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Pasar el sarampión borra parte de la memoria inmunitaria
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Pasar el sarampión borra parte de la memoria inmunitaria

El sarampión es más dañino de lo que se creía. Descubren que quien se infecta puede perder hasta el 73% de los anticuerpos que recuerdan a otros virus padecidos. No vacunarse sobreexpone a las personas a otras infecciones.

Tradicionalmente se ha sostenido que hay dos maneras de estar a salvo de padecer el sarampión: vacunarse o haberlo pasado. Sin embargo, la segunda posibilidad tiene unas consecuencias negativas para el sistema inmunitario: borra parte de su memoria protectora.

Un análisis de sangre de 77 niños no vacunados antes y después de un brote de sarampión en los Países Bajos reveló que el virus elimina la memoria del cuerpo de patógenos anteriores. El sarampión eliminó entre el 11 y el 73 por ciento de los anticuerpos protectores de los pequeños, según acaba de publicar en Science Inmmunilogy un equipo del Instituto Médico Howard Hughes (EE.UU.).

«Hemos encontrado pruebas realmente sólidas de que el virus del sarampión en realidad está destruyendo el sistema inmunitario», explica el doctor Stephen Elledge, coautor del trabajo.

El virus que causa el sarampión es uno de los más contagiosos que la ciencia haya visto. Antes del desarrollo de una vacuna en 1963, el sarampión causaba entre tres y cuatro millones de casos en los Estados Unidos cada año. En España, justo antes de que se implantase la vacuna triple vírica, se registraron más de 145.000, en 1980.

Evolución del sarampión en España (2006-2018) | ISCII
Evolución del sarampión en España (2006-2018) | ISCII

Tras quedar erradicado oficialmente en 2016, el sarampión ha resurgido, a menudo a través de comunidades en ‘exclusión social’ y, en menor medida, por movimientos antivacunas.

Este estudio demuestra que “en algunos individuos el sarampión no sólo borraría nuestra memoria inmunológica, sino que limitaría nuestra capacidad de construir una nueva inmunidad”, indica Velislava Petrova, del Sange Institute, en conversación con Sinc.

Expuestos a otras infecciones durante tres años

Estudios anteriores habían insinuado que los efectos de la enfermedad se extienden mucho más allá de la infección. El sarampión podría suprimir el sistema inmunitario de las personas infectadas durante dos o tres años, haciéndolas susceptibles a otras enfermedades, tal y como se publicó en un informe de 2015 firmado coautor del actual estudio Michael Mina (Universidad de Harvard).

Los investigadores habían planteado la hipótesis de que el sarampión podría causar una especie de «amnesia inmune», donde el cuerpo olvida los patógenos que ya había visto.

La vacunación contra el sarampión no sólo protege contra este virus, sino también, indirectamente, contra otras enfermedades.

El grupo de Elledge confirmó la hipótesis hasta cierto punto ‘por casualidad’. Estaban ajustando una tecnología llamada VirScan, una herramienta que identifica todos los virus que ha conocido una personas con sólo una gota de sangre.

VirScan puede detectar anticuerpos contra el VIH, la gripe, el herpes y cientos de otros virus. «Pero nos costó mucho detectar el sarampión», dice.

Para las personas vacunadas hace décadas, la cantidad de anticuerpos contra el sarampión en la sangre puede ser tan baja que VirScan tiene muchos problemas para detectarla. Así que Elledge se asoció con Mina y Rik de Swart (@RLdeSwart), del Centro Médico de la Universidad Erasmo de Róterdam (Países Bajos), para analizar muestras de niños recientemente infectados.

La reducción de las tasas de vacunación no sólo provoca repuntes de sarampión. También podría provocar un incremento de otras infecciones como gripe, tuberculosis o difteria, incluso en personas que antes estaban protegidas. 

Nuestra historia vírica, en una gota de sangre

En 2013, el equipo de De Swart, en Rotterdam, había recogido sangre de niños no vacunados en una comunidad protestante ortodoxa en los Países Bajos, con el consentimiento de los padres de los niños. Se da la circunstancia de que en la comunidad de ortodoxos holandesa es habitual la aparición de epidemias de sarampión, según estudios previos.

Más tarde, se produjo una epidemia de sarampión, y los investigadores regresaron para recolectar otro conjunto de muestras de sangre. El tiempo promedio entre las recogidas de muestras fue de diez semanas.

Vacunación | Tina Franklin (CC-BY)

Si naciste en los 70, quizás debas vacunarte contra el sarampión

la OMS ha apuntado a los mitos
antivacunas como factor del repunte del sarampión. España mira a quienes tienen entre 40 y 50 años que podrían no estar protegidos sin saberlo.

Años después, Elledge analizó las muestras usando VirScan. Su equipo no tuvo problemas para detectar los anticuerpos contra el sarampión, una señal de que la tecnología funcionó según lo previsto. Pero sí notaron algo peculiar: los otros anticuerpos de los niños parecían estar desapareciendo.

Los investigadores repitieron el experimento en cuatro macacos, esta vez recogiendo muestras de sangre antes y hasta cinco meses después de la infección. Los resultados fueron aún más claros. Los monos perdieron, en promedio, del 40 al 60 por ciento de los anticuerpos que los protegen de otros patógenos.

Elledge cree que las cifras no hubieran sido muy diferentes similares en los niños si el equipo los hubiera probado nuevamente más tarde. Lleva tiempo que los anticuerpos se desvanezcan de la sangre.

Cuatro mitos sobre vacunas

1. Las vacunas causan autismo: FALSO

Esta afirmación se basa en la premisa de que desde la introducción de los programas de vacunación masiva se diagnostican más casos de autismo. Pero, según la Asociación Española de Pediatría, lo único cierto es que no hay ninguna prueba, hoy en día, que relacione la vacunación con estas enfermedades.

Correlación no supone causalidad. «Si así fuera, podríamos hacer responsables a los programas de vacunación de la llegada del hombre a la luna o del cambio climático», aseguran desde la Asociación.

Un estudio, ya retirado, que data de 1998. Andrew Wakefield, entonces doctor en Reino Unido, colocó un artículo en The Lancet, en donde tras estudiar a una docena de niños, asociaba la vacuna triple vírica con el autismo. Dos años después, el Colegio General Médico Británico indagó sobre su trabajo y acabó retirándole la licencia de médico. Había ocultado sus conflictos de intereses y los resultados estaban cargados de sesgos.

Por si hubiese dudas, se han realizado estudios específicos al respecto. Y, no. No provocan autismo.

2. Las vacunas tienen mercurio: FALSO

Hoy en día, ninguna de las vacunas que se utilizan en los calendarios vacunales contiene etilmercurio. Esta sustancia estaba presente en la timerosal, un conservante antimicrobiano que sí se usó durante un tiempo.

No se ha podido demostrar que el timerosal o tiomersal, incluido en las vacunas, interfiriera con el desarrollo cerebral del feto o el lactante. Tampoco se ha demostrado una relación con enfermedades, como el autismo, o con el retraso del desarrollo psicomotor. Pese a todo, dejó de usarse en vacunas vivas.

3. Ponerse muchas vacunas estresa al sistema inmunitario: FALSO

Según recuerda la Asociación Española de Pediatría, una persona, en su infancia, se enfrenta a 126 antígenos durante el programa vacunal. ¿Muchos ‘bichitos’?

Pues bien, cuando una persona tiene un resfriado común se expone a entre 4 y 10 antígenos. Si padece una laringitis, se expone a entre 25 y 50 antígenos de una vez. Multipliquemos por el número de enfermedades respiratorios (catarros, por ejemplos) que padece un individuo durante su infancia.

Estudios concretos han demostrado que no se produce tal ‘efecto sobrecarga’ al ponerse todas las vacunas incluidas en la cartilla oficial.

4. No es necesario ponerse vacunas. Las enfermedades ya fueron erradicadas: FALSO

Técnicamente, una enfermedad erradicada no es una enfermedad desaparecida.

Aunque la mayoría de las enfermedades prevenibles se presentan de forma cíclica, la introducción de las vacunaciones masivas ha marcado un punto de inflexión en la caída de las infecciones.

Se ha demostrado que caídas relativamente pequeñas en las cifras de vacunación se traducen el reapariciones y repuntes en enfermedades, como la tos ferina en Japón o Suecia.

La mayoría de los efectos adversos producidos por la vacunación son leves y transitorios. Suelen limitarse a dolor pasajero o tumefacción en el lugar del pinchazo.

La causa puede estar en la propia vacuna, a los conservantes que se incluyen para mantenerla estable, los antibióticos que se añaden en ocasiones para evitar su contaminación o a otras sustancias presentes en algunas vacunas.

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