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CO2: el aire que exhalamos y que está matando el planeta
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CO2: el aire que exhalamos y que está matando el planeta

Cada año se bate un nuevo récord de concentración de carbono en la atmósfera. En cada bocanada de aire que exhalamos, vertemos CO2 a la atmósfera. Eso demuestra que, en general, no es un gas tóxico para las personas. Y, sin embargo, es clave en el calentamiento global.

Simulación del movimiento de CO2 atmosférico en un año | NASA

El CO2, dióxido de carbono o, simplificando mucho, ‘carbono’, es el principal gas de efecto invernadero de origen humano. Significa que contribuye al calentamiento global, cuyas consecuencias notamos a diario. Es incoloro y carece de olor. Está presente de forma natural en la atmósfera y, sí, forma parte esencial de nuestro organismo. Permanece atrapado en el carbón, petróleo o gas natural. Dicho poéticamente, es la respiración fosilizada de los dinosaurios. El CO2 durmiente de la prehistoria, que ahora estamos despertando. Los datos son concluyentes y la mayoría están disponibles en los informes de la Agencia Internacional de la Energía (IEA).

¿Cuánto CO2 hay concentrado en la atmósfera?

Según la Organización Meteorológica Mundial, el año 2018 cerró con 407,8 partes de CO2 por millón de partículas (ppm). Eso confirma el crecimiento sostenido desde hace décadas en la presencia de este gas. 2017 marcó un récord de 405,5. En 2015 se superó por primera vez en, al menos 3 millones de años, la barrera de las 400 ppm. Todas estas cifras son ya en este otoño de 2019 superiores: 410,15 ppm el 23 de noviembre en el Observatorio de Mauna Loa. Los mínimos se suelen dar en el verano del hemisferio norte.

El CO2  permanece en la atmósfera durante siglos y en los océanos por más tiempo. Por su parte, las concentraciones de metano y óxido nitroso también aumentaron en mayores cantidades que durante la última década.

Desde 1990, ha habido un aumento del 43% en el forzamiento radiativo total, el efecto de calentamiento sobre el clima, por los gases de efecto invernadero de larga duración. El CO2 es responsable de  aproximadamente el 80% de esto, según esta organización.

 

¿Es tóxico el CO2?

Hay una preocupación creciente por reducir las emisiones de CO2, especialmente en las ciudades.  La quema de carbón para producir electricidad o calor y el transporte son las principales fuentes de este contaminante. Pero no es el humo negro que sale de los tubos de escape. De hecho, si de las chimeneas o escapes sólo saliese dióxido de carbono, podríamos respirar sin demasiado problema sus ‘humos’, siempre que no superasen las 40.000 partes de carbono por millón de partículas (ppm) o entrar en un recinto cerrado donde el más de 5% del aire sea dióxido de carbono. Por fortuna, estamos lejos de exponernos a esa cifra. A diferencia de su hermano, el CO –el de las estufas y los coches–, el del CO2 no es un problema de salud respiratoria, sino de salud planetaria.

El proceso de respiración de los animales, entre quienes nos encontramos, implica que inhalamos oxígeno molecular (O2) y exhalamos CO2. En realidad,  se da en todos los organismos aerobios, los que viven con oxígeno. Las plantas hacen lo contrario, pues necesitan CO2, luz y sales para fabricar su alimento. Por eso se dice que los árboles son excelentes capturadores de carbono.

En este vídeo te contamos cómo en las ciudades, por ejemplo, es estupendo contar con vegetación para absorber el dióxido de carbono, pero no es útil contra su otra emergencia, la de los óxidos de azufre o nitrógeno:

 

 

¿Desde cuándo hay CO2 en la Tierra?

Las tripas de la Tierra han sido siempre la tradicional fuente de CO2. Los volcanes o géiseres son como las gaseosas de nuestro planeta y se comportan como una botella de refresco caliente. También las rocas carbónicas, que funcionan como una pastilla efervescente. Este gas se diluye en el agua. Sin embargo, durante millones de años ha habido un relativo equilibro entre emisiones y captación de CO2 por la flora terrestre. Se ha observado que cuando se ha roto ese equilibro ha habido una coincidencia con extinciones masivas. Eso no es precisamente un buen augurio para el presente.

 «Vale la pena recordar que la última vez que la Tierra experimentó una concentración comparable de CO2  fue hace de 3 a 5 millones de años. En aquel entonces, la temperatura era entre 2ºC y 3 °C más cálida, el nivel del mar era entre 10 y 20 metros más alto que ahora «, explica la secretaria general de la OMM, Petteri Taalas.

¿Por qué nos preocupa ahora el CO2?

Se calcula que ahora hay un 45% más de CO2 que antes del inicio de la era industrial. Hace unos 200 años, no se superaban las 280 partes de carbono por millón (ppm), un índice promedio que se ha mantenido durante los últimos 10.000 años. Hoy se superan las 410 ppm (se mide en un observatorio que hay en Manuna Loa). Durante la segunda mitad del siglo XX, este proceso se ha acelerado. La crisis económica mundial dio un cierto respiro al planeta, sobre todo entre 2008 y 2013. Pero los siete últimos años han sido demoledores.

“Los niveles de CO2 continúan creciendo a un ritmo récord de todos los tiempos porque la quema de carbón, petróleo y gas natural también ha alcanzado niveles récord”, aseguraba Pieter Tans, científico principal de la Red de Referencia Global de Gases de Efecto Invernadero de la NOAA el año pasado. “Las emisiones de hoy todavía atraparán el calor en la atmósfera dentro de miles de años”.

¿De dónde proceden las emisiones de CO2

Atrás quedaron los tiempos en que los volcanes inyectaban la mayoría del CO2 a la atmósfera. A nivel global, la mitad del CO2 de origen humano procede de la quema de combustibles para producir electricidad. Le sigue la quema de carburantes  para el transporte (20%) –aviones y automóviles, sobre todo– y los procesos de la industria (19%). En España, el peso del transporte es más importante: más de un 35%. El IEA del Banco Mundial recoge estos datos:

¿Qué países emiten más CO2?

A lo largo de los últimos 200 años, los países industrializados han encabezado las emisiones de CO2. Las fábricas del Reino Unido, primero, y el sector secundario y del transporte de EE.UU, después, han marcado el pulso mundial hasta la irrupción de China en el tablero. La quema de combustible para la producción de energía en este país bate todos los récords. El 28% de todas las emisiones de este origen vienen de China. Le siguen los Estados Unidos (15%), la Unión Europea e (10%) y la India (6).

Hay, sin embargo, un truco. El mercado de emisiones. Cada país puede comprar a otro los límites de toneladas de CO2 que puede emitir. Este es un mercado volátil, como la bolsa. El precio de la tonelada puede pasar de 40 euros a 5 euros.

El mercado global es cambiante y eso tiene consecuencias. En 2018, un equipo de la Universidad East Anglia (Reino Unido) se dio cuenta de que el progresivo aumento entre los llamados países del sur estaba alterando el mercado de cuotas y emisiones de CO2.

Según su estudio, publicado en Nature Communications, el comercio sur-sur se duplicó entre 2004 y 2011. Algunas industrias o procesos se están trasladando de China o la India a países como Indonesia, Vietnam y Tailandia, en particular para la producción de materias primas que suponen mucho consumo de energía.

A su vez, el crecimiento de las emisiones de CO2 incluidas en las exportaciones chinas se ha desacelerado o revertido, mientras que las emisiones incorporadas en las exportaciones, como los textiles, de regiones menos desarrolladas como Vietnam y Bangladesh han aumentado. Es decir, hay procesos que se hacen lejos de las plantas de ensamblaje. Se produce consumiendo mucha energía y luego se gasta aún más en el transporte de esas materias procesadas.

Un caso paradigmático es el de los minerales necesarios para fabricar teléfonos móviles. Se extraen en África, pero terminan en China. Para el país asiático, ésta es su primera importación industrial.

¿Hay vuelta atrás?

Es un tema complejo. Los esfuerzos internacionales por reducir las emisiones (desde el Protocolo de Kioto al Acuerdo de París) no se están traduciendo en caídas en los índices de CO2. Ni aparatos más eficientes, ni procesos más ‘ecológicos’, ni un incremento notable en el uso de fuentes renovables. La presencia de carbono sigue aumentando.

Los incrementos bruscos de CO2, tras las extinciones masivas

os rápidos incrementos de CO2 en la prehistoria coincidieron con extinciones masivas; ahora se está viviendo un episodio similar y 50 expertos advierten que nos enfrentamos a la sexta extinción masiva.

El problema es que una vez se libera CO2, el proceso contaminante se retroalimenta. La temperatura sube y los mares se acidifican, liberándose más CO2. Por eso el Acuerdo de París es claro: hay que dejar las emisiones a cero antes de que acabe el siglo (los modelos matemáticos dicen que no llegaremos a eso hasta 2150). Dicho de otro modo: hay que cambiar el modelo productivo global. Y eso no es precisamente fácil. Estados Unidos, que se disputa con China encabezar el escalafón contaminante,  directamente no quiere saber nada de ello, saliéndose de tal acuerdo.

Si hablamos de emergencia climática es porque no estamos siquiera seguros de que nos dé tiempo a actuar, antes de que las consecuencias del calentamiento global sean irreversibles. Hay modelos matemáticos como éste, publicado en Nature Climate Change, que marca 2030 como año para que las emisiones de CO2 sean neutras (que emitamos tanto como el planeta pueda absorber y neutralizar).

El equipo de Jonathan Lamontagne, de la Universidad de Tufts (EE.UU.), metió en un superordenador millones de variables (población futura, costumbres de transporte y consumo, migraciones, etc.) y dibujó más de 5 millones de mundos futuros posibles. En la inmensa mayoría, todo se veía bastante negro: 2ºC de aumento de temperatura global. A partir de ahí, las consecuencias de un cambio en el clima son irreversibles e imprevisibles. Aunque sí sabemos que, con total seguridad, habrá una sexta extinción masiva de especies.

2 Comentarios

  • «El CO2, dióxido de carbono o, simplificando mucho, ‘carbono’, es el principal gas de efecto invernadero.» es FALSO.
    El principal gas de «efecto invernadero» es el vapor de agua. Tanto en cantidad como en la capacidad de crear el «efecto invernadero» (absorción/emisión de radiación).
    La concentración de vapor de agua en la atmósfera es de 0,9%, la de CO2 0,04 %.

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