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Pablo Barrecheguren, neurocientífico: “No podemos vivir con pesadillas, pueden ser una señal de algo más”

Pablo Barrecheguren en 'Estono ha pasado'
Pablo Barrecheguren en 'Estono ha pasado'
Tiempo de lectura: 15 min
Escucha el capítulo T3×25: ‘El misterio del sueño’

¿Con qué ha soñado hoy el neurobiólogo Pablo Barrecheguren? “No recuerdo bien. Sé que he soñado muchas cosas, pero me he ido despertando mucho”. Es una sensación que no todo el mundo tiene pero que es bastante común. Todo apunta a que soñar… todo el mundo sueña cada día. Pero recordarlo es otra cosa. Barrecheguren, divulgador en el canal Neurocosas y autor de Por qué soñamos, reivindica el papel de los sueños en la salud del cerebro, territorio menos explorado que el insomnio, que él conoce también bastante.

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“Estuve cerca de ocho años con un insomnio que nadie terminaba de explicar”. Resultó ser un problema de nariz que le impedía respirar bien por la noche. Más de tres años en lista de espera para la última prueba; más de dos para la operación, que llegó hace solo unos meses. “Mi salud giraba en torno a eso, a unos niveles muy fuertes. Y eso no dependía de mí”, resume. La salud del descanso no siempre empieza por uno mismo. Aunque hay pautas de higiene del sueño que la ciencia avala desde hace años.

Decálogo del bien dormir

Pautas que componen la llamada higiene del sueño, refrendadas por la Sociedad Española de Sueño (SES) a partir del decálogo de la World Sleep Society.

01

Horario regular

También el fin de semana. Acostarse y, sobre todo, levantarse más o menos a la misma hora estabiliza el reloj interno.

02

Siestas cortas

Que no pasen de 45 minutos para no afectar al sueño nocturno. Idealmente, de menor duración.

03

Sin cafeína 6 h antes

Al menos seis horas antes de acostarse. En cada persona, eso sí, el efecto de esta sustancia es distinto.

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04

Alcohol y tabaco, no

Evítalos en las 4 horas previas. El alcohol parece ayudar a conciliar, pero fragmenta el sueño y empeora su calidad.

05

Cena ligera

Evita comidas copiosas, picantes o muy azucaradas en las horas previas a dormir.

06

Ejercicio, no tardío

La actividad física regular favorece el descanso, salvo si se hace justo antes de acostarse.

07

Dormitorio adecuado

Cama cómoda, temperatura agradable, buena ventilación, oscuridad y silencio.

08

Apaga pantallas

Fuera del dormitorio y menos uso antes de dormir: la luz frena la señal de sueño, sobre todo la azul, pero no solo.

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09

Rutina tranquila

Luces tenues y actividades relajantes antes de acostarse que preparen el cuerpo y la mente.

10

Horas suficientes

Entre 7 y 8 en adultos según la SEN, ajustando a la variabilidad individual de cada persona.

Fuentes: Sociedad Española de Sueño (SES) · World Sleep Society · Sociedad Española de Neurología (SEN) No sustituye la consulta médica: ante un insomnio persistente, acude a un profesional.

La primera herramienta para el insomnio no debería ser la pastilla, pero a veces es necesaria

Esos años de mal dormir dejan una factura medible. “Si no dormimos bien, las funciones cognitivas no están al 100%. Estamos atontados”, advierte. La consecuencia va más allá del cansancio: las decisiones que tomamos no son tan buenas como podrían. Las cifras retratan un país que descansa poco.

  • Dato. Según la Sociedad Española de Neurología, entre el 25% y el 35% de la población adulta sufre insomnio transitorio y entre el 10% y el 15%, más de 4 millones de personas, padece insomnio crónico.

La salida no pasa por los atajos. Barrecheguren desaconseja buscar respuestas en el esoterismo, en Google o en la IA, “el peor sitio”. En muchos casos de insomnio, la primera herramienta no es la pastilla. “La medicación, cuando hace falta, es importantísima, no la quiero demonizar, pero a veces se tira más de una cosa que de otra”. Las guías clínicas respaldan ese orden. Como explicamos en Newtral.es a propósito de la melatonina, los especialistas de la Sociedad Española de Sueño defienden abordar el insomnio crónico primero con terapia cognitivo-conductual, apoyada en fármacos sólo cuando son necesarios.

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Ni todo es insomnio ni todos son iguales

El insomnio no cabe en un único saco. “Las personas podemos tener insomnio por muchísimos problemas muy diferentes”, explica. Puede ser de origen estructural como el suyo; pero es típico en un cuadro de ansiedad, con dificultades para conciliar el sueño, despertares que lo interrumpen, horas que se cumplen sin que el descanso repare. Su consejo es el mismo en todos los escenarios: consultar. “Empieza con el médico de cabecera. A lo mejor, según el tipo de problema, hace falta hablar con un psicólogo”.

Buena parte del problema, sostiene, no está sobre los hombros de cada cual. “Se divulga mucho el ‘tu salud es tuya’: que si no haces ejercicio, que si no duermes tus horas… Hay muchas cosas que no dependen de nosotros”. “Tengo amigos con hijos pequeños que repiten que la conciliación no existe y viven privados de sueño”.

El segundo eslabón es un sistema sanitario capaz de detectar a tiempo. Él mismo avisó una vez a una amiga de que no era normal el sueño que tenía durmiendo lo que dormía; al chequearse, apareció algo que lo explicaba. “Si no tenemos un sistema fuerte de salud pública, se escapan muchas cosas”.

Soñar con salud también es importante

Dormir bien y soñar bien no son lo mismo, y la ciencia entiende mejor lo primero. “Sabemos para qué sirve la fase REM: es importantísima en el neurodesarrollo, en la memoria, en todo el tema de la neuroplasticidad. Pero ¿para qué sirven los sueños? Pues, en verdad, ni idea”, admite. Una de las hipótesis que recoge es que sean algo así como ruido. Mientras dormimos, el cerebro repasa la memoria, sobre todo la huella emocional, y de ese repaso podrían surgir “esa serie de alucinaciones que son los sueños”. Lo compara con pasar los apuntes a limpio: reforzar lo que importa y dejar caer lo que estorba, mientras se van desechando páginas.

Lo que sí está fuera de duda es que “sin fase REM, no puedes vivir. De hecho, ni te puedes desarrollar”, afirma. Los bebés pasan en ella cerca de la mitad de su sueño, una proporción que cae con la edad hasta estabilizarse en la vida adulta. Esa curva es una de las mayores pistas de que la fase REM construye el cerebro. Sin REM (y, seguramente, sin sueños), no desarrollaríamos el cerebro.

El misterioso fenómeno de los sueños lúcidos

Que los sueños no tengan mensaje cifrado (“a Freud mejor lo dejamos fuera”) no significa que no podamos asomarnos a ellos. En 2021, un equipo internacional liderado desde la Universidad de Northwestern demostró en Current Biology que se puede dialogar en tiempo real con alguien que sueña. Durante un sueño lúcido, cuando la persona es consciente de que está soñando, unos voluntarios resolvieron operaciones sencillas como “ocho menos seis” con movimientos oculares y señales morse pactadas de antemano.

Un año después, otro experimento intentó “escuchar” lo que se dice dentro del sueño. En Sleep Science, cuatro soñadores lúcidos repitieron una frase con una huella muscular muy característica; primero despiertos y luego dormidos. El patrón en los músculos de la cara y el cuello coincidió. Cuando entraron en el sueño y fueron conscientes de estar en él, fueron capaces de articular tres palabras: I love you, una frase en clave destinada a los científicos que observaban desde fuera. Lo llamativo es que ese I love you no se escuchaba fuera del sueño. Sólo unas cámaras especiales fueron capaces de medir el sutil movimiento muscular en el rostro del soñante durante el experimento.

El entorno se filtra en lo que soñamos, aunque no de forma literal. “Se ha visto que si huele mal, hay más probabilidad de tener sueños negativos, y si huele bien, positivos”. Lo mismo con las películas de miedo entre a quienes les afectan o dormirse leyendo malas noticias en el móvil. La regla que más se repite en ese terreno caótico es emocional. Lo que más nos marca por dentro, tiene más probabilidades de aparecer en el plano onírico.

Cuando la pesadilla es un síntoma

Las pesadillas abundan más en la infancia. En el cerebro, “madura antes la parte más emocional que la parte que controla las emociones”, de modo que en los sueños infantiles los sentimientos se desbordan con facilidad. ¿Tiene un sentido evolutivo tener tantas pesadillas infantiles? “No, antes se tenía la hipótesis de que podía ser un entrenamiento para la vida adulta, pero esa interpretación está descartada. Conforme más frecuentes sean las pesadillas, tu estado cognitivo-emocional se deteriora, no mejora”.

“Es normal tener pesadillas a veces, ligadas a momentos puntuales, pero si son recurrentes, tu estado cognitivo-emocional se deteriora

Cuando se vuelven habituales en un adulto, Barrecheguren pide tomárselas en serio. Son uno de los síntomas más frecuentes del trastorno de estrés postraumático, que no aparece sólo en contextos de guerra, sino tras muchos tipos de sucesos. “No podemos vivir con pesadillas. Y si tú vas a un sanitario que no te hace mucho caso, vete a otro, puede ser una señal de algo más”.

En edades avanzadas, esos sueños angustiosos pueden funcionar como aviso temprano. Un estudio de la Universidad de Birmingham publicado en eClinicalMedicine siguió a 3.818 hombres mayores de 67 años y halló que quienes tenían sueños angustiosos frecuentes presentaban el doble de probabilidad de ser diagnosticados de párkinson. La asociación solo era significativa en los cinco años previos al diagnóstico, lo que apunta a un síntoma prodrómico (en fase muy temprana). “Es un tema bajo estudio”, matiza el divulgador, que pide cautela con interpretaciones apresuradas: hablar dormido, el sonambulismo y otras parasomnias no dicen necesariamente nada de quien las vive.

Para quien quiera inducir dulces sueños, no hay fórmula mágica. Barrecheguren apuesta por lo sencillo: una rutina tranquila antes de la cama, luces calmadas, una lectura serena. Y no llevarse a la almohada lo que altera. “Que intenten estar tranquilos. Eso sí que es muy importante”.

Fuentes
  • Entrevista al neurobiólogo Pablo Barrecheguren

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