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De Simone Veil a Nadia Calviño: qué implica que haya más mujeres en la política europea
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De Simone Veil a Nadia Calviño: qué implica que haya más mujeres en la política europea

Si la candidatura de Nadia Calviño fuese la elegida, la ministra de Economía sería la primera mujer en presidir el Eurogrupo. ¿Qué implica que las mujeres alcancen puestos de poder?

De izquierda a derecha: Simone Veil, Christine Lagarde, Ursula von der Leyen y Nadia Calviño

En octubre de 1931, las Cortes españolas aprobaron el sufragio femenino. Como recoge el Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes de la República Española, hubo 161 “señores que dijeron que sí” y 121 “señores que dijeron que no”. Dos años después, en 1933, se celebraron las primeras elecciones donde las mujeres pudieron ejercer su derecho al voto. 

Una de las grandes defensoras de este derecho fue la abogada y diputada del Partido Radical Clara Campoamor: “El argumento en aquel momento desde los propios partidos de izquierda era el de que si las mujeres votaban, era muy probable que ganasen los partidos de derecha. Campoamor decía que el voto era un derecho, no algo que se otorga solo si nos conviene”, señala a Newtral.es la politóloga Arantxa Elizondo, exsecretaria general del Instituto Vasco de la Mujer y profesora de Ciencia Política en la Universidad del País Vasco.

Elizondo traslada esta concepción de la mujer en política a la actualidad: “No nos lo planteamos en esos términos, pero sí que hay algo parecido en el fondo: celebrar que haya más mujeres va ligado al hecho de esperar que hagan algo diferente, algo mejor. A las mujeres en política se las carga con una responsabilidad plus: no solo van a tener que hacerlo muy bien, sino que esperamos que mejoren, desde un punto de vista ético, lo que hacen los hombres en política”.

Nadia Calviño: ¿primera mujer en presidir el Eurogrupo?

Una de las posibles incorporaciones a un puesto de liderazgo sería la de Nadia Calviño, vicepresidenta tercera y ministra de Economía, como presidenta del Eurogrupo. Si su candidatura fuese la elegida (la votación tendrá lugar el 9 de julio), Calviño se convertiría en la primera mujer que preside este organismo. Antes estuvo liderado por Jean-Claude Juncker (entre 2005 – 2013), Jeroen Dijsselbloem (2013 – 2018) y el portugués Mário Centeno (2018 – 2020).

[Eurogrupo: qué es, qué hace y cuál es la posición de los partidos ante la candidatura de Nadia Calviño]

Esta coletilla que todavía acompaña las designaciones de mujeres en instituciones y altos cargos —“la primera mujer en”— pone de manifiesto que “quedan muchos espacios que las mujeres todavía no hemos conquistado”, apunta a Newtral.es Eva Anduiza, catedrática de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). “Nos sigue sorprendiendo que en determinados ámbitos de la esfera pública quien decida, mande, hable o escriba sea una mujer porque el hombre sigue siendo el by default [por defecto]”, añade Anduiza.

“Cuando una mujer ingresa a la política, ella cambia; pero cuando muchas mujeres ingresan a la política, la política cambia”, decía Michelle Bachelet

La politóloga Sílvia Claveria, profesora en la Universidad Carlos III de Madrid y cuya línea de investigación versa sobre la representación política de las mujeres en los gobiernos, habla de “la metáfora de Pitufina” para explicar la desigualdad de género en el poder: “Hay muchas tipologías de pitufos (el sabio, el gruñón, el bromista, el travieso… ); en cambio, de pitufa solo hay una, Pitufina, que teóricamente representa todos los papeles, es decir, representa la idea de mujer, como si solo hubiese una”. 

En este sentido, la expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, pronunciaba en un discurso en marzo de 2011 lo siguiente: “En América Latina se dice que cuando una mujer ingresa a la política, ella cambia; pero que cuando muchas mujeres ingresan a la política, la política cambia”. Por ello, Claveria señala la necesidad de que “no llegue una sola mujer al poder, sino muchas”: “Primero para poder cambiar esas estructuras, y segundo para que las que llegan sean representativas en términos demográficos. Es decir, que no sean solo mujeres blancas de clase alta”.

Nadia Calviño podría ser la primera mujer en presidir el Eurogrupo | Imagen: Nicolás Lobet (Web de la Comisión Europea)

La política identitaria

¿Más mujeres en política implica cambios en la propia política? “Las mujeres, por el hecho de ser mujeres, no tienen por qué hacer políticas feministas. Pero sí se ha demostrado que cuando hay mujeres en el poder, estas priorizan algunos temas que los hombres no suelen considerar prioritarios a la hora de legislar porque no les afectan”, analiza la politóloga Sílvia Claveria. 

“Tenemos que acostumbrarnos a celebrar que haya más mujeres en política aunque eso no significa que haya una mirada más justa e igualitaria en las instituciones”, apunta Arantxa Elizondo. Sin embargo, la catedrática de Ciencia Política reconoce que “los análisis para vincular la representación descriptiva y la sustantiva [es decir, la posible relación entre el aumento de mujeres en un determinado espacio y el efecto de esta entrada] encuentran que, en general, sí que hay una agenda que las mujeres llevan consigo a las instituciones o a la que, por lo menos, le dan fuerza”.

Esta agenda, según Elizondo, tendría determinados puntos en común: conciliación, cuidado de personas, discriminación en el empleo, brecha salarial… “La justicia social, en un sentido amplio, es una cuestión que les suele preocupar. Eso quiere decir que el hecho de que haya más mujeres allí donde se toman las decisiones, estos temas van a tener más oportunidades de llegar, por lo menos, a la agenda, aunque el enfoque pueda ser ideológicamente diverso”.

Es por eso que Claveria alerta de la importancia de la evidencia actual: “Hay quienes dicen que quizá se enfatiza demasiado la política de la identidad, y que no es tan importante la identidad [por ejemplo, ser mujer] como lo que una persona hace. Sí, pero es que lo hace tiene que ver con su identidad”.

“La presencia numérica de mujeres no garantiza las políticas feministas”, apunta la politóloga Eva Anduiza

La politóloga Eva Anduiza señala que “una política feminista pasa necesariamente por tener más mujeres en cargos importantes para conseguir igualdad, en términos de presencia, en todos los ámbitos de decisión”: “Pero esta presencia numérica no garantiza las políticas feministas”.

En relación a esto, Sonia Reverter, profesora de Filosofía y Sociología en la Universitat Jaume I, señala que la relevancia del movimiento feminista reside, precisamente, en defender lo logrado y desafiar otras normas que imposibilitan la igualdad: “Solemos entender las demandas de la sociedad civil como si fueran puntos finales. Y eso es muy contrario al mismo espíritu de la sociedad civil, la cual está en constante evolución. Las demandas de una generación no serán suficientes para la siguiente generación. Por eso, aunque es una metáfora a veces cuestionada, la periodización del feminismo en olas nos hace ver que la dialéctica no para. Cada oleada feminista ha traído nuevas demandas, así como la reformulación y ampliación de algunas demandas ya conseguidas”. 

Reverter, especializada en teoría feminista y crisis del pensamiento europeo, recuerda que “el voto se quedó corto casi inmediatamente después de conseguirse”: “Y la dialéctica sobre el techo de cristal, aunque sigue estando, nos ha hecho ver que la estructura que impide la igualdad no está sólo ahí, sino que nos rodea completamente”, añade.

[Rousseau vs. Wollstonecraft: la feminización de la política]

La feminización de las instituciones europeas

Simone Veil, superviviente del Holocausto, fue la primera mujer que presidió el Parlamento Europeo (PE). En 1979, tal y como recoge la página web del PE, fue elegida eurodiputada y nombrada presidenta de la Eurocámara. Veil, tras una carrera consagrada en el Parlamento Europeo, retornó a la política francesa, donde fue una de las grandes impulsoras de una ley para despenalizar el aborto en el país. No solo fue la primera mujer en alcanzar la presidencia de este organismo, sino que lo hizo tras celebrarse las primeras elecciones europeas (convirtiéndose en el único organismo internacional elegido por sufragio universal directo).

Veil logró esta conquista a pesar de que la representación femenina tras las elecciones de 1979 se quedó en el 15,2%. En las últimas elecciones (2019), el porcentaje de mujeres era del 40,4%, según datos del Parlamento Europeo, su máximo histórico. Sin embargo, la presidencia de dicha institución, en sus 17 legislaturas electas (incluyendo la última), ha sido mayoritariamente masculina: solo Nicole Fontaine, además de Simone Veil, llegó a ejercer como tal. 

Simone Veil fue la primera mujer en presidir el Parlamento Europeo | Imagen: Web de la Comisión Europea

En 2019, también una mujer alcanzó la presidencia de la Comisión Europea (CE): Ursula von der Leyen, quien declaró que quería un Colegio de Comisarios que respetase el equilibrio de género. El 9 de septiembre, la presidenta electa (a través del PE) presentó un equipo compuesto de 12 mujeres y 14 hombres como comisarios designados.

También Christine Lagarde aceptaba, el año pasado, el cargo de directora del Banco Central Europeo (BCE), convirtiéndose en la primera mujer en desempeñarlo. Lagarde, además, fue la primera mujer en dirigir el Fondo Monetario Internacional (FMI), puesto que dejó para dirigir el BCE y para el que fue designada otra mujer: Kristalina Georgieva, expresidenta del Banco Mundial. 

El poder y las cuotas

¿Son todos estos nombres cuotas de género? Sílvia Claveria aboga por desterrar ese término: “Al usarlo ponemos la presión en las mujeres para ver qué han hecho ellas en comparación con los hombres. Si hablamos de cuotas de hombres estaríamos señalando que ellos, de alguna forma, usurpan el poder porque siempre lo han tenido y no lo ceden. También sería una forma de hacer escrutinio también a ellos, porque si no solo nos fijamos en lo que hacen ellas”.

La politóloga y profesora en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) María Bustelo señala a Newtral.es que uno de los mecanismos de exclusión es el de que “las mujeres tienen que demostrar muchísimo más”: “Hice un pequeño análisis del primer gobierno paritario de Zapatero y la diferencia era impresionante: de las ministras, casi ninguna tenía hijos y todas estaban doctoradas; los hombres, sin embargo, tenían hijos y no eran necesariamente doctores. Es decir, tenían menos formación”.

[Diccionario para entender la política con perspectiva de género]

Según Bustelo, una de las claves por la que las instituciones europeas podrían ser algo más paritarias tendría que ver con que se hayan implementado políticas específicas para reducir la brecha: “Las mujeres espontáneamente no van a llegar al poder. Si no intervenimos, las brechas o gaps se pueden hacer aún más grandes. El discurso anticuotas que hay en España no lo hay en ningún otro país europeo”. 

Arantxa Elizondo, sin embargo, cree que la razón podría estar en una mayor representación de mujeres en los Estados miembro: “El hecho de que quizá haya más mujeres en las instituciones europeas tiene que ver con que hay más mujeres en los gobiernos y parlamentos de los países que forman parte de la Unión Europeo: de ahí es de donde se nutren”.

Esta politóloga señala, además, que “se observa una relación entre las mujeres que llegan a este tipo de puestos de poder y la órbita ideológica, que es más conservadora”: “Es posible que sea más fácil llegar cuando implican menor riesgo de ruptura. Es decir, el hecho de que Nadia Calviño sea muy ortodoxa y defensora del libre mercado probablemente facilite que pueda acceder a este cargo frente a otras mujeres en otras órbitas”.

[Las idas y venidas del Ministerio de Igualdad: ¿qué supone su recuperación doce años después?]

2 Comentarios

  • Bien la señora Calviño es Española siempre puede intentar beneficiar algo al Pais. Pero su filosofia socialista no me gusta a la vista esta lo que pasa cuando la izquierda toca el poder una ruina total

  • No, no es cierto que cuando Confucio dijo: “Si tu techo es de cristal no le tires piedras al vecino”, se hubiese referido a una reclamación feminista.

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