No es el calor de siempre. Y eso se nota en el calendario deportivo de cada verano. Primero fueron algunos ciclistas profesionales, quienes demandaron trasladar el Giro o el Tour a fechas menos tórridas. Ahora, es el Mundial que se disputa en Norteamérica. El cambio climático eleva la probabilidad de un calor capaz de mermar el rendimiento en partidos del torneo. Y no sólo está en juego la salud de jugadores y afición, también el ritmo, la táctica y hasta la duración efectiva de los encuentros, según un estudio. El calendario veraniego se ha roto. Y con él, ¿peligra el calendario deportivo?
Calor extremo y deporte en tres claves
- Lo que dicen los análisis: La organización de análisis Climate Central calcula que en 97 de 104 partidos hay una probabilidad elevada de superar el umbral asociado a la pérdida de rendimiento. En 49 partidos esa probabilidad es de al menos el 50%.
- Los umbrales de seguridad: FIFPRO recomienda pausas a partir de 26 °C de bulbo húmedo y globo y aplazar a 28 °C; la FIFA solo contempla aplazar a 32 °C.
- El partido más afectado: el Uruguay-España de Guadalajara (26 de junio; madrugada del 27 en España) tiene un 70% de probabilidad de sufrir ese calor, 37 puntos porcentuales más por el cambio climático.
Qué es eso del ‘bulbo húmedo y globo’
Es algo parecido a la sensación térmica, pero ligada a la humedad y cuánto pegue el sol. Los protocolos de calor no se fijan en el termómetro habitual, sino la temperatura de bulbo húmedo y de globo (WBGT). “Es la temperatura a la que puede llegar a enfriarse un termómetro cubierto por algo húmedo, como un algodón; se asemeja a lo que le ocurre al cuerpo humano cuando suda”, describe la física y meteoróloga Isabel Moreno. Combina tres medidas: temperatura seca, humedad y la radiación solar, de modo que “27 grados WBGT no son los 27 C que entendemos”. Por eso 27°C a mediodía en una ciudad costera y húmeda se llevan peor que en una seca y pueden llegar a equivaler a más de 35ºC en el interior.
Calculadora de temperatura de bulbo húmedo
Temperatura de bulbo húmedo (Tw) – –°CFuera del rango validado por la fórmula (HR 5–99 %, temperatura −20 a 50 °C): el resultado puede ser poco fiable.
Publicidad Cálculo según la aproximación de Stull (2011), con presión a nivel del mar.
¿Por qué el calor frena a los jugadores?
La explicación es fisiológica. “Cuando hacemos ejercicio en calor, hay una parte de la sangre que ya no va al sólo al músculo y tiene que ir a la piel para disipar el calor; esto implica que el rendimiento se va a ver reducido, la frecuencia cardiaca va a ser mayor y la percepción de fatiga, también”, explica a Newtral.es Juan del Coso, catedrático e investigador del Centro de Estudios del Deporte de la Universidad Rey Juan Carlos.
Por encima de 28 C, según Climate Central, los futbolistas corren menos y hacen con menos sprints, algo que “puede influir en la estrategia general de un partido y en el estilo de juego de un equipo”. El cuerpo, además, pide bajar la intensidad: de ahí que muchos encuentros se vuelvan más lentos y se alarguen con pausas de hidratación.
Partidos previstos de España más afectados por calor anómalo
15 de junio
Estadio de Atlanta|12:00
20 de junio
Estadio de Atlanta|12:00
❄ Climatizado25 de junio
Estadio Guadalajara|18:00
Aire libre*Partidos en hora local. +6h, hora CEST. +8h, hora CEST para el URY-ESP
Hay un margen de aclimatación. “Cuando llevamos diez días, y mejor aún veinte, el cuerpo aprende a repartir la sangre entre músculo y piel y lo hace mejor”, apunta Del Coso, que valora la preparación de la selección española en un campo con calor y humedad: “Creo que lo han hecho bien; van a un sitio donde, al entrenar, ya se van adaptando a las condiciones del partido”. Dicho esto, la aclimatación funciona bien hasta cierto punto y siempre asistida profesionalmente. A nivel doméstico, recalca que no hay que exponerse al calor extremo no hacer ejercicio en las horas centrales del día.
¿Por qué se juega en pleno verano y a pleno sol?
Por dinero, coinciden los expertos. “Un Mundial en invierno, en latitudes del hemisferio norte, tendría mejor rendimiento, pero en invierno capta menos la atención; se traslada al verano por una cuestión televisiva y económica”, resume Del Coso. Con todo, ¿puede que un día dejemos de ver mundiales en verano?
“No es distópico, ya se ha dado. En Catar se llevó el Mundial al invierno”, recuerda antes de marcar dónde está el verdadero límite. “El problema no es que vaya a afectar al rendimiento, es que afecta a la salud”. Otro estudio de atribución de World Weather Attribution cifra hasta qué punto las cosas han cambiado desde 1994, última vez que Estados Unidos fue sede. El riesgo de disputar partidos con estrés térmico casi se ha duplicado. Un grupo de futbolistas, entre ellos el noruego Morten Thorsby, ya ha pedido por carta a la FIFA reforzar los protocolos por calor.
No, no es el calor de siempre
“En gran parte de Norteamérica no entenderíamos las temperaturas por encima de la media que se están registrando al comienzo de este Mundial sin el cambio climático”, advierte Isabel Moreno, que recurre al Climate Shift Index, el índice que estima cuánto ha pesado el calentamiento global a la probabilidad de una temperatura concreta. Su conclusión es que la emergencia climática “es un jugador más dentro de estas competiciones, que nos va a hacer cambiar las reglas del juego”.
“Ya hemos visto a varios jugadores colapsar por altas temperaturas en competiciones deportivas”, recuerda en el SMC de España el catedrático de la Universitat de Lleida y JRU-CTFC-AGROTECNIO Víctor Resco de Dios. Además de replantear el calendario, “deberíamos repensar las ubicaciones y jugar más partidos en Nueva York y menos en Dallas, por ejemplo”.
Si seguimos sin mitigar el cambio climático, por lo menos deberíamos empezar a adaptarnos a él. En lo que respecta a las competiciones deportivas, esto implica cambiar las fechas de estos campeonatos, como ya pasó en Catar hace cuatro años. También deberíamos repensar las ubicaciones y jugar más partidos en Nueva York y menos en Dallas, por ejemplo.
Además, el riesgo no se queda en el césped. “¿Qué pasa con los miles de aficionados que van a estar en las horas centrales del día en la calle, haciendo frente a temperaturas muy elevadas?”, plantea. En España, recuerda, “cada año mueren más de 1.300 personas como consecuencia del calor”, sobre todo con enfermedades crónicas, embarazadas y menores de cuatro años.