El teólogo Luis Santamaría del Río dice que aunque haya habido un proceso de secularización en la sociedad española, el fenómeno religioso no ha desaparecido, sino que ha mutado. “El vacío que ha dejado un catolicismo mayoritario lo está llenando el evangelismo”, explica. El auge se evidencia a través de los datos: en la última década, los cultos evangélicos han aumentado un 32% —de 3.588 en 2015 a 4.763 en 2025—, según el Observatorio del Pluralismo Religioso en España. Pero también se evidencia con el hecho de que Madrid acoja el tercer macroevento evangélico en menos de un mes.
El primero, llamado The Change y celebrado a primeros de mayo, acogió a 35.000 personas en el Riyadh Air Metropolitano, con la aparición del futbolista Dani Alves, cuya causa por presunta violación está dirimiendo ahora el Supremo, reconvertido en predicador. El segundo, conocido como Olas del Espíritu y que tuvo lugar a mediados de mayo en el Palacio Vistalegre, consistía en una cumbre de pastores que aseguran tener poderes sanatorios en nombre de Jesús. Y el tercero, el Festival de la Esperanza, se celebra este fin de semana, 30 y 31 de mayo, también en el Palacio Vistalegre.
Este último tiene la peculiaridad de acoger a Franklin Graham, conocido como el “pastor de Trump” y uno de los principales líderes pentecostales —una de las principales ramas del evangelismo— en el mundo. Tal y como recoge en esta carta Kenny Clewett, miembro evangélico y expastor de la Evangelical Free Church of America, Graham “cuenta con discursos de odio hacia las personas LGTBIQ+ (lo que le ha valido la cancelación de giras en Reino Unido), ha presionado a la víctima de violencia doméstica Naghmeh Panahi a volver con su marido y ha defendido al magistrado del Tribunal Supremo Brett Kavanaugh, acusado de agresión sexual”.
El auge del evangelismo vinculado a la extrema derecha
En este vídeo publicado por Al Jazeera puede verse a Franklin Graham en la Casa Blanca junto a Donald Trump aseverando que “los persas y los iraníes quieren matar a los judíos”, pero que Dios había erigido a Trump como salvador. Tan solo un mes antes, un grupo de pastores evangélicos rezaba junto a Trump, realizando el ritual de la imposición de manos, para rogar a Dios por su “protección” en “tiempos difíciles”.
Kristin du Mez, profesora de Historia en la Universidad Calvin de Michigan, ya en 2020 escribía en su ensayo Jesús y John Wayne sobre el auge evangélico en Estados Unidos que este movimiento religioso era a su vez profundamente político, pues ha sido el encargado de extender los discursos de extrema derecha. Según explica en el libro, publicado en España por Capitán Swing, los evangélicos estadounidenses, como Franklin Graham, quieren “restaurar la América cristiana y ordenar la sociedad según las leyes de Dios”. Para ellos, expone esta historiadora, el progreso ha hecho enfermar a la sociedad y la fe evangélica es la única que puede salvar al mundo de la depravación moral y espiritual en la que está inmersa, como también predican las MAHA moms, madres influencers evangélicas y de extrema derecha.
Y aquí es donde la desesperanza colectiva se vuelve un activo para los cultos evangélicos más radicales. Como explica el psicólogo Miguel Perlado, especializado en sectas, el auge tiene mucho que ver con “dar anclaje material y emocional en un momento de crisis global”. Porque estos cultos a menudo van de la mano de centros terapéuticos, como explica Du Mez en su libro, que se apropian de “la comunidad y de la hermandad”. En palabras de Perlado, “si hay una precariedad generalizada y una sensación de desarraigo, estos centros hacen esa labor que quizá la administración no está haciendo, por lo que son vectores de crecimiento muy potentes”.
Cuando el fundamentalismo llega en forma de asistencia humanitaria
Así, la palabra evangélica llega en forma de asistencia humanitaria. Como explica Kristin du Mez, “reparten comidas gratuitas, diseñan programas extraescolares y ofrecen ayuda individual al margen de las políticas estatales contra la pobreza y la desigualdad”. La caridad es una oportunidad de adoctrinamiento religioso.
En el caso concreto del evangelismo estadounidense vinculado a la extrema derecha como fenómeno expansivo, esta historiadora ya advertía de que el eje vertebrador es precisamente la culpabilización del pobre y el ensalzamiento del rico, ya que transmiten la idea de que “si uno es obediente, recibirá felicidad personal y éxito económico”.
El teólogo Luis Santamaría del Río, miembro fundador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas y miembro de la Sociedad Española de Ciencias de las Religiones, incide en que “en el evangelismo hay de todo, también iglesias sanas y con transparencia en sus cuentas”, pero reconoce que una parte del movimiento, la más expansiva, “está sabiendo traducir la crisis material en crisis espiritual, donde ellos tienen la clave para calmar esa ansiedad colectiva”. “La espiritualidad al final es un gran recurso para afrontar la vida, para mucha gente es un motivo para levantarse cada mañana. Frente a la dureza de la vida, algunos cultos sectarizados prometen paz interior y sosiego”.
En palabras de Kristin du Mez en esta entrevista, “los evangélicos aportan un sentido de comunidad e identidad a sus fieles en una época caracterizada por la incertidumbre económica y el cambio cultural”, además de adiestrarlos en la creencia de que la lucha colectiva no existe, sino de que el éxito es un camino individual basado en seguir la palabra de Dios.
El psicólogo Miguel Perlado explica que parte del talante fundamentalista de muchos de estos cultos evangélicos reside en que “exige hipervinculación de sus adherentes”, haciéndoles creer, además, “que su fe es una forma de combatir la degeneración que representa el progresismo en una especie de guerra espiritual”.