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CO2: Los bruscos incrementos de emisiones desencadenan extinciones masivas
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CO2: Los bruscos incrementos de emisiones desencadenan extinciones masivas

Un nuevo estudio demuestra que los rápidos incrementos de CO2 en la prehistoria coincidieron con extinciones masivas; ahora se está viviendo un episodio similar y 50 expertos advierten que nos enfrentamos a la sexta extinción masiva , la primera promovida por los humanos.

Así se disuelve una concha con la acidificación de los océanos por CO2 | NOAA

La historia de la Tierra nos apunta con el dedo. Cuando el dióxido de carbono (CO2) llega a los océanos se produce una reacción en cadena de consecuencias imprevisibles. La comunidad científica trata de medir cuánto y cuándo puede ser letal, teniendo en cuenta que somos los humanos los que más CO2 producimos. Daniel Rothman, codirector del Centro Lorenz del MIT, acaba de demostrar que cuando este gas de efecto invernadero entra muy rápido en los océanos, miles de especies entran en peligro. La Tierra puede responder con una cascada química desbocada. Empezando por que sube su acidez y amplifica sus efectos a nivel global, amenazando a cientos de especies. Y esto ya ha ocurrido antes con consecuencias dramáticas.

Este efecto global causa enormes cambios en la cantidad de carbono contenido en los océanos de la Tierra, un factor clave en el clima y los ecosistemas. Los geólogos pueden ver pruebas de estos cambios en las capas de sedimentos preservados durante cientos de millones de años.

 

Simulación del movimiento de CO2 atmosférico en un año

Aquí te explicamos por qué el CO2 se ha vuelto tan peligroso aunque sea imprescindible para la vida en la Tierra

Rothman examinó estos registros y observó que durante los últimos 540 millones de años, la reserva de carbono en el océano cambió bruscamente, luego se recuperó; eso ocurrió decenas de veces. El problema es que, por el camino, se produjeron extinciones masivas. De las cinco grandes bien documentadas, en todas ellas se observó una alteración del ciclo de carbono.

Ya ocurrió antes y no terminó bien

¿Qué tiene todo esto que ver con nuestro clima moderno? Los océanos de hoy están absorbiendo carbono alrededor de un orden de magnitud más rápido que el peor de los casos en el registro geológico: la extinción final del Pérmico. La gran diferencia con aquel tiempo es que los humanos hemos inyectado CO2 mucho más rápido que la naturaleza. Nos ha llevado unos 200 años, en comparación con las decenas de miles de años que tardaron las erupciones volcánicas en escupir toda esa cantidad de carbono.

Según Rothman, hoy estamos «en el precipicio de la alteración del ciclo», y si ocurre, la extinción de especies es probable que sea similar a las catástrofes globales del pasado. «Una vez que hayamos superado el umbral, ya dará todo igual», dice Rothman, quien ha publicado sus resultados esta semana en la revista PNAS. «Una vez que lo superas, la Tierra sigue su propio camino».

Rothman es conocido en la comunidad científica por no traer alegrías. En 2017 se apresuró a pronosticar que, para finales de siglo, el planeta alcance un umbral crítico, basado en la rápida velocidad a la que los humanos están agregando dióxido de carbono a la atmósfera. Cuando crucemos ese umbral, es probable que pongamos en marcha un tren que potencialmente culminará en la sexta extinción en masa de la Tierra.

Aquella afirmación, que pudo parecer arriesgada, es hoy secundada por la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), que agrupa a 132 gobiernos y 50 investigadores de primer nivel. Su informe de este 2019 advirtió que de los 8 millones de especies que hay en la Tierra, hasta un millón está en riesgo de desaparecer en las próximas décadas. El presidente de IPBES no ha dudado en hablar de «sexta extinción masiva», la primera causada por el ser humano.

Desde entonces, Rothman ha tratado de comprender mejor esta predicción, centrándose sólo en el impacto del carbono, ya que él sostiene que por sí solo es capaz de desencadenar efectos tan devastadores. En el nuevo documento, ha desarrollado un modelo matemático para representar el ciclo de este gas en la superficie de los océanos.

Cuando el dióxido de carbono de la atmósfera se disuelve en el agua de mar, no sólo hace que los océanos sean más ácidos. También disminuye la concentración de iones de carbonato, elemento crucial de lo animales de concha. Cuando la concentración de ión carbonato cae por debajo de un umbral, las capas de carbonato de calcio se disuelven. Y, con ellas, moluscos, entre otros.

Ahí empieza la cascada de consecuencias: las conchas hunden (para bien) a los animales hasta el fondo, arrastrando también CO2 de la superficie. Este proceso sirve para almacenar dióxido de carbono en las profundidades oceánicas. Sin conchas, el carbono se mantiene, generando aún más. «Más dióxido de carbono conduce a más dióxido de carbono. La pregunta desde un punto de vista matemático es: ¿es tal retroalimentación suficiente para hacer que el sistema sea inestable?», señala Rothman.

Más rápido, más letal

Si se introduce CO2 de manera lenta, el sistema tiene a reequilibrarse. Cuando, en el modelo de ordenador, introdujo el dióxido de carbono a mayor velocidad, descubrió que una vez que los niveles cruzaban un umbral crítico, el ciclo del carbono reaccionaba con esa cascada de retroalimentaciones positivas que magnificaban el disparador original. El sistema, finalmente, regresó al equilibrio, después de decenas de miles de años en los océanos actuales, una indicación de que, a pesar de una reacción violenta, el ciclo del carbono volverá a su estado estable. Pero llevándose millones de vidas y decenas de especies por delante.

Recreación de la extinción de la época de los dinosaurios coincidente con erupciones masivas

Este patrón coincide con el registro geológico, cree Rothman. Hace millones de años no había humanos en la Tierra, pero se han dado inyecciones masivas de CO2 rápidas, probablemente provocadas por un vulcanismo masivo sostenido. Aunque el carbono está entrando a los océanos hoy a un ritmo sin precedentes, lo está haciendo en un tiempo geológicamente breve. El mundo moderno se encuentra aproximadamente en el mismo punto que durante períodos más largos de vulcanismo masivo.

En otras palabras, si las emisiones inducidas por el hombre de hoy cruzan el umbral y continúan más allá de él, como Rothman predice que lo harán pronto, las consecuencias pueden ser tan graves como lo que experimentó la Tierra durante sus extinciones en masa anteriores.

«Es difícil saber cómo terminarán las cosas dado lo que está sucediendo hoy», dice Rothman. «Pero probablemente estamos cerca de un umbral crítico. Cualquier pico alcanzaría su máximo después de unos 10.000 años. Espero que eso nos dé tiempo para encontrar una solución».

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