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Las ‘guerreras’ del balonmano, ejemplo de cómo normalizar la maternidad en el deporte de élite
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Las ‘guerreras’ del balonmano, ejemplo de cómo normalizar la maternidad en el deporte de élite

La selección femenina que disputa el Mundial en Japón cuenta con tres madres: las jugadoras Silvia Navarro y ‘Shandy’ Barbosa, y la delegada del equipo, Jessica Alonso. Quieren dar ejemplo y son pioneras, pero matizan que sus casos habrían sido distintos jugando en España.

Shandy Barbosa se hace un selfie con el equipo de balonmano durante el Mundial de Japón 2019.

Jessica Alonso estaba en el mejor momento físico y profesional de su carrera. Jugaba en el Besançon, equipo francés en el que recaló tras lograr varias ligas en España y Serbia. Después de formar parte de la selección nacional más exitosa del balonmano, ganadora entre otras medallas de un histórico bronce en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, le quedaban pocos objetivos deportivos. Pero con 33 años, y después de cuatro temporadas en Europa alejada de su marido—segundo entrenador del Ademar en León—, hizo balance, y entre su carrera deportiva y su vida personal empezó a pesar la maternidad. Sentía que era la ocasión de formar una familia e iniciar su camino hacia un nuevo futuro. «Cuanto antes me retirara, antes podría iniciar esa vida».

Ser madre y seguir en el balonmano profesional en España no era una opción. «Es una liga que no es profesional, es prácticamente un hobby para nosotras», explica a Newtral. Parar definitivamente era la única manera de seguir adelante con su plan. Tres años después, con un bebé de siete meses, Jessica es la delegada del equipo en el Mundial de Japón.

En la expedición española coincide con Alexandrina ‘Shandy’ Barbosa, con un bebé apenas cuatro días menor, y Silvia Navarro, quien tuvo un hijo hace siete años con su expareja. Con tres madres en el equipo, algo nada habitual en la élite del deporte, la selección se siente pionera, pero las propias protagonistas advierten de que esta circunstancia sería difícil de ver si pertenecieran a clubes españoles.

Jessica Alonso, exjugadora de balonmano y delegada de la selección femenina. | RFEBM

“En España estamos desprotegidas”

El Itxako, uno de los clubes más potentes de Europa antes de desaparecer, fue el hogar de Jessica hasta la crisis económica. Como otros clubes, sufrió la falta de patrocinadores y quebró. Tras un breve paso por Serbia y Francia, Jessica vio que no era posible volver en circunstancias similares.

«Con la crisis los equipos se hicieron amateur. Antes de irme estaba dada de alta en la Seguridad Social, tenía contrato y todas las garantías laborales. Pero cuando me planteo la maternidad la situación es muy diferente, volver era dejar el balonmano. Ahora fichan a jugadoras muy jóvenes que ni se plantean ser madres. No te ofrecen Seguridad Social, apenas hay contratos…», lamenta.

Así lo manifiesta también Paloma Zancajo, vicepresidenta de la Asociación de Jugadoras de Balonmano. «Hay un problema a nivel laboral. Nuestras jugadoras se marchan a otros países porque en la liga rumana ganas tres veces más que en la española. Y en esas competiciones puedes plantearte otras cosas en la vida, como ser madre. Ahora hay una norma en División de Honor que obliga a los clubes a tener seis jugadoras dadas de alta a tiempo parcial, mientras el resto no tienen contrato. El problema estaría en esas jugadoras que no tienen garantías laborales, pero lo habitual es que los clubes cubran esas fichas con chicas de dieciocho o veinte años que están comenzando y que en ningún momento se plantean ser madres como sí lo hacen las que están en la recta final de su carrera».

En Francia, apunta Jessica, habría sido distinto. «Normalmente allí no te ponen problemas siempre que lo comuniques. Cuentas tu intención de ser madre, y luego tienes tu baja remunerada durante los meses de embarazo y los cuatro posteriores al parto». La ley francesa protege a la deportista, y así se demostró en el caso de Shandy Barbosa, quien se quedó embarazada nada más llegar al Nantes. Cuando el presidente tuvo esta información, le invitó a irse, anunciándole que tendría que renunciar a varias mensualidades y abandonar el piso que le habían asignado.

‘Shandy’ Barbosa durante la celebración de un gol en el Mundial de Japón | IHF

«Yo no veo que tenga que comunicarle al club que quiero ser madre porque es un derecho que tengo. Al ver la reacción del presidente, me puse en contacto con una asociación de jugadoras y me asesoraron con abogados. Tuvieron que aceptarlo. Es algo que en España habría sido más complicado, porque estamos desprotegidas. Nuestro ejemplo es posible por las circunstancias, porque ninguna está en la liga española. Tratamos de sentar las bases de esta normalidad en la selección española, pero necesitamos que lo entiendan los clubes y que algunas compañeras den este paso», dice desde el hotel de concentración tras ser elegida mejor jugadora en la victoria ante Senegal.

Dificultades para conciliar

Las dos semanas en tierras niponas comienzan a pesar en la distancia con su bebé. «Es duro porque veo vídeos en los que se empieza a poner de pie, crece… Y quieres estar ahí. Pero precisamente nosotras queremos dar ejemplo y sentar las bases de la normalidad, que ser madre a este nivel no esté reñido con la carrera, que no renunciemos a nuestros sueños y objetivos. Demostramos que podemos interrumpir unos meses nuestro trabajo y volver con el mismo rendimiento».

En la concentración previa al Mundial, durante una semana en Madrid, tanto Jessica como Shandy pudieron tener cerca a sus bebés gracias a las facilidades de la Federación de Balonmano, que entendió que sus parejas podían estar cerca con sus hijos. «Es algo que hacen jugadoras de otros países como Francia, Dinamarca, Holanda… Incluso en largas concentraciones de casi un mes como en un Mundial, aunque son niños un poco mayores que los nuestros », relata Shandy. «Nos va a costar años que se entienda, y la vida de deportista siendo madre es complicada, pero ya hemos demostrado que podemos hacerlo. Con el tiempo será habitual».

«Somos pioneras»

El caso de Silvia Navarro es diferente. La portera de Rocasa Gran Canaria no es madre biológica de su hijo, ya que fue su expareja la que se quedó embarazada durante su estancia en Rumanía. Sin embargo, en su vuelta a la liga española negoció poder tener las mañanas libres y ver crecer a su bebé, que ahora tiene siete años. Facilidades que antes eran impensables. «Somos pioneras y queremos ser profesionales, así que si tenemos a los bebés en la concentración respetamos los horarios y la concentración. La conciliación en España es mala, pero no en el deporte sino en todos los ámbitos», recalca Jessica.

Precisamente este fue el gran escollo de una de las mejores porteras de la liga, Maite Zugarrondo, quien anunciaba su retirada tras años de triunfos con el Bera Bera para hacerse cargo de sus dos sobrinas, sobre las que tenía la tutela. La imposibilidad de trabajar al 100% y el factor económico fueron determinantes en su decisión. En un vídeo, dejó entrever la dificultad de conciliación cuando los ingresos no son acordes al trabajo y esfuerzo semanal. Algo que confirmaba posteriormente. «Estamos a años luz de otros países. Es triste que tengamos que dejar el deporte».

Pendientes de un cambio normativo

«La sociedad estigmatiza a la mujer por el mero hecho de ser madre», concluye Zancajo. «Hay que verlo como algo natural, no como una interrupción de la vida laboral. Los clubes deben estar de acuerdo en que esto forma parte de sus vidas. Debemos normalizar ver a jugadoras celebrando éxitos con sus niños como habitualmente vemos con Messi o con otros deportistas masculinos. Se están dando pasos lentos, pero en esto el balonmano es ejemplar y pionero» .

Además de un cambio cultural y mejoras económicas y laborales, las deportistas llevan años reclamando una reforma de la Ley del Deporte de 1990, que solo reconoce como profesionales las ligas masculinas de fútbol y baloncesto. En el borrador del Anteproyecto de Ley aprobado por el Consejo de Ministros en febrero de 2019—que no llegó a votarse en el Congreso—se introducía por primera vez conceptos como maternidad o lactancia.

“Tampoco podrá mantenerse el Estado sin respuesta ante la merma de derechos que las mujeres deportistas sufren al quedarse embarazadas, tales como la pérdida de ayudas y subvenciones bajo el pretexto de no haber competido […] así como las dificultades manifiestas a la hora de la conciliación y la reincorporación a la actividad deportiva tras la maternidad”, dice este proyecto, que incide en mantener los derechos como deportistas de alto nivel una vez transcurrido este periodo fomentando medidas de igualdad.

El texto, pendiente de retomarse tras la formación de Gobierno, obliga a las federaciones y ligas a elaborar un plan específico de conciliación con medidas concretas de protección en los casos de maternidad y lactancia, «aplicable a las entidades respecto de sus deportistas”. Un plan que deberá ser comunicado al Consejo Superior de Deportes (CSD).

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