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Mar Gómez y el ‘último día’ de la Tierra: “La geoingeniería es un parche para prorrogar los combustibles fósiles”

Mar Gómez | eltiempo.es
Mar Gómez | eltiempo.es
Tiempo de lectura: 12 min

“El tiempo se acaba”. Es ya casi un cliché repetido en cada inicio de las cumbres del clima, desde que el secretario general de la ONU usara la expresión por primera vez en Madrid, en la COP19. La polisemia de la lengua española ha querido que el tiempo (meteorológico) no haya terminado de darnos sorpresas y disgustos en estos siete años. El reloj climático se está acelerando con fenómenos cada vez más extremos. ¿Acaso el tiempo no se acabó? ¿Acaso no tenemos una tecnología capaz de parar en seco esta cuenta regresiva, como quien corta el cable correcto de una bomba de relojería? Algunos la llaman geoingeniería. Pero esta palabra se mueve entre la ciencia, la conspiración y el conspiracionismo.

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Tras la dana de octubre de 2024, las redes sociales se llenaron de mensajes que atribuían la catástrofe a la “siembra de nubes” o a una “geoingeniería” difusa. Newtral.es lo desmintió. La conspiración se apoya, eso sí, en conceptos reales. La siembra de nubes y la inyección estratosférica de aerosoles existen, y el Panel Experto del Clima de la ONU (IPCC) las menciona en su sexto informe como técnicas de geoingeniería. La gran pregunta es si pueden hacernos ganar tiempo frente al clima que viene. Para la física y meteoróloga Mar Gómez (Madrid, 1985), la geoingeniería “es un parche” frente al tic tac de la bomba de relojería en que se ha convertido la Tierra actual.

Gómez acaba de publicar El Tic tac climático, donde la crisis climática se convierte en un reloj cuya alarma final está a punto de sonar. ¿Estamos despertando o le estamos dando al botón de posponer recurrentemente? En general, “fiar la solución a los problemas de la emergencia climática a la tecnología del futuro es algo irresponsable”. Buen ejemplo es el de la geoingeniería. “Un parche para continuar emitiendo gases de efecto invernadero”.

La geoingeniería es real. Lo que dicen que se hace con ella, no.

La geoingeniería atmosférica se basa en técnicas que pretenden alterar a gran escala el sistema climático (o la meteorología en un lugar concreto), a partir de la introducción de sustancias químicas o elementos físicos en la atmósfera. Se ha planteado para frenar el calentamiento, bien capturando CO2, bien reflejando radiación solar. El término lo acuñó el físico italiano Cesare Marchetti en su paper de 1977 On geoengineering and the CO2 problem.

Mar Gómez pone un ejemplo inspirado en la naturaleza: una inyección estratosférica imita la nube de aerosoles que dejan las grandes erupciones para enfriar el planeta. Cuando el ser humano mete la mano en la atmósfera, recalca, “las consecuencias pueden ser impredecibles”. Newtral.es ha desmontado también el supuesto rociado con chemtrails desde aviones, un bulo recurrente que se viraliza tras cada catástrofe.

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Grabamos el último capítulo de Esto no ha pasado en una de esas mesas monolíticas de ajedrez que hay en algunos parques. La partida contra el calentamiento global no va a quedar en tablas por muchos inventos que despleguemos, señala Gómez. “Cada vez hay menos ventana de oportunidad para sentarse en un parque a disfrutar”. O bien hace mucho frío o lluvia o bien hace mucho calor.

“Los veranos se han alargado, se están comiendo esas inter-estaciones”, explica. Las noches tropicales y tórridas se han triplicado, y en las grandes ciudades el efecto isla de calor agrava lo que casi 10.000 muertes prematuras por calor extremo en España en los últimos tres años retratan en cifras. A eso se suma el daño que el calor extremo está haciendo en el arbolado que ofrece sombra. Cada primavera quedan más ramas sin brotar en algunos ejemplares, sometidos al estrés de la sequía o el calor extremo del año anterior.

Un horno a fuego rápido

En Tic-tac climático, Gómez condensa la historia de la Tierra en 24 horas. La vida emerge a las cuatro de la madrugada y la humanidad llega dos minutos antes de medianoche. La revolución industrial ocupa apenas los últimos segundos. “Cuando enciendes un horno a fuego progresivo, la comida sale en su punto. Si lo enciendes a tope, se quema”, resume.

La ciencia midió ese cronómetro casi a la vez. En 1856, la científica Eunice N. Foote publicó Circumstances Affecting the Heat of Sun’s Rays en American Journal of Science and Arts. Con dos cilindros, dos termómetros y una bomba de aire en su laboratorio doméstico, demostró que el dióxido de carbono atrapaba más calor del sol que el aire común y dejó escrita una frase premonitoria: “Una atmósfera de ese gas daría a nuestra Tierra una temperatura alta”.

  • Mujeres olvidadas en el reloj climático: Foote no pudo presentar sus tesis públicamente porque las instituciones de Alabama no aceptaban ponentes mujeres. Lo presentó por ella el profesor Joseph Henry. Tres años después, el irlandés John Tyndall llegó a la misma conclusión y se llevó el crédito durante más de un siglo. “Fue una gran olvidada de la ciencia”, reivindica Gómez, quien no niega que ser mujer ha sido siempre un lastre para ser tenida en cuenta. En ciencias del clima y el tiempo, si cabe, más, como demostró el año pasado un estudio de la FECYT.
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“Creo que a mediados de siglo sobrepasaremos los +2ºC”

El cronómetro avanza rápido. Entre 2023 y 2024, once meses consecutivos registraron una temperatura media global por encima de los 1,5ºC respecto a la era preindustrial. “Soy realista. Creo que a mediados de siglo lo vamos a sobrepasar”, calcula. ¿Qué pasaría tras rebasar los 2ºC en España?

El Acuerdo de París (2915) se comprometió a mantener el aumento de la temperatura media global “muy por debajo” de +2ºC respecto a los niveles preindustriales, mejor aún si no se rebasan los +1,5ºC. El planeta está ya de 1,2ºC más caliente que hace un siglo y medio y la trayectoria apunta a unos +3ºC a final de siglo si no se frenan las emisiones. Mar Gómez calcula que el umbral de +1,5ºC se sobrepasará de forma sostenida hacia mediados de siglo. A partir de ahí, ¿cómo serían los siguientes minutos metafóricos de la partida climática?

Minuto 1: Veranos de 45ºC seguidos de inundaciones

En España, rebasar los +2ºC de media global consolidaría veranos con máximas habituales de 45ºC, noches tropicales como rutina y un Mediterráneo insoportablemente caliente y cargado de humedad y energía. Las lluvias torrenciales superarían en intensidad a las observadas en lo que va de siglo, con riesgo creciente para la vida humana en zonas costeras. Hasta las cosechas de secano y los recursos hídricos se tensionarían, lo que dispararía el precio de los alimentos. Dos tercios del país, estima Gómez, quedarían gravemente expuestos a la desertización (no quiere decir que se convierta en un desierto de arena). El sudeste, hoy semiárido, viraría hacia un clima muy árido y empujaría desplazamientos internos. A escala global, los modelos del IPCC describen aumentos no lineales de los fenómenos extremos por cada décima que sube la temperatura media.

Minuto 60: Lo imprevisible cada día, la extinción es posible

A medida que el reloj avanza, la predicción se complica. ¿Acaso fue llamativa la borrasca Filomena? Pues “tendríamos fenómenos meteorológicos que no hemos visto hasta ahora y con un grado de intensidad mucho más severo”, advierte Gómez. La atmósfera es un sistema caótico, recuerda, y el efecto mariposa también opera en el sistema climático. Aquí entran en juego los puntos de inflexión que Newtral.es ya recogió a partir del informe Global Tipping Points de Exeter: colapso de los corales, pérdida de los glaciares de Groenlandia y la Antártida occidental, deshielo del permafrost… Y un ralentizamiento severo de la corriente de retorno del Atlántico. Su debilidad documenta un trabajo reciente en Nature Communications Earth & Environment, que podría enfriar Europa al tiempo que el resto del planeta arde.

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¿Se puede parar el cronómetro?

La pandemia funcionó como un experimento involuntario: el mundo se paró y el planeta siguió calentándose. “El sistema climático tiene una inercia, sobre todo los océanos”, explica Gómez. Las masas oceánicas tienen una enorme capacidad calorífica y liberan ese calor durante décadas. Frenar las emisiones hoy no detendría el termómetro mañana, pero sí limitaría el ritmo de subida y la magnitud final. La receta del IPCC es conocida: alcanzar la neutralidad de carbono (que todo lo que emitamos se compense) a mediados de siglo, dejando atrás los combustibles fósiles.

¿Se puede retrasar el reloj?


Aquí entra la geoingeniería, en sus dos tipos. La captura y eliminación de CO2 busca extraer el gas ya emitido. La modificación de la radiación solar (SRM), con técnicas como la inyección estratosférica de aerosoles o el blanqueamiento de nubes marinas, pretende reflejar más luz al espacio. El IPCC asume su existencia, aunque advierte de incertidumbres y posibles efectos colaterales: alteraciones en los monzones, sequías regionales, dependencia tecnológica y la tentación de seguir emitiendo gracias al parche. “Tenemos que ir a la raíz del problema. Es como en terapia médica o psicológica”, apunta. El cronómetro se puede ralentizar, pero no engañar.

El termómetro de la salud de la mujer

El informe Lancet Countdown 2025, revisado por 128 expertos, marca récords negativos en 12 de sus 20 indicadores: la mortalidad global por calor creció un 23% desde los noventa. A Gómez le impacta especialmente un estudio de la Comunidad de Madrid publicado en Science of the Total Environment por Belén Sanz-Barbero y su equipo del Instituto de Salud Carlos III: por cada grado por encima de los 34ºC, los feminicidios dentro de la pareja aumentan un 28,8% sobre la media. Sanz-Barbero subraya que el calor precipita agresiones cuya causa de fondo es el machismo.

Las mujeres son, además, más vulnerables en regiones que afrontan migración climática, como el Cuerno de África, donde recorrer kilómetros buscando agua las expone a asaltos y violencia sexual. A las mujeres que hacen ciencia del clima, añade Gómez, se les cuestiona “sobre todo la formación”. La chica del tiempo, como apelativo despectivo, es una etiqueta común. Reivindicar a Foote, 170 años después, también forma parte del trabajo. El reloj sigue. “El planeta se recuperará, lo ha hecho de situaciones más extremas. Nosotros queremos seguir aquí”.

Créditos del capítulo > Dirección y diseño sonoro: Mario Viciosa | Producción: Laura Huete | Imagen: Ximo Ferrández


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