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Estudio de seroprevalencia: Un 5% de España, con indicios de haber pasado COVID-19
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Estudio de seroprevalencia: Un 5% de España, con indicios de haber pasado COVID-19

La población que ha padecido coronavirus en algún momento en España podría ser mucho mayor a la detectada hasta ahora por PCR. Por provincias, Soria es la que muestra un mayor número de casos (14,2%), y Ceuta (1,1%) la que menos. Todo, lejos de la inmunidad natural de grupo.

Test rápido a una familia de O Carballiño | Brais Lorenzo, Efe

Los resultados de la primera ronda del estudio nacional de seroprevalencia del coronavirus en España apuntan a que entre un 1,1% (Ceuta) y un 14,2% (Soria) entre la población general habría pasado la COVID-19, con o sin síntomas.

Con un 5% de media, 1.005 personas (un tercio, aproximadamente) de ellas se han declarado asintomáticas. La cifra es aún provisional, a la espera de la realización de todas las pruebas más fiables a la muestra, que se concluirán en dos semanas.

El mapa de seroprevalencia apunta a una mayor incidencia en provincias de Castilla-La Mancha, Madrid, Castilla y León, junto a la provincia de Barcelona.

[Consulta aquí el documento del estudio | PDF]

Según ha dado a conocer el Ministerio de Sanidad con el Instituto de Salud Carlos III (ISCII/CNE), impulsor de este muestreo en desarrollo ENE-COVID, los datos preliminares apuntan a que el número de infectados hasta la fecha (2,3 millones, según proyecta el muestreo) sería unas 10 veces superior al oficialmente registrado de casos confirmados por PCR.

Se descarta la inmunidad de grupo. España no está, ni de lejos, protegida de manera natural.

Sin embargo, la cifra está muy lejos de representar la llamada inmunidad de grupo, que según diversos trabajos, como el del Imperial College del Londres del pasado abril, debería superar entre el 60% y el 75% para garantizar un freno natural de los contagios, por ser escasa la población susceptible de infectarse.

En los trabajadores esenciales, la incidencia ha sido de 5,3% de media. No se han aportado datos aún sobre profesionales sanitarios en concreto. En población infantil, la prevalencia ha sido algo menor, pero «el grado de certidumbre en ellos es también menor, porque sacar sangre en ellos genera más reticencias», ha aclarado la directora del Centro Nacional de Epidemiología Marina Pollán.

«Confirma las hipótesis que veníamos manejando –ha dicho el ministro de Sanidad Salvador Illa– de cara al plan de desescalada». El director ejecutivo del estudio, Faustino Blanco, ha añadido que «es importante saber hasta qué punto se propaga la infección dentro de los hogares», unidad sobre la que ha actuado el estudio.

El 27 de abril comenzó el muestreo de primer gran estudio de seroprevalencia al que se han sometido 60.897 personas testadas de 32.000 hogares de todas las autonomías.

Hace un mes charlamos sobre si estamos inmunes tras pasar COVID-19 con Margarita del Val

Datos sólo de test rápidos por ahora

Se les están haciendo test rápidos con equipos de más de 1.400 centros de salud. Tras el pinchazo en el dedo del test rápido, se le propone a cada persona un análisis de sangre voluntario (ELISA, en 28 laboratorios en red) que, entre otras cosas, aportará datos del tipo y cantidad de anticuerpos contra el SARS-CoV-2 que tienen.

Eso debe dar idea aún más precisa de si han pasado o están atravesando la enfermedad, con o sin síntomas. Están pendientes dos rondas de visitas a los mismos sujetos de la muestra.

Los resultados de los análisis de laboratorio ELISA (nada que ver con la técnica PCR para casos activos) dirán si cuadran o no con los de los test rápidos, por lo que indicarán si han resultado fiables o no. Con las más de 16.000 muestras analizadas hasta ahora, hay bastante concordancia entre las dos técnicas (97,3%), según ha señalado la directora del ISCIII Raquel Yotti, lo que no anticipa grandes sorpresas para los resultados definitivos.

La ‘letra pequeña’ del estudio de seroprevanecia

Baja’ la letalidad, pero no la mortalidad

Desde el comienzo de la epidemia, la OMS ha venido barajando tasas de letalidad de no más de 3 fallecimientos por cada 100 casos de COVID-19. Pero, al llegar a Europa, la enfermedad pareció volverse más mortal, muy especialmente en España e Italia, con letalidades superiores al 10%.

Como la letalidad se calcula sobre el total de casos, es una cifra cambiante y muy dependiente del número total de infecciones. Si, como se venía creyendo, han pasado desapercibidos para el sistema decenas de miles de casos, la letalidad es matemáticamente mayor.

Con estas cifras de supuestos infectados actualizadas, la letalidad descendería al 1% de media. Con todo, es difícil de comparar con países como China si la metodología de conteo no es idéntica. ¿Pasaron allí desapercibidos miles de casos o millones, como aquí? Sólo la cifra con anticuerpos en España es similar al registro de casos confirmados a nivel global, lo que da idea de la distancia entre lo que detecta el sistema con PCR y la incidencia real, más silenciosa.

La letalidad es desigual en distintas partes de España, según los datos de seroprevalencia. Superaría el 2% en La Rioja, Girona o Cáceres. Y apenas alcanzaría el 0,1% en Lugo y Pontevedra. La mortalidad (sobre toda la población), ha sido más alta en Ciudad Real (2/100.000 htes), Cuenca, Segovia y Madrid (1,3/100.000 htes).

Las muertes totales son absolutas en cualquier lugar del mundo (no dependen de cuántos infectados conozcamos). Aunque, una vez más, puede haber disparidad a la hora de contarlas. Con los datos del sistema de monitorización MoMo (ISCIII), ha habido excesos de mortalidad que han superado el 200% en las peores semanas de la pandemia en algunas comunidades. Pero estas son muertes que se atribuyen a todas las causas. Sin duda es el coronavirus el que ha desbordado los índices.

Se pueden inferir de ellas un buen porcentaje atribuibles directamente a la COVID-19, aunque no hayan sido registradas como tales en la estadística diaria de la pandemia. ¿Cuántas? Los estudios a medio plazo sacarán conclusiones. Y con la suma de esas ‘muertes extra’ y un número más realista de contagios se podrá volver a estimar la letalidad del virus. La mortalidad, sin embargo, será mayor, porque se calcula sobre el total de la población. Es algo así como contabilizar las personas que, de no haber existido el virus, seguramente no hubieran fallecido.

En línea con otros estudios en España y en el mundo

Los resultados del estudio nacional de seroprevalencia del coronavirus no distan mucho de trabajos a nivel internacional. El aplicado en un entorno hospitalario como el Clínic, de Barcelona, hablaba de un 11,2% en población sanitaria (el de seroprevalencia del ISCIII ha dado 7,1% en población general de la provincia).

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El Instituto de Salud Global ha realizado un muestreo entre profesionales del Hospital Clínic de Barcelona. 14 tenían una infección activa. 54 habían desarrollado anticuerpos frente al virus). De estas, 21 no habían sido diagnosticadas en el momento de la infección y alrededor de la mitad de ellas no llegó a presentar ningún síntoma de COVID-19.

Centro de Atención Primaria Manso
Análisis de sangre en el Centro de Atención Primaria Manso | E. Fontcuberta, Efe

En España, la Xunta de Galicia se lanzó a realizar el primero de los estudios de seroprevalencia. Es una de las muestras más ambiciosas, con 100.000 personas.

Aunque aún está en marcha, sobre más de 2.000 pruebas realizadas, los primeros datos ya empezaron a ser desconcertantes, como cuenta aquí El Confidencial. Apenas un 1% de positivos con la mitad del muestreo de la primera ronda de test. Allí se hizo con test rápidos que, por sí solos, no sirven para diagnosticar casos y cuya fiabilidad es limitada.

EE.UU. Entre el 4% y el 12%

En Estados Unidos, dos estudios, uno entre médicos de la ciudad de Nueva York (4,4% positivos), y otro del estado homónimo se mueven en rangos como los anteriores (12,3%), bastante amplios, por otra parte.

En todos estos casos –incluido el estudio del ISCIII–, hablamos de trabajos preliminares, no publicados en revistas donde se someten a revisiones científicas. No significa que estén necesariamente mal hechos. Pero sabemos que no se pueden sacar conclusiones precipitadas de cada test, cuya fiabilidad también es un mundo, como explicamos aquí:

«Creo que lo he pasado» Lo que dicen las donaciones

De los trabajos sobre seroprevalencia, el del Hospital Monte Sinaí de Nueva York tiene algo de original: parte de su cohorte (grupo) analizado donaron plasma tras cree haber pasado la enfermedad, pero nunca lo pudieron confirmar por PCR.

El trabajo, liderado por Ania Wajnberg, Florian Krammer y el español Carlos Cordó-Cardó, se centró en 1.343 personas. La mitad se sabía que habían tenido COVID-19, testados en el pasado mediante PCR. La otra parte, no.

Prácticamente todos los del primer grupo habían desarrollado anticuerpos (99,5%). Aparentemente, no se les escaparon positivos.

En el segundo grupo, el 61,8% de los donantes que creían haber pasado COVID-19 en realidad parece que no tuvieron la enfermedad. No presentaban anticuerpos en sangre, tras someterse a análisis de PCR y ELISA.

Este trabajo es aún un borrador y debe someterse aún a la revisión de otros colegas, pero sí anticipa una conclusión en palabras de Krammer: «mucha gente que cree haber tenido COVID-19 no lo ha pasado».

4 Comentarios

  • El estudio de la Xunta de Galicia, tan criticado, esta hecho al igual que el del ENE-COVID con los mismos test de inmunocromatografía. Y para una población menor, tiene una n mayor: si llevan testados 50.000 personas en Galicia y les ha dado menos de un 1% de seroprevalencia… ¿no os preguntais porqué con los mismos test IC y solo 4.000 testados en Galicia el ENE-COVID a detectado 2,1%, el doble?
    Testando un efecto muy leve, la única forma de no sobreestimar (o lo contrarío) es aumentando la potencia estadística… y el estudio de la Xunta es más potente, y hasta donde sabemos no es en cluster (pruebas a grupos familiares).
    Otro dato más: de los 90.000 previstos en el ENE-COVID, 15.000 fueron «no contactados» y otros 15.000 decidieron no participar en el estudio, y eso, aunque no lo digan aumenta las bias/sesgos.

  • El artículo es realmente confuso, mezclando nombre de técnicas de análisis sin definir cada una de ellas, así como estudios con objetivos diferentes. Más que clarificar, confunde

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