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Violencia e infancia: un colectivo vulnerable que no cuenta con medidas específicas durante el estado de alarma
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Violencia e infancia: un colectivo vulnerable que no cuenta con medidas específicas durante el estado de alarma

El riesgo de sufrir violencia en la infancia —tanto en el ámbito familiar como online— podría aumentar durante el confinamiento, según alertan las organizaciones que trabajan por los derechos de niñas, niños y adolescentes

Foto: Save the Children

Desde que se decretase el cierre de centros educativos, la infancia no ha vuelto a ser centro de las políticas gubernamentales frente a la crisis del coronavirus. Sin embargo, el confinamiento puede tener consecuencias más allá de no ir a clase o no poder salir de casa, tal y como alertan diferentes organizaciones que trabajan por los derechos de niñas y niños.

Save the Children advierte de un “posible aumento de la violencia en la población infantil durante el periodo de confinamiento” y la Fundación Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo (ANAR) señala que “dos de cada cinco casos atendidos en el Chat ANAR desde el 23 de marzo [cuando reforzaron su servicio por el estado de alarma] fueron por violencia hacia un menor de edad”.

Nina Agrawal, pediatra especializada en abusos sexuales en la infancia y profesora en Columbia University Medical Center, publicaba esta semana un análisis en el New York Times alertando de “una posible epidemia de abusos a menores”.

Agrawal señalaba la actual ausencia de profesionales en la vida de estos niños, adultos que podrían detectar situaciones de violencia: “Los niños no ven a los maestros y terapeutas que normalmente se preocuparían por su bienestar. La pandemia ha creado las condiciones para un aumento en el abuso infantil, que podría pasar desapercibido”.

“Los menores podrían estar en riesgo de sufrir violencia sexual. Se estima que una de cada cuatro niñas son abusadas sexualmente antes de los 18, un abuso que suele ser perpetrado por un miembro de la familia que convive en el hogar de la menor”, apuntaba la pediatra Agrawal en referencia a cifras estadounidenses.

En España, los últimos datos disponibles son de 2018, publicados a finales de 2019 en el Anuario Estadístico del Ministerio del Interior. El informe señala que en 2018 se denunciaron 5.382 casos de violencia sexual hacia niños y niñas, cifra que supone el 49,2% del total de denuncias contra la libertad sexual en ese año. Además, las denuncias de malos tratos a menores en el ámbito familiar aumentaron, pasando de 4.875 casos en 2017 a 5.105 en 2018, un incremento del 4,5%.

Nota: Los datos de violencia sexual hacia niños y niñas recogen denuncias por violencia sobre un menor ya sea por parte de un familiar (que puede vivir en el mismo hogar que el menor o no) o de cualquier otro adulto (un profesor o un desconocido a través de internet).

Save the Children subraya que el informe del Ministerio del Interior no refleja el total de agresiones hacia la infancia y la adolescencia cometidas en 2018, “ya que quedan fueran las denuncias registradas por las policías autonómicas, así como aquellos actos que, por diversos motivos, no se llegan a denunciar”.

En la actual situación de confinamiento, “habrá niños y niñas que tengan que convivir 24 horas al día con su agresor”, explica a Newtral.es Carmela del Moral, analista jurídica en derechos de la infancia en Save the Children. “Situaciones que ya eran graves y que existían antes del estado alarma podrían verse empeoradas con el actual contexto”, añade Del Moral.

Chat, e-mail o teléfono: los recursos de ANAR

La psicóloga Diana Díaz, directora del Telefóno ANAR, detalla a Newtral.es que, desde el 23 de marzo, han atendido “475 peticiones de ayuda procedentes de todo el territorio nacional, detectando situaciones graves en las que un niño o niña estaba sufriendo algún problema dentro de su propia casa y necesitaron de nuestra intervención para trasladar el caso a las autoridades y organismos competentes”.

De esas 475 peticiones, un 43,7% fueron en relación a violencia hacia menores —el resto corresponderían a problemas psicológicos, sociales o sentimentales, entre otros — . Tal y como detalla el comunicado elaborado por ANAR, muchos de los casos de violencia se producen en el ámbito familiar. Así, “la violencia física dentro del hogar supone el mayor porcentaje, con el 14,6% de los casos; los malos tratos psicológicos han supuesto un 10,2%, y los casos de abuso sexual, un 3,7%”.

También han recibido peticiones por “abandono o cuidado negligente”, constituyendo un 3,7% de las situaciones atendidas por ANAR a través de e-mail, chat o teléfono [900 20 20 10].

Diana Díaz explica que ANAR, a través de sus servicios, “ofrece asesoramiento legal y psicológico” pero también cuenta con un protocolo establecido con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para derivar directamente “casos urgentes o de grave riesgo”: “Estos son muchos de los que nos estamos encontrando: una situación de violencia cronificada que se ve agravada por el confinamiento continuo del menor con su agresor”, añade la psicóloga de ANAR.

La violencia en un contexto de emergencia

El aumento de la violencia en la infancia durante —o tras— una emergencia sanitaria o un desastre natural es un problema abordado desde el ámbito científico. En marzo de 2019, cuatro investigadores publicaron una revisión sistemática de los estudios realizados hasta el momento sobre violencia a menores en estos contextos (encontraron 692 papers, de los que finalmente seleccionaron 11).

En esta revisión, liderada por Hamed Seddighi —investigador de la University of Social Welfare and Rehabilitation Sciences (Teherán, Irán)—, los autores destacan que “las familias que son más vulnerables a la pérdida de comida y refugio ejercen violencia contra niños y niñas con mayor frecuencia”. Por otro lado, señalan que “mientras las cifras de violencia aumentan en emergencias, las cifras de violencia reportada [denuncias] son menores” debido a “la falta de infraestructura y de mecanismos de denuncia”.

También concluyen que “el historial de exposición a violencia, de abuso de sustancias tóxicas por parte de los progenitores, de pobreza y de explotación laboral infantil son predictores de violencia en la infancia en situaciones de emergencia”. En concreto, la pobreza expone a los niños y niñas a mayor riesgo de violencia “debido a las limitaciones económicas y de apoyo que tiene la familia”.

Más riesgo de sufrir violencia online

La Agencia Nacional contra el Crimen del Reino Unido (NCA por sus siglas en inglés) advertía esta semana de que “podría producirse un aumento en el abuso sexual online a menores durante la pandemia del COVID-19”. Según los datos manejados por la NCA, “hay al menos 300.000 personas en el Reino Unido que representan una amenaza sexual para niños y niñas”, tal y como recoge The Guardian.

La NCA revela que “los agresores están estudiando las oportunidades a través de foros” para ejercer violencia sexual sobre menores “durante la crisis del coronavirus”.

La analista jurídica de Save the Children, Carmela del Moral, apunta que “es normal que niños y adolescentes utilicen más internet y las redes sociales en estos momentos”: “Nos preocupa el riesgo digital. Es decir, que un aumento del uso de estas redes sociales pueda derivar en un aumento de la violencia que se puede sufrir a través de estos medios” como, por ejemplo, “el grooming, que es cuando un adulto se hace pasar por otra persona para conseguir imágenes de contenido sexual de un menor”.

Del Moral aclara que no se trata de “demonizar lo digital ni de evitar que los niños usen internet”, sino de “dotar de herramientas y recursos a estos menores para prevenir situaciones de abuso sexual o de violencia online”.

Tanto Save the Children como ANAR reclaman al Gobierno medidas concretas para paliar este problema de salud pública que afecta a la infancia. “El teléfono de ANAR es muy útil pero habría que reforzarlo o poner más medios a su disposición”, señala Carmela del Moral. “Con la Policía se puede contactar por e-mail, pero eso implica directamente denunciar. Además, no todos los niños y niñas conocen la existencia de ese recurso”, añade la analista jurídica.

Desde ANAR proponen “un canal de ayuda y de denuncia prioritario al que puedan acudir los menores de edad para pedir ayuda”. Señalan, también, la importancia de que el personal docente conozca los canales ya existentes para que puedan asesorar al alumnado al que imparten clases online.

Por último, Del Moral insiste en la importancia de “dar soluciones online y no tanto telefónicas”: “Si estás conviviendo con tu agresor, es muy difícil llamar y decir que estás sufriendo violencia”. Y añade que será “imprescindible” que el Gobierno comience a plantear “una respuesta post confinamiento”: “Igual que se habla de reactivar la economía, y lógicamente debe ser un objetivo, la infancia también debe estar en el centro. El de los menores es un colectivo al que atender una vez pase la crisis porque necesitarán recuperación y apoyo”.

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