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Cuando volver a encerrarte en casa es una buena noticia: pacientes recuperados del COVID-19
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Cuando volver a encerrarte en casa es una buena noticia: pacientes recuperados del COVID-19

Casi tres semanas después de que se declarase el estado de alarma, en España ya hay algo más de 30.000 personas recuperadas a 3 de abril de 2020, según datos del Ministerio de Sanidad. Te contamos las historias de algunos de los pacientes diagnosticados con COVID-19 que han sido dados de alta

María Gámez, de 92 años, tras recibir el alta | Imagen cedida por su nieta Alicia Ibarra

La nieta de María Gámez le prometió a su abuela que le guardaría los sobaos que le había comprado para desayunar. «Estarán aquí cuando vuelvas del hospital, no te preocupes». Así lo cuenta Alicia Ibarra, de 28 años, quien esta semana supo que su abuela de 92 años, ingresada en el Hospital Infanta Elena (Madrid) por COVID-19, recibía el alta.

María vive en casa con su hija —la madre de Alicia— y su yerno. Pero cuando ambos enfermaron, no había nadie que pudiese cuidar de ella: tanto por el malestar que les provocaba la enfermedad como por el riesgo de contagiar a una persona anciana. Así, Alicia, por recomendación del centro de salud, instaló a su abuela en su casa, junto a ella y su pareja: «Nuestro piso es pequeño, solo tiene una habitación. Se la dejamos a ella para que estuviese bien y nosotros dos hemos estado durmiendo en un sofá».

María Gámez, a su salida del hospital | Foto cedida por su nieta Alicia Ibarra

Alicia duchaba a su abuela y le hacía la comida cada día. Todo iba bien hasta que la semana pasada comenzó con síntomas: «Se levantó a las nueve, desayunó y a las once empezó a tener tos y asfixia. Durante la comida, notamos que le costaba bastante respirar, así que llamamos al ambulatorio. Sobre las nueve de la noche vinieron a verla, la auscultaron y nos dijeron que aparentemente tenía neumonía. Que estuviésemos pendientes y si empeoraba en las siguientes horas, llamásemos al 061″.

Horas después, Alicia pidió una ambulancia, que llegó a las cuatro de la madrugada. «Bajó con su tacatá al portal y se la llevaron a la Fundación Jiménez Díaz. Y no supimos nada de ella hasta pasadas 12 horas».

[Balance de datos del viernes 3 de abril: 117.710 casos de contagio por coronavirus, 10.935 fallecidos y 30.513 pacientes recuperados]

En casa tras recibir el alta

María, a diferencia de otros pacientes, no tenía móvil, por lo que su familia no podía comunicarse con ella. «Cuando nos llamaron nos dijeron que estaba estable y que la habían trasladado al Infanta Elena. Empezamos a hacer llamadas hasta que mi madre consiguió, a través de una amiga, que una enfermera de ese hospital le diese un recado nuestro. Le dijo: ‘María, que aunque no las veas, tu hija y tu nieta están pendientes de ti, que todo el mundo te quiere mucho’. Nos preocupaba que pensase que estaba sola», relata Alicia.

Antonia Córdoba, de 80 años, a diferencia de María, sí pudo ingresar con su móvil: «Eso y su aparato para dormir es lo único que me dejaron darle», cuenta su hija Pilar Zapata. Al igual que María, Antonia comenzó con síntomas que se fueron agravando: «Ella es hipertensa, tiene diabetes, toma Sintrom… Parecía que estaba todo en contra. Ella misma me dijo: ‘Hija, no sé si voy a poder soportar esto’», dice Pilar.

A Antonia la ingresaron en el Hospital La Mancha Centro (Alcázar de San Juan, Ciudad Real). Allí le detectaron «una neumonía bilateral provocada por el coronavirus», explica su hija. «Le pusieron oxígeno y tratamiento, pero por suerte no llegaron a intubarla. Dice que lo peor de estar allí es pensar que no vas a salir adelante porque todo el mundo está muy mal. En su caso, estaba en una habitación donde había una muchachica joven ingresada que murió allí mismo», relata Pilar.

El pasado martes, tras una semana en el hospital, Antonia recibió el alta. Pilar, que al haber estado expuesta al virus por haber cuidado de su madre antes del ingreso, tuvo que aislarse: «Me fui a casa de mi madre y aproveché para limpiar y desinfectar la casa».

Uno de los nietos de Antonia, Álvaro Cuenca, celebraba así en sus redes sociales la recuperación de su abuela:

A pesar de que no sabía cómo transcurrirían los acontecimientos, Pilar confiaba en que se curase y pudiese volver a casa: «Por eso le hice una gran compra y le dejé algo de comida hecha».

María, por su parte, ha regresado a su casa, con su hija y su yerno. «Como mis padres también han estado enfermos, hay menos riesgo que si vuelve a mi casa: mi pareja y yo no hemos tenido síntomas, por lo que podríamos no haberlo tenido», explica su nieta Alicia. «La verdad es que pensábamos que con 92 años igual no sobrevivía, pero ella siempre decía: ‘No pudieron conmigo las bombas de la Guerra Civil, va a poder el virus este’».

María ahora recibe atención telefónica diaria y necesita una bombona de oxígeno para respirar, pero parece fuera de peligro: «Mi madre me ha dicho que la primera noche en casa durmió a pierna suelta, y que nada más levantarse se tomó su café con azúcar y su bollito, que es lo que le gusta a ella», dice Alicia.

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COVID-19 en pacientes más jóvenes

Dice Jesús Tapia que no pensó que llegaría a estar ingresado en el hospital: «Yo decía: ‘Tengo 38 años, estoy sano, hago ejercicio, no me va a pasar nada grave'». Sin embargo, la semana del 16 de marzo, tras un fin de semana en el que tanto su mujer como él comenzaron a tener síntomas, Jesús empezó a preocuparse al sentir «presión en el pecho y mucho cansancio al respirar».

Tanto su mujer como él dieron positivo por COVID-19, pero solo él tuvo que ingresar. Tras seis días en el hospital de Ávila, Jesús recibió el alta esta misma semana: «Hay un momento en que tú solo sientes que empeoras y como los médicos, que están saturadísimos, solo pasan a verte dos minutos al día, realmente no sabes cómo estás».

Tras realizarle una placa y observar que «la mancha en el pulmón» que le habían detectado «había disminuido», Jesús pudo trasladarse a casa: «Durante unos días, he tenido que seguir inyectándome la medicación que me recetaron. Ahora me toca seguir aislado por si mi hijo, que tiene ocho años, no lo ha cogido».

Jesús Tapia, recuperándose en casa tras el recibir el alta | Foto cedida por él

Óscar Míguez, de 49 años, también ha recibido el alta recientemente tras estar ingresado ocho días en el Hospital Universitario de Móstoles: «Estar solo en esas circunstancias, con 40 de fiebre, casi imposibilidad para respirar y dolor en todo el cuerpo, es lo que peor llevaba. Había una enfermera que cada día me tocaba el pie. No sabes lo que significaba ese mínimo contacto para mí, me daba la vida», cuenta Óscar.

Su caso es muy similar al de otros pacientes: síntomas leves que se agravan a los pocos días y recomendación de acudir a Urgencias tras una consulta telefónica con el centro de salud: «Me confirmaron que tenía una neumonía agravada por el coronavirus. Estuve horas sentado en una silla, en una sala con muchísima gente como yo o peor, asfixiándome porque me costaba respirar. El colapso daba mucha angustia porque no sabías cuándo te podrían trasladar a una habitación, pero nunca olvidaré todo lo que ha hecho el personal sanitario por mí».

Óscar Míguez, tras recibir el alta | Foto cedida por él

Óscar no podía hablar con sus familiares porque la afección respiratoria le dejó sin voz: «Menos mal que podíamos escribirnos por WhatsApp, era mi conexión con el mundo». Ahora en casa, Óscar se mantiene aislado como el resto de pacientes que se recuperan tras recibir el alta hospitalaria: «Volver a encerrarme en casa, en estos momentos, es una buena noticia».

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