Durante un año, Tamara* estuvo rezando a Dios para que en ella naciera algún sentimiento de amor y deseo hacia el chico con el que llevaba saliendo un año y con el que, según su relato, debía casarse. Según consta en la denuncia interpuesta por Tamara, una de las denunciantes del centro Vida Nueva, varias responsables la habrían presionado para que aceptase tener un noviazgo con este hombre, que era un miembro de la iglesia de Vida Nueva. Es lo que la propia Tamara describe como un matrimonio forzado, un hecho que también relatan las otras dos internas de este centro de rehabilitación cuya propuesta de terapia se basa en “vivir el evangelio” y que recibe dinero público, así como pacientes derivados de la administración pública.
La denuncia de Tamara, que ha sido admitida a trámite junto a las otras dos, dando inicio a un proceso judicial por el que se investiga a Vida Nueva y a sus principales responsables por hasta diez posibles delitos, detalla que ella, al ver que a pesar de sus oraciones no se despertaba ningún tipo de afecto por el que supuestamente tenía que ser su futuro marido, cortó la relación. Según la denuncia, cuando los responsables de Vida Nueva se enteraron, le habrían retirado a Tamara los “privilegios” que había adquirido tras cuatro años interna.
Posteriormente, al volver al control férreo al que era sometida al principio y ser obligada a ejercer de vigilante de las madres internas con sus hijos como castigo, labor en la que tenía que exigirles a estas mujeres que azotaran e incluso aplacaran a los menores cuando estos desobedecían, Tamara decidió acabar con su vida. Este hecho no solo aparece relatado en la denuncia, sino que aparece reflejado en su historial médico, al que ha podido acceder este medio.
Poco tiempo después, y tras intensificarse las disciplinas, las vejaciones y castigos contra ella por su intento de suicidio, Tamara logró escapar de Vida Nueva rebelándose contra los responsables para que acabaran expulsándola.
- Fue su segundo intento de suicidio en Vida Nueva. El primero tuvo lugar años atrás, tal y como recoge el propio informe de “alta terapéutica” que el centro elaboró para Tamara.
Este es uno de los muchos hechos que consta en el escrito de denuncia de Tamara y que ahora investiga el Juzgado N.º 4 de Pamplona.
- El centro Vida Nueva, fundado por Luis Nasarre y Maricarmen Sotés, se presenta como un centro de rehabilitación para problemas de drogadicción y de salud mental, pero en la práctica es una casa de obediencia y control, como denunciaron varias afectadas para la investigación de Newtral y como detallan ahora tres de ellas en sus denuncias judicializadas.
Los relatos de las denunciantes que contrastó Newtral hace meses ya apuntaban a prácticas de todo tipo: imposición de tareas de limpieza propias del género femenino, castigos por llevar vestimenta que consideran inapropiada en mujeres, posible explotación laboral al llevarlas a limpiar negocios fuera del centro sin estar dadas de alta en la Seguridad Social y sin cobrar, matrimonios forzados e incluso prácticas que las denunciantes describen como exorcismos para liberarlas del demonio de la rebeldía y de la homosexualidad.
Además de todo esto, las tres denuncias, facilitadas a este medio por las propias afectadas, detallan más situaciones comunes. Por ejemplo, las tres, Mónica*, Tamara y Sheila*, coinciden en que cuando no obedecían, se usaba la salud mental para infundir miedo, amenazándolas con que las iban a internar en un psiquiátrico o llamándolas directamente locas y dementes.
Las denuncias describen terapias de conversión para modificar la sexualidad
También relatan que tenían que confesar públicamente sus intimidades, en los cultos, delante de otros internos e internas del centro y de miembros de la iglesia. La denuncia de Mónica recoge que tuvo que contar que gracias a Dios había dejado de sentir deseo hacia las mujeres y que ahora era una buena mujer. “A mí antes me gustaban las chicas y gracias a Dios he podido corregir eso” o que “antes era mala y ahora veo mi pecado y gracias a los pastores y responsables puedo ser quien soy” son frases que se vio forzada a pronunciar en los cultos.
Y Sheila fue forzada, según su denuncia, a contar en el culto que Dios la había librado de un embarazo fuera del matrimonio. Fue poco después de ingresar en el centro, cuando comunicó que tenía una falta porque semanas antes de entrar había tenido relaciones sexuales. Según el escrito ahora judicializado, la convencieron de que el test de embarazo dio negativo gracias a las oraciones –diciéndole que ella sí que estaba embarazada pero que “Dios lo cambió por misericordia”–.
Las tres denunciantes, y así concuerda con las corroboraciones documentales y testificales que realizó este medio, señalan que toda la supuesta terapia de “rehabilitación” estaba en realidad orientada a una terapia para convertir a mujeres “problemáticas” en mujeres “decentes”. Por ello, las tres coinciden en que una de las herramientas de esta secta, como ellas la califican, para anular su voluntad era la revelación y confesión de intimidades.
Por ejemplo, según los relatos, tenían que responder a preguntas personales como el número de relaciones sexuales que habían tenido a lo largo de su vida, qué posturas sexuales habían practicado, si habían consumido pornografía, si habían tenido relaciones con hombres y con mujeres, si habían abortado o si habían ejercido la prostitución.
Dos de ellas, Sheila y Tamara, compartieron, en el supuesto contexto terapéutico con sus responsables, que habían sufrido abusos sexuales en la infancia. A la primera le dijeron que tenía “espíritus de contradicción” y que llevaba “demonios sexuales” que atraían “la suciedad”, haciéndole ver que ella misma había provocado esos abusos por su “iniquidad y espíritus sucios”. A la segunda, su responsable le preguntó si le “habían gustado y que por qué no había dicho nada siendo ya una niña grande [tenía once años] y que si no hubiera querido podía habérselo dicho” a su agresor.
El centro marcaba con cubiertos de color a las personas con VIH, según las denunciantes
Otra de las cuestiones que recogen estas denuncias, y que ya adelantábamos en Newtral, es la petición de datos médicos privados y personales para ingresar en el centro.
Este documento fechado en 2014 —y con el sello del Gobierno de Navarra— muestra que Vida Nueva pedía una analítica de infecciones de transmisión sexual (ITS), especificando la de VIH, a quienes iban a ingresar. Y a las mujeres en concreto, además, una prueba de embarazo y un informe ginecológico. “En especial, condiloma vaginal y/o anal [conocidas comúnmente como verrugas provocadas por el virus del papiloma]”, señala la ficha.
En el caso de Tamara, que ingresó en 2004 cuando tenía 16 años, su denuncia recoge que le requirieron una prueba médica para verificar no solo que no tenía VIH, sino que no había tenido relaciones sexuales con penetración vaginal. “Me sometieron a una prueba ginecológica para ver si estaba ‘completa’, como decían ellos”, explica a este medio. Según la denuncia, tuvo que acudir a una matrona para que expidiera un informe que certificase que “seguía siendo virgen”.
En cambio, Sheila y Mónica no tuvieron que hacerse analíticas. Según ellas, esto se debería a que ellas no entraron voluntariamente, sino “a la fuerza”. Las pruebas, en sus casos, se realizaron a posteriori.
Las tres denunciantes coinciden en que la política del centro era marcar públicamente a las personas que tenían alguna ITS y también a aquellas que ingresaban sin analíticas hasta que los responsables pudiesen comprobar más adelante su estado serológico.
Según relatan las tres, a estas personas las obligaban a comer con cubiertos de color –que no eran de metal y que tenían color, generalmente amarillos o morados– para señalarlas públicamente con la excusa de que había que lavar aparte los cubiertos que empleaban para evitar contagios. Esto era más acuciante, según Tamara, con las personas con VIH, quienes tenían, además, que desinfectar con un chorro de lejía el baño tras cada uso. Las tres víctimas coinciden en que esta forma de actuar se mantuvo “hasta 2012 aproximadamente”, desapareciendo después.
- La médica especialista en enfermedades infecciosas del Hospital Universitari de Bellvitge (Barcelona) explica que diferenciar los cubiertos de las personas con VIH u otras ITS carece de sentido epidemiológico y, además, es comunicar información privada de un paciente. Apunta también que el VIH “no se transmite por contacto con objetos inanimados, sino por un contacto estrecho, es decir, fluidos corporales o a través de la sangre”. Abelenda añade que una medida de este calibre “es contraria a las indicaciones de la OMS”.
Lo que sí sabemos que se mantuvo hasta 2014 al menos —fecha que aparece en el documento de ingreso arriba citado— es la petición de datos médicos personales, incluido el estado serológico y el test de embarazo.
Además, tras la investigación publicada en Newtral en febrero, el Departamento de Derechos Sociales reconoció que unos meses antes ya había abierto un expediente al centro Vida Nueva por superar el número de camas por habitación y por la petición de datos médicos privados, aunque dicho departamento no dio ni ha dado más detalles a este medio sobre este extremo.
Consultado por este medio, el pastor Luis Nasarre, fundador y director de Vida Nueva, señala que, a su parecer, “las denuncias están basadas en cosas que no son verdad” y que proceden de “personas con un nivel de resentimiento alto porque no les encajó” lo que se vivía en el centro.
*Los nombres de las tres denunciantes han sido modificados para preservar su identidad.