que le costó la acusación del CSIC que detonó su salida en la época dirigida por Lora-Tamayo. Han pasado casi seis años ¿Soplan para él nuevos aires para la ciencia en España como para volver?

«Es algo que nos planteamos sin prisa pero sin pausa. Hasta ahora no teníamos un gobierno. Veremos qué atención se le da a la ciencia y su interacción con la universidad, haber desgajado esos ámbitos [en sendos ministerios] lo vemos con preocupación», asegura Duarte, quien destaca que le quedan siete años de actividad profesional en ciencia.

En ese tiempo «quiero contribuir a resolver problemas globales no a dedicar mi tiempo a problemas administrativos». Su visión de una ciencia desfosilizada.

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