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Hacia la desertización del paisaje español: esto es lo que prevé el autor del principal estudio
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Hacia la desertización del paisaje español: esto es lo que prevé el autor del principal estudio

En 2016, Joel Guiot publicó junto a Wolfgang Cramer un estudio que se aventuraba a pintar un 2090 de desertización en la mitad sur peninsular. Los trabajos sobre vegetación y aridez para España apuntan a la emergencia para actuar contra el deterioro de los suelos y la sobreurbanización.

Montes áridos de la Región de Murcia, cerca de Cartagena | M.V.

Aunque en su momento se habló de la ‘saharización’ de España, Joel Guiot (@joelguiot) se inclina más hacia la ‘murcianización’ acelerada. El sureste peninsular ya tiene un paisaje propio de su clima semiárido. Y, a finales de siglo, la masa vegetal puede cambiar notablemente si no se actúa contra el incremento global de las temperaturas por encima de 1,5 grados respecto a la era preindustrial. El Mediterráneo ya ha superado esa barrera.

Guiot atiende a Newtral desde Aix-en-Provence, Francia. Allí dirige el Centro Europeo de Investigación sobre Ciencias de la Tierra y el Medio Ambiente (CEREGE).

Un nuevo estudio incide en que la región mediterránea se calienta por encima de la media mundial. En el centro de la Península se habrán superado los 3,5 grados para 2090.

– Pregunta: El estudio que realizó en 2016 mostró que el sur de la península Ibérica se habrá convertido en un paisaje desértico, en el peor de los escenarios futuros (máximo nivel de emisiones de CO2 y equivalentes). Con los datos que tenemos hoy, ¿cree que nos enfrentamos a cambios más profundos?

– Respuesta: Muchos modelos climáticos muestran esta desertización del sur de España a finales de siglo si continuamos emitiendo gases de efecto invernadero al mismo ritmo que en la actualidad. Esto no es nuevo y los últimos resultados lo confirman. El cambio climático no es la única causa. La intensificación de la agricultura o la urbanización desenfrenada amplifican el fenómeno.

– P: ¿Por qué la región mediterránea, y en particular la península Ibérica, es más vulnerable que otras regiones al aumento de las temperaturas?

– R: Las razones son varias. Su situación entre las regiones tropicales y las regiones templadas con un mar interior y relieve periférico favorece una gran variabilidad del clima. Una población densa ubicada principalmente en la costa acelera la erosión del suelo, lo que amplifica el efecto de la reducción de las precipitaciones.

– P: En un escenario de no reducción de las emisiones de CO2, ¿existe alguna posibilidad de supervivencia para ciertos tipos de vegetación en las zonas más vulnerables? ¿Qué plantas dejaremos de ver en la región mediterránea?

– R: De hecho, la denominada vegetación mediterránea ya está migrando hacia el norte y hacia las montañas medias. No es que desaparezca. Pero esto implicará adaptar los ecosistemas y las poblaciones a una situación que cambia cada vez más rápido. El olivo, que es el emblema del Mediterráneo, está migrando hacia las regiones oceánicas de Europa, como Aquitania en Francia.

‘Murcianización’ del paisaje

Solemos ilustrar la idea de desierto y aridez con grandes extensiones de arena y cactus. Los mapas de aquel estudio podían dar a entender que el Sáhara irá escalando latitudes hasta saltar el estrecho y colocarse en Andalucía y Extremadura.

Pero la realidad es otra, aunque no mejor: «Ciertamente es un poco exagerado. El sur de España no se convertirá en un desierto de arena [como el del Sáhara], pero es probable que la vegetación de arbustos áridos [matojos de crecimiento rápido y vida corta] ya conocida en la región de Murcia se extienda por todo el sur del país». Guiot precisa los colores del cuadro del futuro. El marrón prevalece.

Hoy, las zonas más áridas de España (menos de 300 mm de precipitación al año) están en Murcia, Alicante y Almería. También las Islas Canarias orientales. La poca lluvia anual puede caer en apenas unos días, si se dan episodios torrenciales como el de la reciente DANA.

El abandono del uso agrícola del suelo ha hecho que en los últimos años haya aumentado la superficie boscosa en Europa. Pero España no parece que vaya a reverdecer. En nuestras latitudes, la conquista del territorio abandonado por sotobosque o maleza puede contribuir a la propagación de incendios. Y la proyección a futuro es que el tercio sur siga perdiendo especies tradicionales.

Desertización en el peor de los escenario de emisiones | Guiot y Cramer, NW
Esquema de desertización en el peor de los escenarios de emisiones | Guiot y Cramer, NW

En campos de Murcia no es difícil ver ya cultivos de almendro abandonados. En esta zona, el esparto, la genista y algunas gramíneas conquistan las sierras y algunas estepas. Reverdecen con las lluvias –torrenciales, en casos como los de este final de verano–, para volver al amarillo de forma rápida. Otras, más pequeñas, brotan y florecen rápido tras una lluvia, secándose en semanas.

Los bosques de hoja caduca quedarían confinados a las cumbres y en zonas donde ahora prosperan –más abajo– predominará el matorral, según el modelo.

Aunque sabemos más que antes, y podemos achacar las presentes y futuras olas de calor y noches tórridas al cambio climático, en su último trabajo, publicado en 2018, hace una clara interpelación a la Europa sur: países como España «carecen de información adecuada, particularmente para las sociedades más vulnerables del sur del Mediterráneo, donde hay menos esquemas de observaciones sistemáticas y modelos de impacto».

Joel Guiot y Wolfgang Cramer utilizaron ‘fósiles’ de polen de sedimentos del Mediterráneo para reconstruir la variabilidad del clima y del ecosistema de los últimos 10.000 años. Si se interviene para frenar la temperatura, las especies vegetales deberían comportarse como lo han hecho durante todo el Holoceno.

El nuevo estudio de 2018 –presentado en Barcelona este 10 de octubre por su coautor, Wolfgan Cramer– , actualiza algunos de estos datos con algunas claves:

  • El aumento del nivel del mar puede ser de un metro en 2100 en el peor de los escenarios.
  • La costa española es especialmente vulnerable. No sólo por el riesgo de inundación, que puede ser desigual, sino por la salinización de los suelos (de cultivo) y acuíferos.
  • Incrementos de más de 3 grados de media en verano en el interior de la Meseta Central; y de 2 grados en prácticamente el resto de España, exceptuando Canarias y el extremo noroccidental de Galicia, con una subida de entre 1 grado y 1,5 grados.
  • El peso (y calidad) del pescado se reducirá un 49% para 2050. Los cultivos rendirán menos.
  • Proliferación de medusas en la costa y generalización de especies no autóctonas como el mosquito tigre.
  • Prevén una mayor incidencia de enfermedades relacionadas con el calor y la contaminación atmosférica.

De continuar la tendencia (ya +1,8ºC en la región mediterránea desde que arrancó la industrialización), los humanos habremos borrado de golpe el legado natural de más de diez milenios. Incluso contando con el impacto histórico de la agricultura.

«Analizamos decenas de miles de muestras de polen en toda la región mediterránea durante los últimos 10.000 años. No encontramos grandes cambios de temperatura, pero sí en la precipitación», explica Guiot.

La llamada huerta de Europa ya está en una zona árida o semiárida. Y los regantes –quienes sostienen que son un freno al desierto–  recuerdan que hay pocos sitios en el continente que cuenten con unas condiciones (de insolación y suelo, sobre todo) como éstas para el cultivo. Eso sí, dependiendo de aguas que caen más lejos.

– P: La economía de sureste peninsular está basada de manera importante en la huerta y el turismo. ¿Hay alguna solución para hacerlo viable en el futuro? ¿Debemos suponer que no habrá posibilidad de cultivo en el tercio sur de la península en el peor escenario del futuro?

– R: No, no es lógico ni responsable un desarrollo insostenible que sobreexplota las reservas de agua subterráneas. No durará con la disminución proyectada de la lluvia. Debe transformar su modelo de desarrollo. Es una tarea para los líderes del país.

– P: ¿Existe alguna medida urgente que las poblaciones mediterráneas puedan tomar para poner fin a este proceso? O, por el contrario, ¿es muy difícil actuar localmente en un sistema global para evitar esta creciente desertificación?

– R: Necesitamos avanzar hacia una agricultura más verde que sea más resistente, que proporcione productos más saludables y que, además, ayude a luchar contra el calentamiento global almacenando más carbono en el suelo. La reforestación siempre que sea posible también va en la misma dirección. Esto implica un cambio en el comportamiento de las poblaciones que implica ahorro de energía, consumo de productos locales y estacionales. Cuanto más esperemos, más difícil será la transición.

El premio Nobel de Economía de 2018 William Nordhaus explica que las consecuencias de no hacer nada son más caras que las de hacerlo. El también autor de El casino climático recuerda –en términos contables– que las externalidades del calentamiento global ya nos están costando dinero. En nuestra región, particularmente, en el aspecto turísico, algo que, prevé, irá a más.

Zonas del Levante están ya amenazadas por el modelo urbanístico que arrancó en los años sesenta del siglo XX: construcciones masivas junto a la línea de costa. Áreas a nivel de mar, como La Manga, podrían verse especialmente afectadas por una elevación del nivel de los océanos si no se actúa global y localmente, como ya señaló este otro estudio de riesgo de inundación, con participación del CSIC.

Guiot, en esta línea, recuerda que «un artículo publicado la semana pasada en Science explica que contener la temperatura global a no más de 1,5°C costará de cuatro a cinco veces menos que reparar el daño causado por un aumento de 2°C o más». El dinero (tampoco) crece en los árboles. Y menos, en los matojos secos.

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