Cámara al hombro, zooms, movimiento, realismo, nervio… Así es como Ravalear, la nueva serie de Pol Rodríguez (disponible en HBO), consigue captar la atención del espectador y hacerle partícipe de una historia tan cinematográfica como cierta.
En un rincón del Raval, el emblemático barrio de Barcelona, se halla Can Mosques, un bar de toda la vida que celebra su centenario como negocio familiar. Sus dueños, un matrimonio mayor, están más felices de lo habitual: han conseguido que unos inversores les ayuden a afrontar la compra del local, cuyo alquiler pagaban religiosamente todos los meses.
Pero en el último momento, el mediador de la compra (interpretado por Sergi López) y amigo de la familia, decide cambiar de bando. Un fondo buitre internacional ofrece mucho más, una cantidad imposible de igualar para la humilde familia del Raval. La familia pierde la oportunidad, y Can Mosques queda en manos del fondo de inversiones.
Se podría decir que se trata de una autoficción, ya que Can Mosques, que en realidad es Can Lluis, era el negocio que regentaba la familia de Pol Rodríguez, el director de esta producción.
La historia de Can Lluis. En 1929, el matrimonio formado por Lluis Rodríguez y Elisa Vilaplana, dos generaciones anteriores a la del director de esta ficción, fundan el restaurante en el que se inspira Ravalear.
- La serie se sitúa en el año 2021, y su protagonista, Álex, interpretado por Enric Auquer, es el nieto de los fundadores, aunque el bar aún sigue regentado por sus padres. De esta manera, Auquer se convierte en el reflejo ficticio del director.
- En una entrevista para el pódcast La Script, Pol Rodríguez cuenta que pasó su juventud en el restaurante, el cual, a lo largo de sus noventa años, fue frecuentado por artistas y escritores de la talla de Vázquez Montalbán, Rafael Alberti, José Saramago, Carlos Ruiz Zafón o Sara Montiel.
Dato curioso. En uno de los capítulos de Ravalear, el dueño muestra la bomba que cayó en el bar durante la Guerra Civil, llegando a matar a su padre. Pol Rodríguez menciona en La Script este suceso como un acontecimiento real: la bomba alcanzó a su abuelo.
Qué pasó con la compra del local. En una entrevista para El Mundo en 2021, Julia Ferrer, la esposa de uno de los nietos de los fundadores, relataba que “el administrador compró toda la finca cuando murió la dueña en 2015 y al cabo de cuatro días la vendió a un fondo buitre israelí”.
- Según contó, en 2018 la renta del local ascendió a 3.000 euros mensuales. Con la llegada de la pandemia, una inundación debido al huracán Gloria y un robo, el coste del alquiler se volvió imposible de afrontar.
En enero de 2021, avisaron a la familia de que había gente dentro de Can Lluis y pensaron que eran okupas, como relata Ferrer en El Mundo. Pero habían cambiado la cerradura y activado una alarma. Entonces supieron que les habían desahuciado.
La ficción. Pol Rodríguez explica en una entrevista para InfoBae que «solo el primer capítulo aborda de cerca la historia familiar, ya que el desarrollo posterior es puramente ficticio». Uno de los detalles que Rodríguez incluye en Ravalear y que toma como licencia narrativa para aumentar la tensión del thriller es la okupación del edificio.
Álex y su pareja Marta, interpretada por María Rodríguez Soto, trazan un plan para que el edificio resulte poco atractivo para el fondo de inversión. Deciden convertirlo en un “activo tóxico”, es decir, devaluar la propiedad y hacer que no resulte rentable.
Uno de los motivos por los que una vivienda podría convertirse en un activo tóxico es la okupación. De esta forma, Álex pacta con personas okupas habitar las viviendas del edificio.
Por su parte, Marta lucha contra el fondo buitre desde su posición de abogada. “Ellos en el fondo no son activistas hasta que no les toca de cerca, que es algo que le ocurre a la mayor parte de la sociedad”, cuenta la actriz refiriéndose a los personajes en una entrevista para InfoBae.

Gentrificación en el Raval. La película ahonda también en la interculturalidad y la transformación progresiva de este distrito histórico de Barcelona que, actualmente, cuenta con alrededor de 51.000 habitantes, según el portal web del Ayuntamiento de Barcelona, uno de los barrios con mayor densidad de población de España.
Tras la crisis de 2008, la rentabilidad de la bolsa cayó, y solo los grandes propietarios y las SOCIMIs (Sociedades Anónimas Cotizadas de Inversión en el Mercado Inmobiliario) fueron capaces de afrontar los nuevos precios.
Juan Martínez de Velasco, sociólogo y técnico urbanista, apunta en la revista Crítica Urbana que “el procedimiento más frecuente era comprar edificios, vaciarlos de vecinos en el menor tiempo posible y revenderlos para que otra empresa rehabilitase o construyera y, a su vez, lo alquilase o revendiera”.
- Para Rodríguez, que lleva más de tres años documentándose para la serie, “los fondos de inversión también son necesarios”, como dice en una entrevista para La Script. Según él, “actúan dentro de la legalidad, pero la moralidad es otra cosa”.
Como explica Alberto de Miguel, catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Salamanca, en un artículo de Newtral:
- “Si bien sus procedimientos pueden contemplarse como agresivos y, en muchas ocasiones, poco éticos, lo cierto es que son legales y, en numerosas ocasiones, han contribuido a recuperar empresas que estaban a punto de quebrar, a sanear balances bancarios y a liberar a la Administración de cargas adquiridas tras la crisis financiera de 2008”.