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Crisis en Ciudadanos: los costes de la foto de Colón
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Crisis en Ciudadanos: los costes de la foto de Colón

Ciudadanos vive una crisis interna, con disputas, críticas de históricos y dimisiones, que tiene como punto de arranque la foto de la Plaza de Colón

El viaje a la derecha de Ciudadanos ha resultado rentable electoralmente para la formación que lidera Albert Rivera en el Congreso de los Diputados, pero ha dejado un poso de incomodidad en la formación naranja. Aunque el abandono de los principios socialdemócratas para abrazar los liberal-progresistas fue una decisión tomada en la IV Asamblea del partido, celebrada en 2017, la consecuencia de esa decisión no cristalizó hasta este año.

Concretamente, hasta el 10 de febrero de 2019, cuando el partido naranja, con Albert Rivera a la cabeza, Manuel Valls a regañadientes y sin Inés Arrimadas -perdió el vuelo que debía llevarla ese día a Madrid-, participó en la protesta contra el Gobierno de Pedro Sánchez en la Plaza de Colón en la que también participaron PP y Vox.

Cinco días después de esa foto, Sánchez anunciaba elecciones para el 28 de abril. Y nacía el concepto de “las tres derechas”.

Vox, como un familiar incómodo

Ciudadanos ya había recibido críticas por el pacto a la andaluza tras las elecciones en esa comunidad de diciembre de 2018. El apoyo al candidato del PP, que a su vez había formalizado un acuerdo con la formación ultra Vox, causó incomodidades en el interior del partido. Pero, de algún modo, acabó considerándose una suerte de mal menor ya que ese acuerdo permitía vehicular la salida del PSOE del gobierno andaluz, que venía ocupando el Palacio de San Telmo desde 1982.

Con la campaña electoral, o las campañas electorales -generales, autonómicas, municipales y europeas-, diversos resortes del partido comenzaron a saltar. La eurodiputada Teresa Giménez-Barbat, una de las fundadoras del partido, quedó fuera de las listas europeas. Arrimadas dejó el liderazgo de Ciudadanos en Cataluña, donde fueron la fuerza más votada en las elecciones de 2017, para liderar la candidatura al Congreso por la provincia de Barcelona.

Línea roja a la izquierda

En los debates electorales, Rivera dejo claro que la línea roja del partido estaba a su izquierda, y no a su derecha. “El señor Sánchez está gobernando con los que quieren liquidar el país”. “El señor Sánchez nos está tomando el pelo a todos los españoles”. “Con Sánchez estaremos en manos de Torra y Puigdemont cuatro años más”. Con ese discurso de veto al PSOE, Ciudadanos logró 57 diputados (25 más que en la anterior convocatoria electoral), pero se alejó de la centralidad que había definido el discurso del partido.

La campaña de las autonómicas y las municipales no fue menos tensa. Las irregularidades en las primarias de Castilla y León (la candidata oficialista recibió una serie de votos irregulares en la plataforma digital creada para la ocasión), sumado a fichajes electorales como el de Ángel Garrido, expresidente de la Comunidad de Madrid con el PP, y que acabaron desplazando a cuadros de Ciudadanos, se creó un magma de disgusto entre los naranjas.

Barcelona colmó el vaso

Tras la celebración de autonómicas y municipales, Rivera optó sin dudarlo por buscar al PP como socio preferente para firmar pactos, independientemente de que el PP se mostrara abierto a pactar con la ultraderecha de Vox. Pero fue Barcelona, germen del partido, el lugar en el que cristalizó el disgusto.

Con un empate a concejales entre ERC y En Comú Podem, Manuel Valls aprovechó su vinculación autónoma con Ciudadanos para anunciar que votarían -él y sus dos concejales- por la investidura de Ada Colau para evitar que Esquerra gobernara en Barcelona. Valls cumplió con su anuncio el 15 de junio. El 16 de junio, en El Objetivo, Inés Arrimadas afirmó que, pese al voto, el acuerdo con el exprimer ministro francés no estaba roto. Pero el acuerdo se rompió menos de 24 horas después, cuando la misma Arrimadas anunció la ruptura entre el partido y Valls.

Desagravio a Barbat, agravio a Rivera

Entre los fundadores de Ciudadanos empezó a cundir una preocupación que había verbalizado Francesc de Carreras en un artículo en El País. “No entiendo que ahora nos falles, Albert, que nos falle Cs, que el joven maduro y responsable se haya convertido en un adolescente caprichoso que da un giro estratégico de 180 grados y antepone supuestos intereses de partido a los intereses generales de España”, escribió el 14 de junio.

Una semana antes, el 6 de junio, en un acto de homenaje a Giménez-Barbat (y en presencia de Manuel Valls) trascendieron críticas a Rivera. El también eurodiputado Javier Nart dijo haber sentido “vergüenza” ante la exclusión de las listas de la fundadora del partido.

Lunes de dimisiones

El líder de Ciudadanos parecía ajeno a las críticas. La semana pasada, de visita en Bruselas, y cuestionado por su acercamiento a los ultras de Vox, afirmó: «Macron y el Gobierno francés, y hablamos con el Elíseo directamente, apoyan nuestros pactos. Nos han felicitado incluso, tanto en Andalucía como los acuerdos que estamos consiguiendo». El Eliseo lo desmintió de inmediato: no hubo felicitación “ni en público ni en privado”.

Este mismo lunes, el que había sido portavoz de Economía en el Congreso, Toni Roldán, anunció su dimisión. “Los costes de la estrategia de Ciudadanos son demasiado altos para España”, dijo. Horas después, Javier Nart anunciaba su salida de la ejecutiva de Ciudadanos. La razón de ambos: el camino hacia la derecha emprendido por Rivera tras la foto de Colón.

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