Más dinero para gas y petróleo; más muertes climáticas entre ciudadanos. Es la principal conclusión del último informe The Lancet Countdown para Europa, publicado la pasada madrugada. Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania y la tormenta de precios energéticos, los gobiernos europeos han escalado las subvenciones a los combustibles, cuya quema lleva décadas desestabilizando el clima. Sólo en 2023 (último año con datos consolidados), los gobiernos europeos han destinado unos 444.000 millones de euros a subvencionarlos. En paralelo, también se han multiplicado los daños de la emergencia climática en la salud, hasta las 62.775 muertes anuales.
- Un aumento “brusco y alarmante” de los impactos del calor sobre la salud, apunta literalmente el informe. Entre 2015 y 2024, la exposición acumulada de bebés y mayores de 65 a las olas de calor se incrementó un 254% más respecto a los años noventa del siglo XX.
- Tarragona es la ciudad española que peor parada sale en este indicador de exposición acumulada. Por su parte, Ciudad Real lidera el incremento de mortalidad por calor.
- La buena noticia: La contaminación ha descendido en general. Y con ello, las muertes derivadas de la polución del tráfico y la quema de carbón.
Las cuatro claves del informe: clima y salud en Europa en 2026
Récord de alertas sanitarias. Las alertas diarias por calor extremo se han multiplicado por cuatro (un 318% más) entre 2015-2024 y 1991-2000. En la provincia de Lleida, los días de alerta extrema pasaron de 0-1 a 8 por año.
Subvenciones al fósil disparadas. Las ayudas públicas a los combustibles fósiles triplican las del año del Acuerdo de París (2016), que se suponía que conseguiría frenar emisiones de CO₂ y calentamiento. Solo 10 estados de la UE concentran el 90% del gasto.
Enfermedades infecciosas al alza. El riesgo de brotes de dengue se ha cuadruplicado en Europa. Valencia es la provincia con mayor idoneidad climática para el dengue transmitido por Aedes albopictus; Ceuta lidera el aumento del riesgo de virus del Nilo Occidental.
Compromiso político a la baja. En 2024, solo 21 de 4.477 intervenciones en el Parlamento Europeo cruzaron clima y salud.
Más gasto en combustibles que en sanidad
En 12 países europeos, las ayudas al los combustibles que propician el calentamiento global superaron el 10% del gasto sanitario nacional. En cuatro países, directamente gastaron más en combustibles que en sanidad. Sólo Dinamarca tiene un plan nacional integral de eliminación progresiva.
A ese gasto público se suma un segundo problema. La quema de leña representa ya más del 30% de la energía no fósil usada para calefacción y refrigeración doméstica. Su quema libera partículas finas (PM2,5) y carbonilla, afectando a la salud cardiopulmonar. A esto se suma la proveniente de incendios forestales, intensificados por la emergencia climática.
Los incendios de 2025. Según el informe, Galicia encabeza la pérdida acumulada de cubierta arbórea en España entre 2016 y 2023, con unas 275.600 hectáreas menos, seguida de Castilla y León, Asturias, Andalucía y País Vasco. El humo de los incendios, además, se asocia a repuntes de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, con mayor impacto en las zonas más deprimidas.
La mortalidad atribuible a PM2,5 del sector residencial aumentó un 4% en la UE entre 2000 y 2022. Europa perdió, además, el 11,4% de su cubierta arbórea entre 2001 y 2023, con Galicia a la cabeza de las regiones europeas por pérdida acumulada (unas 275.600 hectáreas, motivadas sobre todo por actividad forestal e incendios).
La paradoja: disparamos la compra de gas ante la guerra, pero las renovables baten a los fósiles
De acuerdo con el último informe del think tank proeléctrico EMBER, por primera vez en algo más de cien años, la generación con fuentes renovables (33,8%) superó a la energía del carbón (33,0%) en el mix eléctrico mundial. China es quien ha liderado los recortes fósiles, aunque su producción sigue siendo importante. El auge de la energía solar permitió satisfacer el 75% del aumento neto de la demanda mundial de electricidad en 2025. Sumada a la eólica, toda la nueva demanda generada en un año se puede satisfacer con renovables, según este informe.
Sin embargo, el temor a no poder satisfacer las necesidades de calefacción y producción industrial en la vieja Europa hizo a la UE aferrarse al gas licuado procedente de EE.UU. en 2023. Buena parte de los sistemas de calentamiento y producción no están preparados para funcionar eléctricamente, mientras que la electrificación del transporte aún es lenta.
“Mientras dependamos de los fósil, nuestra salud seguirá siendo vulnerable
Hannah Klauber (Inst. Potsdam)Publicidad
En cualquier caso, el informe de EMBER sí da una nota positiva. Las emisiones per cápita del sector eléctrico de la UE se han reducido prácticamente a la mitad en los últimos 15 años. Y cada vez se usa menos combustible fósil para producir electricidad. En 2025, cada kilovatio hora producido generó un 2,7% menos de CO2 que en 2024 y un 16% menos en comparación con hace dos décadas.
“Cada vez más países están diseñando planes de adaptación sanitaria, pero sin una financiación sólida y a largo plazo, esos planes se quedarán en papel mojado mientras los efectos se intensifican”, advierte la doctora Hedi Kriit, investigadora adjunta del Lancet Countdown en Europa en un encuentro con medios de comunicación.
El informe se publica coincidiendo con el Diálogo Climático de Petersberg, la cita preparatoria de la próxima COP31. Sus autores piden reorientar las subvenciones al fósil hacia sistemas sanitarios resilientes, expandir los servicios climáticos sanitarios y acelerar los planes de adaptación. De lo contrario, el aviso es que las muertes evitables seguirán aumentando.