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Las previsiones del PIB empeoran el panorama en España
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Las previsiones del PIB empeoran el panorama en España

Los organismos modifican sus previsiones de caída del PIB al disponer de más información, pero coinciden en que en 2021 ya se registrará crecimiento en la economía

Valeria Potapova(Shutterstock)

Antes del coronavirus España crecía por encima de la media europea y, pese a que se preveía una ralentización del crecimiento, el PIB del país continuaba aumentando. Con la crisis del coronavirus, tanto el Gobierno como los organismos internacionales y centros de estudios económicos han tenido que reformular todas sus previsiones.

El impacto económico del confinamiento y la enfermedad llevó a que se pronosticara la caída del PIB frente al crecimiento que veníamos observando. Desde entonces, los distintos analistas han ido modificando y agravando sus previsiones de desplome de la riqueza.

Es decir, cuanta más información manejan, más aumentan el efecto que tendrá el coronavirus sobre la economía de España. Eso sí, coinciden en que en 2021 se registrará crecimiento del PIB.

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Mayores caídas del PIB

Desde que comenzó la crisis derivada del COVI-19, los distintos organismos han ido empeorando sus previsiones de impacto económico en los distintos países, como en el caso de España. El Ejecutivo anunció en mayo que preveía una caída del 9,2% del PIB en 2020, y una recuperación del 6,8% en 2021, según recogió en el Programa de Estabilidad que mandó a Bruselas.

«Cuando pasa algo como esto que realmente nunca ha sucedido, al principio la evaluación de lo que está ocurriendo se hace muy apresuradamente y no tiene en cuenta muchos factores», explica Juan Fernando Robles, profesor del Centro de Estudios Financieros (CEF), que comenta que «es un error razonable» porque en esos momentos «no se conocía el efecto económico».

«Ahora sí se sabe un poco más qué sectores van a estar afectados, cómo pueden influir en el estallido de la economía española, etc… aunque sigue sin conocerse cuánto tardarán en recuperarse. Entonces ahora las previsiones empiezan a ser más acertadas, sin ser tampoco una cosa precisa», comenta al profesor del CEF.

Lo mismo opina Josep Lladós, experto en economía internacional y profesor en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que recuerda que la economía «siempre tiene un riesgo» al hacer previsiones, pero que en esta ocasión, es incluso más arriesgado «básicamente porque dependemos de una crisis sanitaria que está pendiente de resolución y de la cual todavía desconocemos muchos matices».

Con esto, BBVA Research ha rebajado esta semana las previsiones de crecimiento para España hasta el -11,5% en 2020, mientras que la AIReF empeora su previsión y estima que el PIB podría caer más del 12%. Por su parte, la Comisión Europea estimó en las previsiones económicas del verano que la economía española se contraerá un 10,9% en 2020. Y el FMI colocó a España —junto a Italia— en cabeza del hundimiento de las potencias económicas que analizó, con una caída del 12,8% en 2020.

Sobre estas previsiones Lladós recuerda que, en realidad, «aún no sabemos lo que va a pasar». «Yo creo que no son nada descabelladas las cifras que dan los organismos en lo que se refieren a la caída del PIB. Eso sí, si el último trimestre del año tuviéramos problemas con la crisis sanitaria, entonces la caída sí que sería más profunda», adelanta el experto.

Que se cambien de nuevo las previsiones más adelante va a depender de lo que ocurra con la epidemia

Por su parte, Robles adelanta que «todas las previsiones van a fallar porque se está operando con un futuro muy incierto», aunque concede que en los escenarios generales «hay consenso». Así, se estima que los países que hayan superado el primer brote y que más o menos lo van encauzando, como puede ser el caso de España, el daño económico principal se sufra en el segundo trimestre.

«Y a partir del tercer trimestre para adelante va a haber un comienzo de estabilización de la economía y de recuperación. Después, en 2021 crecerá con fuerza, teniendo en cuenta que por mucha fuerza con la que se crezca no se recuperará el nivel de 2019″, adelanta Robles, que no descarta que se continúen cambiando las previsiones.

«Que se cambien de nuevo las previsiones más adelante va a depender de lo que ocurra con la epidemia: y si se profundizan sus efectos o se producen nuevos confinamientos y brotes. Lo lógico es que habrá que seguir ajustando las previsiones«, explica el profesor del CEF.

Recuperación en V asimétrica

Aún con el cambio de pronóstico, se sigue manteniendo que la recuperación será en forma de V asimétrica, como adelantó la ministra de Economía, Nadia Calviño. «Se prevé que el impacto del COVID-19 sea en forma de V asimétrica. La caída de la actividad está siendo muy intensa con una pendiente negativa muy pronunciada», comentó en la presentación del Programa de Estabilidad del Gobierno.

«La recuperación no va a ser en forma de U o L, porque esta última implicaría un estancamiento y la U que seguimos cayendo este año, y eso no creo que se vaya a producir. Lo que se está diciendo de V asimétrica es más lógico», asegura el profesor Robles, que explica que este tipo supone una caída más fuerte, es decir, «una parte de la V muy inclinada» y luego la otra parte, la de la recuperación, que «está más aplanado en el tiempo y abarca varios años».

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Así, por lo que sí se apuesta, según Juan Fernando Robles, es por que no va a haber una recuperación rápida, ya que sectores muy importantes para la economía han quedado muy afectados al reducir la actividad, como la restauración, el turismo, las compañías aéreas… que asegura «van a necesitar rescate público». «Si las actividades se consiguen mantener abiertas a partir del 3 trimestre ya va a haber un crecimiento y una estabilización de las mismas y en el 2021, si todo va bien y no hay mayores incidencias con la enfermedad, la economía crecería un 6 o un 7%», adelanta.

Lo mismo opina Josep Lladós, que recuerda que «hemos tenido un primer trimestre de caída del PIB importante del 5%» y que «vamos a tener un segundo trimestre del año con una caída histórica y muchísimo más dura». En su caso, sin embargo, cree que en el tercer trimestre el PIB también seguirá decreciendo porque «en ese trimestre pesan mucho los servicios vinculados a la movilidad y los mercados exteriores como turismo y transporte».

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«Esos son precisamente los sectores que estamos viendo que están más afectados por la crisis. Con lo cual, las esperanzas que tenemos es que a partir del cuarto trimestre del año empezamos a ver un crecimiento positivo a nivel interanual del PIB», comenta el profesor de la UOC, que dibuja un escenario de «V imperfecta».

Va a ocurrir, así, que la recuperación se impulsará en 2021 «una cosa es la velocidad o intensidad con la que ocurra, pero la tendencia sí va a ser eso, la recuperación el próximo año», comenta Lladós. Para él la salida la harán todos los países «juntos». «Hemos reaccionado con la misma política económica y, además, somos economías muy interconectadas y cuando los mercados exteriores se reactiven, nos arrastrarán a través de la exportación», augura.

Aún así, recuerda que «una vacuna es determinante» o incluso tratamientos que mitiguen los efectos del virus, «lo cual lo que haría es mejorar las expectativas, y además, se invertiría más en las empresas». «A medida que la crisis sanitaria tenga perspectivas de que se va a resolver, incluso antes de que finalmente se resuelva, las condiciones y el sentimiento en los mercados cambiarán y empezaremos a recuperarnos rápidamente«, explica Lladós.

Estímulos diferentes al plan de 2008

En la crisis de 2008, el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, impulsó un Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo, conocido como Plan E. Este estaba dotado con 3.000 millones de euros que se repartían en proyectos de construcción, sector de la automoción, el transporte y prestaciones sociales, entre otros.

En esta crisis Lladós distingue una primera fase de actuación, que ha consistido en «contener actividad y empleo». Esto se debe a que la estrategia sanitaria frente al coronavirus fue el confinamiento en casa. «Lo que se hizo entonces fue un impulso fiscal para sostener el máximo de renta y ocupación a través de ERTE para que no se hundieran los índices de consumo», recuerda el profesor de la UOC.

Esto tiene una consecuencia económica: «se dispara el gasto público pero no ayuda a reactivar la actividad, lo único que permite es parar el golpe», afirma Lladós, que defiende que para salir de la crisis «hay que hacer un segundo impulso fiscal».

No obstante, para Josep Lladós hay que hacer cosas diferentes frente al Plan de 2008. Así, defiende que hay que «invertir en aquellas actividades que tengan el mayor rendimiento económico y social, sea donde sea, pero hay que ir a aumentar la productividad de la economía». Entre estas destaca la transformación digital de las empresas y del mercado energético hacia la producción de energías renovables.

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«Eso es lo que garantiza que podamos salir de una forma más rápida y posiblemente más igualitaria de la crisis, y, además, ese mayor crecimiento te va a arrastrar mayores ingresos. Es decir, no hay que gastar por gastar, hay que priorizar en qué gastamos«, explica Lladós. También un punto importante que destaca frente a la crisis anterior, es cómo vamos a financiar las ayudas.

«Ese es precisamente el campo de batalla que tenemos enorme con la UE en el seno del Eurogrupo para ver que estos nuevos fondos de reactivación que se están negociando lleguen de la forma más libre y lo menos condicionada posible«, comenta el profesor de la UOC.

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Por su parte, Juan Fernando Robles asegura que «el Plan E no tuvo ningún efecto sobre la economía». «Fue un gasto completamente estéril, no sirvió de nada. Estás gastando dinero y no estás consiguiendo más resultado que a muy corto plazo y muy temporal, que se agota en sí mismo en cuanto termina el plan. No es una solución a largo plazo que luego vaya a tener una continuidad», comenta.

En un entorno del gasto público tan alto asegura que «sería muy desacertado, como lo fue en su momento» una política como la del Plan E. «No solucionó ningún problema en la economía española, aunque los planes no eran tampoco demasiado costosos. Fue un parche que generó un poco de empleo en un momento dado pero nada realmente que supusiera una mejora de ese sector a medio largo plazo, que es lo que ahora se tiene que buscar».

Habrá que hacer políticas de gasto pero con mucho cuidado y nunca sustituyendo el papel de la actividad privada

Así, Lladós cree que «el problema hoy en día es que no hay muchos mecanismos para acelerar una recuperación». «Me refiero, por ejemplo, incitando el gasto público. Es sabido que el gasto público no ejerce de multiplicador demasiado grande sobre la economía, es decir, el Estado no puede sustituir generando actividad económica lo que el sector privado ha dejado de crear», comenta el profesor.

«Puede ayudar», continúa reflexionando Lladós, «pero el gasto público por sí mismo no es capaz de sustituir todo lo que se ha perdido, y por tanto, con un problema de gasto como tiene España, no va a recuperar la economía y va agravar el problema de la financiación. Con lo cual, habrá que hacer políticas de gasto pero con mucho cuidado y nunca sustituyendo el papel de la actividad privada, porque es imposible».

Defiende así que «se necesita que las empresas privadas se recuperen al máximo» y «cuanto antes mejor para generar ingresos para el Estado y que este se pueda sostener». «El mantenimiento del Estado es complejo cuando se produce una mucho menor recaudación fiscal. Entonces hay que procurar dar oxígeno a las sociedades para que se estabilicen lo antes posible y puedan seguir pagando impuestos», resume el profesor experto en economía internacional.

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