Indicadores de Planeta finito: el pulso de la Tierra

En Planeta Finito tomamos el pulso al clima. Hay varios indicadores que nos dan algunas pistas de cómo de grave es la emergencia climática y la contaminación que afecta a la salud de los ecosistemas y de las personas. Hemos seleccionado una serie de indicadores clave en los que la ciencia se suele fijar:

Anomalía de temperatura global

Que haga calor es normal en verano. Que cada vez haga más calor, no. Las olas de calor han aumentado su frecuencia en los estíos del hemisferio norte, particularmente en la península ibérica. Eso empuja al alza las medias y normales de temperatura global. Los años más cálidos se acumulan en la última década.

Cada vez hay más veranos (en rojo) con más grados por encima del promedio del siglo o de los últimos años. La Organización Meteorológica Mundial aporta estos análisis. La fuente de nuestra gráfica es la UEA.

En nuestra tira de datos también te mostramos las temperaturas máximas y mínimas del día anterior reportadas por AEMET.

Precipitación

Mostramos también la precipitación máxima en milímetros cúbicos de en España; en rojo, si crece respecto al registro anterior.

En España, la sequía es el principal elemento característico de buena parte de nuestro clima que agrava la emergencia climática. Más de un 70% del territorio está en riesgo de desertización.

Si bien no parece que las precipitaciones, de media, hayan descendido especialmente en los últimos años, si hay modelos climáticos que anticipan menos lluvia y nieve distribuida en otoño y primavera, y concentraciones muy puntuales de lluvia torrencial, agravadas por el calentamiento del Mediterráneo.

Monóxido de carbono y nitrógeno (CO y NO)

No es tanto un indicador del calentamiento global como de la calidad del aire en un punto. Es uno de los contaminantes tóxicos procedentes de calderas de carbón y, sobre todo, vehículos de motor térmico.

En nuestra tira de datos, aparece en rojo si crece respecto al día anterior y en verde si decrece.

Los datos provienen de la estación medidora del Ayuntamiento en las Escuelas Aguirre de Madrid, la ciudad con mayores problemas y personas afectadas por este contaminante en España. También de Eixample, en Barcelona.

Dióxido de nitrógeno (NO2) y Ozono (03)

Como en el caso anterior, el dióxido de nitrógeno es un peligroso contaminante para la salud. Su papel se ejerce más allá de la ciudad, puesto que, si no queda atrapado en las famosas boinas de contaminación, propias del invierno anticiclónico, viaja a la periferia y se transforma por el camino.

Los óxidos de nitrógeno, por la acción de la radiación solar, terminan rompiéndose y reaccionando con el oxígeno del aire. se forma así otro contaminante típico de la periferia de las ciudades: el ozono troposférico.

PM e hidrocarburos

El material particulado o partículas en suspensión (PM) es lo que antes se conocía como hollín o carbonilla. A diferencia de gases incoloros, como el CO o el CO2, las PM son visibles: el típico rastro negruzco que se deposita sobre las fachadas o cortezas de árboles de las ciudades.

Hay de dos tipos: las PM10, más grandes; y las PM2,5. El número indica nos indica el máximo de tamaño de la partícula, medido en micras. Cuanto más pequeñas, más peligrosas, porque pueden atravesar los alveolos pulmonares y pasar al torrente sanguíneo.

100 veces más delgadas que un cabello humano, atraviesan los filtros de motores o industrias más antiguas, como puedes ver aquí que ocurre con un colador y harina:

Todos estos contaminantes, a los que se suman restos de hidrocarburos, típicos de la industria, o los volátiles (COV) tienen una incidencia demostrada sobre la salud respiratoria y cardiovascular.

Doce ciudades españolas superan los niveles admisibles recurrentemente. Barcelona, Valencia y Sevilla encabezan el ránking de ciudades españolas con mayor concentración de partículas PM2,5.

Metano (CH4)

El metano (CH4) es el principal gas de efecto invernadero procedente de las actividades agroganaderas. En su uso doméstico lo llamamos ‘gas natural’. El metano es un gas de efecto invernadero con unas 20 veces más capacidad que el CO2.

La mayoría procede de origen biológico: aguas estancadas con alta actividad bacteriana, además de los gases que proceden de los aparatos digestivos de rumiantes.

Una vez más, mostramos la concentración de metano o gas natural en la estación de Escuelas Aguirre de Madrid. En las ciudades, las fuentes más habituales de ‘gas natural’ son de origen industrial o vertederos de basura.

Aparatos de refrigeración son emisores de una parte. Dato curioso: cada Oktoberfest se disparan las concentraciones en Múnich.

Velocidad del viento

Los vientos parece que soplan con más intensidad. Puede ser otra de las consecuencias del calentamiento global, aún no muy clara. Sí sabemos que la emergencia climática está trayendo una relación más violenta entre los mares y sus vientos.

Las olas han ganado velocidad y altura en las últimas tres décadas, según una investigación de este 2019 publicada en Science. También sabemos que con un Atlántico más caliente se tienden a formar huracanes más potentes.

En España sólo tiene una ventaja –en tierra–: somos una potencia en generación de electricidad a partir de eólica. El dato que mostramos también procede de AEMET.

CO2: el gas a recortar

Por supuesto hay muchos otros indicadores. Del descenso de la cobertura de hielo, a la temperatura del los océanos, pasando por la gran cifra: la concentración de CO2 de la atmósfera.

Tendríamos que remontarnos a una Tierra joven, hace 3 millones de años, para encontrar tanto dióxido de carbono como entonces, procedente del interior del planeta, más caliente que ahora.

Aquí puedes ver el último registro mensual (tiende a aumentar tras los meses cálidos del hemisferio norte cada años):