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La década desastrosa: nunca se conoció tanto calor en tierra y océanos
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La década desastrosa: nunca se conoció tanto calor en tierra y océanos

La Organización Meteorológica Mundial certifica en Madrid que los años diez han batido récords de calor y población afectada, pero creen que los políticos han escuchado a este síntoma de la emergencia climática.

Ola de calor en 2019 | ESA

«No hay razón para ser pesimistas». Quien así habla lo hace desde el oxímoron dibujado en su cara, con gesto impertérrito. Serio pero sereno antes de entrar en una jornada maratoniana bautizada como Día de Información de la Tierra en la Cumbre de Madrid. Algo así como ‘parte’ del clima. O el parte clínico, porque hay algo enfermizo en los datos.

El presidente de la Organización Meteorológica Mundial Petteri Taalas procede a dar el informe ‘médico’ del planeta. La situación del paciente ha empeorado en la última década. La fiebre sigue subiendo, pero «nos están escuchando».

Desde la última cumbre, la temperatura media ya ha subido 0,2ºC respecto al quinquenio anterior

Estamos ante el periodo con más calor conocido, «con las temperaturas más altas nunca registradas, con casi toda seguridad» explica el finlandés que desde 2015 es el ‘hombre de todos los tiempos’ del mundo.

Este martes, en la COP25, su grupo pone sobre la mesa los últimos informes publicados. Un broche de oro fundido al calor de los 1,1 grados de temperatura que la atmósfera ha sumado desde el siglo XIX.

«Las cosas no han mejorado desde París», precisa. Desde que se sentaron en 2015 los políticos en aquella cumbre, la temperatura ha subido 0,2ºC respecto al quinquenio anterior. Si hace cuatro años estimábamos que nos encaminábamos hacia una peligrosa subida de 3 grados de temperatura, de aumentar nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, «ahora hablamos de subidas de entre 3ºC y 5ºC».

En ese sentido, precisa que el actual 2019 es el segundo de los tres años récord de temperaturas, según recoge el informe Estado del Clima Global que, en general no aporta grandes novedades respecto a la información publicada por distintas entidades meteorológicas locales (incluida AEMET), centros de investigación y el propio panel de expertos del IPCC.

Taalas deja claro desde el primer momento que hay un vínculo claro entre la actividad humana industrial (incluida la agroindustrial) y este calentamiento global. Pese a que la Tierra estuvo más caliente en sus etapas jóvenes, hace 3 millones de años que no había tanto dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera.

2018 cerró con 407,8 partes por millón de fracciones molares (una manera de medir cuántas moléculas hay). Y este se ha inyectado, esencialmente, en los últimos 200 años, con especial crecimiento en las últimas décadas del siglo XX.

El CO2 y, sobre todo, el metano (CH4) son potentes gases de efecto invernadero. Ascienden desde la troposfera que habitamos. Arriba, se quedan atrapados y, mientras dejan pasar los rayos del sol, no dejan escapar al espacio una buena parte del calor contenido en las capas más bajas.

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Decenas de miles de muertes en Europa

Los incrementos medios de temperatura pueden parecer insignificantes. Apenas 1,1ºC de más a nivel global, sin embargo, no significa que si el 1910 el 3 de diciembre se registraron 6 grados en Madrid hoy tengamos 7,1ºC, como ya hemos contado antes en Planeta Finito.

Para que la temperatura global media suba tanto, se han tenido que producir olas de calor muy significativas recurrentemente, además de temperaturas sostenidas más altas. Los veranos del hemisferio norte se han disparado.

Según explica la OMM, esto tiene una consecuencia directa sobre la salud de las personas. Especialmente, las más mayores y en situación de soledad. «Esta década hemos roto los récords de temperatura y olas de calor (este años) en el centro y este de Europa», señala Taalas.

Sólo en los últimos cinco años, se ha lleavado por delante la vida de más de 8.900 personas en nuestro continente. Y esto supone una mejora, debido a los planes de prevención.

Poco acostumbrados a superar los 30ºC, Francia vivió un año negro a comienzos de década. En 2003 murieron 14.802 personas golpeadas por olas de calor, unas 35.000 en todo el continente, y eso que el los últimos cinco años se han acumulado los veranos más cálidos de la historia registrada.

La mitad de la población mundial está en riesgo de dengue porque se dan las condiciones ambientales para el mosquito Aedes

Sólo este año, la ola de calor más significativa fue a fines de julio, afectando gran parte de Europa central y occidental, aunque la OMM destaca la que vivió tempranamente España en junio. En los Países Bajos, la ola de calor se asoció con 2.964 muertes, casi 400 muertes más que durante una semana de verano promedio.

Los cambios en las condiciones climáticas desde 1950 están facilitando que las especies de mosquitos Aedes transmitan el virus del dengue. En 2010 la enfermedad apareció localmente en Croacia y en Francia, lo que significa que había mosquitos transmisores allí.

En España, el principal problema ha llegado con su variedad tigre (Aedes albopictus). Se dan las condiciones para que se haga endémico en la región del Levante peninsular, Islas Baleares y costa mediterránea andaluza, sin que haya transmitido enfermedades, aunque está catalogada como especie invasora, con los daños aparejados a los ecosistemas.

Según Omar Baddour, del programa de monitorización del clima de la OMM, también presente en Madrid, «no podemos trazar una relación directa entre aumento de la temperatura y humedad y la proliferación del dengue, pero es un desencadenante».

El presidente de la OMM Petteri Taalas | A.M. Guzmán, Sinc

La incidencia global del dengue ha crecido en las últimas décadas, y aproximadamente la mitad de la población mundial está ahora en riesgo de infección. En 2019 los casos se dispararon.

En cuanto al acceso a comida, Taalas apunta que la «producción local de cereales en África va a ser aproximadamente un 8% menor que la media de los últimos 15 años». Esto se traduce en que 12,5 millones de personas en la región sufran una «inseguridad alimentaria hasta marzo de 2020″. Y, junto a desastres naturales, una enorme masa de desplazados.

El alto precio de un océano caliente

La Antártida y los océanos en general son como termostatos para el planeta. Reguladores del clima por su capacidad para rebotar parte de los rayos del Sol y absorber CO2, más que los bosques.

Pero cuando su temperatura sube mucho y comienza el deshielo, se inicia una reacción en cadena «por la que ya están pagando un precio alto». Su nivel sube y su Ph se vuelve ácido, hasta un 26% más que antes de la era industrial. Se convierten en una especie de agua carbonatada que, cual refresco burbujeante, expulsa carbono en vez de absorberlo.

En la década 2009-2018, el océano absorbió alrededor del 22% de las emisiones anuales de CO2, lo que ayuda a atenuar el cambio climático. Sin embargo, el aumento de las concentraciones atmosféricas afecta la química del océano. Una subida de 2ºC de temperatura puede acabar con los arrecifes de coral en su práctica totalidad.

Desde 1993, cuando se empezaron a realizar mediciones por satélite, la subida del nivel del mar se ha acelerado sobre todo por la fusión de mantos helados de Groenlandia (con una ola histórica este año) y la Antártida. En total (gracias al derretimiento Ártico, sobre todo), se pierde el equivalente a un cubito de hielo gigante de 260 km de altura cada año.

Derretimiento ártico, visto por el satélite CryoSat-2 | ESA, NW
Derretimiento ártico, visto por el satélite CryoSat-2 | ESA, NW

Hay un alto «impacto en los ecosistemas marinos» y en la subida rampante del nivel del mar, con especial «afección en los estados insulares«. Las subidas en países del Pacífico es una amenaza real, pero también en la región Mediterránea

Aquí, los incrementos del nivel del mar se agravan por la intensidad de los temporales y sus inundaciones en zonas habitadas, muy cerca de la costa. Aunque, como añade el investigador Ernesto Rodríguez, de AEMET, «depende mucho de los algoritmos de regionalización que usemos para proyectar el futuro».

Nadie predijo una España sin playas, pero ya ‘desaparecen’ con más frecuencia

En nivel de las aguas, en términos generales, ya está en España entre 10 y 15 centímetros más alto. En caso de temporal, el agua se adentra en la tierra, retira el sedimento y acaba con las playas, según Marta Marcos, investigadora del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA).

Playa devorada por las olas en Dénia | J.C. Cárdenas, Efe

El apartamento de la playa peligra

Un millón de personas reside en zonas inundables en la costa española. Las lluvias torrenciales y la subida del nivel del mar supondrán inundaciones.

“Dos ejemplos son las playas mallorquinas de Palma o Cala Millor, para las cuales se espera una pérdida de la mitad de su superficie para final de siglo”, señala la experta a Sinc. “Para final de siglo podremos haber perdido fácilmente la mitad de su superficie en Baleares”.

«Tenemos una enorme variabilidad de la precipitación (en España)», añade Rodríguez, «alternando sequías extremas y lluvias torrenciales. Con los modelos climáticos –unos cuarenta– o simulaciones nos enfrentamos a muchas incertidumbres».

Hasta cierto punto, las regiones más septentrionales de la Península están protegidas frente a la subida del nivel del mar por la presencia de acantilados. Sin embargo, la cornisa cantábrica también ha recibido ya varios golpes propiciados por el aumento de la temperatura de sus aguas, explica María Martín en Sinc.

Las regiones de Asturias, Cantabria y el País Vasco contaban con grandes bosques submarinos repletos de algas con mucho valor, como las algas laminariales, también conocidas como kelp, o las Gelidium, especies estructurales de los ecosistemas marinos que sirven como refugio o alimento para miles de peces.


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