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Mil años de DANA: ha habido y habrá peores ‘gotas frías’
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Mil años de DANA: ha habido y habrá peores ‘gotas frías’

La DANA que deriva a veces en el Mediterráneo la llamada ‘gota fría’ es un fenómeno documentado desde el siglo XI.  No todas las lluvias intensas se asocian a estas masas de aire. Un equipo español ha podido demostrar que la de 2019 no ha sido la peor de la historia, pero cada vez serán más devastadoras.


 

En el año del Señor de 1389, el día 27 de agosto cerca de la tarde se produjo una tormenta con tal cantidad de lluvia en la ciudad de Barcelona y su entorno que duró tres horas que destruyó un paño de la muralla de dicha ciudad detrás del monasterio de San Damián y de otras casas que había en las calles de Orbs (Puerta del Ángel) y Jucglar (Xuclà) y de otros lugares de Barcelona. Y destruyó y arrancó muchos viñedos. Y llenado de piedras y barro el Rec Comtal de tal manera que durante 12 días no pudo entrar agua a los molinos de la ciudad de Barcelona. (‘Gran Diluvica Barcelona’. Biblioteca Nacional de Catalunya. Octubre de 1381)

Hubo un tiempo en que llovía en latín. Aquí hemos traducido al castellano uno de los primeros textos oficiales en hablar de lo que ahora llamamos ‘gota fría’. Un término de la época del primer presentador del tiempo, Mariano Medina, pero que es bastante escurridizo. Casi tanto como el contemporáneo ‘DANA‘ (depresión aislada en niveles altos, una borrasca con una bolsa de aire frío a unos 5 km de altura).

La cuestión es que, con o sin DANA, las lluvias intensas y las inundaciones son acontecimientos bien conocidos por las gentes de la cuenca mediterránea y el valle del Ebro, como bien ha demostrado un equipo de investigadores de la Universidad Politécnica de Barcelona (UPC) liderados por David Pino.

Ha llovido más antes, pero quizás no con tanta rapidez

Pino lleva años buceando entre fangos pretéritos de lluvias y desbordamientos plasmados en escritos de hasta hace un milenio. «Documentos administrativos de las ciudades, notariales, eclesiásticos…» explica a Newtral por videoconferencia. «Muchos de los documentos son bastante precisos. Por ejemplo, el agua llegó hasta tal nivel de tantos pies en la casa número equis... Eran así porque la gente afectada solicitaba exenciones de impuestos a modo de indemnización».

Del archivo general de Simancas, al de Indias. La DANA siempre estuvo allí. O, más precisamente, lluvias extraordinarias y catastróficas, traducidas en riadas e inundaciones. Esto les ha permitido ver con total perspectiva el último y excepcional episodio de lluvias en la Vega Baja del Segura, Región de Murcia o Almería.

«En esa región ha llovido siempre y de manera concentrada en dos o tres meses (los de otoño)», explica Pino. Esta no es la mayor precipitación, «pero sí quizás la más rápida. Llueve mucho intensamente en un sitio, sin suficientes infraestructuras para canalizarlas», relativiza este físico, con los datos en la mano.

AEMET Comunidad Valenciana señaló esta semana que «las lluvias de estos días en la Vega Baja de Alicante probablemente sean las más catastróficas en 140 años en la comarca, desde octubre de 1879; tuvo un amplio eco en la prensa nacional e internacional e incluso desató una oleada de solidaridad internacional»; dejó 1.000 muertos. Eso sí, es poco probable que se de una ‘tomenta (tan) perfecta’ de factores en mucho tiempo.

En Valencia, Pino recuerda el caso de la lluvia de Oliva –no hubo DANA entonces– de 1987. En un día cayeron 817 litros por metro cuadrado. Lejos del registro histórico del presente episodio de San Javier, en Murcia, del día 13 al 14, con 250 l/m2.

4.000 inundaciones desde la Edad Media

El proyecto MEDIFLOOD (con colegas de universidades de Barcelona, Lleida, Murcia, Alicante y el Servicio Meteorológico de Cataluña) ha podido documentar de manera precisa inundaciones. «Hay que distinguir entre lo que llueve y los daños que provoca la lluvia. Tenemos datos de lo que llueve más recientes. En la época antigua, preinstrumental, podemos reconstruir la cantidad de lluvia a partir de los efectos». Explica Pino así el reto científico de evaluar cómo fueron las precipitaciones del pasado lejano.

Avenida del Ebro por Zaragoza en 1871 | Grabado de Laporta
Avenida del Ebro por Zaragoza en 1871 | Grabado de Laporta

Este trabajo de catalogación y clasificación ha registrado 14.500 casos de inundación por lluvias y desbordamientos de cauces desde el 3 de noviembre de 1035 hasta el 31 de julio de 2019. De ellos se han deducido 2.647 episodios de inundación en zonas cercanas al litoral de de Cataluña, Valencia, Murcia y Andalucía ( de casi 4.000 totales). Todo ha quedado recogido en nada menos que 7.600 páginas de documentación publicadas en la revista Global and Planetary Change.

Prepararse ante la emergencia climática

En AEMET han sido cautos estos días a la hora de atribuir estos episodios al cambio climático. Es cierto que este tipo de trabajos ayudan a dotar de perspectiva a largo plazo, que es lo que permite relacionar fenómenos con la emergencia climática. Sin embargo, se observan claras tendencias.

riada en AlemaniaLo que la emergencia climática depara: ríos desbordados en el noroeste y lluvia torrencial en el sur


Un Mediterráneo más caliente favorece una rápida evaporación y elevación de agua que puede chocar con aire frío en altura. Al llegar a tierra tiene más fácil caer en forma de lluvia, sobre todo en si hay montañas cerca de la costa.

En su trabajo, Pino y sus colegas recalcan que «se detectan diferentes oscilaciones climáticas relacionadas con la ‘Pequeña Edad de Hielo’ (siglos XIV y XIX). Además, detectamos una fuerte influencia de las infraestructuras de defensa y el crecimiento urbano que explican las tendencias recientes de inundaciones«. Y aquí está una de las claves. Da más igual si llueve más o menos –»sabemos que estamos en zonas con propensión a la sequía y que la tendencia es a que llueva menos»–. La cuestión es si las lluvias son más destructivas.

Como construir malos rascacielos en Japón o San Francisco

Curiosamente, una de las zonas anegadas en el último episodio de lluvias torrenciales, la Vega Baja del Segura, está fracturada desde sus entrañas. La falla que la recorre y que termina en las aguas de Guardamar provoca terremotos. Por fortuna, sin grandes daños. Desde hace más de un siglo, lo normal es ver casas de una o dos alturas a lo sumo. «Se adaptan», señala Pino en un símil entre seísmos y lluvias torrenciales.

«En Japón o San Francisco los edificios se diseñan para aguantar terremotos, ¿qué tipo de catástrofe queremos nosotros evitar?». Riadas e inundaciones, porque sabemos que «el cambio climático nos está indicando que vamos a precipitaciones muy intensas y de corta duración«.

Dos ocupantes de un vehículo son rescatados en Orihuela tras el paso de la Gota Fría. | Manuel Lorenzo (Efe)

Por otro lado, la manera en que ocupamos el territorio puede agravar los efectos de la lluvia. La ‘riada’ del ladrillo costero es una constante desde los años sesenta. Uno de sus trabajos llegó a una conclusión muy llamativa: Desde el año 1400, la práctica totalidad de ciudades estudiadas situadas en la desembocadura de un río ha crecido en población.

«Se ve que hay municipios donde la frecuencia de inundaciones catastróficas no aumenta y otros donde aumenta. Eso significa que hay algunos que lo han hecho bien y en otros municipios se han hecho las cosas no tan bien«, explica Pino con la mirada puesta en localidades que aún estos días achican agua y barro.

La construcción de estanques de tormentas en un ejemplo de cosa bien hecha, según este investigador. Ocurrió en la Barcelona de 1992. «No solemos ver inundaciones catastróficas en esta ciudad en tiempos recientes», a diferencia del documento que abre este reportaje y vídeo. Eso sí, reconoce que seguramente no hubieran podido con  lluvias como las actuales de la Vega Baja.

También el «hacer que se cumpla la ley» respetando los límites donde no debería haber edificaciones. Regiones inundables y línea de costa.

«Todas las proyecciones apuntan a que va a llover torrencialmente, más que antes. Es una combinación terrible porque la sequía aumenta, pero la lluvia no servirá para paliarla. Será una lluvia devastadora». Así que «tenemos que adaptarnos. En la vertiente mediterránea hemos aumentado dramáticamente la exposición y la vulnerabilidad por su atractivo turístico. Es difícil llegar a un acuerdo entre el desarrollo de una región y paliar los efectos de las lluvias».

Este es un fenómeno relativamente reciente. El desarrollismo de los años sesenta del siglo XX no tuvo suficientemente en cuenta las regiones propensas a la inundación, tal y como se muestra en este otro trabajo anterior, que se centra en lo ocurrido entre 1960 y 2015 en el litoral mediterráneo.

Lo que no duda es que si no se actúa, habrá consecuencias. Y mira de nuevo hacia los manuscritos antiguos. La crisis climática de mediados del siglo XVIII (no tan rápida como la actual) derivó en sequías, hambrunas y revoluciones en Europa.  Primero son las lluvias en el cielo. Luego, las aguas revueltas en las sociedades.

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