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Detener la epidemia sin la OMS y con China en contra: el triunfo espinado de Taiwán sobre el coronavirus
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Detener la epidemia sin la OMS y con China en contra: el triunfo espinado de Taiwán sobre el coronavirus

Desde la intervención del precio de mascarillas hasta el monitoreo de personas en cuarentena, la respuesta eficaz de la isla de 24 millones de habitantes es modelo para multitud de países, pese a estar excluida de los organismos de las Naciones Unidas

EFE/EPA (Ritchie B. Tongo)

Ubicada a tan solo 180 kilómetros de la costa de China continental, Taiwán se encuentra en una de las áreas de mayor riesgo de expansión del coronavirus por su proximidad, sus vínculos y sus comunicaciones con el epicentro de la pandemia. A finales de enero, registraba el segundo número más alto de casos en el mundo, según el balance de la Universidad Johns Hopkins. Sin embargo, su gran capacidad de reacción ha conseguido contener el brote por debajo de la decena de fallecidos y proteger a las 24 millones de personas que viven hacinadas en una isla más pequeña que Extremadura.

Hoy, la gestión taiwanesa recibe elogios de todo tipo. Presidentes, científicos y organizaciones internacionales ponen su diligencia como ejemplo de cómo frenar una epidemia con restricciones tempranas, cuarentenas eficaces y ‘trackeos’ electrónicos en tiempo real. Pero hay una institución que se resiste a reconocer el éxito de la isla y que incluso evita pronunciar su nombre: la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los reveses políticos con China, que la considera parte de su territorio, impiden la participación de Taiwán en organismos de la ONU, pese a que consigue funcionar con su propio Gobierno.

Con un bloqueo diplomático a sus espaldas, la pequeña isla ha tenido que arreglárselas sin los datos y recursos científicos que ofrece la OMS. El conflicto, que circula en ambas direcciones, también obstruye a Taiwán a la hora de asistir, orientar y compartir su experiencia con los países más afectados. La falta de acuerdo no desaparece ni en tiempos de pandemia. Una vez más, la geopolítica levanta muros que truncan la respuesta global a una crisis.

¿Cuándo se detectó el primer caso?

La eclosión del brote se confirmó el 21 de enero en el aeropuerto internacional de Taoyuan, cuando una mujer dio positivo tras volver de trabajar de Wuhan, ciudad origen de la pandemia. Una semana después, el día 28, la isla entró en la fase de contagios comunitarios. El primer fallecimiento por COVID-19 se reportó el 16 de febrero.

Para hacerse una idea, Australia y Taiwán son archipiélagos con poblaciones de tamaño similar, que mantienen fuertes vínculos comerciales con China continental y que no limitan por tierra con ningún país –lo que permite controlar mejor el tráfico fronterizo–. El 25 de enero, registraban cuatro casos de COVID-19 cada uno. Tres meses después, a 25 de abril, Australia suma 6.692 infecciones y 80 muertes, mientras que Taiwán, con una densidad demográfica de las más altas del mundo, cuenta 429 enfermos y 6 defunciones. No se trata de preguntarse en qué ha fallado la nación anglosajona, que no se encuentra ni entre los 40 primeros países en casos totales, sino cómo ha logrado su homóloga asiática controlar la propagación del virus de una forma tan eficaz.

En su informe oficial más reciente, Taiwán volvió a anunciar buenas noticias: 11 nuevas altas médicas –hasta un total de 275– y tan solo un positivo en 24 horas. Sus 429 casos confirmados se traducen en menos de 18 diagnósticos por cada millón de habitantes. La última vez que registró un deceso por COVID-19 fue el 10 de abril, hace ya más de dos semanas.

¿Qué medidas se han adoptado?

El éxito de Taiwán proviene en gran parte de las lecciones aprendidas del brote de SARS en 2003. De esta epidemia, que provocó 181 muertes y la cuarentena prolongada para más de 150.000 personas, nació la idea de crear el Centro Nacional de Comando de Salud (NHCC) en 2005. Esta institución, dependiente del Ministerio de Salud, incorpora a su vez el Centro de Comando de Epidemia Central (CECC), una división que se activa en situaciones excepcionales y que permite implementar medidas estrictas de forma rápida y coordinada, evitando los largos procesos políticos requeridos en circunstancias normales. El Gobierno lo utilizó por primera vez en la pandemia de gripe A de 2009 y lo volvió a hacer el pasado 20 de enero, un día antes de registrarse la primera infección en la isla. Según un informe del Journal of the American Medical Association (JAMA), ha servido para adoptar 124 medidas urgentes en las tres primeras semanas. Taiwán cuenta además con uno de los mejores sistemas públicos de salud del mundo.

En la larga lista de medidas tempranas figuran decisiones como la cancelación de vuelos y cruceros, la realización de pruebas en masa o la cuarentena obligatoria de los enfermos potenciales. Igualmente, se pusieron en marcha campañas de concienciación sobre higiene personal y se anunciaron multas contra la difusión intencionada de bulos. El Gobierno, además, intervino el precio de las mascarillas y aumentó su producción para garantizar un suministro local. También cerró puntualmente algunos colegios y destinó ayudas económicas para las empresas más perjudicadas por la epidemia. Antes de cumplirse un mes de la eclosión del patógeno, la isla ya había implementado todas estas normas.

La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen (centro). | EFE/EPA

Pero de entre todas las políticas aplicadas en la isla, destaca un grupo de medidas que llaman especialmente la atención: las de la denominada “cerca electrónica”. A la semana de detectarse el primer caso en Taiwán, el Gobierno fusionó los datos del seguro nacional de salud con los de aduanas e inmigración para localizar a los posibles infectados e identificar rápidamente los focos de contagio. Después, las autoridades entregaron teléfonos móviles a las personas en cuarentena domiciliaria y empezaron a monitorizar sus movimientos. Con esta cerca electrónica, la Policía local recibe una alarma cada vez que se apaga el terminal, se pierde la señal o se detecta que el usuario ha abandonado el perímetro permitido. Para asegurarse de que no se evita el seguimiento, las autoridades establecen dos llamadas al día en horas aleatorias. “El objetivo es evitar que las personas corran y propaguen la infección”, explicaba a Reuters el jefe del Departamento de Seguridad Cibernética, Jyan Hong-wei, responsable de coordinar el trabajo con los operadores de telecomunicaciones.

Combinando ‘big data’ y seguridad, Taiwán se ha puesto a pie de guerra contra el coronavirus y ha aplicado métodos de vigilancia estricta a tono con otros vecinos del continente asiático como Corea del Sur, Singapur, Tailandia o China. La reacción eficaz del Gobierno ha permitido controlar la epidemia en una fase muy temprana y aplanar pronto la curva, ahorrando a la presidenta, Tsai Ing-wen, tener que recurrir a las medidas draconianas de confinamiento general, de cierres patronales y de largas suspensiones de clases que se aplican en la mayoría de los países de Europa. Hoy, la isla se encuentra en un proceso escalonado de retorno a la normalidad y se ha convertido en proveedor de mascarillas para multitud de países.

¿Cuál es la situación actual?

El bloqueo a Taiwán de foros internacionales se ha trasladado también a la crisis del coronavirus. La isla ha sido excluida de las reuniones multilaterales, no ha tenido acceso a los informes científicos sobre la emergencia sanitaria y ha tenido dificultades para participar en una respuesta coordinada entre países. “Queremos ayudar, enviar a nuestros excelentes médicos, investigadores, enfermeras, y compartir nuestro conocimiento y experiencia con los países que lo necesitan”, expresó en marzo el vicepresidente taiwanés, Chen Chien-jen, epidemiólogo de profesión y formado en la Universidad John Hopkins “Queremos ser un buen ciudadano global y hacer nuestra contribución, pero en este momento no podemos hacerlo”, aseveró.

Taipéi está envuelta en un enfrentamiento territorial con Pekín que se remonta a los tiempos de la Guerra Civil China (1946-1949), que afecta a sus relaciones diplomáticas con otros países y que la impide tener su asiento en los organismos de la ONU. Ambos se declaran herederos legítimos de toda la nación china y ninguno reconoce al otro. La isla se reafirma como país soberano, mientras que el Gobierno de Xi Jinping la considera una provincia rebelde. Hasta el año 2016, mantenía un estatus de observador en la OMS, pero las crecientes presiones de China continental acabaron por retirarle ese derecho.

La OMS insiste en que la exclusión de Taiwán de las reuniones de los Estados miembros no tiene efecto en el intercambio diario de información y en la orientación médica. En una declaración publicada el 29 de marzo, el organismo de Naciones Unidas recalcó que “está trabajando en estrecha colaboración con todas las autoridades”. “El número de casos confirmados en Taiwán es bajo en relación con la población. Continuamos siguiendo de cerca su evolución. La OMS está extrayendo lecciones todas las áreas, incluidas de las autoridades sanitarias taiwanesas, para compartir los mejores métodos a nivel mundial”, rezaba el comunicado.

La escalada de acusaciones cruzadas se agudizó el 9 de abril, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, denunció que la OMS había ignorado unas advertencias de Taiwán en diciembre sobre un posible nuevo tipo de coronavirus con capacidad para transmitirse entre humanos. La institución sanitaria, por su parte, admitió haber recibido un correo sobre una “neumonía atípica en Wuhan”, pero negó que mencionara la transmisión entre humanos. Para aclarar toda duda, el ministro de Salud taiwanés, Chen Shih-chung, difundió la notificación original el 10 de abril y se sumó a la protesta por la presunta inacción del organismo de la ONU. La disputa se convirtió en un intercambio de dardos envenenados entre China, EE.UU., Taiwán y la OMS que incluía acusaciones de racismo, denuncias por amenazas de muerte y quejas contra supuestas campañas de presión con bots informáticos. “Siempre nos hemos negado a este tipo de discriminaciones. Durante años, hemos sido excluidos de las organizaciones internacionales y sabemos mejor que nadie lo que es sentirse totalmente aislado”, sentenció Tsai en un comunicado.

2 Comentarios

  • Que indignante, por decir lo menos ha sido la actuacion de OMS en el manejo del Sars covi19 cuando Taiwan le pedia que investigue lo que sucedia en Wuhan china y esta por no molestar a su Sugar Daddy China se hizo de oidos sordos.

  • Verdaderamente da miedo el mundo en el que vivimos porque solamente importan el interés de unos pocos y el dinero. Así, no habrá futuro para nosotros.

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