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Así reavivan los brotes de hantavirus y ébola las narrativas de desinformación asentadas durante la COVID-19

desinformación crisis sanitaria
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La desinformación en crisis sanitarias es un fenómeno que se remonta siglos atrás. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha observado su existencia desde los brotes de peste bubónica en el siglo XIV y de cólera en el XIX hasta las crisis del siglo XXI de la COVID-19, el ébola, la mpox o el hantavirus.

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Aunque las herramientas y los canales han cambiado, la desinformación continúa sirviéndose de la incertidumbre, típica en tiempos de crisis, para cubrir las necesidades informativas. En este contexto, la pandemia de 2020 sentó un precedente para que ahora episodios recientes como el brote de hantavirus en un crucero o de ébola en la República Democrática del Congo “saquen a flote” las narrativas desinformativas típicas sobre salud, según afirma a Newtral.es Javier Cantón, docente e investigador en la Universidad en Internet (UNIR) y la Universidad de Granada. 

  • Estas teorías se amplifican ahora de forma más rápida y eficaz gracias a las dinámicas establecidas con la COVID-19. 
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Las narrativas. Cantón asegura a Newtral.es que con el hantavirus y el ébola se difunden “las mismas narrativas desinformativas de siempre” en crisis sanitarias, que con la COVID-19 se hicieron “mucho más masivas y cohesionadas”: mensajes antivacunas, falsas alarmas, supuestas coartaciones de libertad, engaños de las farmacéuticas o conspiraciones sobre que los virus realmente no existen y que se trata una táctica de control social. 

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Respecto a la tendencia negacionista, Sabina Andreu Satué, microbióloga e investigadora postdoctoral del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de Madrid, señala a Newtral.es que en los casos de hantavirus y ébola esta “es más episódica y menos extendida que la que vimos con la COVID-19”. 

  • La experta sostiene que no se trata de un “negacionismo masivo sostenido”, sino el “reciclaje” de algunos “argumentos” que se utilizaron con la COVID-19, como la desconfianza hacia la ciencia o la “lectura conspirativa de cualquier alerta sanitaria”. 

En relación al alarmismo, Andreu señala que es típico que las noticias de brotes de virus se amplifiquen en redes sociales “hasta parecer una amenaza más grave de lo que en realidad es”. La experta explica que, en el caso del hantavirus, puede haber una preocupación justificada para las personas expuestas al virus en un brote puntual, pero “no suele haber un riesgo alto para la población en general”. 

  • Los brotes de ébola, por su parte, sí requieren “vigilancia y respuesta sanitaria estricta”, pero “suele sobredimensionarse la idea de que cualquier caso equivale a un riesgo masivo inmediato para toda la población, cuando el riesgo depende mucho del contexto, del contacto estrecho o de la capacidad de respuesta sanitaria”, añade Andreu. 

Además de las narrativas recurrentes, Cantón matiza que ahora las teorías se están mezclando con el discurso antiinmigración, relacionando las llegadas de inmigrantes irregulares con una supuesta vía de entrada epidémica por “falta de controles”. 

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La COVID-19: un punto de inflexión. La OMS señala que durante la pandemia de 2020 concurrieron dos elementos que crearon las condiciones clave para la proliferación de desinformación: un temor global generalizado y “un momento de la historia en la que nos es muy fácil consultar, crear y compartir información”. 

  • El organismo señala que las publicaciones de redes sociales que cuestionaban a las vacunas y las medidas de seguridad “provocaron protestas sociales y lentitud en la aceptación de las vacunas” que, en algunos casos, se tradujo en “tasas de mortalidad más altas”. 

En esta línea, Cantón considera que la COVID-19 no solo marcó un precedente cultural y narrativo, sino también “emocional y organizativo”. Todos los canales que ahora están operando difundiendo desinformación en crisis sanitarias ya tienen la infraestructura yla base de seguidores que están pendientes de este tipo de mensajes”. 

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  • El experto valora que “las lecciones están aprendidas a un nivel estatal y organizativo”, mientras que a nivel social, “la cuestión es otra”. Andreu señala, por su parte, que “es normal que como sociedad exista una preocupación por otra posible pandemia cada vez que aparecen noticias de un nuevo brote de cualquier virus”.
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La ciencia como herramienta. Cantón señala que la desinformación ha provocado “mucha desafección hacia la ciencia”, en parte porque “queremos respuestas rápidas a fenómenos complejos”, mientras que la ciencia requiere su tiempo. “Es más fácil creer que todo está en manos de una élite que lo controla todo que entender que el mundo es complejo y cada vez menos controlable”, añade. 

  • En este contexto, Andreu considera clave evitar equiparar la opinión de un científico con la de cualquier persona no experta en ese campo y, desde la figura del científico, “combatir la desinformación y favorecer que las decisiones se tomen con evidencia científica”. 
Fuentes
  • Declaraciones de Javier Cantón, docente e investigador en la Universidad en Internet (UNIR) y la Universidad de Granada, a Newtral.es
  • Declaraciones de Sabina Andreu Satué, microbióloga e investigadora postdoctoral del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa
  • Página web de la OMS

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