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Silvia Navarro: la paciencia de la veteranía
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Silvia Navarro: la paciencia de la veteranía

La capitana de la selección femenina de balonmano lucha por el retorno de las mejores jugadoras a una liga sostenible y persigue una obsesión: el oro con las ‘guerreras’.

La portera de la selección femenina de balonmano, concentrada durante un partido. J.L. Recio / RFEBM

El pasado 20 de marzo, Silvia Navarro (Valencia, 1979) debía estar celebrando su 41 cumpleaños con la selección de balonmano. Las ‘guerreras’, disputando el preolímpico que las hubiera llevado a Tokio 2020, unos Juegos Olímpicos que ya no se celebrarán en su fecha. La crisis del COVID-19 también ha paralizado el deporte y ella espera en su casa de Gran Canaria, donde entrena sin dar por finalizado su último gran objetivo: un oro con España. Antes, se toma un respiro: «Mi vida era caos. Ahora, al menos, no pongo despertador».

Tras colgarse la plata en el Mundial de 2019, Silvia retaba a los deportistas masculinos a ponerse su camiseta. Al final del día, comentaba, no querrían ser más esa persona. «Verían lo complicado que es para nosotras, tener preocupaciones y llegar a todo, levantarse a las siete y no parar hasta la medianoche. Hablo de salario, condiciones deportivas, recursos… Y de responsabilidades». explica a Newtral.es. «Deberían probarlo. Es difícil ser profesional cuando trabajas o estudias por la mañana, cuando eres madre y entrenas por la tarde».

Aunque Silvia se dedica exclusivamente al balonmano desde que fichara por el Itxako en 2006, no pierde la perspectiva e incide en la realidad de sus compañeras. «Estudian, son madres, trabajan… Tiene mucho mérito”. Sin embargo, habla de la gran evolución que han vivido las mujeres en el deporte, especialmente los últimos años. «Yo crecí sin referentes femeninos porque no existían. He vivido las dos partes, y ojalá compañeras ya retiradas hubieran conocido lo que vemos en la actualidad. Aun así, queda mucho que pelear».

Un Mundial que impulsa al balonmano

En diciembre, las ‘guerreras’ se hacían con la plata en el Mundial de Japón, un éxito inesperado incluso para las propias protagonistas. «Cuando subíamos al avión, Shandy Barbosa y yo íbamos mirando las apuestas. Nos daban del décimo puesto para abajo. Le dije: “Shandy, solamente por fastidiar tenemos que quedar novenas”. Fuimos plata, y a punto estuvimos de ganar el oro. Cuando llegamos a Barajas y vimos a toda la gente… Ni con el bronce en los Juegos nos habíamos sentido así. Antes esto era impensable».

Bronce en el Mundial de 2011, bronce en Londres 2012 y plata en el Europeo de 2014 subieron el listón de las expectativas sobre ellas. Sumadas al cambio generacional, la caída fue dura para las veteranas. «Llevábamos varios años trabajando bien, pero sin resultados. Esta medalla fue una lección para todas. Nos han dado muchísima caña con que estábamos muy lejos del nivel anterior. Hay que esperar, las nuevas generaciones tienen ambición y solo necesitan tiempo».  

Duodécimas en el Mundial 2015, undécimas en el Europeo 2016, undécimas en el Mundial 2017, duodécimas en el Europeo 2018… La selección vivía la gran crisis del balonmano y la capitana sufría por sus compañeras. «La experiencia te da otra visión, sabes que hay muchos ciclos. Pero todas hemos sido jóvenes y te duele cómo lo viven ellas. Había que transmitirles paciencia. A veces me frustraba y pensaba que no íbamos a levantar cabeza, pero tienen desparpajo, nada de miedo, y su trabajo tenía que aflorar en los campeonatos».

Silvia Navarro posa con la plata del Mundial de Japón 2019 | J.L. Recio / RFEBM

Objetivo: que las internacionales vuelvan a jugar en casa

El ciclo ganador de la selección de 2011 a 2014 situó a sus protagonistas en la cima del balonmano europeo. Pero, mientras la selección crecía con jugadoras que habían emigrado a competiciones europeas con más recursos, la liga nacional se deshacía poco a poco. El Itxako, subcampeón de Europa y donde militó Silvia Navarro, desaparecía. Para entonces, ella ya probaba suerte en el SCM Râmnicu Vâlcea de Rumanía. «Aquí hubo una gran crisis, si queríamos estar al máximo nivel teníamos que salir. Y eso hicimos la mayoría».

Otra liga, otra realidad, otro idioma y otra forma de vivir el balonmano. «Llegabas dos horas antes el partido y la cola ya daba la vuelta al pabellón. La gente nos reconocía por la calle. Entregabas el pasaporte y antes de sacarlo ya te decían “Silvia Navarro, portera”. Era impresionante, las jugadoras de balonmano son estrellas».  Pero un año fue suficiente para vivir la experiencia en el extranjero. «Soy muy familiar. Me quedé tranquila con la experiencia y me enriqueció como persona, pero con un año tuve suficiente».

Compañeras de selección como Nerea Pena, Carmen Martín o Shandy Barbosa apuran sus últimos años en la élite lejos de su entorno. Rumanía, Hungría o Francia dan a las españolas las oportunidades económicas que no tienen en casa. Pero los años pesan. «Todo el mundo pretende que vuelvan, llevan mucho tiempo fuera. Cuando cumples años y objetivos, empiezas a priorizar volver a tu entorno. Quiero que las chicas salgan para abrir la mente, pero no por necesidad. Estoy convencida de que los clubes querrían dar más».

La portera de la selección española de balonmano, durante un partido. J.L. Recio / RFEBM

Las ‘guerreras’ y el camino de la maternidad

De pequeña, Silvia solo pensaba en fútbol.  «Cogía las muñecas de mis hermanas y les arrancaba la cabeza para patearlas”. Con ocho años, tras probar el balonmano en una escuela, hizo una prueba en Valencia. «Dentro de los tres palos encontré mi casa, pero fue mi madre la que me forzó cada día a desplazarme 25 kilómetros, la que me obligó a cumplir un compromiso que había adquirido. Ella ha sido la que ha hecho maniobras por mí».

Treinta y tres años después de sus primeros pasos en el balonmano, y con un hijo, Silvia valora aún más ese esfuerzo. Por eso, aplaude las facilidades de la Federación Española de Balonmano (RFEBM) para que los pequeños acompañen a las jugadoras durante las concentraciones, como hicieron en el pasado Mundial. «Tenemos que trabajar en ese sentido, en normalizar la maternidad y seguir el ejemplo de los países nórdicos. Hay que insistir un poco más en que ser deportista y madre es totalmente compatible».

El último sueño: un oro con España

Cuando Silvia llegó al Itxako, su obsesión fue lograr un título que el equipo siempre rozaba. «Dimos un paso y conseguimos una copa, una liga…» Después repitió experiencia con el Rocasa, su equipo actual, campeón de la liga en 2019 por primera vez en diecisiete años. Ahora, quiere lograr lo mismo con la selección. «La vida es un reto, el deporte es un reto y todas queremos que las mujeres crezcamos en el balonmano y en el deporte. De cada medalla tengo algo y me puedo retirar satisfecha, pero si gano un oro con España, me puedo morir tranquila».   

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