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Escapados, pelotón y excesos en la carrera de la vacuna de COVID-19
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Escapados, pelotón y excesos en la carrera de la vacuna de COVID-19

La carrera de anuncios lanzados por EE.UU., China y Reino unido rompe con todo lo conocido en cuanto a plazos para crear una vacuna segura y efectiva contra la COVID-19. Muchas caerán en la ‘cronoescalada’ previa a su autorización.



«No lo podemos fiar todo a tener una vacuna». Así de contundente se expresa la viróloga Margarita del Val. Hace mes y medio mes explicaba en Newtral.es cómo convivir con una enfermedad es algo a lo que tendremos que aprender. Pero con la red de seguridad de tratamientos razonablemente efectivos y una capacidad de respuesta del sistema sanitario.

Entretanto, pensar en una vacuna a la largo plazo es algo a no perder de vista. Es lo que nos ha librado de la secular devastación pandémica que ha azotado regularmente a la humanidad, a razón de unas cuatro veces por siglo.

La futura vacuna contra la COVID-19 se ha convertido no sólo en el espejismo de vuelta a la vieja normalidad. Puede ser la bomba atómica del siglo XXI. Su papel para agitar el tablero geopolítico de intereses cruzados ha desatado una carrera cuyo impacto, por el momento, es más comercial que científico.

«Los plazos para desarrollar una vacuna normal son de entre 12 o 15 años», explica alguien que conoce bien llevar décadas trabajando en la de la tuberculosis en España: Carlos Martín Montañés, investigador jefe del Grupo de Genética de Micobacterias en la Universidad de Zaragoza, encargado del desarrollo de una nueva profilaxis contra aquella enfermedad respiratoria, aún con brotes en algunos países.

«En nuestra vacuna llevamos 20 años –precisa Martín Montañés–. Vimos acortar plazos en la de ébola. Y se tuvo prácticamente en 18 meses. Nada comparable a lo que estamos viendo ahora para COVID-19″.

Sin un Proyecto Manhattan de la vacuna contra COVID-19

Seth Berkley, epidemiólogo jefe de la alianza GAVI-UNICEF para las vacunas, cree que existe una carrera sin precedentes para su desarrollo. «¿Será la primera vacuna en cruzar la línea de meta la más segura y efectiva? ¿O serán las vacunas mejor financiadas las que estarán disponibles antes? ¿Tal vez las que usen tecnologías con la menor cantidad de obstáculos reglamentarios?», se preguntaba recientemente en un editorial en Science.

La respuesta podría ser «una vacuna que cumpla todos estos requisitos», explica el experto. Pero, ¿deben ir los países y laboratorios por libre, estimulando una cierta competencia? ¿O debería existir una alianza internacional?

A 15 de mayo, hay 8 candidatas en ensayos clínicos con humanos y otras 110 que están en fase preclínica, según la OMS. Cada cual usa una de las cuatro tecnologías o plataformas fundamentales de desarrollo, algo así como los equipos ciclistas de esta carrera.

Berkley cree que no está mal que cada uno explore un posible camino en las etapas iniciales en que nos encontramos. «Luego debemos decidir qué candidatos a vacunas justifican una mayor exploración únicamente sobre la base del mérito científico».

En la misma línea se expresa la científica Del Val: «No me parece mal ir con varios enfoques desde el principio. Pero si hay uno que vemos que va muy bien quizás convenga concentrarse en ese».

El presidente de China Xi Jinping ha asegurado este lunes en la Asamblea de la Salud Mundial de la OMS que cualquier vacuna desarrollada en laboratorios chinos estará «disponible como bien público global» y que será la «contribución del país para garantizar el acceso a la vacuna en los países en vías de desarrollo».

«Llegar al final una vacuna lleva mucho más tiempo que un antiviral, entre otras cosas, por el tipo de ensayos que hay que hacer», añade la viróloga Del Val, responsable de coordinar los proyectos Salud Global del CSIC contra el coronavirus.

El peligro de acortar fases

«Esta carrera es importante para acelerar el progreso, pero cuidado», advierte el profesor Martín Montañés. «En vacunas siempre decimos que hay que ser no el primero de la clase sino el mejor de la clase».

Laboratorios como el de la Universidad de Oxford-Jenner se han lanzado a anunciar que producirán la vacuna antes de haber completado todas las fases de ensayos con humanos. El riesgo para ellos es, sencillamente, que esos viales terminen en la basura si no demuestran, como mínimo, su seguridad.

Martín Montañés recuerda otros fracasos previos. Hay márgenes para acelerar el proceso pero es importante que tengamos claros los riesgos de inyectar un producto destinado a gente sana, «no se vayan a producir anticuerpos que den una enfermedad que pueda ser más grave que la propia enfermedad (a combatir)».

La inmensa mayoría de los proyectos contemplados por la OMS están basados en tecnología o plataforma de ácidos nucleicos. O sea, usar el código fuente o libro de instrucciones del virus en lengua de ARN/ADN, para construir un virus alternativo (o trocitos de él) que no dañe al organismo, pero active la respuesta inmunitaria. «Esto nunca se ha probado efectivo antes fuera de veterinaria».

Hay datos esperanzadores pero muy preliminares del proyecto del pequeño laboratorio Moderna Therapeutics y los NIAID de EE.UU. Este lunes han anunciado los primeros resultados de sus ensayos en fase 1 con humanos.

Su vacuna, basada en ARN mensajero (dar a las células el libro de instrucciones para que fabriquen, dentro del cuerpo, el virus inofensivo) han conseguido generar anticuerpos.

Es decir, parece que en dosis desde 25 microgramos, los voluntarios sometidos al test consiguieron cierto grado de protección aparente con una técnica genética hasta ahora muy poco desarrollada. Por supuesto, aún no sabemos si se han expuesto al SARS-CoV-2 de manera natural como para combatirlo.

Esto supone darle la vuelta al abordaje clásico: desde el siglo XIX usamos unidades de virus reales a los que se atenúa o se mata antes de introducir en el organismo, para que genere anticuerpos neutralizantes.

Cuatro días después del anuncio de Moderna, el equipo chino del Instituto de Biotecnología de Pekín y la compañía CanSino Biologic han publicado en The Lancet los resultados de su primera ronda de pruebas de su vacuna en humanos.

Después de 28 días de ensayo en fase 1, con 108 voluntarios sanos, han demostrado su seguridad. Además se observó que la vacuna generaba anticuerpos y linfocitos T (defensas específicas) en los organismos en donde se inyectó.

Desde abril, este equipo chino trabaja en la fase 2, con 500 voluntarios. A ninguno de los dos grupos se les ha expuesto al SARS-CoV-2 deliberadamente. Su vacuna trabaja en con la tecnología troyana por la que se mete una parte de los genes del SARS-CoV-2 dentro de un virus del catarro común (vector viral).

El abordaje es distinto al de Moderna, aunque en los dos casos son las propias células del voluntario las que han fabricado el elemento que pone en alerta a las defensas. En este caso, las proteínas de la espícula del nuevo coronavirus, el extremo de sus ‘pinchos’.

Por su parte, el ‘escapado’ en esta carrera, el laboratorio de Oxford, ha anunciado este viernes en un comunicado que va a iniciar los ensayos de las fases 2 y 3 de su vacuna con 10.260 adultos (algunos ancianos) y niños sanos para inyectarles el candidato.

En la fase previa (la fase 1), con 1.000 voluntarios, según Andrew Pollard, jefe del Grupo de Vacunas de Oxford, “los estudios clínicos han progresado muy bien”.

En España, el Laboratorio de Coronavirus del CNB apuesta por construir un virus atenuado a partir de su código genético, fuera del cuerpo, y criarlos en ‘microgranjas’ de plásmidos (genes que ‘flotan’ en las células). También se trabaja en la tecnología de vector con virus de viruela. Acaban de empezar los ensayos en animales.

El experto en Salud Píublica del Centro de Preparación para Epidemias de Oslo (CEPI) Tung Thanh Le cree que «es concebible que algunas plataformas de vacunas se adapten mejor a subtipos de población específicos (como ancianos, niños, mujeres embarazadas o pacientes inmunocomprometidos)».

La mayoría, privadas

Según señaló junto a otros colegas en un análisis en Nature el pasado abril, sólo el 28% de los laboratorios que investigan la vacuna de COVID-19 son organizaciones públicas, académicas o sin ánimo de lucro, aunque en China, con 22 proyectos, esas barreras entre lo público y privado se diluyen algo más.

«Aunque varios grandes desarrolladores de vacunas multinacionales (como Janssen , Sanofi , Pfizer y GlaxoSmithKline) han participado en el desarrollo de la vacuna COVID-19, muchos otros son pequeños o no tienen experiencia en la fabricación de vacunas a gran escala», aseguran los autores. «Por lo tanto, será importante garantizar la coordinación de la fabricación de vacunas y la capacidad de suministro y la capacidad para satisfacer la demanda».

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Como ocurrió en la carrera atómica del siglo XX, hay ciertas potencias que se pueden tomar la vacuna como su particular Proyecto Manhattan. Incluso se han formado iniciativas privadas financiadas por multimillonarios. La Fundación Bill y Melinda Gates no sólo ha puesto dinero en diferentes proyectos de vacuna (particularmente, han reciclado sus esfuerzos para una vacuna genética (ARN) contra la malaria hacia COVID-19). Se centran también en los candidatos a tratamientos.

«No la vacuna, sino el tratamiento, marcará la diferencia»

«Para muchas infecciones no tenemos vacunas», recuerda Del Val. «De hecho, tenemos pocas y para muy graves, aunque ya no nos acordemos de ellas. Porque las vacunas tienen el poder de hacer que se nos hayan olvidado».

Las vacunas tienen el poder de hacernos olvidar enfermedades muy graves. Pero convivimos con decenas de otras fatales, con la red de seguridad de un tratamiento.

Vivimos y convivimos sin ellas. Nuestra red de seguridad es la de enfermar con suficiente supervivencia y calidad de vida al superar la infección. La OMS está coordinando una megaensayo, SOLIDARITY, en el que los países evalúan la eficacia y seguridad de tratamientos en pacientes enfermos de COVID-19.

Hoy, carecemos de un tratamiento para la enfermedad que provoca el SARS-CoV-2. Pero también para la mayoría de gripes y otras enfermedades víricas que, símplemente, pasamos, como el catarro producido por otros coronavirus.

«De por sí, a nivel individual, esta infección es bastante atenuada en general, salvo en los grupos de riesgo. Si se atenuase por tener una cierta inmunidad previa sería un cambio radical a nivel de población», dice Del Val.

Pero la inmunidad natural de grupo no es una opción, tal y como ha demostrado el alto coste en vida de una epidemia, en España, que en apenas tres meses –dos, confinados– ha dejado supuestamente protegida a entre un 1% y un 13% de la población.

«Voveremos poco a poco aun sin vacuna. Hay que investigar en paliativos, sobre todo en la respuesta inflamatoria excesiva que induce el virus y los antivirales. Y eso se está haciendo muy rápido». Eso, y la capacidad de respuesta de la red sanitaria.

Se están explorando todas las vías conocidas y alguna nueva, «pero también se volcó la investigación en el VIH y no se ha conseguido». También es cierto que no se recuerda una cantidad de esfuerzos como esta antes para crear una vacuna.

La alta incidencia de COVID-19 en algunos colectivos, como sanitarios, nos da una idea de dónde se podrá ensayar la efectividad de alguno de estos desarrollos de vacunas, sin necesidad de pasar por algo que, para Martín Montañés, no espera necesario: inocular directamente el SARS-CoV-2 en voluntarios. «Algo que tropieza con nuestros estándares éticos» a la hora de probar candidatas a vacunas.

El investigador concluye: «Tenemos que saber que en esta carrera por la vacuna, normalmente las primeras no van a ser las mejores». ¿Será suficiente con que sea efectiva en la mitad de la población?

3 Comentarios

  • ¿Si no hay que saltarse pasos cómo es posible que todos los años saquen vacunas contra la última mutación del virus de la gripe? ¿No tarda de 9 a 15 años desarrollarla? ¿Nos vamos a pegar de 9 a 15 años recluidos como criminales y sin derechos?

    • recluidos como criminales y sin derechos? En serio? Eso es todo lo relevante para ti? La parte de prevención, protección, etc… a ti no te dice nada no?

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