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La berrea: el grito de la emergencia climática en Cabañeros
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La berrea: el grito de la emergencia climática en Cabañeros

Con las primeras (y cortas) lluvias de otoño, arranca la berrea en el Parque Nacional de Cabañeros. El bramido de los ciervos es un termómetro del clima, que delata cómo se están produciendo cambios vinculados a la emergencia climática.


La berrea es un espectáculo inmersivo. La atmósfera creada por el bramido de centenares de ciervos convierte al Parque Nacional de Cabañeros en una joya ambiental. La ‘sabana’ que forma la llanura encajada entre los Montes de Toledo se convierte en la caja de un auditorio masivo. Desde hace siglos, la berrea pone música a este acto previo al apareamiento de los cérvidos. Pero la emergencia climática puede hacer peligrar este ecosistema. Y cambiar la canción de los ciervos.

La lluvia marca el inicio de la berrea. Y desde hace dos décadas hay una tendencia a la baja. Según un trabajo liderado por la climatóloga María Dolores Pecharromán (AEMET), «hay una gran variedad interanual, alternado períodos húmedos y secos, lo cual está muy ligado a la mayor o menor persistencia de los anticiclones de bloqueo», según su estudio. La cuestión es si llueve cuando tiene que llover. Y los otoños llegan cada vez más tarde, según confirma el director del Parque Nacional de Cabañeros, el biólogo y exinvestigador del CSIC Ángel Gómez Manzaneque.

«Los efectos del cambio climático se están notando. La paradoja es que la berrea dura más»

A finales del presente siglo, de no reducirse las emisiones de CO2, las temperaturas medias anuales podrían dispararse entre 5ºC y 8ºC en Castilla-La Mancha, según AEMET. «Las diversas proyecciones de como podría ser el clima venidero en Castilla-La Mancha, hablan de un probable aumento de las temperaturas, olas de calor, noches cálidas y períodos secos, así como disminución de heladas, días de lluvia y precipitación [aunque] es difícil saber como será el futuro con precisión», explican en este estudio.

El director del Parque Nacional confirma empíricamente esa tendencia. «Los efectos del cambio climático ya se están notando», precisa a Newtral. «La paradoja es que la berrea dura más».

Crías que nacen en verano

La berrea es una estrategia evolutiva de los venados. Las hembras entran en celo normalmente en septiembre, segregando feromonas. La humedad del aire (vinculada, por ejemplo, a las primeras lluvias), hace que viajen y persistan en el aire, hasta llegar a las narices de los machos, desatando el griterío.

Grupo de ciervos jóvenes en Cabañeros | Foto: Mario Viciosa

Según ha observado Gómez (y confirman los registros) «los últimos años hemos tenido primaveras muy cortas, con menos precipitaciones. Eso da lugar a pastos escasos. Las hembras están muy delgadas y no entran en ovulación. Tarda en llegar el celo», de ahí que la berrea dure más.

Machos cargados de testosterona que entran fácilmente en lucha durante más tiempo, a la espera de aparearse, tal y como confirma Guillermo Hernández, biólogo y guía del Parque, mientras lo recorremos en uno de los jeeps turísticos.

A su vez, los cervatos, en vez de nacer en mayo, cuando hay una vegetación más nutritiva, «nacen en junio o incluso en julio. Las madres se encuentran con pasto seco, generan peor leche y afecta a las crías. Los ejemplares no se desarrollan correctamente».

Este año, la reciente DANA ha desencadenado la berrea. Se ha desarrollado la nueva hierva y los animales «están más animosos». Unas 20.000 personas visitan el parque para asistir a este concierto. Unos todoterrenos permiten adentrarse por los senderos que conducen al corazón de la berrea, la raña: una llanura trufada de encinas y alcornoques que se convierte en cancha para el cortejo del amanecer y atardecer.

Los berridos «son una advertencia para no tenerse que llegar a pelear». No sólo sirven para llamar la atención de las hembras, sino para «evitar la confrontación directa con otros machos». Una berrea alterada puede terminar en choques directos entre los ciervos y, eventualmente, la muerte. Literalmente, por una falta de comunicación.

«Este ecosistema está al límite», apunta el conservador. «Con precipitaciones más aleatorias, las germinaciones de nuevos árboles –donde crían numerosas especies– van a estar condicionadas. Llueve cuando la planta no está en capacidad de reproducirse. Esto lleva a que el arbolado no se renueve. Y esta dehesa abierta puede convertirse en una estepa». El Serengueti español, más Serengueti que nunca.

Gómez apunta al tamaño del fruto de los madroños y las bellotas de los quercus. «Al comenzar el otoño fructifica y es el suplemento que da un golpe de energía a los ciervos para aguantar el invierno».

También las aves están cambiado su comportamiento

Un equipo del CSIC demostró recientemente que son varias las especies en las que se ha visto que el periodo reproductivo se ha anticipado, en concordancia con lo observado en Cabañeros. Sobre todo, aves.

En concreto, analizaron 71 estudios previos que vinculan cambios morfológicos en animales con el calentamiento global. En general, no hay un patrón definido que haya cambiado su tamaño o masa. Lo que sí han visto es alteraciones (obvias) en sus migraciones y ciclos reproductivos.

«La existencia de una respuesta adaptativa incompleta como la detectada sugiere que el cambio global estaría amenazando seriamente la persistencia de las especies», explica su investigador principal, Jesús Miguel Avilés, de la Estación Experimental de Zonas Áridas (CSIC).

Cabañeros tiene vegetación de su ‘era tropical’ como las loreras, únicas en España. Pero también hay ejemplares heredados de la época glaciar. Un par de tejos, además de abedules. La vegetación de hoja caduda, según los modelos climáticos, están llamada a verse recluida a las zonas más altas de los montes en el futuro.

Un ecosistema único entre Toledo y Ciudad Real

Cabañeros era en el siglo XIX el lugar que aprovechaban las personas con las que la ciudad de Toledo tenía deudas para, de algún modo, compensarlas. Los terrenos comunales terminaron por privatizarse con la desamortización de Madoz. Pero, a diferencia de otras dehesas, su aprovechamiento económico no era el mejor. Eso permitió que se preservase casi intacto como un espacio natural único de casi 40.000 hectáreas.

En 1982, el gobierno de Felipe González anunció la intención de convertirlo en un campo de tiro y bombas del Ejército. La oposición de los vecinos próximos, ecologistas y algunos terratenientes puso en el foco la necesidad de declararlo Parque Natural, cosa que ocurrió en 1988.

Cabañeros iba a ser un campo de tiro. Pero la movilización popular y de los propietarios consiguió la máxima protección para estos terrenos

Encierros y conciertos de cantautores como Labordeta se mezclaron con las protestas de algunos propietarios de las fincas, en una protesta que se extendió más allá de la declaración que protegía este territorio. El proyecto de campo de tiro quiso trasladarse a Anchuras.

Desde 1995, año de la declaración de Parque Nacional, es uno de los dos grandes atractivos turísticos ecológicos de Castilla-La Mancha, junto al de Las Tablas de Daimiel. Ciervos, corzos y jabalíes comparten espacio con una espectacular población de buitres (negros y leonados) y águilas. Un ejemplar de cada especie fue liberado esta misma semana tras pasar por un centro de recuperación.

El pasado febrero se soltó una lince en una zona cercada del Parque, repoblada de conejos de monte, su principal fuente de alimento. Hacía medio siglo que no había ejemplares de este felino en Cabañeros. La lince se desplazó al sur, hasta Córdoba. Tampoco hay ya lobos, depredador natural del ciervo que prolifera de esta manera tan espectacular en la raña.

«Los Parques Nacionales, que son el 0,6% del territorio nacional, no pueden por sí mismos inducir cambios grandes en el ecosistema», recuerda su director. Pero permiten «tener un medio inalterado para que los investigadores puedan investigar los cambios en la climotología y comparar».

Las comparaciones han dejado de ser odiosas, para ser necesarias. Y serán preocupantes si no se recortan las emisiones locales y globales que asflixian a una de las regiones del mundo más vulnerables ante la emergencia climática.

Animales sin tiempo para adaptarse al clima

La emergencia climática pone al límite a millones de especies. Entre 500.000 y un millón están en riesgo de desaparecer, en lo que podría ser la sexta extinción masiva. Básicamente porque el ritmo del calentamiento global es mucho más acelerado que el de eras anteriores.

El trabajo que demostró al adelantamiento del periodo reproductivo hace hincapié en aves muy abundantes en la península Ibérica, como el carbonero común (Parus major), el cerrojillo (Ficedula hypoleuca) o la urraca (Pica pica). Se trata de especies que tradicionalmente se han adaptado muy bien a los cambios. Ahora se ha visto cómo van en la dirección opuesta a lo que exigiría el cambio climático.

Recientemente, otro trabajo en el que participó la Universidad de Barcelona demostró que las aves del Pacífico que se alimentan en aguas superficiales han anticipado su periodo reproductor en diez días desde hace tres décadas.

Ello se debe al incremento de la temperatura del océano y al inicio del deshielo, que son los signos del comienzo de la primavera en el Ártico.

1 Comentario

  • Un parque nacional espectacular, buen lugar para la reintroducción de Bisonte europeo y los caballos de preswalski.

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