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Elecciones en Taiwán bajo la sombra de China y las protestas en Hong Kong
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Elecciones en Taiwán bajo la sombra de China y las protestas en Hong Kong

Los taiwaneses acuden el 11 de enero a unos comicios presidenciales y legislativos en los que está en juego no solo el destino inmediato de la isla sino también el rumbo de su estatus

Foto: Flickr

Taiwán celebra elecciones presidenciales y legislativas este sábado 11 de enero. La actual jefa del Gobierno, Tsai Ing-wen, se presenta a la reelección como la única opción para detener la creciente influencia de China sobre la isla. Sus reformas sociales y su discurso soberanista la catapultaron al Ejecutivo en 2016. Frente a ella se encuentra el principal candidato de la oposición, Han Kuo-yu, que ganó las elecciones municipales en 2018 en Kaohsiung y se convirtió en alcalde de la tercera ciudad más grande de Taiwán. Hace un año, el nivel de aprobación de Tsai era infausto, pero los deseos unificadores de China y las protestas en Hong Kong, como anticipo del posible escenario futuro en la isla, han resucitado la carrera electoral de la presidenta.

Lo más importante

Los dos principales candidatos, Tsai Ing-wen, y el actual alcalde de la ciudad sureña de Kaohsiung, Han Kuo-yu, representan al oficialista Partido Democrático Progresista (PDP), y al histórico Partido Nacionalista Chino o Kuomintang (KMT), respectivamente. A estas dos fuerzas políticas mayores los sigue en la distancia James Soong, del prochino Partido el Pueblo Primero (PPP).

En Taiwán existe un amplio espectro ideológico que puede resumirse en tres bloques fundamentales. Por un lado se encuentran los nacionalistas o azules, a favor de mantener el ‘statu quo’ y el Consenso de 1992, que establece que existe una única nación China que admite dos interpretaciones distintas: la de la República Popular China o RPC (el Estado de China continental, con capital en Pekín) y la de la República de China (el Estado de la isla de Taiwán, con capital en Taipéi). Por otro, los soberanistas o verdes, que atraen a fuerzas antichinas y anticomunistas, así como a partidarios de la independencia de Taiwán; a saber, defensores de romper todo vínculo constitucional con China y proclamar la isla como Estado-nación soberano y propio bajo el nombre de República de Taiwán, en vez de República de China. Por último, un bloque heterogéneo o blanco entre los que se hallan tanto organizaciones prochinas, es decir, partidarios de la unificación con el Estado de la RPC de Xi Jinping, como el PPP de James Soong, como también formaciones antichinas, como el Partido del Nuevo Poder (PNP) del alcalde de Taipéi, Ko Wen-je.

El PDP de Tsai Ing-wen gobierna desde 2016 con mayoría absoluta (69 asientos de 113) en el Parlamento unicameral taiwanés, el Yuan Legislativo. Lo hace por primera vez en su historia, pues la única vez que gobernó Taiwán fue en minoría, entre 2000 y 2008, con Chen Shui-bian como presidente. La Administración de Tsai presume de haber logrado un crecimiento económico sostenido en la isla durante 14 trimestres consecutivos y de haber tramitado 745 proyectos de ley en cuatro años, entre las que destacan la “reforma democrática” del sistema político, la promoción de la justicia transicional y la legalización del matrimonio homosexual. Tsai ha prometido que, de ser reelegida, profundizará en su Nueva Política hacia el Sur (NSP), cuyo objetivo es estrechar lazos económicos con 18 países del sudeste asiático, del sur de Asia y de Australasia para conseguir que Taiwán sea menos dependiente de China continental.

En las antípodas ideológicas de Tsai se encuentra Han Kuo-yu. El candidato del KMT es una figura que pasó desapercibida durante el periodo de gobierno de Ma Ying-jeou, quien dirigió el Ejecutivo entre las dos legislaturas del PDP, de 2008 a 2016. Tras la derrota electoral de su partido hace cuatro años, Han se reveló como un líder capaz de destronar al partido de Tsai en la ciudad de Kaohsiung, feudo del PDP durante tres décadas, en las elecciones municipales del 24 de noviembre de 2018. Calificado de populista de derechas, el alcalde se define como un candidato “alejado” de la élite tradicional del partido y mantiene lazos de amistad con Pekín.

Han ha centrado su campaña electoral en la economía pública y se ha comprometido a destinar una suma de 100.000 millones de dólares taiwaneses de los presupuestos al Fondo de Seguro Laboral para impulsarlo. En su programa figura también la revisión del plan de cinco jornadas semanales con un día fijo y un día flexible de descanso por semana que introdujo el Gobierno de Tsai. El actual sistema, según Han, ha desencadenado el cierre de numerosos negocios en la isla.

¿Cuál es el contexto?

Las elecciones en Taiwán están fuertemente condicionadas por China. El conflicto entre ambos Estados es espinoso desde su génesis. El Kuomintang gobernó China continental desde el triunfo de la revolución liberal de Xinhai en 1911, cuando derrocó a la dinastía imperial Qing. Durante la invasión de Japón en 1937, el gobierno del KMT tuvo que aliarse con los cada vez más numerosos comunistas chinos para ganar la guerra sino-japonesa. Tras la derrota del Imperio de Japón en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y la retirada de sus tropas del territorio chino, el KMT de Chiang Kai-shek y el Partido Comunista Chino (PCCh) de Mao Zedong rompieron su alianza, lo que dio paso a la Guerra Civil China (1946-1949), que ganaron los comunistas. El KMT fue expulsado del Gobierno y se retiró a la isla de Taiwán, donde logró asentarse y consolidar posiciones hasta formar un Estado propio: la República de China.

Desde entonces, la República de China, referida comúnmente como Taiwán, se mantiene de manera independiente de la República Popular China (RPC), que hoy se conoce simplemente como China. Ni Taiwán ni China se reconocen diplomáticamente la una de la otra. Ambas se presentan como el gobierno legítimo de toda la nación China.

Fuente: Shutterstock

Pero el poder económico y la influencia política de Pekín hace sombra a Taipéi. La RPC defiende el principio de “una sola China”, según el cual existe un solo Estado-nación en el mundo con el nombre de “China”, lo que implica que todo país que reconozca a la RPC debe negarse a sostener relaciones diplomáticas con la República de China (Taiwán). A lo largo de los años, distintos países han ido rompiendo lazos con la isla para transferir su reconocimiento a la RPC. Estados Unidos lo hizo en 1979 y los últimos en hacerlo han sido las Islas Salomón y Kiribati, en septiembre de 2019.

En las elecciones municipales de 2018, el partido de Tsai sufrió sendas derrotas como la de Kaohsiung, debido principalmente al desgaste producido por algunas de sus reformas como la de las pensiones o la de la jornada laboral. El KMT obtuvo el control de más de dos tercios de las 22 ciudades y condados, mientras que el PDP ganó solo seis, contra los 13 que tenía anteriormente. El nivel de aprobación de la presidenta estaba por los suelos hasta que China y las protestas en Hong Kong empezaron a insuflar nueva vida a su campaña de reelección.

En enero de 2019, el presidente de la RPC, Xi Jinping, pronunció un discurso en el que remarcaba la voluntad de unificar a Taiwán bajo la fórmula “un país, dos sistemas”. Este modelo es el mismo que se aplica en Hong Kong y en Macao desde que Reino Unido y Portugal devolvieran dichos territorios a China en 1997 y 1999, respectivamente, tras pasar 150 años como colonias europeas. La doctrina “un país, dos sistemas”, ideada por el expresidente Deng Xiaoping, permite que Hong Kong y Macao formen parte del Estado chino con un cierto nivel de autonomía económica y jurídico-legal durante un período de 50 años, antes de su completa integración.

Xi Jinping se propuso hace dos años “resolver la cuestión sobre Taiwán” antes de 2049 para materializar así el famoso “Sueño Chino” antes del centenario de la revolución. De hacerse realidad, la nación China constituiría una sola bandera bajo el Estado de la RPC, donde la isla de Taiwán, al igual que Hong Kong y Macao, sería una “región administrativa especial” que gozaría de una independencia relativa bajo una suerte de confederalismo donde coexisten sistemas económicos y políticos diferentes. Sin embargo, este futuro fue rechazado categóricamente al otro lado del Estrecho de Taiwán. Tsai se plantó y puso en entredicho las promesas de Xi de respetar la autonomía de la isla.

La realidad tomó otro carisma en verano, cuando estallaron las todavía vigentes protestas masivas en Hong Kong. Los manifestantes empezaron a salir a la calle para criticar un polémico proyecto de ley de extradición, último episodio de una serie de problemas derivados, según han expuesto, de la intromisión del Gobierno central en la autonomía de Hong Kong, de la vulneración de libertades democráticas en la región administrativa especial y del no cumplimiento del modelo “un país, dos sistemas”. Las protestas antigubernamentales, integradas mayoritariamente por jóvenes, critican la efectividad de la fórmula y se oponen a que Hong Kong sea asimilado por el Estado chino en 2047, año del vencimiento del acuerdo de autonomía.

Los disturbios causaron consternación en Taiwán y dañaron gravemente la credibilidad de Pekín de otorgar a Taiwán una gran autonomía en caso de que alguna vez haya un acuerdo negociado para unir los dos lados del Estrecho. Fue a partir de entonces cuando muchos taiwaneses vieron en Tsai Ing-wen, la presidenta que meses se veía desacreditada para las elecciones, la única protección contra una deriva similar que ya no era una posibilidad teórica sino una amenaza real que podría igualmente acontecer en Taiwán de aplicarse los planes de Xi Jinping.

Apoyándose en dicha tendencia, el PDP de Tsai basó su estrategia de campaña en la denuncia de la “injerencia china” en el proceso electoral a favor del KMT. A las alertas relativas a ataques informáticos sumó una controvertida iniciativa legislativa contra la infiltración y por la prevención de intervención de fuerzas hostiles extranjeras en el sistema político. El PDP sostiene que China continental supone para Taiwán una amenaza tanto militar como social y la acusa de haberse “infiltrado profundamente en la sociedad taiwanesa, forjando alianzas con confesiones y partidos políticos”. El KMT ha calificado estas afirmaciones como de “interesadas” y la comunidad empresarial taiwanesa en China se ha quejado por cuanto incita a la hostilidad y restringe los intercambios normales por medio de la intimidación.

¿Qué hay que tener en cuenta?

La coalición pan-azul, liderada por el KMT, tradicionalmente ha obtenido más apoyo en el norte de Taiwán, mientras que el campamento pan-verde, dirigido por el PDP, ha dominado el sur. El centro de Taiwán ha sido la región más propensa a oscilar entre los dos campos. Sin embargo, este patrón no se mantuvo en las elecciones presidenciales de 2016 ni en las elecciones locales de 2018. Taipéi y Taoyuan, en el norte; Taichung y el condado de Changhua, en el centro; y Kaohsiung, en el sur, serán los principales indicadores de si las preferencias de los votantes están cambiando y en qué dirección.

El Consejo de Asuntos Continentales (MAC), una agencia administrativa ministerial del Yuan Ejecutivo, publicó a finales de octubre una encuesta que señalaba que más del 27% de los taiwaneses apoya la independencia y su constitución como Estado-nación desligado de China. Según el sondeo, ese 27% se divide entre quienes, por ahora, prefieren mantener el ‘statu quo’, pero que anhelan que Taiwán declare algún día su independencia (el 22% de los encuestados), y los que consideran que la isla debe independizarse lo antes posible (casi el 6%). El apoyo a la independencia nunca alcanzó un nivel tan alto desde que el MAC comenzase a elaborar estas encuestas en abril de 2010. Por el contrario, poco más del 1% de los taiwaneses espera que Taiwán se reunifique con China “lo antes posible”, mientras que casi el 9% defiende mantener temporalmente el statu quo hasta una eventual unificación. Según la encuesta, un 89% de los encuestados se opone al marco de “un país, dos sistemas”, en comparación con el 75% de una encuesta similar en enero de 2019, meses antes de estallar las protestas de Hong Kong.

Ciertamente, la importancia de los comicios deriva en gran parte del impacto de las protestas en Hong Kong y del mensaje que Taiwán quiere enviar a China continental sobre si desea o no salvaguardar su soberanía de facto. Ello dependerá de la participación y del color del voto. Una victoria contundente de Tsai podría acentuar la actual tendencia antichina en la isla y afianzar al PDP en el Gobierno en el futuro. Existiría así una alta probabilidad de que el escenario actual se repita con mayor fuerza en las elecciones de 2024 y 2028. Un rumbo en esta dirección representaría una seria dificultad para Pekín, que de fijarse seriamente el objetivo de unificar Taiwán no tendría más alternativa que recurrir a opciones militares. En esa línea apuntaría la reforma militar china de 2016, con el declarado objetivo de preparar al Ejército Popular de Liberación (EPL) para “luchar y ganar futuras guerras”.

Por eso para muchos el KMT se presenta como la única carta capaz de evitar que Pekín tome la decisión de recurrir a la fuerza. El ex presidente del Yuan Legislativo, Wang Jin-pyng, declaró en noviembre en una entrevista para Liberty Times que la “preferencia de China por Han es segura”. Pero esa convicción no tiene por qué compartirla su base electoral. De hecho, rivales internos en las primarias del partido, entre ellos, el poderoso magnate fundador de la multinacional Foxconn, Terry Gou, se han ido distanciando, lo que podría desviar votos y beneficiar a terceras fuerzas como la del PPP de James Soong, antiguo miembro del KMT.

El problema fundamental del KMT es que se trata de un partido nacionalista chino. En 2005 dio inicio a la “tercera cooperación” con el PCCh para abrir paso a la reunificación pacífica a través del Estrecho. Este acercamiento distanció a la formación del anticomunismo que tanto abanderaba el partido en tiempos del fundador de la República de China de la Constitución de 1947, Chiang Kai-shek, histórico líder del KMT, lo que dejó vacío un espacio ideológico que ha acabado ocupando el PDP.

Las encuestas publicadas antes del bloqueo de 10 días previos a las urnas otorgan una clara victoria a Tsai Ing-wen. Según el sondeo de fin de año de la cadena TVBS, Tsai ganaría con un 45% de votos, Han quedaría en segundo lugar con un 16% y Soong, tercero con un 7%. La encuesta del diario Apple Daily publicada el 29 de diciembre señala que Tsai se alzará con la reelección con el 49% de los votos, seguida de Han (15%) y de Soong (6%). El 30% de taiwaneses, según este medio, se decantará por la abstención o todavía no ha decidido su voto.

#Fact

Taiwán tiene una extensión similar a Galicia, pero posee una población ocho veces mayor. Es la 21ª economía y el 18º exportador más grande del mundo. Es el centro de la cadena de suministro de semiconductores a nivel global y, según el Foro Económico Mundial, figura entre las cuatro economías más innovadoras del planeta, junto con Alemania, EE.UU. y Suiza.

Cuando Tsai Ing-wen ganó las elecciones en 2016, se convirtió en la primera mujer presidenta de Taiwán. Bajo sus cuatro años de mandato, el país ha perdido siete aliados diplomáticos: Santo Tomé y Príncipe (2016), Panamá (2017), Burkina Faso (2018), El Salvador (2018), República Dominicana (2018), Islas Salomón (2019) y Kiribati (2019). Taiwán tiene el reconocimiento diplomático de solo 15 países, de los cuales Guatemala es el más rico.

También mantiene lazos con la Santa Sede, que rompió con China en 1951, cuando Mao Zedong expulsó del país al Nuncio y a sus misioneros católicos. Sin embargo, el 2 de septiembre de 2018, el Vaticano y la RPC firmaron en Pekín un acuerdo histórico mediante el cual el papa admitía a los obispos nombrados por el Gobierno chino y, a su vez, este reconocía al obispo de Roma como líder único de la Iglesia católica. Este acuerdo ha significado un paso adelante en la restitución de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y China, alejando al primero de Taiwán.

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