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Ni las plantas te roban oxígeno ni purifican el aire… salvo que sean mutantes
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Ni las plantas te roban oxígeno ni purifican el aire… salvo que sean mutantes

Un nuevo estudio minimiza la capacidad de las plantas para limpiar el aire de compuestos volátiles, aunque tampoco compiten por nuestro oxígeno. Te contamos el origen del mito, que está en la NASA.

Cosecha espacial de zinias | NASA

No es difícil ver en algunos centros de jardinería plantas prometiendo que «purifican en aire» o cactus que «nos protegen de ondas perjudiciales». Lo segundo carece de toda base científica. Lo primero, sí. Pero su efecto es limitadísimo, según ha corroborado un nuevo estudio recién publicado en Nature.

«Las plantas en macetas han demostrado su capacidad para eliminar compuestos orgánicos volátiles (COV) en el aire, en habitaciones pequeñas y selladas durante muchas horas o días«, explican los autores del trabajo, liderados por Michael Waring, de Departamento de Ingeniería Civil, Arquitectónica y Ambiental de la Universidad de Drexel (EE.UU.). Pero no purifican o limpian.

Nada tan eficaz como ventilar, abrir puertas y ventanas o usar filtros. «En una oficina pequeña, tendrías que tener entre 100 y 1.000 plantas para lograr el mismo efecto purificador del aire que proporciona una ventilación cada hora», ha señalado Waring, tras revisar 12 estudios previos y 196 experimentos.

Waring recalca la idea de que el poder vegetal para devorar esos COV (desde vapores de pinturas, disolventes, antipolillas, etc. a gases muy volátiles como el butano o el gas natural) aplica a recintos «pequeños y cerrados». Como una nave espacial.

El mito que nació en la NASA

Resulta que fue en el espacio donde se empezó a trabajar con la idea de que ciertas plantas pueden ayudar a «limpiar el aire». Tras esta idea estuvo durante años el ingeniero químico Bill Wolverton, que terminó en la NASA tras pasar por la fuerza naval estadounidense en los años de la Guerra de Vietnam.

Bill Wolverton descubrió que una plantas silvestres estaban limpiado los restos de agente naranja con los que experimentaba el Ejército

A finales de los sesenta, era director científico de un centro de experimentación del Ejército para la guerra biológica en Florida. Un día empezó a observar que había un pequeño pantano cerca en el que los restos del agente naranja con que trabajaban, directamente, desaparecían.

Había un tipo de plantas que eran capaces de eliminar esos vertidos, así que vio una oportunidad para desarrollar una tecnología civil de plantas come-químicos. Y miró al espacio.

La primera flor nacida en el espacio, una cinia en la EEI | NASA/ESA

Según explican desde la propia NASA, en 1971 se mudó al Centro de Pruebas de Mississippi, fundando lo que luego sería el Programa de Garantía Ambiental Stennis de la agencia espacial.

En puertas de inaugurarse el SkyLab –precedente de la Estación Espacial Internacional– los astronautas podían pasar mucho tiempo en el espacio sin, lógicamente, ventilación natural. Durante más de una década se dedicó a experimentar el potencial de las plantas de interior en espacios confinados. Publicó, hace ahora justo 30 años, un documento que fue el origen del mito.

En él se detallaba qué plantas podían ser útiles para renovar el confinado aire de las naves o estaciones orbitales. Las gerberas, las drácenas marginatas o los espatifilos resultaron muy eficaces en la eliminación conjunta de benceno y tricloretileno. Pero eso, en entornos de laboratorio y pensando en el espacio.

Hoy es habitual cultivar plantas en el espacio, también a nivel experimental. Fundamentalmente, para utilizarlas como comida en futuras misiones tripuladas a la Luna o a otros planetas. En 2016 brotó la primera flor del espacio, como te contamos en este vídeo:

Entonces, ¿puedo dormir con plantas?

Los vegetales, gracias a su clorofila, fabrican su alimento a partir de la luz solar (fotosíntesis), el agua, minerales, CO2 y oxígeno. El producto de ese metabolismo es, mayoritariamente, el oxígeno que respiramos: O2. Pero, además, pueden absorber algunos de esos COV.

En ausencia de luz, las plantas no realizan la fotosíntesis, pero sí respiran. Lo que ocurre es que la tasa necesaria de oxígeno es mucho menor a la de los humanos.

Si dormir con una planta fuera peligroso, hacerlo con otra persona o una mascota supondría la muerte.

A lo largo de una noche típica, una persona consume entre el 2% y el 3% del O2 de una habitación cerrada de 20m2. Una planta en maceta no llega ni al 0,1%, también con los experimentos de la NASA en la mano.

Si dormir con una planta fuera peligroso, hacerlo con otra persona o una mascota supondría la asfixia mutua. Este cálculo, que es ya un clásico, viene recogido por Martin Gent en su edición de 70 preguntas curiosas… (Siruela, 2013).

De ahí, a decir que las plantas ayudan a dormir… No hay ningún estudio científico que demuestre tal cosa, como tampoco tiene efecto purificador del aire durante la noche.

La historia del poto transgénico y fluorescente

Queda claro que las plantas no purifican el aire suficientemente rápido. Pero, ¿se las puede acelerar? Con ingeniería genética y un poto (Epipremnum aureum), sí.

En el trabajo publicado en 1989 por Wolverton no se trabajó con esta trepadora tan común en los interiores de medio mundo y propia de las selvas tropicales. Pero sí la mencionó, como un posible aliado, junto a biofiltros, para «eliminar humo de cigarrillos, restos de disolventes e, incluso, el (radiactivo) gas radón en los hogares».

Ilustración dentro del paper de la NASA de 1989 sobre la posibilidad de que las plantas de interior purifiquen el aire | NASA, Wolverton

En 2018, un equipo de la Universidad de Washington creó un poto trasgénico capaz de ‘digerir’ cloroformo y benceno en apenas tres días, frente a los 11 de sus compañeras sin modificaciones genéticas.

A un poto trepador común le insertaron una proteína llamada citocromo P450 2E1, una sustancia presente en el hígado humano y entra en acción cuando bebemos alcohol. El 2E1 convierte el benceno en un producto llamado fenol; el cloroformo termina siendo dióxido de carbono e iones de cloruro. Habían creado un hígado verde.

Crearon un poto con gen sintético de conejo para que absorbiese contaminantes mucho más rápido.

Los investigadores, liderados por el profesor Stuart Strand, crearon una versión sintética del gen mamífero de la 2E1. Luego lo introdujeron en el poto para que cada célula de la planta expresara la proteína. Este tipo de planta no florece, por lo que los superpotos no podrán propagarse a través del polen.

Negocio redondo… o no tanto. Canadá autorizó a finales de 2018 la comercialización del poto de Strand. Le añadieron también otra proteína para que la planta brille en la oscuridad. Por ello algunos lo llamaron el poto mutante. En principio, se reproduce por esquejes, o sea, clones del original con sus mismas cualidades.

Pero conviene recordar que un mutante no es un transgénico. Un ser vivo con mutaciones simplemente tiene cambiadas las letras de uno o varios genes.

En los transgénicos, directamente, se insertan genes completos de la misma u otra especie o reino. En el caso del poto devoraquímicos le metieron el de un conejo.

Se desconoce si hay versiones mutantes en la naturaleza que hagan lo mismo. Por el momento, es el único tipo de planta que ‘limpia’ el aire con cierta velocidad. Eso, pese a que Wolverton, que dejó la NASA, sigue vendiendo (literalmente) la idea de cosechar aire.

Fundó una empresa de consultoría e investigación llamada Wolverton Environmental y comercializa filtros (de eficacia probada) en combinación con plantas para limpiar entornos de formaldehído.

Poto común, planta a la que se hizo mutar para purificar el aire | M.V.

Su producto se usó en el contexto de la ayuda humanitaria a las víctimas del huracán Katrina, donde se vio que en los remolques había una alta cantidad de este compuesto químico.

El equipo de Michael Waring cree que hay que seguir investigando con plantas en habitaciones selladas. Descubrir cómo las plantas filtran los COV en interiores «podría ser útil para los ‘biopurificadores’, que extraen mecánicamente el aire a través de un sustrato poroso para las plantas».

Dice Waring que «llenar la casa con plantas puede hacer que nos sintamos genial, pero no tenemos que hacerlo sólo por su impacto en la calidad del aire». Salvo que vivamos en el espacio.

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