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Greta Thunberg, ante la Marcha del Clima: «Soy una parte pequeña de algo muy grande»
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Greta Thunberg, ante la Marcha del Clima: «Soy una parte pequeña de algo muy grande»

La activista y símbolo de Fridays For Future Greta Thunberg ha comparecido antes de la Marcha por el Clima de Madrid: «No deberían escucharme a mí por encima de a otras personas».

Greta Thunberg y otras líderes de FFF en Madrid | B. Solís, Efe

Embajadores ha sido el centro de la Tierra durante unos minutos. Lejos de la diplomacia climática de la COP25, y con unos 400 medios acreditados, Greta Thunberg ha conseguido que la Cumbre del Clima, que debiera marcar el futuro de la habitabilidad planetaria, tenga por sede las calles del centro de Madrid.

A 12 kilómetros de Ifema, en La Casa Encendida, ha resonado el mensaje de emergencia de Fridays For Future (FFF) a través de cuatro adolescentes activistas de España, Uganda, Chile y la propia Thunberg en representación de Suecia. 

«Espero que de la COP25 salga algo concreto. Y haya un aumento de la conciencia. Que los poderosos se apremien. No podemos ocultarnos más», ha dicho desde el auditorio que ha compartido con el coordinador internacional de Juventud por el Clima Alejandro Martínez.

«Hemos conseguido mucho, crear opinión, pero no es una gran victoria», cree Greta Thunberg

«Esta es la primera COP para FFF –ha dicho Martínez– después de estar en la calle cada semana y muchas ciudades han declarado la emergencia. O actuamos ya o tendremos que sufrir las consecuencias. Tenemos que ser más ambiciosos y hacer que nuestros políticos estén en el lado correcto de la historia».

En este sentido, Greta Thunberg ha añadido que desde que comenzó la huelga «hemos conseguido mucho, aumentado el poder de gente, hemos creado opinión y es un gran paso; pero no es una gran victoria. No ha llegado una acción real».

En la calle, decenas de personas se agolpaban entusiasmadas, con los rostros pintados, pancartas y regalos. Entre la gente más joven presente en las puertas de La Casa Encendida, caras de ilusión desatada propias de un fenómeno fan global con pocos precedentes en la historia del ecologismo.

Una apelación a los poderosos y la ciencia

Greta Thunberg ha vuelto a centrar el foco en Madrid. Más allá de apelar a una responsabilidad individual, ha recalcado que son políticos y corporaciones quienes tienen en su mano dar un giro —legal— para frenar el calentamiento planetario. La joven huelguista espera que esta COP25 no sea una mera transición hacia la COP26, en Glasgow en 2020. Ese año entrarán en vigor los acuerdos vinculantes de París. «No hay tiempo para eso». La entrega de deberes se ha adelantado.

La activista y sus colegas han vuelto a esgrimir el consenso científico que, por cierto, está representado en Ifema por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) y que el martes apelaba en Madrid a la ciencia más joven a revisar y espolear sus trabajos y conclusiones. 

COP25: Los deberes de Madrid

El mundo de la investigación y del activismo climático pone deberes a los dos centenares de países presentes en el Ifema de Madrid del 2 al 13 de diciembre.

Según Martínez, los científicos han acertado y «nos advierten de que incluso todo podría ser peor. Tenemos que escucharlos. Y seguir sus propuestas». Los «políticos con poder», en concreto, en palabras de Thunberg: «Están intentando silenciarnos. En África estamos asistiendo ya a la destrucción».

La fundadora de Youth For Future en Uganda, Vanessa Nakate, también en el escenario ha dicho que  «tenemos que mirar a los países que están teniendo impactos. En África, en Uganda o Kenia, han registrado inundaciones durante dos meses. Es una cuestión de presente, no de futuro». 

Inspiración, símbolo e irritación

Greta Thunberg no sólo se ha convertido en un símbolo. También ha marcado el nacimiento de un nuevo ecologismo que se mueve entre lo espontáneo y lo hiperconectado. Un activismo que, en lo formal, recuerda a los primeros movimientos altermundistas de finales del siglo XX, como se certifica en las sentadas, cánticos y mensajes como al que se ha sumado, como una más, esta mañana en Ifema, en su visita sorpresa a la COP25.

Greta Thunberg en Madrid | Kiko Huesca (Efe)

También marca un cierto divorcio generacional, como se verbalizó en su discurso en la Cumbre de Acción Climática de septiembre, en Nueva York y su famoso «nos habéis fallado». 

Con 16 años de edad, «desquicia a los negacionistas, sobre todo hombres de EE.UU. porque sus tácticas (de destrucción) no funcionan con ella, que pasa de lo que dicen los demás», explicaba hace unos días a Sergio Ferrer, en Sinc, el divulgador ambiental Andreu Escrivà. Fin a la debida reverencia a nuestros mayores «no se han comportado como adultos», dijo en Nueva York.

«Algunas personas quieren seguir como ahora y tienen miedo al cambio», ha explicado Greta Thunberg. «Esta es una prueba de que estamos teniendo impacto, que nuestras voces se están oyendo».

Pero también marca la emergencia sociológica de un activismo muy joven y más feminizado, que bebe (pero va por libre) del más maduro que hoy representan grandes organizaciones como Greenpeace o WWF, actores consolidados e influyentes en los cara a cara con las naciones.

2020 Acción por el clima, paraguas que agrupa a colectivos como Fridays For Future (FFF) o Extinction Rebelion (XR), están para plantarle cara, más que para negociar nada. Y la huelga (escolar), siendo un instrumento clásico, se ha convertido en su arma de visibilidad. «Pedimos justicia climática», ha vuelto a decir, tal y como rezan las letanías hechas cántico global en sus sentadas y acciones.

Greta Thunberg en La Casa Encendida | Mario Viciosa
Expectación mediática ante la presencia de Greta Thunberg en Madrid | M.V.

La comparecencia ha tenido un recuerdo para Chile. En voz de una de las activistas de FFF en el país americano, han destacado que «esto es una crisis política.  Tenemos que cambiar paradigma. Ser solidarios con el sur global«. Espontáneamente, desde el público, ha habido un grito para denunciar lo que consideran un atentado a los derechos humanos por parte de las fuerzas del estado chileno.

Desde la sede de La Casa Encendida, Greta Thunberg se ha trasladado a pie hasta la concentración, que partía de Atocha, a unos 500 metros, aunque ella se ha sumado a la altura del Museo del Prado, donde le han recomendado abandonarla por razones de seguridad.

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