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‘Proxima C’: nuevo planeta o ilusión
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‘Proxima C’: nuevo planeta o ilusión

Investigadores italianos y españoles publican indicios de un nuevo planeta supertierra muy cerca del sistema solar, pero las evidencias son débiles y suponen una muestra del reto de detectar nuevos mundos en la actualidad.

Recreación artística del sistema Proxim | Lorenzo Santinelli, CC BY-SA

«Han descubierto un nuevo planeta». Hace un par de décadas, aquello hubiera abierto informativos y sería tema de conversación en los ascensores del único que, por el momento, conocemos con vida.

Pero en 2020, un nuevo planeta empieza a ser un sintagma tan común que necesita acompañarse de expresiones como habitable o cercano. Y esto es justo lo que acaba de pasar nuevamente, conforme acaban de demostrar astrónomos italianos y españoles en Science Advances. Aunque sólo sea una cuestión de probabilidad.

El sistema Proxima es candidato a ser un sistema planetario. Es decir, a que haya algo más que un astro y un planeta dándole vueltas. Han visto que puede haber una segunda supertierra. Nada tendría de especial si no fuera porque su estrella casi se da la mano con la nuestra, el Sol. Es el más cercano a nuestro sistema solar, de ahí su nombre latino, Proxima Centauri.

De él ya sabíamos que tiene un planeta, bautizado como Próxima B, descubierto por el español Guillem Anglada-Escudé. No sólo estaba cerca, sino que era habitable. Al menos allá por 2016, cuando se presentó en sociedad. Sin embargo, todo pareció cambiar hace dos años.

En la detección de Próxima C participó el Instituto de Astrofísica de Andalucía.

Dos poderosas erupciones estelares lo arrasaron aparentemente todo. Estallaron en apenas dos minutos. Una de ellas «10 veces más brillante que cualquier llamarada conocida del Sol», según publicaron dos investigadoras de la institucion Carnegie (EE.UU.) en Astrophysical Review.

Adiós a Próxima B. Y, también, de alguna forma, al concepto manejado de habitabilidad, como comentó entonces su descubridor. El planeta seguirá allí, pero lo de habitable

Otra supertierra

Una vez más, se ha utilizado el concepto supertierra para referirse a este nuevo planeta Próxima C. Con la participación del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), el astrónomo Pedro J. Amado señaló en la presentación que, tras descubrirse Próxima B se pusieron a buscar posibles cinturones de polvo.

«Con una fuente puntual de emisión de polvo a 1,5 veces la distancia entre la Tierra y el Sol de la estrella, lo atribuimos a la emisión de anillos alrededor de un segundo planeta. Y ahora detectamos un segundo posible planeta que orbita exactamente a esa distancia. ¿Una coincidencia? Quizá, pero tenemos que confirmarlo».

Agua en una supertierra

Recreación de la supertierra con agua K2-18b

El pasado septiembre, contábamos en Newtral.es que hay multitud de tierras y supertierras fuera del sistema solar. Vieron agua en uno de esos exoplanetas mayores que la Tierra y, quizás, líquida. Una condición indispensable –pero no la única– para la vida conocida. ¿Debe la astronomía buscarla tan lejos?

Una vez más, el descubrimiento de una supertierra nos remite a la idea de similitudes por masa a nuestro planeta y su capacidad de albergar vida. Hay decenas de planetas descubiertos en esta categoría de supertierras, pero eso no es más que una manera de referirnos, sobre todo, a lo próximos o lejanos que están de su estrella.

Como explicó a Newtral.es la astrónoma Luisa Lara, del IAA-CSIC, «el concepto de habitabilidad varía mucho según a quién preguntes».

Más allá del agua líquida y una cierta temperatura, «hay que considerar si tiene una atmósfera que proteja al planeta de las radiaciones del Sol. Y si preguntas a un geólogo, te recalcará la importancia de si tiene una tectónica de placas activa o un campo magnético«, que también actúa de escudo protector.

Así sabemos que está ahí… o no

Mario Damasso, del Observatorio Astrofísico de Turín en Italia, explicó que hizo lo posible por demostrar que estaban equivocados. Porque hoy no se descubren planetas como en la época de Galileo: mirando por el telescopio.

Hay distintos métodos que nos permiten deducir la existencia de exoplanetas. Como detectar minieclipses en su estrellas, cuando algo pasa por delante. O alteraciones en la órbita de objetos cercanos.

El Premio Nobel de Física de 2019 fue a parar, entre otros, a los descubridores del primer exoplaneta (planeta fuera del sistema solar, 51 Pegasi B, en 1995).

 «Probamos diferentes herramientas para demostrar que estábamos equivocados, pero fallamos. Sin embargo, tenemos que mantener las puertas abiertas a toda duda y escepticismo posibles», aseguró Damasso, tras repasar datos de 17 años.

Cinco planetas más esta semana

El problema de Próxima C es que desafía los modelos de cómo nacen las supertierras, ya que se cree que planetas como estos se forman cerca de la línea de nieve, la distancia mínima desde una estrella en la que el agua puede convertirse en hielo sólido.

Los astrónomos ven sólo datos al detectar un planeta. Lo demás son representaciones artísticas imaginativas, aunque hay criterios de representación.

De manera análoga, acaban de presentar en sociedad a otros cinco planetas más en otros lados más lejano de la galaxia, a 19 y a 40 años luz. Dos de ellos, habitables. Pero con semejante inflación de descubrimientos, ahora se trata de afinar el tiro y dedicar los esfuerzos a aquellos candidatos a aportar algo interesante.

Para ello se usan misiones como la española CHEOPS, controlada desde Torrejón de Ardoz, donde tiene su particular Houston el INTA, la ‘agencia espacial’ española asociada a la ESA para varios de sus proyectos.

Desde el descubrimiento de Próxima B, los ojos de parte de la comunidad astronómica han apuntado a esta región del cosmos, en la constelación Centauro, que se ve en el hemisferio sur.

No sólo está cerca de nuestro vecindario galáctico. Es un modelo para estudiar cómo los planetas exteriores condicionan la habitabilidad (vida, en nuestro caso) de los mundos más cercanos a la estrella. Justo como Júpiter y Saturno hicieron más amables las condiciones para habitar la Tierra.

La cuestión es que la evidencia que prueba la existencia de Próxima C es débil. Las pruebas se basan en un bamboleo de la estrella de apenas un metro por segundo cada cinco años (método de velocidad radial).

Para reconocer este movimiento se necesitaron casi 20 años de mediciones con instrumental situado en el Observatorio Austral Europeo (ESO) de Chile. Y no sería la primera vez que un anuncio de este tipo termina en pinchazo.

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