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Cory Doctorow y su teoría de la ‘mierdificación de internet’: “Para Zuckerberg y Musk, tus amigos son un lastre”

El ciberactivista y autor Cory Doctorow | Dominik Butzmann CC-BY
El ciberactivista y autor Cory Doctorow | Dominik Butzmann CC-BY
Tiempo de lectura: 12 min

A finales de los noventa, internet apenas iba a unos 10 kilobytes reales por segundo. Y, sin embargo, el internet actual es mucho peor. Al menos así lo cree Cory Doctorow (Toronto, 1971), desde un punto de vista filosófico. Aquel primer universo web (WWW) era técnicamente precario. Ahora, las plataformas lo precarizan deliberadamente. La experiencia es cada vez peor y, sobre todo, más cautiva y menos colaborativa.

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A principios de 2023, Doctorow publicó un artículo en el que aparecía por primera vez el palabro que le ha cambiado la vida: Enshittification (mierdificación, en español). A partir de ahí, este activista por los derechos digitales y profesor de la Universidad de Cornell (EEUU) ha desarrollado una teoría que explica cómo un día internet se fue a la… porra. Su idea es que la web y el ecosistema de dispositivos conectados es un oligopolio desregulado del que la ciudadanía es cada vez más cautiva. La prueba para él es que no terminamos de irnos de Facebook; queremos más a nuestros amigos de lo que odiamos a Zuckerberg, ironiza.

Cory Doctorow, autor de 'Mierdificación', durante una conferencia.
Cory Doctorow durante la presentación de Mierdificación en Barcelona, marzo de 2026.
Escucha el capítulo T3×24: ‘Tinta de unicornio’

Pero esto puede cambiar “mañana mismo“, según explica a Newtral.es. Y por increíble que parezca, sería la torpeza de Donald Trump quien podría liberarlos (a los europeos, al menos) del cautiverio legal que hace tan difícil abandonar ciertas plataformas y montar las nuestras… sin perder a nuestros amigos. O, incluso, librarnos de una norma poco conocida por la cual “puedes ir a la cárcel” si hackeas tu impresora para poderle meter cartuchos de marcas no autorizadas por el fabricante (sí, las hay que funcionan así).

¿Cuándo se rompió internet?

Cory Doctorow data el viraje en los noventa, mucho antes de que existieran las plataformas. Comenzaron a aprobarse leyes que blindaron a las grandes tecnológicas frente a la competencia, los reguladores y los propios usuarios. Cita la Digital Millennium Copyright Act de 1998. Con ella, por ejemplo, la persona usuaria no puede manipular un producto de su propiedad si el fabricante ha puesto un bloqueo a ciertos servicios. Por ejemplo, lo de la tinta de impresora. Esto ha hecho que, en pocos años, “la tinta de impresora ya sea el fluido de uso civil más caro del planeta”.

La fórmula es un guion en tres actos. Primero, las plataformas son buenas con los usuarios. Te ofrecen gratis el servicio para captar masa crítica. Luego abusan de esos usuarios para favorecer a los clientes comerciales, anunciantes y creadores. Por último, exprimen también a esos clientes para extraer todo el valor para los accionistas. Lo aplicó al pie de la letra Facebook al principio, lo replicaron Uber, X o TikTok.

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Una vez encerrado el usuario en la plataforma, empieza lo que Doctorow llama el twiddling: el ajuste fino y secreto de las palancas algorítmicas. Más anuncios, menos posts de amigos y peor experiencia de búsqueda. En enero de 2025 Meta eliminó su programa de verificación independiente en EEUU y lo sustituyó por “notas de la comunidad” al estilo de X. La fiabilidad de este consenso de mayorías para dilucidar la verdad es de todo menos robusta. Esto es extrapolable al mercado físico. Por ejemplo, cuando los algoritmos ajustan precios en tiempo real según la demanda o el perfil del usuario para poner “precios personalizados”.

Bienvenidos al mierdoceno

La American Dialect Society eligió enshittification palabra del año en EEUU en 2024. “Estamos viviendo el Mierdoceno”, escribe en el ensayo, una época “en la que los servicios que nos importan se están convirtiendo en enormes montones de shit [en el sentido anglosajón, la palabra tiene un componente de de basura y de estafa]”. Esta degradación, sostiene, es el resultado de decisiones legislativas concretas adoptadas por individuos con nombre y apellidos.

Doctorow no inventó la teoría en un seminario académico. Sucedió un sábado, en su blog, y se viralizó dos semanas después con un artículo en Wired sobre el deterioro de TikTok. “Las palabrotas tienen potencia política”, le dijo a la revista Locus poco después.

En España se tradujo como “Mierdificación”, título de su libro editado aquí por Capitán Swing. El fenómeno se ha extendido. Noruega lanzó una campaña pública contra la mierdificación. Black Mirror dedicó su temporada 7 (2025) al concepto.

Para Doctorow, lo más doloroso del proceso es la pérdida de lo más íntimo, la conversación con los amigos. En las redes sociales, esa relación ha dejado de merecer la pena. Zuckerberg y Musk creen que “ese activo que tienes, que son tus amistades, en realidad son un lastre, sencillamente porque esa amistad no se basa en quedarse ahí la mayor cantidad de tiempo posible a ver anuncios”. En realidad, las plataformas “te quieren cautivo”.

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¿Y si es Trump quien nos saca (sin querer) de la espiral?

La guerra arancelaria del presidente estadounidense puede acabar funcionando como ventana de oportunidad para escapar del cártel digital. La administración Trump firmó en febrero de 2025 un memorando que amenazaba con aranceles a cualquier país que gravara a las grandes tecnológicas o aplicara políticas “de censura” (léase moderación de contenidos). La amenaza apunta directamente a España, que recauda unos 200 millones de euros al año por la llamada tasa Google.

Pero si Trump aplica de forma indiscriminada aranceles a Europa, ya no podrá seguir amenazando con aranceles si Europa no aplica la ley que impide, por ejemplo, liberar tu impresora para ponerle cualquier tinta o vender parches de software para llevarte a tus amigos de Instagram a otra plataforma. Cuanto más explícito sea el chantaje, más insostenible queda la dependencia europea de la infraestructura tecnológica estadounidense.

La salida que dibuja Doctorow va más allá de subir aranceles recíprocos. La llama “desmierdificación” (disenshittification) y combina tres herramientas: legalizar el derecho a reparar y modificar el hardware y el software; forzar la interoperabilidad real entre plataformas (llevarte tus amigos, por ejemplo, “como cuando cambias de compañía telefónica y mantienes tu número”); y construir infraestructura digital pública europea. “Mañana mismo podríamos tener un internet post-Zuckerberg o post-Musk si quisiéramos”.

De la burbuja de las puntocom a la de los gigantes de la IA

“Las grandes plataformas conquistaron sus mercados, y ahora no tienen forma de crecer”. Así explica Cory Doctorow la última de las burbujas que considera que las megatecnológicas han creado. El punto de inflexión se da hacia 2019, cuando Google supera el 90% del mercado de las búsquedas. “No hay forma de crecer más” y se complica vender expectativas para que las acciones sigan aumentando su valor.

Durante años, estas empresas que se hacían más grandes a base de compras y fusiones, jugaban a hacerse con el mercado de quien tenían enfrente. Pasó con el vídeo. Luego, con las criptomonedas, los NFT… “y ahora, la IA generativa; y mañana, la superinteligencia”, según la tesis de Doctorow. La burbuja la sostienen oligopolios maduros que necesitan vender una narrativa de crecimiento aunque sus productos no sean rentables y, en muchos casos, no funcionen.

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El propio Sam Altman, presidente de OpenAI, admitió en agosto de 2025 que “los inversores estaban sobreentusiasmados con la IA”, justo después de anunciar junto a Trump el proyecto Stargate, un plan de 500.000 millones de dólares en infraestructura de IA del que, ocho meses después, aún no se habían materializado los primeros 100.000 millones.

A Doctorow le preocupa menos el estallido financiero que la transferencia de daños al mercado laboral. “La IA no puede siempre hacer tu trabajo. Pero un comercial de IA puede convencer a tu jefe de que te despida y te sustituya por una IA que no puede hacer tu trabajo”, sentencia. Cuando la burbuja reviente, los modelos fundacionales caros se apagarán, pero los puestos de trabajo raramente volverán a ser ocupados por personas.

Esto no ha pasado: Tractores enladrillados en Chechenia y un marcapasos hackeado

El capítulo de esta semana de Esto no ha pasado recoge el caso de un saqueo masivo de tractores en Ucrania, que no pudieron revenderse porque el fabricante los bloqueó remotamente, inutilizándolos. La misma lógica blinda los marcapasos. Contamos el caso de la ingeniera Marie Moe, que descubrió que su marcapasos funcionaban mal, pero no le dejaron ver el código fuente de su dispositivo (lleno de bugs) para revelar el error que le impedía subir escaleras. Del mismo modo que un hacker demostró que marcapasos como los que tenía el vicepresidente Dick Cheney podía provocar una descarga mortal de forma remota, tal y como sospechó su cardiólogo, que consiguió desactivar la función inalámbrica de su desfibrilador por miedo a un ataque remoto.

▼ Toca aquí para leer los espóileres ▼

Esto no ha pasado

  • No se han desarrollado tostadoras que sólo funcionen con el pan desarrollado por el propio fabricante.
  • No ha habido redadas en una torre de pisos con refugiados en busca que quien ha hackeado tostadoras y otros dispositivos para poderlos usar libremente.

Esto sí ha pasado

  • Existe un corpus legal que impide que, en efecto, alguien pueda acceder o alterar el código o hardware que bloquea ciertos servicios, como en el caso de la ficción, usar pan de cualquier marca en una tostadora. Esto ya ocurre con la tinta de ciertos modelos de impresora.

  • El argumento de la tostadora (u horno) está basado en un relato distópico de ficción publicado por Cory Doctorow en Radicalizado (Capitán Swing, 2022).

Escucha aquí el capítulo 24 de Esto no ha pasado, una producción de Newtral y Onda Cero. Con el guion y dirección de sonido de Mario Viciosa. Con Iñigo Santacruz en el sonido directo en Barcelona y Pau Turmo en la realización de imagen.

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