Newtral
Tuberculosis y coronavirus: Vacunas del pasado tras la COVID-19
Siguiente

Tuberculosis y coronavirus: Vacunas del pasado tras la COVID-19

En la carrera de la vacuna del coronavirus no hay que descartar que haya en la tuberculosis una aliada. ¿Pueden viejas vacunas tener algún efecto en la prevención de COVID-19? Un laboratorio de Zaragoza quiere probarlo.

La Miseria, de Cristóbal Rojas

Tosiste tanto aquel día / Que enrojeció tu pañuelo / Y saltando de alegría / Dijiste, al dármelo, ven / Y ¡mira! … gracias al cielo / ¡Estoy tísica también!
Francisco Villaespesa

En el siglo XIX, unas gotas de sangre delataban, como ahora, al portador de la fatídica tuberculosis. Pero la efervescencia del Romanticismo hizo que la prueba del pañuelo manchado de rojo fuera nuestro actual test rápido. Una especie de sinónimo de celebración de poetas, como quien recibe con regocijo su seropositividad: «he pasado la COVID-19».

Claro que, entonces, esas romáticas gotas de sangre tosidas en el pañuelo podían ser tan portadoras de malos augurios como unos enterradores hechos meme: la tuberculosis, por más que fuera la enfermedad deseada por los poetas, se llevaba por delante a 3 de cada 1.000 madrileños en la década de 1890.

Madrid, la ciudad más azotada por las epidemias del primer cuarto de siglo XX, no tuvo un respiro literal hasta la popularización de la vacuna de la tuberculosis, ya en los años cincuenta.

La profilaxis, la vacuna del Bacilo Calmette-Guérin (BCG), terminó por sumir en el abandono a los sanatorios para tuberculosos de la Sierra y sacó del colapso al Hospital Provincial. Pero en 1982 salió del calendario vacunal español. No así el portugués o el griego. O el del País Vasco, hasta la década que recién termina.

Ahora, siglo y medio después, con Madrid (y otras ciudades) atascadas en una pandemia pegajosa, España mira a las regiones del mundo donde la vacuna de la tuberculosis sigue implantada. Y, de reojo, la tasa de incidencia de COVID-19. Allá donde se sigue poniendo parece que hay menos coronavirus. Correlación. ¿Causalidad?

La relativa baja propagación de coronavirus en países que vacunan contra la tuberculosis hizo sospechar que podría evitar COVID-19. Pero no se ha podido demostrar.

«No podemos decir que vacunados de tuberculosis hace 40 años estén inmunes ante el coronavirus. Pero vemos las incidencias de Portugal, Irlanda, Japón…«, apunta con cautela el investigador Carlos Martín Montañés, del Grupo de Genética de Micobacterias en la Universidad de Zaragoza, encargado del desarrollo de una nueva profilaxis contra aquella enfermedad.

La OMS reconoce que en las zonas donde se administra rutinariamente la vacuna contra la tuberculosis hubo menos nacimientos con COVID-19. Pero ha avisado de que estos estudios suelen estar sesgados debido, entre otros motivos, por diferencias demográficas, tasas de tests de detección del coronavirus y a la etapa de la pandemia en la que se encontraba cada país.

Hay equipos en varios países trabajando sobre esta tesis, aunque en algunos, como Israel, han llegado a la conclusión provisional de que no hay tan relación. Al menos, entre sus muestras de estudio.

¿Tiene sentido pensar que viejas vacunas ayudan a frenar al coronavirus?

Esta es la pregunta que trata de responder el equipo de Martín Montañés, para lo cual ha recibido 318.000 euros del fondo COVID-19. Su equipo lleva unas dos décadas trabajando en una nueva vacuna contra la tubercolosis, enfermedad que aún desarrollan 10 españoles de cada 100.000.

Cuando se disponían a investigar en macacos la eficacia de su candidato a producto, llamado MTBVAC, llegó el coronavirus, reorientando su trabajo. En las próximas semanas comenzarán a probar en los monos su vacuna junto a la vieja BCG. Y pasado el verano podrán ver no sólo cuán efectiva es cada cual contra el bacilo de Koch. Podrán ver si los animales enferman o no por SARS-CoV-2.

«Todas las vacunas vivas, sobre todo triple vírica, producen este efecto de protección (para varias enfermedades)», explica Martín Montañéz. «Con la vacuna de la viruela clásica se había visto que caía la mortalidad general en una población; también con la de la polio viva oral. Es un efecto de inmunidad innata o entrenada«.

El bacilo de Koch (Mycobacterium tuberculosi) provoca la tuberculosis

La vacuna suele funcionar desde los cero hasta los 59 años. Nuevamente, una correlación con las edades donde las infecciones derivadas del nuevo coronavirus son más leves. Pero trazar estos vínculos causa-efecto es peligroso. Igual que con otras profilaxis, como la del virus de la influenza, que cambia cada temporada.

La cuestión es ver si «es suficiente». Las vacunas se diseñan para combatir un patógeno a base de entrenar a nuestras defensas presentando virus desactivados, atenuados o partes del mismo, o bien bacterias que no pueden hacernos enfermar.

Algunas células desarrollan anticuerpos específicos, pero que pueden servir de ayuda ante otras enfermedades. Es algo que se ha demostrado con la vacuna de la tuberculosis clásica. Quien la lleva puesta ingresa menos con enfermedades respiratorias en el hospital.

«La BCG estimula a los linfocitos T reguladores y modulan la respuesta TH1″. Tras estas letras se encuentran diferentes escuadrones de las defensas naturales del organismo. Cada cual tiene una especialidad. Por usar una metáfora: si se desregulan o entran tanques en vez de GEO, pueden atacar a células sanas. El remedio es peor que la enfermedad. Es lo que se está viendo en casos graves de COVID-19.

Quizás no evite la COVID-19 pero, ¿puede hacerla más leve?

El profesor es muy cauto a la hora de anticipar acontecimientos respecto a la efectividad de la BCG o su vacuna de la tuberculosis para prevenir infecciones por SARS-CoV-2.

Pero «podría ser que los vacunados no lleguen a fases tan graves de COVID-19, a esas tormentas de citoquinas». Todo esto, aún, en terreno teórico.

Las vacunas son, en general –y por eso–, tan importantes. «Imagina un bebé o animal recién nacido. Se introducen millones bacterias que no son patógenas y el sistema desarrolla una respuesta humoral y celular». Es decir, estás dotando a ese ser vivo de un entrenamiento natural para enfrentarse a la adversidad de lo microscópico desde sus primeros días. Va a enfermar menos.

Pero esas vacunas tienen que ser seguras, si son nuevas, «no podemos correr el riesgo de que se generen anticuerpos que terminen siendo peores que la enfermedad». La ventaja de una vacuna como la de la tuberculosis es que llevamos conviviendo con ella desde 1921. Y con las vacas (de donde viene su principio y el nombre de vacuna), desde el Neolítico.

La tuberculosis en España

Según explican desde el Comité de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría, en Europa occidental «no se recomienda la vacunación general contra la tuberculosis, sino solo en determinadas circunstancias individuales de riesgo elevado de contraer la enfermedad».

La vacunación contra la tuberculosis, sin embargo, «se aplica habitualmente en los países de bajo nivel socioeconómico, donde la enfermedad es más frecuente. Actualmente resulta difícil obtener esta vacuna en España, pese a estar comercializada oficialmente en nuestro país». En 2017, la tasa de incidencia fue de 9,43 casos/100.000 habitantes.

Como con otros medicamentos, la prioridad de la OMS es que no se generen desabastecimientos ante rumores o informaciones demasiado esperanzadoras sobre tratamientos en uso para viejas enfermedades reciclados para la COVID-19.

Ocurrió con la hidroxicloroquina, comprometiendo el abastecimiento habitual para pacientes de lupus y artritis reumatoide. Un hype de la BCG sería lo último que necesitan algunos países donde la tuberculosis puede producir epidemias aún. La crisis del coronavirus ha paralizado vacunaciones de varias enfermedades en al menos 21 países, según la OMS.

¿Puede el SARS-1 ayudar a curar el SARS-2?

Entre las viejas enfermedades cuyas terapias pueden reciclarse está la neumonía atípica del SARS-CoV-1. Más letal que el actual, aquel coronavirus surgido en 2003 dejó de circular en humanos. Ahora se investiga la sangre de los que lo superaron entonces.

En el laboratorio del virólogo David Corti se han hecho con una muestra de sagre de un hombre que padeció el SARS en 2003. Cargada de anticuerpos específicos para luchar contra aquella enfermedad erradicada.

Los anticuerpos monoclonales que produce el sistema inmune de alguien infectado pueden dirigirse a una proteína específica (antígeno) en un patógeno. En el SARS-CoV-2, la proteína de la espícula (el ‘pincho’) que el virus usa para abrir la cerradura de algunas células humanas.

Lo interesante es que SARS-1 y SARS-2 son ‘primos hermanos’. Comparten el 80% de sus genes y se comportan, en muchos aspectos, de manera parecida. El equipo, de la Universidad de Berna (Suiza), acaba de demostrar en ‘Nature’ que esos anticuerpos funcionan también con el SARS-CoV-2. Al menos en laboratorio.

Es pronto para saber si podrían incluirse dentro de una terapia en personas enfermas de COVID-19. Pero podría añadirse al cóctel de anticuerpos que se administra experimentalmente entre enfermos graves. Y a los que podría sumarse un tipo de anticuerpo inspirado en los que producen camélidos como las llamas, muy eficaces contra coronavirus.

9 Comentarios

  • Tuve tuberculosis hace 13 años queria saber si soy inmune al cov 19.y si me agarra el cov estaria peor o seria mas leve

  • Y han hecho estudios si las personas que hayan sido vacunadas anteriormente contra la influenza anuales , . Y que por este motivo. ,el sistema inmunológico este sobre reactivo , lo cual se produce este descontrol al infectarse de covid,lo que termina haciendo el mismo sistema inmune dañe el organismo?

  • Creo que hay que considerar que el covid-19 esta colocando la cara visible en esta pandemia, pero no hemos visto a la bacteria tuberculosis que es quien le fabrica la mucoproteina al virus, ambas están en simbiosis, el covid-19 es ARN y aunque se alimente de la mucoproteina de la bacteria tuberculosis y se reproduzca en las células, no es capaz de matar personas, en cambio,
    la que si puede matar personas es la bacteria tuberculosis que se vuelve agresiva cuando esta simbiosis con el virus ARN. Al igual que en los casos de VIH SIDA solo se vio al virus que dio la cara pero no vimos la bacteria escherichia colii que estaba en simbiosis fabricando la mucoproteina para el virus VIH SIDA, pero esta bacteria escherichia coli es la causante de destruir los linfocitos T en los seres humanos y al final terminan con inmunodeficiencia. Esta información la vengo entregando desde mediados de marzo del presente año.

¿Quieres comentar?

Relacionados

Más vistos

Siguiente