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Remdesivir y cloroquina, ¿pinchazo o promesa contra el coronavirus?
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Remdesivir y cloroquina, ¿pinchazo o promesa contra el coronavirus?

La respuesta rápida sería «es pronto para saberlo». Aumentan las especulaciones sobre los tratamientos con remdesivir e hidroxicloroquina anti COVID-19. Pero lo publicado es poco concluyente.

Imagen de un tubo de ensayo en un laboratorio | Foto: Shutterstock

«Múltiples estudios concurrentes ayudan a informar si remdesivir es un tratamiento seguro y efectivo para COVID-19 y cómo utilizar mejor el medicamento». Quien así habla es Merdad Parsey, médico del gigante farmacéutico Gilead. La multinacional trata de resucitar a su fallido tratamiento contra el ébola remdesivir, ante los indicios de que puede ser efectivo contra los casos graves de COVID-19.

Remdesivir: una de arena…

«Nuestros datos son alentadores, ya que indican que los pacientes que recibieron un tratamiento corto de 5 días de remdesivir experimentaron una mejoría clínica similar a los pacientes que recibieron un tratamiento de 10 días», añade Aruna Subramanian, jefe de Infecciosas de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford (Estados Unidos).

Lo hace en la nota de Gilead, que detalla cómo hicieron estudio, que no se ha publicado en ninguna revista científica revisada por pares por el momento. En ningún momento dicen taxativamente que el remdesivir sea un tratamiento que funcione. Y, aun reconociendo las limitaciones del trabajo (no hubo grupo de control de pacientes sin tratamiento), la muestra no es despreciable.

Sus ensayos clínicos han contado con unos 400 hospitalizados graves con COVID-19 en EE UU, Corea del Sur, Italia y España. 13 hospitales de nuestro país participan en dos ensayos clínicos promovidos por esta farma para determinar la eficacia y seguridad del remdesivir.

El propio asesor científico de la Casa Blanca, Tony Fauci, reconocía los «efectos positivos» del fármaco, sobre todo en lo que a tiempo de recuperación de los pacientes se refiere. Eso sí, no se precipita, a la espera de saber los resultados completos de pruebas en más de un millar de pacientes.

Se trata de un trabajo del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas de EE.UU. (NIAID). Este jueves se ha publicado datos provisionales que dicen cómo van antes de que acabe el estudio. Los pacientes que toman remdesivir se recuperan antes que los que toman placebo (31%). 11 días frente a 15 días, respectivamente.

…y otra de cal

Pero la esperanzadora publicación llega junto a otros trabajos que apuntan en la línea contraria. Este mismo miércoles, The Lancet ha acelerado la publicación de otro trabajo, sí revisado por pares, que viene a decir que «el remdesivir no se asoció con beneficios clínicos estadísticamente significativos», en palabras de los autores, de Pekín y Hubei (China). 

«Aunque parece seguro y se tolera bien (algo en que coincide con lo publicado por Gilead) no ha aportado ningún beneficio comparado con el placebo» entre el total de 237 pacientes estudiados, señala la nota de prensa difundida por la publicación médica, con declaraciones del doctor y coautor Bin Cao.

El estudio también tiene limitaciones reconocidas. La más sorprendente es que se tuvo que parar y ser menos ambicioso dado que aseguran haber tenido problemas para conseguir pacientes graves sobre los que investigar debido «al control de la epidemia».

Otro trabajo anterior, publicado en NEJM parecía desinflar las esperanzas en el remdesivir. En su cohorte (grupo) de pacientes hospitalizados por COVID-19, mejoraron 36 de 53 pacientes (68%). ¿Lo hicieron por sí mismos o por el remdesivir de uso compasivo que se les administró?

Hidroxicloroquina, el maná de Trump y Macron

La hidroxicloroquina, palabra extraña, empezó a popularizarse en boca de dos mandatarios políticos en marzo: el presidente de Francia Emmanuel Macron y el de Estados Unidos, Donald Trump. El primero, con la aquiescencia del virólogo Didier Raoult, apóstol de la cloroquina. El segundo, a golpe de tuit, y el recelo de su virólogo ‘al cargo’, el propio Fauci.

El Ejército francés confirmó el pasado viernes que ha comprado cloroquina en China para hacerse con reservas de esa sustancia «por precaución».

El apoyo de Donald Trump y Elon Musk a tratamientos no aprobados contra la enfermedad de COVID-19 disparó las búsquedas en Google con intención de compra. En el caso de la hidroxocloroquina ese interés aumentó un 1.389 %, según un artículo publicado este miércoles en JAMA.

En marzo os contábamos en qué punto estaban las evidencias sobre esta molécula, usada antiguamente para combatir la malaria. Y, desde entonces, las novedades no han sido concluyentes.

Las búsquedas en Google para comprar hidroxicloroquina se han disparado más de un 1.000%

Este medicamento, empleado ahora en personas con enfermedades autoinmunes (lupus, artritis reumatoide…), no parece proteger especialmente a quien ya lo toma como tratamiento de base, pese a que había indicios de que así pudiera ser. Las asociaciones de pacientes con lupus apenas estaban registrando casos entre sus asociados, aunque este muestreo carezca de validez científica por sí mismo.

Un equipo chino, liderado por la doctora Shuyang Zhang, del departamento de cardiología del Pekin Union Medical College (PUMC), ha realizado un estudio en el que se detallan las distintas formas en las que la COVID-19 puede desencadenar problemas cardiovasculares.

Y ahí ha visto que la hidroxicloroquina, lejos de ser una aliada, puede agravar los problemas circulatorios o del corazón asociados a la respuesta exagerada de las defensas del organismo.

«Algunos medicamentos que se utilizan para los pacientes con COVID-19, como lopinavir-ritonavir, el interferón, la ribavirina y la hidroxicloroquina, pueden en realidad aumentar el riesgo de deterioro cardiovascular», explica Zhang en declaraciones recogidas por Efe.

Por qué nos cuesta tanto producir antivirales

Ciertos medicamentos están siendo sometidos a estudio dentro de un programa de la Organización Muncial de la Salud (OMS) para monitorizar su éxito a nivel global, llamado Ensayo Solidarity. Uno de los enfoques es usar hidroxicloroquina como profiláctico en personas que se exponen a enfermas.

A diferencia de las bacterias, que se atacan mediante antibióticos de amplio espectro, los virus tienden a ser más escurridizos. En un catarro o una gripe común, esperamos que sean nuestras defensas naturales las que lo combatan. Incluso en aquellos casos provocados por otros coronavirus.

Los antivirales, que también los hay de amplio espectro, imitan las letras del genoma de ARN del virus y se incorporan en sus nuevas copias. Como troyanos. Eso produce una especie de ‘atasco’ en la fotocopiadora que llevan incorporada.

Sin embargo, algunos coronavirus tienen una enzima llamada ‘de corrección de errores’ que hace que muten menos y que puede eliminar esos fallos. Por eso la mayoría de los fármacos de este tipo (llamados análogos de nucleósidos) no funcionan bien. 

Hay excepciones usadas en antigripales, como la hidroxicitidina. Este miércoles se publicaba un estudio, portada de Science Translational Medicine, en que se se probaba su eficacia en células cultivadas en laboratorio, tras haber funcionado en animales infectados con SARS-1 y MERS.

«Actualmente no hay medicamentos antivirales con eficacia clínica comprobada,ni vacunas y estos esfuerzos se ven obstaculizados por el conocimiento limitado de los detalles moleculares de la infección por SARS-CoV-2″, aseguran los autores de un trabajo reciente en Nature orientado a saber la química microscópica de los ataques que lanza el nuevo coronavirus a las células humanas.

Varios equipos trabajan en descubrir por qué vías el minúsculo virus es capaz de abrir las cerraduras de algunas células y otras no. Este enfoque podría despertar de su letargo comercial a algunas viejas medicinas abandonadas, como pasó con el tratamiento de la cloroquina para la malaria.

Ciencia preliminar, paraciencia, pseudociencia y hypes

Se han publicado más de mil trabajos en línea relacionados con el nuevo coronavirus. Se trata de ciencia preliminar (no necesariamente con mentiras o mala metodología), pendiente de revisión y evaluación. Un porcentaje reducido suele terminar en publicaciones científicas que, con mayor o menor acierto, someten sus conclusiones a escrutinio de otros equipos.

El doctor Fauci, asesor científico desde Reagan, convertido en meme ‘facepalm’ ante declaraciones de Trump.

Este tipo de respaldos de perfiles públicos o políticos son “especialmente problemáticos” por tres razones, dice Michael Liu, de la Universidad de Oxford y primer firmante del artículo sobre las búsquedas en Google.

Su eficacia clínica «no es concluyente»; tienen efectos secundarios potencialmente fatales y los productos que contienen cloroquinas, como limpiadores de acuarios, están a disposición del público sin receta médica. Y ya se han cobrados, al menos, dos intoxicaciones.

«Como alguien que ha estudiado la desinformación sobre la salud durante años, normalmente pensamos que esta se propaga a partir de fuentes de salud poco fiables, trolls online y bots. Es raro que la desinformación sobre la salud provenga de figuras de tan alto perfil”, destaca Mark Dredze de la Universidad Johns Hopkins, en alusión al hype creado alrededor de este medicamento tras las palabras de Trump.

El experto dice a Efe que las advertencias de las autoridades sanitarias frente al uso de tratamientos no aprobados, «no pueden contrarrestar del todo la atención prestada a los mensajes del presidente», quien “es seguido de manera muy leal por muchos americanos, que a menudo confían más en sus mensajes que en los de otros”. 

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