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¿Será 2019 el año del corta-pega genético ‘made in Spain’ en los Premios Nobel?
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¿Será 2019 el año del corta-pega genético ‘made in Spain’ en los Premios Nobel?

Como en los últimos años, el nombre del español Francis Martínez Mojica, padre de la técnica de edición genética CRISPR, vuelve a sonar entre los posibles ganadores del Premio Nobel de Química

Francis Mojica | Universidad de Alicante

Francis Martínez Mojica es el Haruki Murakami español de los Nobel en Ciencia. Es el eterno favorito que, igual que el escritor japonés aspirante al Premio Nobel de Literatura, aparece desde hace años en las quinielas, y en dos disciplinas. Su nombre ha aparecido tres veces entre los candidatos para el Premio Nobel de Medicina y también para el de Química. Y en 2019 no iba a ser menos. 

El profesor del departamento de Fisiología, Genética y Microbiología de la Universidad de Alicante y pionero de la técnica de edición genética CRISPR volverá a figurar entre los propuestos. O al menos, su presencia se “puede suponer”, según fuentes científicas a EFE. Y con él, las dos bioquímicas Emmanuelle Charpentier (Francia) y Jennifer Doudna (EE.UU.), quienes diseñaron una herramienta de edición genética (una especie de tijeras) inspirada en los hallazgos de Mojica sobre las bacterias (Cas9).

Lo más importante

A diferencia del uso de trasgénicos clásicos (meter genes de otras especies en el ADN de un indivudio), el CRISPR permite una edición finísima del genoma, cortando y pegando trozos como haríamos al editar un texto. Por así decirlo, acelera una mutación.

La trascendencia de CRISPR/Cas9 viene por prometer ser una herramienta eficaz y barata para curar enfermedades, erradicar especies y hasta ‘diseñar’ bebés. ¿Pero qué significa ese acrónimo revolucionario en el campo de la biología? 

Todo empieza en Santa Pola. Es el nombre de secuencias repetitivas en el ADN de unas bacterias encontradas en sus salinas y que funcionan como autovacunas, explica la Agencia SINC.  Al contener el material genético de los virus que las atacaron en el pasado, permiten identificar si se repite la infección cortando y pegando material genético en cualquier célula.

Es decir, el mecanismo por el que en la naturaleza algunas bacterias se valen de trozos de ADN de virus para hacerse pasar por ellos e inmunizarse de sus ataques. Esa estrategia de las bacterias es lo que tratamos de imitar los humanos, (por ahora en laboratorio) para editar genes.

Este lunes se conoció el Premio Nobel de Medicina o Fisiología de 2019, concedido a William Kaelin Jr, Sir Peter Ratcliffe y Gregg Semenza. En días sucesivos se entregarán los de Física, Química, Literatura, de la Paz y Economía.

¿Cuál es el contexto?

Mojica fue el primero. Como explica en este vídeo publicado en El Independiente, su primer encontronazo con este corta-pega de la naturaleza se remonta a 2003, cuando su equipo descubrió “ni más ni menos que parte de un sistema inmunológico de las bacterias”.

Después, en 2005, el CRISPR se consolidó como el hallazgo más importante del año. El siguiente paso fue el de las doctoras Charpentier y Doudna. Desarrollaron las tijeras moleculares, a través de la enzima Cas9, entre 2012 y 2013. Este hallazgo es el que permitió aplicar la técnica en animales y plantas… y hasta en humanos. 

La ley sólo permite su uso experimental en embriones. Se ha conseguido editar la parte del ADN de células que hubieran derivado en personas con VHI o enfermedades coronarias. Sin embargo, no está permitido que ‘nazcan’ esos embriones editados.

El genetista chino He Jiankui se saltó la regulación y aseguró haber editado el año pasado a dos recién nacidas para protegerlas de portar VIH, virus con el que estaba infectado uno de sus progenitores.

¿Qué hay que tener en cuenta?

Varias cosas. En primer lugar, la técnica se encuentra en una fase muy inicial. “Aún no (la) tenemos controlada, sobre todo en la parte de pegar genes”, afirmaba el investigador del CNB-CSIC y experto en CRISPR Lluís Montoliu en El Independiente. No es posible ver a corto plazo un uso comercial ni terapéutico de este método, precisamente porque todavía hay que pulirlo.

Además, hay una lucha por la patente entre las instituciones en las que se desarrolló el CRISPR/Cas9. A día de hoy, no es posible editar, por ejemplo, una variedad de tomate para que tenga más sabor –cosa hecha ya en laboratorio– y ponerla en el supermercado sin pasar por caja. Los usos comerciales están registrados y, en Estados Unidos, el titular es el Instituto Broad (MIT + Harvard), enfangado en una batalla judicial con las doctoras que optan al Nobel.

Ellas produjeron sus avances científicos fundamentalmente en la Universidad de California-Berkeley, que pelea por la patente, por ahora sin éxito, en territorio americano. De fondo, una cuestión más bien formal: ¿quién publicó primero el avance y quién demostró su viabilidad antes?

Del lado de la ética, hay un aspecto clave en el que hay bastante consenso científico. Editar el genoma de un individuo para suprimir una enfermedad que se sabe que tiene –o va a desarrollar– es salvarle la vida. Editarlo (como las niñas chinas) para esquivar la posibilidad de tener una dolencia no segura es eugenesia: crear seres humanos superiores.

“Si gano el Nobel sería bueno para España y un problemón para mí”, decía Mojica en una entrevista en El Mundo en 2018. 

#Fact 

Ese otro científico español que siempre suena para el Nobel y tienes en la punta de la lengua es Juan Ignacio Cirac, el de los ordenadores cuánticos. Está considerado como uno de los pioneros en este tipo de computación ultrarrápida y en 2019 también figuran sus técnicas para atrapar partículas como posibles merecedoras de un Nobel de Física, lo que le convertirían en el primer español en conseguirlo. 

Pronóstika pregunta…

En Pronóstika hemos planteado una pregunta sobre este asunto que será resuelta el miércoles 9 de octubre, cuando la Academia sueca revele el nombre del ganador. Dada la formulación de la pregunta, se repartirán los puntos tanto en caso de que el premio llegue a manos de Mojica como a las de Charpentier y Doudna.

¿Será 2019 el año del corta-pega genético ‘made in Spain’ para el Nobel de Química?

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