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Sánchez y la constante reválida del independentismo
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Sánchez y la constante reválida del independentismo

Los partidos que persiguen la independencia han jugado un papel clave no solo en las investiduras de líder socialista, también en los momentos de mayor inestabilidad de su Ejecutivo. Repasamos las idas y venidas que el presidente al respecto

La Moncloa

Desde que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa tras ganar la moción de censura ha cambiado varias veces su discurso sobre Cataluña conforme iba requiriendo del apoyo de las formaciones soberanistas. Estas, le hicieron presidente en 2018, forzaron que convocara elecciones en 2019 y, en el caso de ERC, le mantuvo en la Moncloa tras la investidura de 2020. 

Junio de 2018: reconoce ante ERC y PdeCAT un “problema político”

Un año después de ganar las primarias de su partido, Sánchez se situó también al frente del Gobierno gracias al ‘bloque de la moción de censura’ que apoyó su candidatura en detrimento de Rajoy. 

En ese bloque estaban, también, los diputados de ERC y el PDeCAT, a los que Sánchez reconoció que había un “problema político” en Cataluña. En el pleno, no obvió que los socialistas partían de “posiciones muy distintas”, pero prometió abordar esas diferencias a través del diálogo y subrayar los puntos comunes: “Me comprometo a explorar, en nombre del Grupo Parlamentario Socialista y con el consenso de la Cámara, ese diálogo para encontrar una solución política a una crisis que es política. Espero que encontremos la solución más pronto que tarde”.

Julio de 2018: primera reunión y reactivación de las comisiones bilaterales

Al llegar al Gobierno, Pedro Sánchez anunció que se reuniría con todos los presidentes autonómicos. Conforme al orden de antigüedad de sus estatutos, Quim Torra fue el segundo dirigente con el que se encontró después del lehendakari, Íñigo Urkullu. 

La reunión, en contraste con la postura mantenida por el Gobierno anterior, transcurrió en la línea marcada en la investidura: definición de “conflicto político”, reconocimiento de las diferencias, apuesta por el diálogo y, en este caso, compromiso de “normalizar las relaciones” y reactivar las comisiones bilaterales. Ambas partes quedaron en volver a reunirse en Barcelona.

Diciembre de 2018: Pedralbes y la “mesa de partidos”

Sánchez devolvió la visita a Torra en el mes de diciembre. Al término del encuentro, se emitió un comunicado que marcaba entre los “objetivos” comunes la composición de una “mesa de partidos” formada por integrantes de las formaciones con representación en Cataluña. Estas reuniones estarían dirigidas por una persona que facilitaría “la coordinación de los trabajos” y fijaría “el orden del día” de los encuentros.

Febrero de 2019: la crisis del “relator” y la convocatoria de elecciones

Tras la reunión de Pedralbes, Gobierno y Govern se comprometieron a retomar las conversaciones tras el Año Nuevo. Lo hicieron hasta que la negociación saltó por los aires a cuenta de la figura del “relator”

A principios de febrero, la Generalitat filtró a la prensa el documento de 21 puntos que Torra había traslado a Sánchez y en los que el independentismo exigía, entre otros, una “mediación internacional” para garantizar “una negociación en igualdad”. 

El Gobierno descartó que hubiera negociado cualquiera de esos puntos y anunció entonces que aceptaba la figura del “relator”. Para Moncloa, según explicó Carmen Calvo en la Cadena SER, sería una persona que coordinaría los trabajos de la mesa de diálogo de partidos “al margen de la institucionalidad” de las reuniones bilaterales entre el Gobierno y la Generalitat. 

Esta versión no terminaba de coincidir con la de los líderes independentistas y fue matizada varias veces en pocas horas. En plenas negociaciones con los independentistas para los Presupuestos de 2019, la oposición acusó a Sánchez de “alta traición a España” y PP, Cs y VOX exigieron en una manifestación conjunta en Colón que convocara elecciones. 

ERC y JxCat  mantuvieron la exigencia de una negociación sobre “el derecho a la autodeterminación” para apoyar las cuentas y, en esta línea, tumbaron el Proyecto de Presupuestos presentado por el Gobierno. A los pocos días, Pedro Sánchez convocó elecciones anticipadas: “Entre no hacer nada y continuar sin Presupuestos y convocar y dar la palabra a los españoles, elijo la segunda”.

Abril de 2019: “problema de convivencia” y sin mención a Pedralbes en el programa

Anunciada la nueva cita con las urnas, los partidos basaron parte de su estrategia de campaña en el tema de Cataluña, con tres argumentos fundamentales: PP y Cs acusaban al Gobierno de haber pactado en secreto con los independentistas, el PSOE lo negaba y Podemos criticaba a Sánchez por haber olvidado su idea de la España “plurinacional”. 

Significativo fue que, en el debate del 23 de abril, el líder socialista tildó de “problema de convivencia” -y no político- el conflicto catalán. De igual manera, en su programa electoral, el PSOE no hizo mención alguna a la declaración de Pedralbes que había reivindicado hasta hacía pocos días. En lo referido a los pactos, Sánchez únicamente decía que su intención era gobernar en solitario, pero no aclaraba con qué apoyos. 

Julio de 2019: investidura fallida y bloqueo de las negociaciones

Los resultados en las urnas dieron la victoria al PSOE, pero no despejaron la ecuación. La gobernabilidad dependía de la abstención de PP o Ciudadanos, o bien de un acuerdo por la izquierda con Unidas Podemos y el apoyo de los independentistas. 

Ferraz persiguió las dos opciones -la segunda con negociación pública durante el pleno incluida-, pero ambas sin éxito. El día en que se certificó su fracaso en la búsqueda de apoyos, Sánchez justificaba así su postura ante el pleno del Congreso: “Mi propósito era conformar un Gobierno, un Gobierno progresista, con una premisa: hacer lo posible para que la investidura a la Presidencia del Gobierno de España no dependiera en exclusiva de formaciones independentistas”.

La negativa de populares y naranjas y el enconamiento en las negociaciones con los morados persistieron durante el verano y en septiembre se convocaron, de nuevo, elecciones generales (las cuartas en cuatro años).

Octubre de 2019: protestas por la sentencia del procés y problema “de convivencia”

La publicación de la sentencia del procés generó una ola de protestas violentas en Cataluña que requirió de la intervención de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. El titular de Interior, Grande Marlaska, comparecía casi a diario para informar sobre la situación y, durante sus intervenciones, exponía reiteradamente tres ideas: la buena coordinación de los cuerpos policiales, la definición del conflicto como un problema de “convivencia” y el rechazo absoluto de la violencia. 

Precisamente, el Gobierno estableció como condición sine que non para para hablar con Torra sobre los altercados que este condenara la violencia en las calles catalanas de forma expresa. Tras evitarlo varias veces -como recogió laSexta-, el president hizo distintas referencias al respecto pero, según Moncloa, ninguna los suficientemente contundente. Por ello, Sánchez se negó a descolgar el teléfono todas las veces que este le llamó. 

Noviembre de 2019: nueva campaña y endurecimiento de las críticas

A diferencia de lo que ocurrió en abril, en la campaña otoñal el PSOE endureció su postura respecto a los partidos independentistas. En lo político, Sánchez mantuvo que un Ejecutivo que dependiese de las formaciones soberanistas no era lo que necesitaba España, a las que llegó a acusar de “subestimar la fortaleza de la democracia”.

En lo penal, se comprometió a volver a tipificar la convocatoria de referéndum ilegal y, aunque después rectificó, prometió traer de vuelta a Carles Puigdemont para que fuese juzgado por su implicación en el procés. Durante toda la carrera electoral, siguió insistiendo: en Cataluña había un “conflicto de convivencia”.

Diciembre de 2019: negociación con ERC y vuelta al “conflicto político”

Ejecutivo de coalición). El preacuerdo exprés con Unidas Podemos y el PSOE emprendió una negociación para buscar la abstención de ERC, imprescindible para que la investidura de Sánchez saliera adelante. 

El comunicado emitido tras la primera reunión mostró la vuelta de los socialistas al mensaje de 2018: recuperaban la denominación del “conflicto político” y presentaban “el diálogo y el entendimiento institucional” como fórmula para abordarlo.

ERC, que reunió al Consell Nacional para decidir su postura ante la elección de Sánchez, fue claro desde el principio: diálogo sí, pero también gestos políticos por parte del Gobierno. En palabras de Pere Aragonés: «Hay que abrir una etapa en la que la política venza a la represión, pero solo se puede abrir si la política desplaza a la represión. ¿Se entiende o no se entiende?”

Enero de 2020: investidura de Sánchez y nueva rectificación

2020 trajo el acuerdo entre ERC y  PSOE y, con él, la certeza de que Sánchez iba a ser investido. A cambio de su abstención, los republicanos pusieron una condición principal que quedó reflejada así en el documento suscrito por ambas formaciones: “Adoptamos el compromiso de crear una Mesa de diálogo, negociación y acuerdo entre Gobiernos , que partirá del reconocimiento y legitimidad de todas las partes y propuestas y que actuará sin más límites que el respeto a los instrumentos y a los principio que rigen el ordenamiento jurídico democrático”.

Socialistas y republicanos suscribieron que los trabajos comenzarían en un plazo de 15 días desde la formación de Gobierno. Los nuevos ministros y ministras tomaron posesión de su cargo el 13 de enero, por lo que la primera reunión se tenía que haber celebrado el 28 de enero. Sin embargo, se exigió que Torra exigió se viera con Sánchez como paso previo a la reunión de la mesa de diálogo y Moncloa fijó el encuentro para el jueves, 6 de febrero. 

Todo parecía en orden hasta que Torra, anunció que daba por terminada la legislatura y que convocaría elecciones anticipadas en Cataluña una vez se aprueben los presupuestos de la comunidad autónoma. El Gobierno expresó entonces que posponía la mesa de diálogo a la formación de un Ejecutivo catalán tras los comicios. A ERC, socio de gobierno en la Generalitat, no le gustó esa decisión, postura que podía tener consecuencias en su negociación de las cuentas del de Pedro Sánchez.

A las pocas horas, Moncloa anunció que finalmente sí habría reunión, una rectificación que Calvo matizó días después en El País y atribuyó a una confusión: “La situación en Cataluña es muy compleja. Parece que van a ir a elecciones pero estas no están convocadas. El president Torra dijo que la legislatura estaba agotada pero que quieren aprobar antes sus presupuestos. No es fácil interpretar todo eso.” En lo que no cabe interpretación, sin embargo, fue en la advertencia que Gabriel Rufián hizo el día que posibilitó la elección de Sánchez como presidente: “Sin mesa, no hay legislatura”.

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