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2019: Cronología política de un año en funciones
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2019: Cronología política de un año en funciones

Tres legislaturas, completas y en parte, unos presupuestos prorrogados, la sentencia del ‘procés’, investiduras frustradas, más de ocho meses de Gobierno en funciones… 2019 pasa a la historia como el año de los desencuentros

«Cuando Rivera y Casado dicen ‘elecciones ya’ que esperen sentados porque hasta 2020 vamos a gobernar los socialistas”. Esta frase la dijo Pedro Sánchez el 12 de enero de 2019. Aunque sus intenciones fueran otras, el presidente tentó a la suerte. Y erró. Elecciones hubo, sí, pero ha sido Sánchez el que no se ha levantado del sillón de presidente –en funciones la mayor parte del año– a lo largo de 2019.

En 2018, Sánchez había sacado adelante la primera moción de censura exitosa de la democracia española. Mariano Rajoy dejó La Moncloa, pero el nuevo presidente no consiguió deshacerse de sus presupuestos. Desde principios de la etapa socialista de la XI Legislatura, el gobierno peleó por sacar adelante sus propios presupuestos y dejar de lado los populares de Montoro. Gobernar, en última instancia, es gestionar las cuentas propias, no las heredadas.

Esa declaración de intenciones se encontró con la polémica de la figura del “relator” para apaciguar el conflicto catalán. Febrero fue el mes de la foto de la Plaza de Colón de Madrid. Las tres derechas se abrazaron -con diferentes reticencias en el caso de Albert Rivera y Ciudadanos– bajo la bandera de España y atribuyéndose la defensa del constitucionalismo. 

La foto de Colón

Con una manifestación multitudinaria pedían el cese de las ‘concesiones’ a los independentistas. Esas mismas concesiones, pero, resultaban insuficientes para los soberanistas catalanes, que reclamaban diálogo para abordar lo que para unos era el “juicio de la vergüenza”, el del procés. Cuando Joan Tardà, entonces diputado de Esquerra, dijo que se tardaría “meses en construir una negociación y un acuerdo” no mentía.

Otro de los lemas que sonaron en Colón fue el de ‘elecciones ya’. Una exigencia convertida en realidad solo tres días después, cuando las derechas y los independentistas votaron juntos, contra las cuentas socialistas. Las enmiendas a la totalidad presentadas en el Congreso de los Diputados por PP, Ciudadanos, ERC, PDeCAT, Coalición Canaria y Foro Asturias. Y con la votación en el pleno, los PGE fueron tumbados. Horas después y sin margen para el duelo empezaron las apuestas sobre qué día de abril se convocarían elecciones generales.

Entonces no podía saberse, pero no iban a ser las únicas elecciones generales del año.

Tres colores: azul, naranja y verde

Para las elecciones del 28 de abril, las opciones conservadoras se presentaban fraccionadas entre PP, Cs y la ultraderecha de Vox. Además de unas generales al uso, el 28-A se convirtió en unas ‘primarias’ para la derecha. Al otro lado se encontraba la bautizada por el líder de Vox, Santiago Abascal, como “la dictadura progre”. Dejar a Sánchez en La Moncloa era “dejar al zorro al cuidado de las gallinas”, advertía Pablo Casado. 

Mientras, Pablo Iglesias insistía en que si “les daban los números” PSOE y Ciudadanos pactarían. Aunque Albert Rivera no dio ni el más mínimo indicio de voluntad de pacto, porque Sánchez era “un peligro para la democracia y para España. Votar a Sánchez es votar de nuevo a un Gobierno Frankenstein con los populistas, los separatistas y los amigos de Otegi». Fue en mitad de esta contienda dialéctica cuando el 30% de los españoles decidió el sentido de su voto.

Vox en el Congreso

Y ese voto se tradujo en la victoria del PSOE y la entrada en el Congreso de la extrema derecha. Aquella noche Ferraz celebraba con una mano, mientras que con la otra hacía cuentas. Para gobernar había que sumar. El bipartidismo quedó diluido y la derecha partida en tres. Vox pasó de 0 a 24 diputados, Ciudadanos ganó 25 escaños con respecto a las anteriores elecciones, hasta llegar a 57, y el PP obtuvo los peores resultados de su historia. El partido de Casado pasó de 137 a 66 escaños. El PSOE ganó con 123 asientos, pero la aritmética del 28-A resultó tenaz: lo que sumaba no era vialbe y lo que era viable no sumaba. 

Sánchez optó por reunirse con Iglesias. De aquella cita en Moncloa no nació un pacto, pero sí una intención: “Si en algo nos hemos puesto de acuerdo es en que vamos a trabajar para ponernos de acuerdo”, declaró Iglesias ante los medios. Pero habría que esperar hasta después del ‘superdomingo electoral del 26 de mayo para que los dos líderes progresistas se volvieran a ver las caras. En la segunda cita electoral en menos de un mes se resolverían las municipales, la mayoría de las autonómicas, las elecciones de los cabildos insulares y las europeas.

Largo domingo de noviazgo

La segunda cita con las urnas en menos de un mes se tradujo en la segunda victoria del PSOE. El socialismo revalidó su mayoría, convirtiéndose en primera fuerza en diez de las doce comunidades autónomas en las que los ciudadanos estaban llamados a votar. Las excepciones en el mapa fueron Cantabria y Navarra. También la candidatura de Josep Borrell en el Parlamento Europeo fue la más votada.

El “cambio” pierde Madrid

Madrid hizo recuperar el aliento al PP con respecto al 28-A. Los populares recuperaron el gobierno de la Comunidad con Isabel Díaz Ayuso como cabeza de lista. En las municipales, una noche casi de verano en la que Manuela Carmena subió al escenario de Más Madrid (el divorcio entre Iglesias y Errejón trajo como consecuencia una división en Podemos) para despedirse de la alcaldía. Otro Ayuntamiento simbólico el 26M fue el de Barcelona. 

El candidato de ERC, Ernest Maragall, superó en votos a la alcaldesa Ada Colau. Pero fue el candidato independiente de Ciudadanos, el ex primer ministro francés, Manuel Valls, quien evitó que los soberanistas gobernaran, dando a Colau las llaves de la capital catalana. Una decisión vista con recelo, mucho, por la dirección naranja. El de mayo fue un buen mes electoral para los nacionalismos. Vieron aumentado su poder, cosa que repetirá en noviembre. Aunque entonces no se hablara, todavía, de una nueva vuelta a las urnas.  

Las municipales y autonómicas en el resto de España dejaron a Vox como elemento importante, pero no necesario, para ser determinante en un 30% de las capitales: el Ayuntamiento de Madrid, las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla o la región de Murcia.Para Podemos, la dinámica de pérdida de votos del 28-A se repitió el 26-M. La formación morada experimentó una caída generalizada que evidenciaba la pérdida de fuerza a la hora de negociar un acuerdo de gobierno con el PSOE.

Las “vías” del verano político

Sánchez e Iglesias se reunieron tres veces en junio y una en julio. Podemos y sus confluencias eran definidas desde el PSOE en calidad de “socio preferente”. Pero cada vez que se encontraban, sus posturas acababan más alejadas. El debate del apoyo morado movía los titulares. Desde el gobierno de cooperación, a las posiciones alejadas, y finalmente hasta los cargos intermedios. 

Iglesias da un paso atrás

Podemos no se conformaba con investir a Sánchez: quería carteras en el Consejo de Ministros. Las diferentes ofertas del PSOE no consiguieron cambiar la intención de Unidas Podemos, la del gobierno de coalición. Quién sí cambió su postura, con un paso atrás vía Twitter, fue el candidato de Unidas Podemos. Pablo Iglesias anunció que renunciaba a cualquier puesto en el gobierno. Un día antes Pedro Sánchez aseguró en el programa de laSexta, ‘Al Rojo Vivo’, que Iglesias era el “principal escollo” para formar gobierno.

El 22 de julio llegó la primera sesión del pleno de investidura. En la votación del día siguiente la abstención de Unidas Podemos hizo imposible la mayoría necesaria para investir al candidato designado, Pedro Sánchez. El diputado de ERC, Gabriel Rufián, intentó mediar entre los dos grupos: “Lo que puede pasar en otoño nos complica la vida a todos”. El día 25 los líderes negociadores Carmen Calvo y Pablo Echenique, tuvieron otra reunión, a contrarreloj, de la que no salió un acuerdo sino todo lo contrario. Se filtró un documento que contenía las “exigencias” de Unidas Podemos. Los morados dijeron que era falso.

Las políticas activas de empleo

Y quedaban apenas unas horas para que volviera sonar la campana del hemiciclo. En la tribuna Iglesias hizo una oferta de última hora que los socialistas rechazaron: asumir las políticas activas de empleo. Sánchez fracasó también en esta segunda votación. En palabras de la vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, ya no había “más vía” en la dirección del gobierno de coalición.

Durante el mes de agosto las reuniones cesaron, también las declaraciones de los protagonistas políticos y los cruces de mensajes en los medios de comunicación. El inicio del otoño trajo consigo el final de la legislatura: el 24 de septiembre se disolvieron las Cortes, después de otra ronda de consultas de Felipe VI, que constató que la investidura era inviable.

Inevitablemente, los españoles volverían a las urnas el 10 de noviembre.

Octubre caliente: Vox queda tercero, sale Franco y se revuelve Cataluña

El mayor acto electoral de la temporada lo protagonizó Vox, llenando el Palacio de Vistalegre con su acto ‘Plus Ultra’. A pesar de que las encuestas auguraban una caída en escaños, el partido de extrema derecha sacó pecho, haciendo una demostración de su músculo que se confirmaría definitivamente el 10-N. Aquí Santiago Abascal ya hablaba de “llegar al poder”, frente a 12.000 simpatizantes, “para combatir a los enemigos de la patria y las mordazas de la dictadura progre”.

En paralelo, ya a 27 días de la cita electoral, llegó la sentencia del juicio del procés’, y con ella la confirmación de las palabras del diputado independentista Gabriel Rufián meses antes: “Lo que puede pasar en otoño nos complica la vida a todos”. El líder de su partido, Oriol Junqueras, era condenado a 13 años de prisión, y otros ocho líderes independentistas a penas de entre 9 y 13 años por delitos de sedición y malversación.

Desde el Tribunal Supremo el juez Manuel Marchena descartó la rebelión, pero la sentencia fue recibida en las calles de toda Cataluña (y parte de España) con una oleada de protestas. Una semana de marchas cívicas, concentraciones, manifestaciones, trenes parados y noches de disturbios que dejaron unos 600 heridos (entre agentes y manifestantes), 199 detenidos y 2,7 millones de euros en daños.

ARCHIVO / Agencia EFE – Jesús Diges

Y casi 44 años después de la muerte de Francisco Franco, el dictador salía de su tumba honorífica del Valle de los Caídos y era trasladado al Cementerio de Mingorrubio. El operativo de desarrolló en presencia de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, que vio desde primera fila y en primera persona cómo se hacía realidad una de las promesas del ejecutivo de Sánchez, la exhumación del dictador.

Los familiares de Franco salen de la basílica con el féretro con los restos mortales del dictador tras su exhumación. (J.C. Hidalgo | EFE)

Noviembre: preacuerdo en dos días 

La de noviembre fue una campaña electoral relámpago, la más corta de la historia de España, para las terceras elecciones de 2019, las segundas generales. Y los resultados dejaron las cosas más o menos como estaban o, en todo caso, algo más complicadas. Los bloques seguían siendo los bloques, pero se redistribuyeron las fuerzas. PSOE y Podemos perdieron volumen pero quedaban, hasta un punto, igual. Quien no repitió éxito fue el eventual socio moderado de la derecha: Ciudadanos se hundió hasta los 10 escaños, propiciando la crecida de Vox, que pasó a ser la tercera fuerza política del arco parlamentario. El PP se recuperó con respecto a las anteriores elecciones, aunque sin superar la barrera de los 100 diputados. .

Hundimiento de Ciudadanos

 A la mañana siguiente de la debacle electoral para Cs, el candidato naranja convocó a la prensa en la sede de su partido. Albert Rivera lideró Ciudadanos durante trece años, desde que nació. Pasar de 57 a 10 escaños en menos de un año fue el detonante para que dejara su partido y abandonara la vida política.

Rodrígo Jiménez (Efe)

En menos de 48 horas Pedro Sánchez y Pablo Iglesias también convocaron a la prensa, en el Congreso. Acompañados de los equipos negociadores y compañeros de partido firmaron el ‘pacto del abrazo’, un compromiso sellado en un preacuerdo de -esta vez sí- gobierno de coalición.

Foto | EFE/Paco Campos

A la espera de ERC

El rápido preacuerdo conllevó el silencio de los firmantes. Tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias, que ayer firmaron el acuerdo para formar Gobierno, y sus equipos en consonancia, dejaron atrás la disputa pública sobre la negociación que protagonizaron en verano. En sus cuentas, además del apoyo de formaciones del grupo mixto y del PNV, la llave la tenía ERC. Su abstención, asegurada en agosto y necesaria para la investidura, ya no era segura.

“El otoño no será un buen momento para hacer política, por motivos obvios”, había dicho Rufián. Con Sánchez ya como candidato a la investidura con la aprobación del Rey, el goteo de posibles fechas para la investidura -última semana de 2019, primera de 2020- ponía sal en los comentarios políticos, dentro de una fase procedimental, la que queda entre las consultas con el monarca y el arranque del debate de investidura, en la que la ley no fija ningún límite temporal.

Las resoluciones de los tribunales europeos y catalanes, dando razón a Junqueras en lo referido a la inmunidad que ganó como europarlamentario en mayo los primeros e inhabilitando a Quim Torra los segundos por desobedecer a la Junta Electoral Central (aunque el president de la Generalitat puede acudir al Supremo), sustentaron la demora en el acuerdo, necesario, entre ERC y PSOE para lanzar la investidura con garantías. Por el momento, Sánchez e Iglesias rubricaron ayer el acuerdo entre sus formaciones para formar un Gobierno de coalición, primer paso para llegar a un debate de investidura en el que, con el apoyo ya garantizado del PNV, ERC deberá resolver.

En el CIS de noviembre de 2019, el 45,5% de los españoles percibían la política como uno de los tres primeros problemas del país. Es el registro más alto de la historia.

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