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Vida y obra
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El arte necesita que el espectador vea más allá. La identificación con el protagonista de una novela, que nos encontremos convirtiéndolo en héroe incluso cuando obra mal, es una consecuencia de las magistrales capacidades del autor. En todo caso, a nadie se le ocurriría hacer responsable a Goya de los fusilamientos ni de empujarnos a devorar a nuestros hijos. En ‘El padrino’ de Puzzo (y Coppola) nuestro héroe es siempre algún Corleone, pero no significa que nos planteemos empezar a extorsionar a los vecinos. Y si lo hacemos, desde luego no deberíamos hacer responsables a los creadores. Sin embargo cualquiera ha disfrutado tanto cada escena de ‘El Padrino’ y cada pincelada del ‘Saturno…’ como cada página de Lolita.

Vida y obra


Hace un tiempo leí en una de esas revistas de las salas de espera del dentista un artículo que me llamó la atención. Yo andaba con un dolor importante en una muela, el ‘Upper East Side’ que diría Bukowski, y el artículo hablaba sobre ‘Lolita’ de Nabokov y la «imprudencia de permitir» que se publicaran libros que «publicitaran» el acoso sexual y lo «normalizaran». La autora despotricaba contra el autor como si fuera este el propio Humbert Humbert y tachaba el libro de instrumento didáctico sobre conductas vomitivas y peligrosas.

Recuerdo que esto me irritó profundamente por varios motivos. Primero me acusaba indirectamente a mí, que tanto he disfrutado leyéndolo, de complicidad con el protagonista y su conciencia; a mí, que la denomino “una historia de amor” sin darme cuenta. Por otro lado cometía una gran injusticia con un autor que precisamente fue conocido por una feliz vida familiar de 50 años con Vera Nabokova (“Es como si en tu alma existiese un lugar predispuesto para cada uno de mis pensamientos” le dijo), además de por la majestuosidad de sus obras, en especial Lolita.

El arte necesita que el espectador vea más allá. La identificación con el protagonista de una novela, que nos encontremos convirtiéndolo en héroe incluso cuando obra mal, es una consecuencia de las magistrales capacidades del autor. En todo caso, a nadie se le ocurriría hacer responsable a Goya de los fusilamientos ni de empujarnos a devorar a nuestros hijos. En ‘El padrino’ de Puzzo (y Coppola) nuestro héroe es siempre algún Corleone, pero no significa que nos planteemos empezar a extorsionar a los vecinos. Y si lo hacemos, desde luego no deberíamos hacer responsables a los creadores. Sin embargo cualquiera ha disfrutado tanto cada escena de ‘El Padrino’ y cada pincelada del ‘Saturno…’ como cada página de Lolita.

En Chile se ha desatado una gran polémica social después de que se propusiera renombrar el aeropuerto de Santiago como aeropuerto Pablo Neruda. Esto es debido a que diversos terribles comportamientos del genial poeta son generalmente conocidos (y algunos particularmente reconocidos en su biografía “Confieso que he vivido”). Se habla de maltratos, abandono de una de sus hijas e incluso de la violación de una trabajadora de un hotel de la antigua Ceilán.

Esto me despierta la pregunta inversa. Igual que Nabokov, de comportamiento ejemplar que sepamos, escribe Lolita en el marco de una historia de secuestro y acoso a una menor; Neruda, el gran poeta del amor, creador de versos llenos de sentimiento y delicadeza, tiñe su vida personal de crueles sucesos imperdonables.

La pregunta, más allá del nombre del aeropuerto, es si, sentados en nuestro sillón de la superioridad moral, tienen cabida en nuestras manos los exquisitos versos de un maltratador. También si debemos repudiar la sublime novela de un hombre decente porque su protagonista es un perverso criminal. En definitiva, si debemos separar la vida y la obra de los artistas. Si Nabokov fue un pederasta, un simple irresponsable o solamente un escritor genial.  Si debemos quemar los poemarios de Neruda para dar ejemplo.

O si por el contrario deberíamos separar las obras de las vidas de sus autores y limitarnos a disfrutarlas en un terreno exclusivamente literario, donde los poemas de Neruda y el Lolita de Navokov destacan como magistrales creaciones atemporales.

 

PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos
árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis
brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Pablo Neruda. Veinte poemas de amor y una canción desesperada

 

 

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba derecha, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos fue siempre Lolita.
¿Tuvo Lolita una precursora? Naturalmente que sí. En realidad, Lolita no hubiera podido existir para mí si un verano no hubiese amado a otra niña iniciática. En un principado junto al mar. ¿Cuándo? Aquel verano faltaban para que naciera Lolita casi tantos años como los que tenía yo entonces. Pueden confiar en que la prosa de los asesinos sea siempre elegante.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que los serafines, los mal informados e ingenuos serafines de majestuosas alas, envidiaron. Contemplen esta maraña de espinas.

Inicio de Lolita. Vladimir Nabokov

8 Comentarios

  • Es complicado separar a la persona del autor, por eso lo mejor es no conocerle. Me pasa un poco con el fútbol, según la forma de jugar de alguien te imaginas cómo será en persona y, después le escuchas en una rueda de prensa y adiós al mito. De todas formas quien esté libre que tire la primera piedra. En relación a Neruda, no conseguí engancharme a su biografía, me resultó un poco lenta y densa.

  • Es complicado separar a la persona del autor, por eso lo mejor es no conocerle. Me pasa un poco con el fútbol, según la forma de jugar de alguien te imaginas cómo será en persona y luego le escuchas en una rueda de prensa y adiós al mito. De todas formas quien esté libre que tire la primera piedra. En relación a Neruda, no conseguí engancharme a su biografía, me resultó un poco lenta y densa.

  • Ponerle el nombre de alguien a un aeropuerto no solo implica reconocer su obra, en mi opinión, ensalza también a la persona. Yo no homenajenaría a nadie con un comportamiento demasiado reprochable, pero aún así podría seguir disfrutando de su obra.

  • Cuando Eduardo Halfon publicó «Saturno» (un compendio de escritores suicidas) en Guatemala, mucha gente incluso le ofreció o recomendó ayuda psicológica porque creyeron que se podía suicidar. El autor se ríe de la anécdota, pero sí, al público le resulta difícil separarlo de su obra. Por cierto, ahora hay una edición española en Jekyll & Jill de este libro que sin duda te recomiendo.
    Saludos

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