Newtral


Diccionario para entender la política con perspectiva de género
Siguiente

Diccionario para entender la política con perspectiva de género

No ha habido todavía en España ni una sola mujer candidata a presidir el Gobierno. Sin embargo, el Parlamento está cada vez menos masculinizado: en 40 años —de 1979 a 2019—, la Cámara Baja ha pasado de tener un 5% de mujeres a tener un 47%, según datos del Ministerio de Igualdad. Es decir, ha pasado de ser el Congreso de los Diputados a ser, realmente, el de Diputados y Diputadas.

Esta creciente paridad se debe, en parte, a iniciativas como la de las listas cremallera o a la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, que dice así en uno de sus artículos:

«Las candidaturas que se presenten para las elecciones de diputados al Congreso […] deberán tener una composición equilibrada de mujeres y hombres, de forma que en el conjunto de la lista los candidatos de cada uno de los sexos supongan como mínimo el 40%. Cuando el número de puestos a cubrir sea inferior a cinco, la proporción de mujeres y hombres será lo más cercana posible al equilibrio numérico»

También se explica gracias a la fuerza del movimiento feminista, cuya lucha ha puesto de manifiesto la importancia de la representatividad femenina, pero también de que la presencia de mujeres en el poder —con capacidad legislativa en este caso— puede provocar cambios en las estructuras que hasta ahora «estaban hechas por y para los hombres», como explica a Newtral la politóloga especializada en género Sílvia Claveria.

Theresa May y Angela Merkel.

¿Pero cómo son las dinámicas dentro de la propia política? ¿Por qué son necesarias las cuotas? ¿Cuál es la cúspide del liderazgo femenino? ¿El próximo gobierno tendrá también más ministras que ministros? ¿Y tendrá, algún día, una presidenta?

Te explicamos algunos conceptos que el ámbito académico ha acuñado para explicar cuáles serían los problemas específicos a los que se enfrentan las mujeres en el ámbito laboral y político. Un diccionario para interpretar la actualidad política en clave de género en una semana en la que hemos visto a Theresa May renunciar a su cargo —que ha sido tomado por Boris Johnson—, y a las parlamentarias españolas negociando en segundo plano.

«Glass ceiling» o techo de cristal

Según este principio, las mujeres irían escalando posiciones hasta encontrarse con un techo o barrera invisible (de cristal) que impediría su progreso hasta posiciones en la cúspide. «Llega un punto en el que es muy complicado dar el salto a posiciones de poder o responsabilidad porque hay pocos puestos y estos se reparten entre hombres. Un ejemplo muy claro es que a pesar de que hay muchas más mujeres en el parlamento, seguimos sin tener a una candidata a presidencia del Gobierno», señala a Newtral la politóloga especializada en comportamiento político Berta Barbet.

«Al principio, cuando hay muchas plazas a ocupar, sí que cuenta el mérito y las mujeres podrían progresar. Pero llega un momento en que ya no es fácil competir porque las plazas son reducidas. Por tanto, ellas no alcanzan o desaparecen de los puestos de mayor relevancia», añade Barbet.

«Glass cliff» o precipicio de cristal

Es una metáfora para ilustrar que, a menudo, cuando las mujeres llegan a la cúspide —una vez han conseguido atravesar o romper el techo de cristal—, no lo hacen en las mismas condiciones que los hombres. Es decir, que la oportunidad de llegar al poder surge cuando, por ejemplo, hay una crisis —política o empresarial—.

«Es mucho más probable que una mujer encabece una lista en circunscripciones o territorios difíciles de ganar. O que una mujer llegue a liderar un partido cuando este pasa por malos momentos, como fue el caso de la Primera Ministra británica Theresa May. Incluso cuando llegan a lo más alto, ellas se encuentran barreras u obstáculos que ellos no tienen», explica la politóloga Sílvia Claveria.

Claveria señala que es importante tener en cuenta en qué circunstancias se produce el liderazgo femenino porque «luego se valorará a esas líderes en función de su desempeño en el cargo»: «Si ascienden cuando las condiciones son desfavorables, la gestión será más difícil, y en el imaginario colectivo quedará la idea de que las mujeres no saben liderar. Suele ocurrir que los hombres se retiran en ese tipo de competiciones porque saben que van a perder. En cambio, es en estos momentos cuando ellas saben que van a tener más oportunidades políticas porque no tienen tanta competencia o porque las ponen ahí a modo de ‘sacrificio’ hasta que pase el momento más acuciante de la crisis».

Metáfora del laberinto

Hace referencia a los obstáculos que tienen que enfrentar o superar las mujeres para alcanzar posiciones de poder. ¿Y cuáles son estos impedimentos asociados al género? «Las instituciones están creadas por y para los hombres porque llevan mucho más tiempo en política. Así, hay reglas formales e informales que exluyen o expulsan a las mujeres. Las primeras, por ejemplo, estarían relacionadas con la ausencia de políticas de conciliación o de maternidad. Las segundas tienen que ver con el capital homosocial masculino: las redes masculinas que se construyen y que facilitan un ascenso, por ejemplo», apunta la politóloga Sílvia Claveria.

Las redes que crean los hombres se conocen como «old boy network» o «boys club». «Los hombres mentorizan mucho más a otros hombres, suelen confiar en ellos más, se promocionan más entre ellos. Y esto ocurre porque los más jóvenes heredan las redes de sus mentores o jefes: le presentan a sus contactos, se recomiendan entre ellos, se van juntos a ver el fútbol o al bar —a espacios muy masculinizados donde a las mujeres se las hace sentir incómodas o fuera de lugar—», añade Claveria.

Además, como apunta la especialista en política y género, «se valoran mejor las características asociadas tradicionalmente a los hombres —racionalidad, control, asertividad, competencia—; características que en ellas se perciben peor o de forma negativa porque no son prototípicamente de mujeres».

Paridad o cuotas

Consistiría en forzar —como una responsabilidad— que las mujeres ocupen tantos puestos de poder como los hombres. «Según este principio, habría plazas específicas que solo podrían ocupar mujeres para garantizar así que ellas asciendan en la misma proporción que los hombres», explica la politóloga Berta Barbet.

«Muchas veces se dice que esta medida va en contra de la meritocracia, pero la evidencia es que sucede justo al contrario porque las mujeres sufren una serie de sesgos que les impiden ser percibidas como candidatas viables para ciertas posiciones», concluye. La canciller alemana Angela Merkel es una firme defensora de las cuotas porque, segun declaraba en 2017,  «la incorporación de la mujer por la vía voluntaria no es cuestión de tiempo sino de políticas».

¿Y cómo sería un gobierno paritario? «Se puede conceptualizar de diferentes maneras, pero la idea es que el poder quede repartido a partes iguales —50/50—. Es decir, que en los diferentes niveles hubiese, al menos, el mismo número de hombres que de mujeres. Lo ideal sería, incluso, que en las situaciones en que solo hubiese un cargo, como la presidencia del Gobierno, el puesto se dividiese en dos mitades o periodos, uno ocupada por un hombre y el otro, por una mujer», añade Barbet.

Listas cremallera

«Las mujeres suelen estar en peor posición de salida en las listas electorales. Por eso, a pesar de plantear cuotas, lo que se veía es que seguían entrando menos mujeres que hombres en el parlamento porque en esas listas ellas estaban abajo. Una posible solución es obligar a que las listas combinen una posición hombre y una posición mujer», explica Barbet. Con este método, las mujeres no pueden caer hasta muy abajo, es decir, hasta posiciones en las que no tienen opción a salir elegidas, por ejemplo, como diputadas. «A veces, por más que hagas listas cremallera, si el primero siempre es un hombre, eso también puede generar desigualdad», añade la politóloga.

Feminizar la política

Esta propuesta surge cuando se pone de manifiesto que la paridad no es suficiente para arreglar la desigualdad, es decir, no es solo una cuestión de incorporar a más mujeres sino de transformar la propia política y sus formas o reglas, es decir, participar en la elaboración de las mismas. Como explicaba Máriam Martínez-Bascuñán, profesora de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid, «el feminismo no puede consistir solamente en reivindicar un mundo que ya está hecho, sino entrar en él y resignificar esas categorías en las que no encajamos porque han sido construidas desde la experiencia masculina».

«Se supone que una presencia masiva de mujeres también generaría un cambio en las dinámicas y en las formas de hacer política porque las mujeres aportarían valores diferentes como la empatía o el cuidado», puntualiza Berta Barbet.

«Leaky pipeline» o la tubería que gotea

Esta metáfora se aplica, sobre todo, al ámbito STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas por sus siglas en inglés— para explicar por qué las mujeres desaparecen poco a poco de estas carreras o profesiones a las que, en un principio, sí acceden. «Ocurre también en política», señala Sílvia Claveria, quien añade: «Hasta los 25 años, las mujeres tienden a militar en las mismas proporciones que los hombres, pero a partir de ahí van disminuyendo porque hay todo un sistema de obstáculos que hace que las mujeres se harten de la situación o de la hostilidad y abandonen la política».

Síndrome de la impostora

Se define como la falta de autoestima y/o confianza para desarrollar determinados puestos, sobre todo en espacios masculinizados. «La evidencia es que a las mujeres se las juzga más duramente, por lo que la presión por cumplir con las expectativas es mayor. Además, es habitual que el error de una sola mujer sea atribuido a todas las mujeres», señala Berta Barbet.

Carmen García-Ribas, que dirige el máster en liderazgo femenino en la Pompeu Fabra, acuñó el concepto «cultura huésped»: «Las mujeres en el mundo público somos una cultura huésped, es decir, nunca estamos en ‘casa’; nunca el espacio es del todo nuestro. Y el síndrome de la impostora viene un poco de ahí, de que nuestra ubicación como huéspedes hace que nos cuestionemos a nosotras mismas y que cuestionemos nuestros logros», explica a Newtral García-Ribas.

2 Comentarios

  • Las cuotas son importantes, pero deben ser paralelas a un cambio de la forma de hacer política. De otra manera las mujeres asumen lo peor de la política dominante, son incorporadas a la política de la simulación.

  • No es fácil normalizar algo en tan poco tiempo. Hasta hace décadas las mujeres no tenían ni derecho a votar. Hay que estudiar el avance como algo positivo y seguir la progresión.

¿Quieres comentar?

Relacionados

Más vistos

Siguiente