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Una ‘vacuna’ antes de la vacuna: por qué todo el mundo mira a un medicamento centenario
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Una ‘vacuna’ antes de la vacuna: por qué todo el mundo mira a un medicamento centenario

Cloroquina. O más precisamente, hidroxicloriquina. Un antipalúdico usado desde el final de la Segunda Guerra Mundial se revela efectivo en la batalla contra el coronavirus. Pero en la retaguardia. ¿Podría ser más efectivo para proteger que para curar?

Hidroxicloroquina| Shutterstock

Hace ahora 200 años, dos químicos franceses consiguieron sacar del árbol de la quina una sustancia contra la malaria, que a las generaciones más mayores les resultará familiar: la quinina.

Y hace ahora 200 años, la malaria acababa con la vida de más de 2 millones de personas cada temporada. Esa quinina fue uno de los primeros tratamientos sintetizados por los humanos para paliar una enfermedad que transmiten los mosquitos y que es todavía endémica en 89 países, en la inmensa mayor parte del hemisferio sur húmedo.

Ahora, en plena pandemia por el coronavirus SARS-CoV-2, varios hospitales miran a ese pasado palúdico con esperanza. Las primeras terapias inspiraron el descubrimiento de dos moléculas: el sulfato de cloroquina y su derivada menos tóxica, la hidroxicloroquina.

Fue en la Segunda Guerra Mundial cuando pudo experimentarse con ellas, ante los estragos del paludismo o malaria. Y en 1947 empezó a comercializarse en forma de pastillas. ¿Por qué ahora puede resultar efectiva contra el COVID-19?

Aquí te contamos de dónde viene el revuelo provocado en torno a este medicamento y cómo han reaccionado distintos países.

Dejó de funcionar con la malaria. Podría hacerlo con el COVID-19

La malaria, una de las enfermedades más antiguas de la humanidad, se produce cuando el parásito Plasmodium toma el control de nuestra sangre. La manera en que accede a los glóbulos rojos parece a la que toma el SARS-CoV-2 para entrar en las células.

Al menos, han podido ver que esas células responden bien al tratamiento con cloroquina… siempre que estén en una placa de laboratorio, según publicaban sobre los primeros experimentos en Cell, en febrero.

En realidad, la evidencia científica es escasa. Pero la empírica de batalla (o sea, la vida misma en los hospitales) parece confirmar poco a poco lo que un equipo chino de científicos publicó la semana pasada en un borrador de artículo, con muchos matices.

Esta semana, otro equipo francés ha llegado a conclusiones similares pero en una muestra muy pequeña. Combinando la hidroxicloroquina (el antipalúdico) con azitromicina (el típico antibiótico de los tres días), han conseguido tratar y recuperar a 20 pacientes con COVID-19 –de un total de 36 estudiados–, consiguiendo bajar la carga viral en apenas tres días con el tratamiento combinado.

Los ensayos más prometedores son aún muy pequeños o están por verse eficaces y seguros.

¿Cómo derrota la (hidroxi)cloroquina al virus? Miremos al parásito que viaja con el mosquito de la malaria. «Cuando el Plasmodium se encuentra en el interior de los glóbulos rojos de la sangre, degrada la hemoglobina para adquirir los aminoácidos esenciales», explica la doctora Elena Gómez Díaz, líder de un grupo de investigación de epigenómica en malaria del Instituto de Parasitología y Biomedicina López-Neyra (IPBLN-CSIC)

El SARS-CoV-2 no se comporta exactamente igual. «El parásito necesita de los recursos de una persona para completar su ciclo de vida –precisa–, pero parece que los dos usan un receptor celular, el CD147″.

O sea, el coronavirus cuenta con una segunda puerta de acceso a las células, después de que se conociera bien el mecanismo de entrada por la ‘puerta delantera’, la llamada ACE2. Pero aún hay más.

¿Qué hace la cloroquina? Crea un ambiente demasiado ácido como para que la llave del virus encaje en la cerradura de esa proteína ACE2. La puerta no se abre:

El profesor Vicente Larraga, del CIB-CSIC coincide en este planteamiento. Y recuerda que ya se está usando en todo el mundo como base para tratar casos en hospitales, incluidos los españoles, aunque no estén todos dentro de ensayos clínicos.

Es decir, se prueba con (hidroxi)cloroquina y se añade un antiviral –por ejemplo, un antiébola–, un antirretroviral –un anti VIH– o un antibiótico «para evitar infecciones oportunistas [de bacterias]», como la azitromicina.

Una pastilla preventiva hasta que llegue la vacuna

Larraga reconoce que el ensayo francés tiene una muestra muy escasa, pero confía en la solvencia del equipo. «Hay que trabajar con lo que sea más rápido. La excelencia tiene que ir enfocada al caso de urgencia». Claro, que esto es en hospitales, donde llegan los pacientes no leves. Está por ver que esto cure de manera generalizada.

Ahora bien. Administrar una serie de dosis a pacientes sin complicaciones o sin síntomas, de manera selectiva, sí puede tener sentido. Por ejemplo, el personal sanitario más expuesto al contagio. Como si del popular Malarone se tratase, una pastilla podría servir de profilaxis hasta que llegue la vacuna.

Hospital Brisbane de Australia, atendiendo posibles casos de coronavirus | J. Geary, Epa

Eso, si se confirma que la carga vírica baja significativamente. O, a título preventivo, antes de infectarse «si está la cloroquina en el organismo podemos pensar que se lo ponemos más difícil al virus para entrar en la célula», precisa la doctora.

Tanto en leves como en graves, Gómez-Díaz cree que no hay que lanzar las campanas al vuelo. «El trabajo francés tuvo muchas críticas por el escaso tamaño de la muestra, por no ser aleatorizado…. Salieron algunos pacientes del estudio», recuerda la investigadora.

«Las buenas noticias son que muchos otros equipos, en paralelo, están investigando la (hidroxi)cloroquina y poco a poco iremos teniendo resultados contrastados». La OMS está coordinando, en este sentido, el proyecto Solidarity, para monitorizar si distintos tratamientos funcionan en grupos controlados de pacientes de todo el mundo.

El equipo del doctor Oriol Mitjà lo va a probar en 199 contactos de infectados tratados con un antirretroviral usado contra el VIH, en Hospital Germans Trias i Pujol (Can Ruti). Justamente con ese enfoque profiláctico entre familiares.

La medicación a estos contactos persigue que, por una parte, no lleguen a tener síntomas, y, por otra, que dejen de ser infecciosos en la fase presintomática.

«Esperamos resultados rápidos, en unos 21 días», indicó el investigador en rueda de prensa. Se trata de saber si la combinación de los medicamentos, largamente probados, «reduce la rápida transmisión del coronavirus».

La (hidroxi) cloroquina sabemos que funcionó con la malaria. Está por ver el comportamiento con el COVID-19. «Podría ser útil, pensemos también, en residencias de ancianos», ejemplifica Vicente Larraga. Ahora, «esto no es como el Malarone, que tiene sentido usarse en una zona de riesgo (de malaria)».

Tiene consecuencias indeseadas. «Pensemos que se la diéramos a todo el mundo y anduviéramos con vértigos laberínticos [efecto secundario] por la calle… sería un peligro», pone por ejemplo.

Hablar de una vacuna antes de la vacuna puede ser esperanzador pero prematuro. Larraga es claro: «Esta es la primera oleada de una infección nueva. La vacuna real, cuando llegue, servirá para futuras oleadas», si, como parece, el coronavirus ha venido para quedarse, aunque sea menos letal con el tiempo.

Cuidado: también puede matar

Según la OMS, aunque todavía no esté aprobada, «hay algunos indicios de que podría ser útil, pero no hay estudios claros y rigurosos que se hayan realizado para probar o refutar que la cloroquina es efectiva», añadió Soumya Swaminatha desde la OMS.

El lunes recordó el suceso que se produjo el fin de semana en Nigeria, donde tres personas tuvieron que ser ingresadas tras haber ingerido una sobredosis de cloroquina.

Algo que podría sonar a respuesta a iniciativas individuales de países y personas. No hay panacea a la vista. Ese es el mensaje.

«No tiene sentido que el presidente de un país marque unas pautas», explica Gómez-Díaz. Tampoco que parta de la iniciativa individual. «La automedicación puede ser un peligro».

Sin ir más lejos, este martes el New York Times contaba el caso de un matrimonio de Arizona intoxicado por haber tomado fosfato de cloroquina, sustancia que se puede comprar como limpiador de acuarios domésticos.

«La (hidroxi)cloroquina con azitromicina o el lopinavir-ritonavir tienen una efectos adversos, que incluyen alteraciones del ritmo cardiaco, hepatitis, pancreatitis aguda, neutropenia y anafilaxia (reacción alérgica)», puntualiza el profesor de Medicina Interna de la Universidad de Nebraska Andre Kalil

Por otro lado, y lejos de las peceras, «estos medicamentos tuvieron su momento», recuerda en relación a lo populares que fueron hace años estos antipalúdicos. Pero «dejaron de funcionar para la malaria, porque crearon resistencias», como ocurre con algunos antibióticos.

«Teniendo en cuenta que la mayoría de los pacientes que han muerto por COVID-19 eran ancianos y tenían otras enfermedades relacionadas con estas consecuencias, sería imposible diferenciar los efectos adversos relacionados con el fármaco de las manifestaciones de la enfermedad en ausencia de un grupo de control», precisa el doctor en un artículo de opinión en la revista científica JAMA.

Las lecciones de África

Elena Gómez-Díaz ha recibido fondos para investigación en malaria del Ministerio de Ciencia e Innovación y una beca Leonardo de Fundación BBVA para enfocar sus esfuerzos a comprender la adaptación de los parásitos de la malaria.

La lucha contra los mosquitos que transmiten enfermedades es otra de las batallas en algunos países | Shutterstock

¿Tendremos que adaptarnos los humanos a nuevas pandemias de este tipo?
«Tenemos mucho que aprender de buena parte de África en su resiliencia ante epidemias», explica la investigadora, buena conocedora de la realidad y peculiaridades del continente.

Tenemos mucho que aprender de la resiliencia de países de África ante epidemias

Elena Gómez-Díaz, experta en malaria Ipbln-CSIC

«Podemos pensar que, cuando se extienda el coronavirus va a ser un absoluto desastre», precisa en relación a la escasa capacidad de algunos estados para monitorizar y tratar la enfermedad. Allí ya tienen brotes de dengue, malaria o el temible ébola.

«Pero también hemos visto cómo en lugares como la República Democrática del Congo, que acaba de salir de la epidemia de ébola, sólo cuando se empezó a confiar y dar recursos y autonomía a sus comunidades, respetando sus culturas y tradiciones, empezaron a mejorar sus números de la epidemia». Sólo con el aporte económico no sirvió, según la doctora.

De cara a abordar esta pandemia «también hay que aprender de quienes sufren brotes constantemente y confiar; dejar atrás la imagen de pobrecitos«.

Preocupación por el stock para pacientes con lupus y artritis

Hoy, la hidroxicloroquina se usa en el tratamiento de enfermedades autoinmunes. Lupus o artritis reumatoide son dos ejemplos, como explica a Newtral.es el presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid Luis González Díez.

Habiendo o no escasez, «los pacientes en tratamiento con estos medicamentos deben llamar, en cualquier caso, a su centro de salud. No se dispensan sin receta». Se están preparando prescripciones para 60 y 90 días. La AEMPS cortó el día 23 la distribución habitual del medicamento.

La presidenta de la Asociación Lupus Madrid Blanca Rubio confirma que ha aumentado la preocipación entra sus asociados ante un posible desabastecimiento. Para estas personas, el Dolquine (la marca más común prescrita en España) es un tratamiento crónico contra distintas manifestaciones del lupus. La enfermedad afecta a unas 145.000 personas en nuestro país, según datos de la Federación Española de Lupus.

«Algunos asociados nos cuentan que están teniendo problemas para encontrar su tratamiento en la farmacia habitual», explica Rubio. Sin embargo, «desde el laboratorio nos han garantizado que habrá suministro».

La presidenta de la Federación de Asociaciones de Lupus Silvia Pérez concreta que la mayor parte del stock del Dolquine fue ‘requisada’ la semana pasada para que las comunidades autónomas hicieran el reparto entre el uso hospitalario compasivo para el COVID-19 y los tratamientos para crónicos.

Desde «al menos el jueves pasado» se están realizando estas peticiones, según explica a Newtral.es el presidente de los farmacéuticos de Madrid.

Más que una preocupación por el desabastecimiento, en el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid hay un segundo temor: al contagio entre sus profesionales y clientela, incluidos los crónicos que necesitan acudir recurrentemente a los despachos farmacéuticos. «Hay pueblos donde es de lo poco que está abierto –precisa el presidente del COFM–. Necesitamos protección, porque está llegando gente con síntomas a preguntar».

Este martes han recibido un lote de 10.000 mascarillas de la Consejería de Sanidad, «pero somos casi 3.000 establecimientos» en la región. «El Ministerio no se puede olvidar de nosotros».

4 Comentarios

  • Màs que un comentario, lo mìo es una consulta. Al viajar a algunos paìses se nos ha pedido que nos vacunàramos contra la malaria (cuyo principal «ingrediente» es la Hidroxicloroquina), ante el Covid 19, podrìamos tener alguna especie de protecciòn? Muchas graciadds.-

  • El propio artículo lo dice. Por ejemplo: «tienen una efectos adversos, que incluyen alteraciones del ritmo cardiaco, hepatitis, pancreatitis aguda, neutropenia y anafilaxia (reacción alérgica)».

  • por que no tomar este medicamento, como tratamiento preventivo? tiene efectos segundarios, tiene algunas advertencias, es contraproducente para algunos pacientes?

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