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Vivir la cuarentena en una residencia de menores: así pasan los niños la crisis del coronavirus
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Vivir la cuarentena en una residencia de menores: así pasan los niños la crisis del coronavirus

La prioridad es el acogimiento familiar, especialmente para los de menos de 6 años. Sin embargo, muchos están pasando el confinamiento en un centro

Ilustración: Carlos Palanca | Newtral

Lucio no olvidará nunca cómo Lara*, de cinco años, se quitaba la mascarilla para sonreír por primera vez tras varios días de aislamiento. Él, uno de los educadores de una residencia pública de menores, se relajó un poco tras ver que la niña no volvía a tener fiebre. “Con un poquito de suerte no es coronavirus”. Tampoco mostraban síntomas los tres niños que pasaron con Lara ―y sus cuidadores― ocho días alejados del resto de menores del centro al inicio del estado de alarma. “Estos tres hermanos eran asintomáticos, pero los protocolos decían que había que pasar el periodo de cuarentena”. Los tres habían estado en contacto con una hermana, también tutelada por la administración, pero en acogimiento familiar. Ella había dado positivo en COVID-19.

“De pronto, estos niños no solamente tienen la desgracia de estar en una residencia, de estar lejos de su familia, de todo lo que les pasa, encima, les tenemos que meter en un grupo aislado”, cuenta Lucio, que pasó con ellos cuatro de esos ocho días. Durante ese tiempo, tras ver que los pequeños se encontraban bien, ideó una nueva rutina: “Abrí una puerta lejos del resto de niños, los senté a dos metros de distancia cada uno y les dije: ‘chicos quitaos la máscara y respirad’”. Por eso Lara sonreía. “A lo largo del día, salíamos tres o cuatro veces a respirar el aire y que nos diera el sol en la cara”.

“Una situación de película”. Así la describe este educador social de 55 años y con más de la mitad de su vida dedicado a esta profesión. “Nunca te imaginas que puedes llegar a vivir esta realidad”. Lara y los tres hermanos volvieron con sus compañeros a la parte de la residencia en la que están confinados. Han sido los únicos aislados de este centro de Madrid. Ahora, todos se están adaptando a la nueva situación tras más un mes de estado de alarma.

En la residencia pública en la que trabaja Lucio Herrera viven 52 niños de entre 2 y 18 años que, por distintas razones, no pueden estar con sus familias. Muchos de ellos, ni siquiera durante el periodo de confinamiento. Para estos niños su casa es la residencia y allí se quedan durante la cuarentena. Probablemente también después.

En la Comunidad de Madrid, donde se encuentra este centro de menores, se atendió a 5.857 niños en 2018. Esta cifra incluye tutelas administrativas ―la administración asume la tutela y la patria potestad de los progenitores queda suspendida―, los diferentes tipos de guardas y los casos de estudio, según el Boletín de datos estadísticos de medidas de protección a la infancia, elaborado por el Ministerio de Sanidad ―últimos datos disponibles―. En toda España, se atendieron 49.895 niños en el mismo periodo. Ese año, 21.283 menores vivían en una residencia.

Aunque cada comunidad autónoma gestiona su competencia en el ámbito de la protección de los menores, la Ley 26/2015, de 28 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia, establece que prevalecerá la medida de acogimiento familiar sobre la de acogimiento residencial para cualquier menor, especialmente para menores de 6 años ―artículo 21 sobre el acogimiento residencial, punto 3―. Sin embargo, esta situación no siempre se cumple.

¿En qué consiste el acogimiento familiar? No es una adopción, sino un proceso distinto. Según prevé la ley, se debe priorizar la posibilidad de que estos menores estén en situación de guarda o tutela administrativa (o «ex lege») vivan con familias de acogida. Eso no significa que algunos de estos niños no puedan volver con sus progenitores y las familias que se ofrecen son conscientes de ello. Son personas que están dispuestas a cuidarlos y a ofrecerles un entorno más propicio que una residencia. Para ello, deben cumplir unos requisitos, pasar una serie de estudios previos y una formación que les permita ser considerados aptos por los servicios sociales. Esta fase no es exactamente igual en cada comunidad autónoma y se establece en tres supuestos: como medida de urgencia, de forma temporal, o de forma permanente, es decir, hasta que los niños cumplan 18 años.

“En mi residencia hay a un niño de 2 años y medio, uno de cinco, uno de cuatro… ¿Qué hacen ahí?, ¿por qué no se aplica la ley?, ¿por qué no están en un acogimiento familiar?”, se pregunta Lucio. El hecho de que este artículo de la Ley no siempre se cumpla ha supuesto que en la actual situación de pandemia muchos niños de entre 0 a 6 años, como Lara, estén viviendo el confinamiento desde dentro de un centro de protección.

“Es algo que se prioriza y que se intenta siempre”, dice a Newtral.es Armando Tarjuelo, técnico de acogimiento familiar de Actia Social en Toledo, en base a su experiencia profesional en Castilla La-Mancha. “El problema es que no hay bastantes familias, y tampoco hay técnicos o profesionales suficientes para valorar todo tan deprisa como debería de ser”. Según Armando, en Toledo han llegado incluso a la situación de que dos niños menores de 6 años estén con una misma familia, aunque no sean hermanos, para que estén en un núcleo familiar. “Hay que intentar cumplirlo porque el Ministerio Fiscal está velando porque se cumpla y cuando no ocurre hay que justificar el porqué. Yo pienso que si se dotase de personal suficiente el sistema de acogimiento familiar probablemente podía ir mejor”, indica.

Lucio, que ve el problema de la falta de solicitudes de familias acogedoras desde otra comunidad autónoma y con la perspectiva del día a día en la residencia, coincide con Armando: “Tenemos que cambiar el modelo y acompañar a esas familias en acogimiento, veríamos que entonces habría muchos más ofrecimientos, porque las familias se sienten solas. No están suficientemente valoradas en el actual sistema de protección”.

Durante el periodo de cuarentena, ¿se ha podido ir algún menor con familias de acogida o con la suya propia, en el caso de estar en situación de guarda? Armando explica que durante el estado de alarma no ha notado un repunte en el número de solicitudes de familias acogedoras. Las que han podido entrar por vía telemática se estudiarán de forma presencial, cuando el confinamiento termine. “En Toledo, las familias que teníamos en bolsa, que son las que están valoradas, que están formadas para el acogimiento, sí que han estado disponibles en todo momento. Aunque hemos estado en esta situación, se han hecho tutelas y retiradas de niños y no ha habido ningún problema”, cuenta a Newtral.es.

En el centro en la que trabaja Lucio, de 52 menores, 20 se han podido ir con sus progenitores o allegados. “Pensar que solo 20 tienen alternativas familiares adecuadas, es difícil de asumir. Pero lo que es más difícil de asumir es que del grupo de chiquititos, que hay 12, desde 2 años y medio hasta 10 años, solamente pudo salir uno. El resto no tiene un padre, una madre, un tío, nadie, que se pueda hacer cargo de él y se quedan en la residencia”, explica.

La nueva normalidad para los niños

Desde que comenzó el estado de alarma, en «las resis», como los menores las llaman, se han prohibido las visitas de familiares y de voluntarios. Ahora contactan por teléfono. Según cuenta Lucio, todos los niños a los que él atiende han entendido la dificultad de la situación y se están adaptando a ella. “Yo noto cómo cada vez que tosen se ponen el brazo, como intentan evitar tocarme, como cuando les dices que se aparten, se apartan. Están siendo muy valientes. Están dando una verdadera lección de vida, una lección de madurez. Es tremendo lo que nos están aportando los niños”, expresa el educador social.

Este trance también está afectando a los voluntarios, como Adriana de la Osa, que visita a un menor acogido en Madrid a través de la Fundación Soñar Despierto dos días a la semana “pase lo que pase” para ayudarle con los deberes. Ahora sólo puede llamarle por teléfono. “Nunca jamás le había llamado, el primer día estaba alucinando, y una cosa preciosa que nos ha pasado es que de repente claro, nos dijimos cosas que no nos habíamos dicho en tres años”.

Para Adriana, lo más importante del voluntariado que ha tenido que pausar por el momento, es conseguir que estos niños tengan un vínculo con un adulto. Alguien que les dedique atención solo a ellos, lo cual no suele ser habitual en sus vidas. “Hay mucha dedicación y amor en la residencia, pero no es lo mismo que un hogar. Un niño en una residencia forma parte de un conjunto, y por allí va pasando gente, pero no crean vínculos, no saben lo que es que alguien los quiera incondicionalmente. Ningún niño se merece eso. Lo que hace falta, independientemente de esta situación de coronavirus, es que los niños salgan de allí, porque vivirían mucho mejor”, expresa Adriana.

Durante el día, los niños siguen sus rutinas, pero algunas con grandes dificultades. Hasta tres semanas después de que se anunciara el estado de alarma, en las residencias de la Comunidad de Madrid no había red wi-fi, por lo que los impedimentos para seguir las clases on-line eran evidentes. “La crisis ha sacado a relucir los muchos déficits que tiene el sistema residencial, uno de ellos era ese, no contábamos con redes de internet para los chicos en los centros, así que bienvenida sea la medida”, expresa Lucio. Hasta ese momento, los educadores habían tenido que pedir a los profesores que les enviaran fichas, porque no podían seguir el temario.

Con esta acción se ha solventado en parte uno de los problemas, el de seguir el trabajo diario del colegio e instituto. Pero faltaban los dispositivos electrónicos. En las últimas semanas, Save de Children y Samsung están donando tablets a los centros de la Comunidad de Madrid. Asimismo, otras fundaciones que colaboran mano a mano con los centros residenciales de menores, como Soñar Despierto, han estado trabajando para que a estos niños no les falte material para continuar las clases, para que puedan hacer deporte y para que tengan conexión a internet.

No solo los menores han tenido que cambiar ciertos hábitos. También los profesionales de los centros residenciales han visto alterado su día a día. La mayoría cumplen sus turnos y vuelven a casa, exponiéndose en el trabajo y durante el trayecto. Otros, como algunos educadores del centro de Aldeas Infantiles de Las Palmas, han conseguido llevarse a algunos niños a sus propios hogares mientras dura el encierro, según cuenta a Newtral.es Laura Prados, responsable de prensa. En estos centros, cuya financiación es privada en un 81%, también han intensificado los turnos de los trabajadores y han establecido una aldea exclusiva para la cuarentena.

¿Y no es mejor para estos profesionales quedarse dentro de las residencias durante el estado de alarma? “Muchos educadores lo habríamos hecho sin dudar, pero nunca se nos planteó desde arriba. Yo he decidido, al igual que muchos de mis compañeros, dormir en una habitación aparte en mi casa y hacer el día a día a distancia de mis hijos”, expresa Lucio.

Él está convencido de que hay que cambiar el actual sistema de protección, y garantiza que seguirá poniendo todo su empeño hasta conseguirlo. Denuncia que se debería trabajar más para que la estancia de los niños en las residencias sea lo más breve posible. Lo achaca a una insuficiente voluntad de cambio. “La dirección tendría que darse cuenta de que tenemos la suerte de que este virus no afecta a los niños. Pero si por un momento imaginamos que el próximo virus que pueda venir sí que lo hace, las residencias de protección se convierten en tumbas”.

* Lara es un nombre ficticio para preservar la identidad de esta menor.

6 Comentarios

  • yo estuve en el proyecto de adolescentes de rosa que se llamaba programa de vida independiente,me llamo monika y creo que este es el Lucio que era mi educador junto con Nuria y eran los dos maravillosos,lo mejor de toda la Comisión de tutela,a mi me salvaron y Lucio esq era buenísimo conmigo.un beso enorme

  • La pena es que hay Lucios y ‘antilucios’ u otros que van a cumplir con su trabajo.
    Desde luego que no hay intención de mejorar: en Madrid conozco familias que estaban en disposición de llevarse a su hijo a casa, y no se lo han permitido.
    Y yo mismo he tratado de acoger un chaval y segun me dijo una funcionaria, porque era ‘mayor’ (estando en edad que el código civil me permite adoptar) y por ser monoparental me rechazaron la idoneidad hasta que recientemente un juez me ha dado la razón

  • Excelente artículo y explicación del funcionamiento del sistema. Estoy de acuerdo con Lucio, el día que faciliten los procedimientos se beneficiará a la población que acogen generando por ende mejor calidad de vida para todos ellos.
    Todo mi respeto para los que allí día a día dejan su granito de arena.

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